Es lamentable constatar que en un debate muchas veces a falta de buenos argumentos se expresen insultos y todo tipo de ofensas. Esto que quisiéramos desterrar se ha dado recientemente en Sao Paulo con un grupo de mujeres pro aborto que se congregó en una de sus calles para mofarse abiertamente de los católicos y de todos los que se identifican con la defensa de la vida humana. Ellas supuestamente levantaban las banderas del “derecho a elegir de la mujer”, pero no se dieron la oportunidad de respetar a personas contrarias a su posición.
Las manifestantes, en su mayoría feministas, se han disfrazado de religiosas, sacerdotisas y hasta de la Virgen María ¿Por qué llegar al ridículo? ¿Por qué agredir al creyente que no quiere ver este tipo de cosas porque con justicia se siente ofendido? No olvidemos que quien baja hasta los insultos es porque no tiene la capacidad o la voluntad de conversar. Eso realmente es triste.
Si dos grupos piensan diferente el camino mejor para que lleguen a acuerdos es el diálogo. Eso ocurre en toda democracia, en todo estado de derecho. Por último, si los partidarios del aborto quieren hacer una manifestación, que la hagan, pero que no se mofen de las muestras de fe de los católicos ( que dicho sea de paso nunca son parte de los razonamientos por la defensa de la vida), eso es un sectarismo, una actitud totalmente antidemocrática. No me gusta tu posición entonces veo como te ridiculizo.
En una marcha pública se puede presentar un lema, un pensamiento, incluso hasta un manifiesto, pero siempre se debe actuar con respeto, con educación. No hacerlo no sólo puede llevar a una confrontación violenta sino a desdibujar la posición que se defiende. Ya no vengo a defender algo sino a insultar a alguien.
Sea Sao Paulo u otra ciudad del mundo la sede de actos bochornosos, la gente que los ve seguramente ya no evaluará un argumento sino más bien la conducta de sus autores.
Yo hablo y te escucho, tú hablas y me escuchas, tú golpeas o te mofas de mí y yo simplemente me callo porque no pretendo pasar de mi actitud civilizada a la incivilizada. No lo olvidemos.




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