cuando atraque mañana en el puerto de Valencia.
Mientras leía la noticia, comprobaba con horror que la señora Pilar Bardem formará parte de la fiesta que piensan montar los promotores del asesinato más vil y más cobarde: el de los indefensos niños por nacer. Y no paraba de preguntarme si esta señora hubiera abortado a su hijo Javier, ¿recibiría ahora las caricias y los besos de su hijo? ¿Habría conocido la alfombra roja de Hollywood? ¿Le habrían dedicado un Oscar? ¿Habría privado al mundo de un magnífico actor?
Cada vez que Pilar Bardem apoya o aplaude a una mujer decide asesinar al hijo que lleva en sus entrañas, ¿no se le representa el rostro de su hijo Javier, recién nacido? ¿No recuerda la felicidad y el gozo que experimentó al darlo a luz; al criarlo y verlo crecer; y al verlo hoy, adulto, guapo y exitoso?
¿Cuál es la diferencia entre Javier Bardem y los millones de niños que ni siquiera llegan a conocer su nombre porque les es negado el derecho a vivir?
Los días 17 y 20 de octubre, catorce niños serán asesinados en el barco de la muerte. Catorce niños que no conocerán el cariño de sus padres, ni aprenderán a caminar, ni podrán ganar una medalla jugando al futbol en el colegio. Ni podrán hacer un dibujo y regalárselo a su mamá. Ni mucho menos ganar un Oscar ante la orgullosa y atenta mirada de sus padres.
Y sin embargo, Pilar Bardem estará allí, aplaudiendo a la muerte. Como cuando aplaudía a su hijo Javier.
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Pro Vida de Valencia también ha conseguido un barco. Si puedes, únete a ellos mañana. Y si no, envía el alerta a las autoridades para que eviten esta carnicería.



Yo jamás creí en el llamado “Estado de bienestar”, tal vez porque creo en lo que vi siempre en mi casa: la cultura del trabajo, y del esfuerzo, la valoración del individuo y de la familia, como agentes de progreso.
la empresa Heineken, también ha decidido retirar su publicidad del programa “Salvados por la Iglesia”, de la cadena La Sexta.
Aunque los voceros de Génova no lo digan, todos los días acuden a desafiliarse a las sedes del PP afiliados que no comparten el nuevo “giro” hacia la nada que ha emprendido el PP. Un giro centrífugo -que no centrista- hacia la nada que ya ha expulsado de su “centro” a personas como Eduardo Zaplana y Ángel Acebes (a quienes no puedo dejar de darles las GRACIAS por haber defendido mis principios con ahinco y sin desmayo durante todos estos años), y a referentes morales como María San Gil y José Antonio Ortega Lara -de quienes no hace falta agregar nada más, porque sus nombres todo lo dicen-. Un “centro” misterioso, que sólo conocen, y en el que al parecer sólo entran el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón y su mentor Fraga. Una especie de “Camelot” para acendrados (devenidos “acentrados”) franquistas.
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