La alegría del sentido común.

Hemos asistido durante el mes de agosto a un desfile de personas (personajes) de lo más estrambóticas y pintorescas. Desde asesinos, hasta ladrones que atribuyen sus fechorías al bien común (¡Qué descaro!), pasando por una escritora que llama monstruos a los discapacitados. La sociedad, como si de un niño pequeño se tratase al que su conciencia le molesta ha cogido el sentido común y lo ha escondido en ese baúl del desván en el que se acumulan los trastos apolillados y se mezclan con telas de araña. Trastos, que antaño nos fueron de utilidad y brillaron con luz propia.
Que un asesino salga de la cárcel sin pagar por sus crímenes; que un político de IU asalte un supermercado y robe con total impunidad; que una escritora se atreva a calificar a los discapacitados como monstruos; que un político del PSOE ataque a la libertad religiosa de forma frontal y descarada y que un colectivo progre se arrogue la potestad de quitarle a los padres la libertad de decisión para educar a sus hijos, son signos claros y concisos de que el sentido común se ha convertido en el menos común de los sentidos.
Por desgracia, parece que el sentido común se ha plegado a relativismos, utilitarismos y ha sido deformado por los que quieren servirse de el, retorciéndolo en beneficio de intereses particulares y perdiendo de vista el bien común. Sin embargo, no podemos dejar que la pluralidad de opiniones relativice la verdad. La verdad que podemos alcanzar por la razón. Cuando nos deslumbre la verdad alcanzada por la razón, nos habremos dejado invadir por la alegría del sentido común.
Que un asesino juzgado y condenado cumpla su pena íntegra, es sentido común. Defender la vida desde el mismo momento de la concepción contra aquellos que quieren extender la cultura de la muerte, es sentido común. Calificar al que roba en un supermercado de ladrón, es sentido común. Defender estoicamente la libertad de los padres que quieren educar a sus hijos en colegios de educación diferenciada frente a aquellos que quieren establecer un modelo único de educación ( y por tanto de pensamiento ), es sentido común.
Por favor, no dejemos que el sentido común se extinga, no seamos cómplices con nuestro silencio y apatía de que la alegría del sentido común quede para siempre relegada al baúl de los recuerdos.
Álvaro María Herrero de Béthencourt.

0 Respuestas a “La alegría del sentido común.”


  1. Ningún Comentario

Añade un Comentario