
Ahora que en España se ha puesto sobre el tapete la posibilidad de legalizar el suicidio asistido, me ponía a pensar sobre la facilidad con que comúnmente se deja de nombrar a las cosas por su nombre para bajar así la intensidad de su sentido o simplemente confundir a la opinión pública por alguna oscura intención. Aparentemente lo que es matar ya no es matar y lo que es vivir dignamente es increíblemente morir. Las mentes de los que piensan así están de cabeza, de eso no hay duda.
Aclaremos conceptos: El suicidio asistido implica facilitar al paciente los recursos que provocan su muerte, como ocurrió con Ramón Sanpedro, que para morir ingirió una sustancia letal. (¿Recuerdan que vimos su caso en la ideologizada película Mar Adentro de Alejandro Amenábar?). Se trata entonces de asistir a una persona para que muera, algo no muy lejano a lo que la Real Academia Española menciona sobre el homicidio: “Muerte causada a una persona por otra”.
En el caso de la eutanasia es el paciente el que es ejecutado directamente por otra persona, porque eso de “dulce muerte” no es más que una mentira para tapar la gravedad del acto, tanto en el fondo como en la forma. Pregúntenle sino a una persona que recibe nutrición e hidratación por vías artificiales que siente cuando los tubos que lo alimentan son retirados y comienza a deshidratarse por varios días.

Como vemos los eufemismos (manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura) están a la orden del día, no se quieren decir las cosas como son. Y es que se imaginan a los miembros del PSOE mencionando: vamos a debatir cómo usted amigo puede ser cómplice de un asesinato. De hecho sería impensable.
Bernat Soria, ministro de Sanidad y Consumo, ha anunciado que el Gobierno va a buscar un consenso para que el Código Penal sea cambiado para permitir que un enfermo pueda recibir ayuda para poner fin a su vida. Soria ha dicho “ayuda”, pero no ha indicado en ningún momento los cuidados paliativos que según expertos en el tema no llegan a todos los españoles que los necesitan.
Algunos analistas coinciden que el suicidio asistido es una distracción del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero para tapar algunos problemas gruesos. Si bien no deja de tener sentido ese análisis lo cierto es que si se pone sobre el tapete el tema, debe llamarse al mismo por su nombre: asesinato programado, homicidio con permiso, negación de la opción de curar y optar por matar, muerte indigna, son únicamente algunas definiciones.
Sólo una cosa más para aclarar los conceptos, digna y dignidad están íntimamente relacionadas, y si no hay respeto por la dignidad de una vida entonces no puede haber muerte digna. Afirmar lo contrario es un contrasentido.




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