
Hoy quiero darme un espacio para hacer un personalísimo post dedicado a un hombre realmente extraordinario que pude conocer por gracias de Dios. Me estoy refiriendo a un sacerdote verdaderamente ejemplar: El Padre Harold Griffiths Escardó, quien dejándome grandes enseñanzas y 50 años de extraordinaria vida sacerdotal partió a la casa del Padre el 18 de septiembre de 2003.
Ya han pasado 6 años desde ese día en que me separé temporalmente de él. La noticia de su partida no me tomó por sorpresa, pues este buenísimo sacerdote diocesano tenía 83 años y la salud algo resquebrajada en el momento de su encuentro con Dios. Recuerdo que me dije a mi mismo: “Siento tristeza porque me separo por algún tiempo de él, pero mucha tranquilidad porque fue un hombre que hizo mucho por muchos, no cabía duda de que amaba hasta el extremo, como Jesús.
A este peruano, de madre católica y padre anglicano, lo conocí en la Universidad de Lima. Era un día en el que yo trabajaba en la facultad de comunicaciones. Recuerdo que mi inquietud en ese momento era confesarme, y claro la instancia más cercana era su oficina. Cuando llegué a la misma fue grandioso su recibimiento, no fue difícil por ello hacer una buena confesión. El me enseñó a confesarme, a hacer un buen examen de conciencia, entre otras cosas. Pero claro, lo más saltante fue sin duda la apertura que me dio, yo podía ver la misericordia de Dios en él.
Luego de ese primer encuentro, nuestras conversaciones continuaron y se hicieron más continuas. Su capacidad de escucha, sin duda gran don de Dios, era impresionante. El siempre tenía una palabra de aliento ante lo que parecía difícil, su gran fe en Dios era sin duda su gran fortaleza. No puedo olvidar también su gran sentido del humor.
Mi amigo, el Padre Harold, trabajó intensamente por esta tierra encomendando todo a Dios. Entre las que más recuerdo es sin duda los hechos de su longeva vida cristiana, destacada principalmente en las cosas más simples de la vida, como decía él: “lo importante es invisible a los ojos”.
La misa que presidía todos los miércoles en la universidad fue especial porque en sus homilías daba pautas para la vida en el cámpus. No se trataba de un discurso lejano, más bien encarnado en la realidad. La inspiración de Dios era el fundamento de su claridad, él decía: “Sólo Dios puede hacer que yo hable de esa manera”.
A pesar que me llevaba muchos años, hubo una fina sintonía con él. Cuando dialogábamos, sabía que le preguntaría o que tema querría tratar. Todo ello me enseño mucho sobre la importancia de una buena dirección espiritual para cualquier persona. La clave estaba en la confianza, y en este caso abundaba.
Decir todas las cosas que hizo el Padre Harold Griffiths en vida sería verdaderamente largo de escribir, creo que todas las personas que lo conocieron pueden hablar desde su propia experiencia personal. Pienso que la oportunidad de haber conocido a este gran hombre no puede quedar en el silencio y más bien debe ser expresada. Por eso invito a todos lo que lo conocieron a que aprovechen este post para contar todas las cosas maravillosas que vivieron con él. Su gran dimensión humana aún está en nuestra memoria.
Gracias Padre Harold por todo, usted fue para mí alguien muy especial que siempre recuerdo y recordaré. Han pasado 6 años de su partida, pero me parecen muy cercanas aún las distintas conversaciones que tuvimos. Estas dejaron en mí una profunda e imborrable huella.
Recordar a este gran hombre es tener en mente a un amigo en el Señor Jesús. Lo nombro de esa manera porque en nuestra amistad no hubo nada convencional. Me enseño lo más importante, lo que trasciende, el testimonio personal de Cristo en su vida.
Comentarios recientes