
Que allá donde hay odio, yo ponga el amor.
Que allá donde hay ofensa, yo ponga el perdón.
Que allá donde hay discordia, yo ponga la unión.
Que allá donde hay error, yo ponga la verdad.
Que allá donde hay duda, yo ponga la Fe.
Que allá donde desesperación, yo ponga la esperanza.
Que allá donde hay tinieblas, yo ponga la luz.
Que allá donde hay tristeza, yo ponga la alegría.
Oh Señor, que yo no busque tanto ser consolado, cuanto consolar,
ser comprendido, cuanto comprender,
ser amado, cuanto amar.
Porque es dándose como se recibe,
es olvidándose de sí mismo como uno se encuentra a sí mismo,
es perdonando, como se es perdonado,
es muriendo como se resucita a la vida eterna.
Quiero compartir con vosotros esta historia de amor entre un padre y un hijo. Una historia basada en el amor por el deporte.
El hijo le preguntó a su padre un día : ¿Papá, formarías parte en el maratón conmigo?, y el padre respondió, ¡Sí!
Y ambos fueron a la maratón y lo completaron juntos.
Más tarde , padre e hijo fueron juntos a otras maratones. El padre siempre decía ‘si’ a las solicitudes de su hijo de ir juntos en las carreras.
Un día, el hijo le preguntó a su padre: ¿Papá, vamos a participar juntos en el ‘Ironman’? El padre le dijo “si” también. El triatlón Ironman abarca unos 3,86 kilómetros nadando en el océano, seguida por unos 180,2 kilometros de paseo en bicicleta, y terminando con unos 42,195 kilometros de maratón a lo largo de la costa de Big Island.
Aquí os dejo el vídeo de la llegada:
Ya os seguiré contando algo más de este padre y este hijo.
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