Archivo Dario de 23 febrero 2009

Política, ideología y emoción en el Oscar 2009

Realmente de todo hubo en la octogésima primera edición de los premios Oscar. Alegría, expectativa, emoción, política e ideología. Sólo basta recordar el encendido discurso de Sean Penn para corroborar esto último.

De más está decir que para los amantes del cine una ceremonia de los premios de la academia nos es siempre llevadera, porque siempre es grato saber quien será el ganador en determinada categoría. Es increíble como “El curioso caso de Bejamin Button” no brilló ni por asomo en la ceremonia. Sinceramente intuía que la película de David Fincher sólo lograría algunos premios técnicos. Es que realmente no es tan curiosa, principalmente por sus serios problemas con el guión.

El encendido discurso de Sean Penn más parecía una proclama política a favor del “matrimonio” homosexual que algo propio de una ceremonia de galardones. Hay que recordar que “Mi nombre es Harvey Milk”, la película por la cual ganó Penn el Oscar a mejor actor principal, también se hizo con el premio a mejor guión original.

Penn también criticó a los que votaron a favor de la proposición 8 que estableció en noviembre pasado que el matrimonio sólo será conocido como la unión entre un hombre y una mujer. Ante esa crítica todo el auditorio Kodak ovacionó al actor. Al parecer en Hollywood las uniones del mismo sexo se han convertido en una necesidad para revindicar supuestos derechos, así parece haberlo entendido Dustin Lance Black, autor del guión de la película pro homosexual.

“Creo que es un buen momento para quienes votaron por la prohibición del “matrimonio” homosexual de sentarse, reflexionar y anticipar su gran vergüenza y la vergüenza en los ojos de sus nietos si mantienen ese tipo de respaldo. Debemos tener derechos iguales para todos”, dijo el también ganador del Oscar por “Rio mistico”.

Bueno, si bien hubo política e ideología, también hubo emoción, y esta se mostró en todo su esplendor cuando la británica Kate Winslet ganó el premio a mejor actriz por “El lector”. La verdad es que esta era su quinta nominación y era justo entregárselo.

De “¿Quién quiere ser millonario?” no puedo decir mucho porque no la he visto. Sin embargo es claro que arrasó con los premios, y no sólo técnicos sino los de dirección, guión adaptado y película. El film de Danny Boyle sorprendió a propios y extraños.

No se puede tampoco dejar de mencionar el premio póstumo a Heath Ledger. Es interesante constatar como cuando su familia recibió el premio, las caras compungidas de los presentes estaban por todos lados. ¿Cuánto de reflexión debiera tener Hollywood ante los excesos? No se trata de sólo pena sino también una parada en el camino para preguntarse ¿Dónde se está?

Bueno, menos ideología y más arte en el próximo Oscar. Sin embargo como ceremonia sí creo que hubieron momentos gratos para los amantes del cine.