En este mundo occidental y superficial, donde ser gordo es un pecado mortal (y quién sabe si próximamente será delito) expiable únicamente a base de lechuga y gimnasio, donde en vez de letanías se recitan calorías, leer en qué consiste la dieta del deportista Michael Phelps me ha dejado sorprendida.
Muy sorprendida. Porque el nadador norteamericano necesita un aporte calórico diario que dejaría desmayada a la ex ministra Elena Salgado: 4000 calorías, la mayoría de ellas de comida-basura, que comienza a ingerir a las cinco de la mañana:
- Desayuno: tres sandwiches con huevo frito, queso, lechuga, tomate, cebolla frita y mayonesa; dos tazas de café; un omelette de cinco huevos, un bol de maíz triturado, tres tostadas cubiertas con azúcar en polvo, tres panqueques con chips de chocolate
- Almuerzo: medio kilo de pasta, dos sándwiches grandes de pan blanco con jamón, queso y mayonesa, además de 1.000 calorías en bebidas energéticas
- Cena: medio kilo de pasta, una pizza entera y más bebidas energéticas
Cualquiera diría que con esta dieta, Phelps tendría que estar inmovilizado por el sobrepeso y al borde del infarto. Sin embargo, allí está en Pekín, con sus 193 centímetros de altura y 91 saludables kilos de peso, batiendo récords mundiales, llenándose de medallas de oro y luciendo un excelente tipo. Evidentemente, no es una cuestión de comida.
Quizá el secreto no consista tanto en prohibir las hamburguesas XL, sino en mirar menos televisión o jugar con la Wii, y en llevar una vida más natural, como la se llevaba hace no tantas décadas, con mayor actividad física. O -si no queremos regresar a las cavernas- en realizar ingestas más adecuadas a nuestro escaso nivel de actividad. En todo caso, la decisión es de cada uno, y el estado no tiene por qué inmiscuirse en nuestros platos.
Mucho me temo que los “guardianes del estado de bienestar” -preocupados por nuestra salud- próximamente nos obliguen a todos a registrarnos en un gimnasio. O nos terminen tirando a la piscina.



Como se entere Bernat Soria de ese consumo de calorías, lo mismo le impide nadar…
Muy buena entrada