Hacerse regalos en la fiestas de año nuevo, es una costumbre muy antigua que se tenía en Roma, estrenas –les llamaban-, y que los cristianos adoptaron, pero con el simbolismo de que era el Niño Jesús quien traía los regalos. Los protestantes sustituyeron esa figuración por la de San Nicolás o Santa Claus; que más adelante fue sustituido, y comercializado, como Papa Noel; y en España por los Reyes Magos. Debido a la proliferación de pequeños Papas Noel colgados de los balcones, se ha producido un movimiento popular, apoyado por la plataforma digital “Hazteoir” que ha lanzado el proyecto “Feliz Navidad”, para colgar en los balcones algún otro simbolismo, menos mercantil y más navideño: “las balconeras”, en las que haya una representación la Sagrada Familia o del Niño Jesús.
Parece que el mejor medio para tener en cuenta y recordar durante esos días el sentido de la Navidad es el belén o nacimiento, idea que inició San Francisco de Asís, en el siglo XIII, y que propagaron sus discípulos, los franciscanos; para que se pusieran en las Iglesias y en las casas. A la vez proliferaron los villancicos, canciones sencillas y populares, para cantar alrededor del belén.
El árbol de Navidad, que es un abeto (Picea excelsa) del Norte de Europa, también es un símbolo religioso, pues representa la cruz en la que murió Jesús; además, en los lugares en que hay árbol el pesebre se suele poner cerca, y es explicable que los regalos, cuando los trae el Niño Jesús, aparezcan colgados en el árbol. Ya se ve entonces que belenes o nacimientos, villancicos, regalos y fiesta están muy unidos. Pero los regalos no pueden acaparar el sentido de la Navidad; el exceso de gastos oculta lo que se celebra la venida de Jesús, e incluso oscurece lo que viene a recordar: la sencillez de su nacimiento, la austeridad por hacerlo en un establo, la alegría de que es el Hijo de Dios el que se ha hecho hombre. Por eso, el belén o el portal, colocado en un buen lugar de la casa, también en los escaparates, y los villancicos nos ayudan para que recordemos el Misterio y levantemos el corazón a Padre Dios.
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