Archivo Dario de 3 julio 2009

La soberbia asoma sin que me de cuenta ¿Qué hago?

 

Muchas veces pasa la soberbia y no la queremos ver

La soberbia es sutil, de eso no hay duda. El problema es que muchas veces no admitimos que somos soberbios, quizá en el fondo no categorizamos ese mal. Por ello vamos a definir esta lacra de una manera aproximada: “creencia de que todo lo que uno hace o dice es superior, y que se es capaz de superar todo lo que digan o hagan los demás. Hay que decir también que para los católicos, no sólo es un pecado capital sino que es la prescindencia de Dios.

Pero es más fácil distinguir la actitud soberbia en sus distintas manifestaciones. A continuación algunas de ellas:

1 Autosuficiencia: Creer que me basto a mi mismo, que no necesito de Dios ni de los demás.

2 Autocomplacencia: Estar muy satisfecho de uno mismo y por eso gloriarse de sí mismo, auto alabarse, complacerse de todo.

3Altanería: Actitud despreciativa hacia los demás en palabras, gestos, miradas.

4 Apropiarse de los méritos ajenos: Ante los éxitos ajenos, manejar las cosas de tal modo, que parezca que el mérito es mío y así sacar yo el provecho.

5 Desaliento: Desanimarse ante los propios errores o fracasos y tomar una actitud de pesimismo y de reproche.

6 Falta de aceptación personal: No estar conforme consigo mismo y por eso auto reprocharse constantemente.

7 Rebeldía: Querer que todo se haga como una quiere, enojo cuando se le contradice, apego al propio juicio, susceptibilidad ante la corrección.

8 Dureza de juicio: Juzgar despreciativamente a los demás, mal interpretar sus actos.

9 Egoísmo: Querer ser el centro y criterio de todo, interesarse solo por si mismo y por sus cosas.

10 Imponer el propio juicio y gustos: Querer que todos aprueben, acepten y apoyen las propias opiniones, gustos, iniciativas, sin aceptar las de los demás.

 Ahora, si compruebo que soy soberbio ¿Qué puedo hacer?

De hecho varias cosas, aquí algunas de ellas:

Cultivar una sana autocrítica para reconocer con realismo las propias cualidades y defectos y atribuir lo bueno a dones recibido de Dios y a mérito personal.

Creciente apertura y bondad en el trato con los demás. Por ello también sencillez y flexibilidad.

Pureza de intención y transparencia en el obrar y actuar, ser sencillamente lo que soy.

Atentos entonces ante la soberbia, aparece y a veces no la vemos, algunos incluso se enorgullecen de tenerla, oscurecidos por la no aceptación de lo que son. Hay que reconocerla y luego combatirla, no queda otro camino.