
Pese a las innumerables críticas, en junio de 2006 el gobierno del PSOE hacía suya la frase: “El fin justifica los medios” al aprobar la polémica Ley de Reproducción Asistida. El debate en ese momento dejó la ética de lado con el pretexto de conseguir un fin altruista (bebés sanos, sin ningún tipo de problemas genéticos). Los adelantos científicos fueron recibidos por los socialistas si ningún tipo de filtración moral, poniendo sin mayor control con los años al hombre contra el hombre.
Nadie duda que salvar a un pequeño de una enfermedad es algo grandioso que cualquier padre o madre desea hacer. El reciente nacimiento en Sevilla de Javier Mariscal, el primer “bebé medicamento” español, ha alegrado a propios y extraños. El pequeño sin duda salvará a su hermano Andrés de 6 años que padece una anemia congénita severa que le obliga a someterse a constantes transfusiones sanguíneas. Sin embargo los procedimientos detrás de su concepción no son para nada altruistas porque varios de sus hermanitos han muerto en el proceso.
Para concebir a Javier muchos otros embriones se dejaron de lado. Es decir que no todos fueron implantados en el útero materno luego de la fecundación in Vitro. Es que bajo ese criterio ninguno que aspirara a implantarse debía ser portador del factor genético que puede dar lugar al desarrollo de la enfermedad heredada por Andrés. También debía presentar el perfil de compatibilidad genética más adecuado con el hermano enfermo. ¿Qué pasó entonces con los demás jovencísimos seres humanos? Se exigía una alta calificación así que no quedó otra que su destrucción o congelación. Su dignidad era lo que menos importaba.
Queda entonces claro que siempre hay en este tipo de técnicas un diagnostico genético antes de la implantación. Es decir que no todas las vidas concebidas tienen el visto bueno de los médicos. Esto es eugenesia pura como en los mismos tiempos de Hitler. Estás sano te implantamos, estás enfermo o no nos eres útil te desechamos. La ley de la pura utilidad se da macabramente con la vida humana.
Una cosa curiosa que sucede en estos polémicos procesos es que los médicos nunca cuestionan la viabilidad de los embriones (Es decir que podrían implantarse y desarrollarse), más bien advierten que no son los mejores, lo más aptos, los elegidos para lograr la reuperación del hermano ¿Entonces donde queda el derecho a vivir de ellos?
El nacimiento del pequeño Javier alegra, lo que entristece es que no se diga que nunca se puede usar a un ser humano para curar a otro, no de la manera como se ha hecho. Imaginense que tenga que matar a mi hermano de 10 años para sanar a mi abuela de 70. La misma comparación se puede hacer en este caso ¿En que mundo vivimos?
Sí a los avances científicos, pero no al irrespeto a la vida por razones utilitaristas ¿A donde estamos llegando cuando pretendemos ser Dios? Seguramente tarde o temprano a la agresión mutua y cercana. Estamos avisados.




Últimos Comentarios