- Mientras los aparatchik sigan organizando nuestra vida colectiva a través de los partidos políticos;
- Mientras los burócratas mantengan secuestrada la voluntad popular por medio de un sistema electoral que favorece el trapicheo político;
- Mientras los principios sean meros banderines de enganche de congresos de fin de semana y convenciones de domingo por la mañana, un rato antes del telediario;
- Mientras la clase política siga considerando que los ciudadanos somos incapaces de tomar nuestras propias decisiones al margen de su tutela;
- Mientras la alternativa al partido del gobierno de turno sea su réplica;
- Mientras la información siga llegando a la opinión pública a través del interesado prisma de unos medios de comunicación con tantos y tan abundantes (aunque distintos) intereses como los propios partidos políticos;
- Mientras no se gobierne de acuerdo con el interés general sino en función de lo que dictan quienes elaboran sondeos de opinión;
- Mientras los valores sean esa cosa que se utiliza en los anuncios de coches caros;
Mientras cosas como estas sigan sucediendo, viviremos en libertad vigilada.
No elegiremos a ni un solo cargo público directamente, por lo que seguirán sin darnos cuenta de su actuación.
Participaremos en nuestra vida colectiva solo por delegación.
Quienes gobiernan la nación, la región, la ciudad, quienes nos juzgan, seguirán siendo elegidos por terceros.
Por lo tanto no seremos realmente libres.
Y seguirán sucediendo cosas como esta.
El PP se ha ganado hoy que resucitemos la orden de Lenin y se la entreguemos de manera solemne para que puedan celebrar como se merece la llegada del año en que volverán a perder las elecciones.







La imagen de la orden de Lenin le viene muy al pelo al PP en el día de hoy.
Hay muchas medallas que el PP actual se ha ganado a pulso: La de la hipocresía, la de la incoherencia, la del oportunismo, la de la desunión, la de la cobardía, la de la medianía, la de la traición a su electorado, la de la volubilidad, la del feudalismo territorial, la de falta de principios, la de la estupidez, la de la decepción, la de la indefinición, la de los complejos… Y la peor de todas ellas: la maldita medalla de lo “políticamente correcto”.
Partido Popular, R.I.P.
Todos sabemos a quien no debemos votar
Me apunto a la sugerencia… Condecoremos al PP, amigos… En las próximas elecciones al Parlamento Europeo tendremos una buena ocasión para ello.
En efecto, ahí tenemos las europeas. Nos lo han puesto a huevo.
Brillante Miguel.