«… tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me recibisteis, anduve sin ropa y no me vestisteis, caí enfermo y estuve en la cárcel, y no me visitasteis…».

Eluana Englaro (1970 – 2009)
Descansa en paz
Este es un post difícil de escribir. Por momentos siento que me invade el desaliento cuando veo que los esfuerzos por transmitir valores morales son infructuosos en esta sociedad carente de amor y entregada al placer egoísta y al nihilismo.
Eluana Englaro ha muerto. A los tres días de habérsele retirado la alimentación y la hidratación -y de manera inesperada- ha fallecido. Su condición física no hacía prever un desenlace tan repentino. Sin embargo, en vísperas de ser aprobada la ley que obligaría a restituirle la alimentación, Eluana nos deja.
Terry Schiavo tardó 13 días en morir de inanición. Eluana sólo tres.
El neurólogo de la Universidad de Udine, Gianluigi Gigli, declaró que su muerte es “sospechosa”.
Alberto Defanti, neurólogo de la familia Englaro y responsable del protocolo de desconexión alimentaria de Eluana afirmó hace escasos días que:
“Eluana es una mujer sana. Nunca ha tenido enfermedades y no ha necesitado ni siquiera un antibiótico. El estado físico es óptimo. Probablemente, y subrayo el adverbio, estará en capacidad de resistir incluso más allá del promedio. Desde el momento de la suspensión (de la hidratación y alimentación iniciada el viernes 6 de febrero) podrían pasar más de 12-14 días. No tiene órganos vitales internos heridos o lesionados. Los exámenes que le hemos hecho en la clínica de Lecco, poco antes de su partida (a la clínica La Quiete en Udine donde se encuentra actualmente) eran perfectos. “
Son demasiados los interrogantes que quedan flotando con respecto al desenlace. Espero que la justicia -esa que busca la verdad- pueda aclararlos. Porque el fin no puede justificar los medios.
Pero el interrogante más terrible es ¿cómo hemos llegado a este nivel de desprecio por la vida humana? ¿Cómo es posible que unos padres pidan que se mate a su hija? ¿Se trata de amor paternal o en realidad se trata de egoísmo? Porque yo puedo comprender perfectamente el dolor de un padre al ver a su hija en estado vegetativo, su impotencia al no poder remediarlo, y la amargura que lo corroe por dentro. Pero no puedo justificarlo bajo ninguna circunstancia.
Beppino Englaro tenía la opción de dejar a su hija al amoroso cuidado de las monjitas que llevaban años atendiendo a Eluana. Pero no, necesitaba sentirse “libre” de la angustia que le generaba que su hija estuviera en estado vegetativo, y no paró hasta conseguir que le autorizaran a matarla. ¿Ahora podrá sentirse en paz?
El amor verdadero no mata, da vida. Si él hubiese antepuesto el amor a su dolor, nada de esto habría sucedido.
Por último, quiero adherirme a la plegaria del Cardenal Javier Lozano Barragán, presidente del Pontificio Consejo para la Salud:
“Que el Señor la acoja y perdone a quienes la han llevado a este punto”
(Nota: ruego se abstengan de hacer comentarios hirientes, irrespetuosos o a favor del asesinato de Eluana, porque no los voy a aprobar. No estoy de humor. Gracias)
Comentarios recientes