Es increíble como algunos que en política se dicen democráticos afirman con bastante seguridad que ellos sí lo toleran todo, es decir creen que todas las posiciones respecto a un tema pueden ser aceptadas de igual manera. Los socialistas y liberales llaman a estas personas: Pluralistas, progresistas y hasta modernos.
Pero justamente la gran contradicción de los llamados “de avanzada” es que no toleran al que no lo tolera todo, es decir a todos los que sí creen que hay límites en nuestras acciones y que piensan además que cuando se opta por algo difícilmente se va a poder defender otra posición. En pocas palabras uno puede escuchar diversas tendencias pero de ahí a compartirlas, sabiendo que pueden las mismas contraponerse con la verdad ya es muy diferente ¿No lo creen?
Entonces el pluralismo como se le quiere ver no existe, porque cuando se defienden derechos fundamentales no hay espacio para una diversidad de opiniones. Siempre se tiene que optar y al hacerlo se descartan las otras opciones. La guía para elegir la mejor alternativa es sin duda el apego a la verdad, a la que siempre se puede llegar con la razón. Si un español y un americano quieren encontrar una ropa amarilla en un caja independientemente de cómo le llamen a ese color los dos coincidirán en la misma prenda cuando la avizoren. De la misma manera todos podemos encontrar la veracidad de las cosas. El problema está en no quererla mirar porque contraviene un interés subalterno.
Por otro lado el que dice tolerarlo todo es a la larga un gran intolerante. Porque justamente esa actitud nace de la persona que no quiere aceptar los límites, no quiere comprender que considerarlo todo es justamente no aceptar nada. Si digo que no me gusta el aborto pero que respeto a quien lo hace, estoy cayendo en una contradicción porque no hay convicción en mis opciones.
Las autocracias de este siglo ya no son las que sacan las tanquetas a la calle, son más bien las que con mayorías parlamentarias dan leyes que rompen las bases naturales de una sociedad, desconociendo así lo innato, lo que no puede ser alterado por los caprichos o las ideologías.
Ejemplos de autócratas hay muchos, pero más allá de nombres se trata de mirar actitudes ¿Dónde queda el que no lo tolera todo? ¿El que en sus acciones se orienta de principios éticos o valores morales? ¿Acaso se le debe tratar como ciudadano de tercera categoría?
Hay que regirnos con orden, todo tiene un límite y hay que respetarlo, si no lo hacemos nuestra sociedad se convertirá en una jungla en donde con seguridad ganará el que detente más fuerza, o en este caso más poder político. Estamos avisados.




Ud. está equivocado si cree que el pluralismo político -uno de los pilares del liberalismo- presupone algo así como un subjetivismo o relativismo moral. Al contrario, el liberalismo político se adhiere al pluralismo, en primer lugar, por una cuestión normativa o axiológica: tiene la convicción de que no pueden forzarse las conciencias, que no puede ejercerse la violencia sobre un individuo para que se comporte como otro -o como la mayoría- cree que debiera. Este es el principio de autonomía individual con el límite de daño a terceros. En segundo lugar por una cuestión descriptiva: en la sociedad efectivamente conviven una pluralidad de sensibilidades morales.
El liberalismo político cree que el Estado debe ser neutral ante todas estas sensibilidades, honrando al principio de tratar a todo ciudadano con igual consideración y respeto. Siempre, claro, siendo absolutamente intolerante con todas aquellas conductas que provocan un daño relevante a terceros.
El liberalismo no es relativista, sino que parte de una concepción moral de tipo kantiano que exige respetar el pluralismo de opiniones.
Tolerarlo todo implica una posición escéptica de base: la verdad no existe o no podemos conocerla, que para los efectos es lo mismo. Quien no tolera todo posee una cierta concepción de la verdad como realidad existente. Lo que ocurre con los escépticos y relativistas de toda condición es que hacen de su negación de la verdad toda una gigantesca verdad dogmática, que como tal imponen si alcanzan el poder político, tal como padecemos en este país y en buena parte de Occidente desde las últimas décadas.
No se puede ser imparcial en la vida. En algún momento hay que posicionarse, porque no hacerlo supone estar apoyando a aquellos que perjudican a nuestra sociedad. Por ejemplo, aquellos que predican la libertad sexual, son cómplices de la pederastia, puesto que no admiten límites éticos a sus actos. Un saludo.
Quisiera comentar el post de María. En él vincula la reivindicación de la libertad sexual con la promoción de la pederastia. Esta vinculación es del todo inexistente.
La libertad sexual es un bien jurídico constitucional y penalmente protegido. Consiste en el derecho a llevar a cabo todas aquellas prácticas sexuales que se estimen convienientes con el límite de los derechos de los demás. Particularmente, la legislación penal protege el derecho de cada uno a no someterse a prácticas sexuales a que no haya consentido y a no ser agredido o vejado sexualmente.
Además, la Constitución el el Código Penal protegen la indemnidad sexual de los menores de 14 años, esto es, el derecho de estas personas a que su seaxualidad se desarrolle sin interferencias externas. Por ello se prohíben las relaciones sexuales entre mayores de edad y menores de 14 años. Por ello se castiga la pederastia.
Defender la libertad sexual es derender un régimen jurídico como el expuesto. Es además defender que el derecho no castigue a las personas por mantener relaciones fuera del matrimonio, con personas de su mismo sexo o con animales. Por muy repugnantes que algunas de estas prácticas puedan parecernos.
Honrar la libertad sexual implica el compromiso ético de perseguir la pederastia y castigarla. Ésa es la verdadera vinculación entre la una y la otra.
María, santo nombre de galleta. No me extraña lo que afirmas, porque en este paìs, como en otros, los neorreaccionarios han trazado una linea de tiza entre el bien y el mal. Si los que practicamos la libertad sexual somos pederastas en potencia (yo me considero promiscuo y libertino) entonces el que habla euskera es un etarra, el musulman es integrante de Al Qaeda, el nigeriano rebana el clítoris de las mujeres, el homosexual dispersa el SIDA y los chinos guisan sus cadáveres para rellenar rollitos de primavera. Sólo te doy una recomendación: búscate un noviete porque si lo dejas pasar lo próximo va a ser la cirujía. Un saludo de Francisco Villa.
O estás con la Verdad o estás contra ella. No se aceptan medias tintas. O eres firme en tus valores y convicciones o eres un cobarde y un mediocre acomodaticio. Hay que ser coherentes con lo que se cree y profesa y eso no se llama intolerancia sino rectitud.
Francisco, quisiera hacerte una pregunta. Dices ser promiscuo y libertino, ¿no? Entonces, ¿qué te frenaría a tí para no practicar la pederastia? ¿El que no te gustan los niños?, ¿o la existencia del Código Penal? Es que siendo promiscuo y libertino, no se me ocureen que otros límites podrías tener tú: tu mera inclinación y el miedo al castigo.
Contestaré yo por Francisco. Si por “promiscuo y libertino” se entiende a una persona que no reconoce que existan normas morales autorreferentes en materia de libertad sexual, no hay ningún problema en que sí considere que existen normas heterorreferentes.
Esto es: la promiscuidad y el libertinaje se predican del que cree que no existen normas morales que determinen cómo haya de vivir su sexualidad. Pero ello no impide que crea que haya normas morales que le impiden vulnerar la libertad sexual de otro.
Como siempre confundís el hecho de no creer en ciertas normas morales (no ser católico, judío, etc.), con el hecho de no creer que existan normas morales. En este caso partís del error de creer que quien no asume la moral sexual cristiana no puede asumir ninguna otra. Craso error.
Se puede intentar tolerar “a todos”, pero nunca “todo”.