
El reciente encuentro en Roma entre el Papa Benedicto XVI y la ex candidata presidencial colombiana, Ingrid Betancourt, nos lleva a preguntarnos: ¿Qué mantuvo con fuerza a la ex rehén de las FARC para sobrevivir por más de 6 años? Una respuesta que podemos ensayar y que parece ser la más acertada es su fuerte creencia en Dios, que dicho sea de paso maduró intensamente durante su terrible cautiverio. Así lo ha manifestado ella en diversas declaraciones posteriores a su liberación.
Betancourt, también de nacionalidad francesa, reveló en su cita con el Papa que el tiempo de cautiverio fue un tiempo de gran dolor, pero a la vez de gran experiencia de oración, cosa que no le había ocurrido en toda su carrera política. Todo esto sin duda nos lleva a entender que la ex senadora tuvo una experiencia de Dios muy intensa, tan fuerte que quiso compartirla con Benedicto XVI. Ya nos imaginamos su alegría al darse el esperado encuentro, no lo podía creer seguramente.
Como vemos, Ingrid Betancourt ha tenido una gran prueba en su vida, algo del que nosotros sin haberlo padecido sabemos que es terrible, que nos puede llenar de desesperanza, de absoluta desconfianza hacia el futuro. Lo que ha sostenido a esta mujer es sin duda su fe, una intensa vida espiritual, un ver más allá de lo evidente. No hay otra respuesta para definir su fuerte capacidad de supervivencia.
Situaciones como las que se viven en un secuestro son indescriptibles. Es que son experiencias que sobrepasan nuestras capacidades humanas de fortaleza. Por eso es importante entender que sí hubo algo sobrenatural que la mantuvo viva. Descubrirlo nos permitirá sobrellevar con esperanza lo que nos parezca más doloroso en nuestra vida. La experiencia de esta mujer puede y debe enseñarnos mucho, hay que verla con detalle.

Betancourt ha indicado también que oír a través de la radio al Pontífice le significó una gran luz dentro de su cautiverio. De hecho debe ser maravilloso escuchar que alguien tan extraordinario como Benedicto XVI esté rezando por uno, sin duda llena de enorme esperanza, de hartos anhelos de seguir luchando, aún en medio de tantos inconvenientes.
Por otro lado, ¿Qué importante es la radio? Les digo por experiencia que uno no calcula los alcances que tiene para hacer el bien. Sus ondas llegan a lugares tan recónditos como la selva colombiana. Llenan de esa manera de esperanza a muchísimos secuestrados. Realmente la onda corta es fabulosa, donde menos esperas pueden estar oyendo la palabra o mensaje más pertinente para recabar fuerzas y seguir luchando.
Hagamos votos para que la onda radiofónica siga llevando esperanza a mucha gente que tanto lo necesita. Sigamos también pidiendo a Dios por la pronta liberación de todos los secuestrados en Colombia. Un nuevo milagro de liberaciones tiene que darse.




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