Pepiño Blanco, el inefable vocero del PSOE, tiene una labor difícil. Desde el famoso “giro al centro” del PP, el PSOE está acorralado entre hacer un giro a la derecha y calmar los ánimos más que preocupados de muchos; seguir girando sobre su eje (y seguir llamando “desaceleración más acelerada” a la más severa crisis económica de los últimos 12 años), o girar más hacia el radicalismo y la izquierda más rabiosa.
Con la excusa de que “esta sociedad es muy madura” para afrontar la ampliación de la Ley del aborto, allí va Pepiño, abanderándose en la peor de las opciones, como siempre.
Y agrega Pepiño Blanco al defender una ley de aborto amplia, que ésta permitirá terminar “con tanta hipocresía en relación con falsos debates sobre la moral“. No sólo se dedican a repartir carnés de demócratas, sino que ahora otorgan patente de veraz a quien adhiere fervientemente a las ideas gubernamentales, o de hipócrita y falso a quien no está de acuerdo, y defiende los valores cristianos sobre los que se sustenta esta sociedad, que es la nuestra.
Ese es el talante democrático de estos totalitarios que no cejan en su lucha por demoler todos los valores fundamentales: Familia, libertad, derechos individuales, cristianismo, todo es objeto de su incontrolable furia iconoclasta.

Dice Pepiño que con la ley de aborto ampliada se pretende “garantizar el derecho de las mujeres a decidir” y ”que no haya abusos”. Como si los niños nonatos no tuvieran derechos, y como si realmente se les ofreciera a las mujeres el derecho a decidir. Uno puede decidir cuando se le ofrecen OPCIONES distintas. Y todos sabemos -ellos los primeros- que no hay opción porque nunca se les ofrece continuar con el embarazo. Si las mujeres supieran que “eso” que llevan en el vientre y que van a asesinar es un bebé, si pudieran ver imágenes de lo que es un aborto, si se les ofreciera otra opción, ¿elegirían hacerle ésto a su hijo? ¿Hay algo de “moral” en esa libertad de decidir ?
¿Cómo se habría sentido Pepiño si su madre lo hubiera abortado? Nunca lo sabremos. Afortunadamente para él, cuando nació, no existían políticos que bregaban por consagrar el derecho a cometer el más cobarde de los asesinatos. Los niños en aquella época eran una BENDICIÓN. Aunque algunos luego devinieran malditos…



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