La semana pasada tuve la oportunidad de representar, invitado por una de las asociaciones convocantes, a HazteOir.org en la reunión anual del European Resource Bank (foro de trabajo sobre cuestiones económicas y fiscales), que este año tuvo lugar en Yalta (Ucrania) y tenía como eje el análisis de la actual crisis económica, y cómo emerger de ella apoyándose en la libertad de mercado.
Es cierto que en HO no solemos ocuparnos de temas económicos (aunque, a título personal, la economía es mi hobby desde hace años), quizás porque hay otros valores que defendemos que ocupan un lugar más alto en la jerarquía, como el derecho a la vida, a la libertad religiosa, o de educación. Pero tampoco olvidemos que el poder vivir en unas condiciones materiales dignas también es un derecho humano.
El encuentro coincidió en el tiempo con la #acampadasol, #spanishrevolution, #15m o como se le quiera llamar. Una buena parte de las reivindicaciones de este movimiento tienen una base económica, y precisamente por eso me llamó poderosamente la atención el contraste entre muchas de las proclamas de los acampados, simplistas y estereotipadas, y las propuestas realistas y bien diseñadas que se estaban haciendo en Yalta.
Resultaría gracioso, si no fuese porque es patético, que los acampados echen la culpa de la crisis, en un alarde de originalidad, “al capital y la banca”, y sus soluciones sean precisamente nacionalizar el sistema bancario, expropiar viviendas desocupadas, y regular la actividad empresarial (por si ya estuviera poco regulada). Ciertamente, en los últimos años se han visto casos flagrantes de corrupción y una alarmante falta de ética en la esfera económica, pero si nos fijamos, han tenido lugar sobre todo en esa difusa línea que separa los sectores público y privado: contratos, adjudicaciones, recalificaciones, créditos a partidos políticos… en donde las decisiones no se toman según criterios de eficiencia y rentabilidad, sino de servidumbres y favores.
No es cuestión ahora de hacer una introducción a la escuela austriaca de economía en este blog, pero sí podemos explicar de forma muy resumida, el mecanismo que ha llevado a esta crisis, y dónde están sus verdaderos responsables. Por un lado, tendríamos que mirar, más que a Wall Street y las bolsas europeas, a los Srs. Bernanke y Greenspan, directores de la Reserva Federal de EE.UU., y por otro, al Sr. Trichet, presidente del Banco Central Europeo. Son ellos quienes controlan (o creen hacerlo) la velocidad a la que se mueve la economía por medio de ese numerito que fijan a su antojo y se llama “tipo de interés”, que luego acabará determinando lo que pagamos por nuestros créditos e hipotecas.
Tras el estallido de la burbuja .com a principios de este siglo, a estos señores se les ocurrió que para seguir animando la economía, lo mejor era mantener bajos los tipos de interés. Parece lógico, ¿no? Así los consumidores y empresas pedirán más créditos, comprarán más, y habrá más puestos de trabajo. Pero la cosa no era tan sencilla. Porque en general, a todo el mundo le gusta ganar dinero, y en muchos países, en particular en España, la baja de los tipos de interés hizo que la forma más fácil y rápida de hacerlo fuese invirtiendo en ladrillo. Aunque en España sobra suelo por todas partes, si los Ayuntamientos deciden que sólo se puede construir en determinados sitios, es lógico que los precios suban como la espuma. Eso es una forma “de manual” para provocar la aparición de una burbuja. Pero como la cosa -al menos por el momento- iba bien en general, nadie se quejaba.
Pero nada dura por siempre, y allá por el 2007, el sistema empezaba a dar síntomas de agotamiento: ya no se vendían tantas casitas, alguna constructora quebraba, el paro comenzaba a aumentar, los compradores tenían problemas para pagar sus hipotecas… y los bancos para cobrarlas. Pero no, no había crisis, según ZP; estábamos en la “champions league”. Y el que diga lo contrario, es un antipatriota. Cualquier cosa con tal de llegar sano y salvo a las elecciones del 2008.
Luego la situación fue empeorando, pero la inventiva de Zapatero se superaba a sí misma, y salió con ese engendro llamado “Plan E“. Genial: el Estado financiaría todo tipo de ocurrencias municipales. Así se crearán miles puestos de trabajo y saldremos de la crisis. El único problema es que esos gastos hay que pagarlos, y para ello, sólo hay dos opciones: subir los impuestos (el IVA es el que quedaba más a mano) y/o emitir deuda pública (equivalente a subir los impuestos del mañana). Como además el paro seguía subiendo, se recaudaban cada vez menos impuestos, el estado tenía que pagar más prestaciones por desempleo, y además, tapar los agujeros de bancos y cajas de ahorros con ese invento llamado FROB -que también paga el contribuyente-.
Hasta que esos entes tan terribles que llaman “los mercados”, y que son quienes compran la deuda española, empezaron a preocuparse y a decir que igual dejaban de hacerlo. Sólo en ese momento sonaron las alarmas, y la Sra. Merkel le dijo a ZP, “tienes que gastar menos, o no podrás devolver lo que nos debes…”. Vinieron entonces los llamados “recortes sociales”, parones de obra pública… en fin, lo que todos sabemos.
Esta es, simplificando, la secuencia de eventos que ha venido a provocar la tasa de paro récord que ‘disfrutamos’ ahora. Y que se duplica entre la juventud, trayendo como efecto colateral una tremenda falta de ilusión y de perspectivas, que ha venido a cristalizar en manifestaciones y acampadas, puede que no tan espontáneas como nos quieren hacer ver.
Es en cierto modo normal que ante la situación presente surja el impulso de rebelarse, aunque sea contra algo tan abstracto como “el sistema”. Pero lo peor del movimiento 15M es lo distorsionado de su visión, especialmente en el terreno económico. Algunas de las soluciones que proponen los acampados son directamente totalitarias y además no tienen nada de originales, porque ya las han probado hace muchos años en la extinta URSS. Si se restringe la libertad económica el resto de libertades no tardará en seguir el mismo camino. Ya hemos tenido sobrados ejemplos de ello en el pasado siglo XX.
Entonces, ¿cual es la solución? Increíblemente sencilla. Quizás muchos no hayan caído en la cuenta de que son las empresas, y no los gobiernos, quienes crean puestos de trabajo. Y la mayoría de empresarios están deseando hacerlo, pero para ello tienen que poder vender algo para poder pagar a los empleados, los costes de explotación… y los impuestos, claro. Emprender es una labor ya de por sí difícil y arriesgada, como para encima tener que vérselas con un sinnúmero de trámites burocráticos y requisitos absurdos. Curiosamente, no parece que el facilitar la creación y actividad de las empresas sea una reivindicación de los acampados. Pero es la única salida factible a esta crisis.
En algunas de las sesiones de la reunión en Yalta se expuso el ejemplo de los países del antiguo bloque soviético: aquellos que emprendieron reformas para garantizar la libertad de empresa (Georgia, Polonia, Eslovenia, Kirguistán) son los que más rápidamente han mejorado su nivel de vida. En términos estadísticos, hay una clarísima correlación entre el índice de libertad económica y el aumento de la renta per cápita. Eso es lo que funciona, y no las políticas de estímulo a cargo de los presupuestos, cuyo efecto más visible es alimentar una espiral de deuda pública que luego será muy difícil de detener.
La cuestión es si nos dejaremos engañar. Mucha gente ha apoyado de buena fe las movilizaciones, harta de los privilegios, la cerrazón y la falta de sensibilidad de nuestra clase política, y el impacto de la crisis económica, pero se está utilizando el ‘tirón’ para alimentar reivindicaciones que de implementarse nos llevarían a un régimen comunista (y no es una exageración). ¿Desaparecerían los privilegios con la intervención estatal de la economía? No, antes al contrario, aumentaría el número de los privilegiados, y se intensificaría la lucha política para tratar de hacerse con mayores parcelas de influencia.
Tenemos que demostrar que la sociedad civil puede por si misma organizarse y actuar, sin tener que apoyarse en la muleta del Estado. Tanto en la esfera económica como en el ámbito de la educación, las iniciativas sociales y la cultura. Ahí tenemos una posible tarea para los próximos años.
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