La fiesta de recepción de Monseñor Munilla en San Sebastián no deja de ser una anécdota al final del trayecto. El nacionalismo, con sus católicos y sus escépticos, ya ha terminado su viaje.
In illo tempore… Recuerdo la primera vez que presencié una campaña nacionalista contra un obispo. Consistió en una pintada en la estación de metro de Sarriá: Volem bisbes catalans (queremos obispos catalanes). Ahora el tren de Sarriá lleva el pomposo título de “ferrocarrils de la Generalitat”, la estación tiene otro nombre y la empresa cobra por las pintadas nacionalistas porque se han convertido en publicidad.
La tal campaña étnico episcopal coincidió en el tiempo con el tiro que los autores de la pintada, o sus primos, le pegaron a Jiménez Losantos en la pierna.
Los nacionalistas eran entonces menos aún que hoy, así que entre ejercer un rato de etarras con el periodista para mandarle al hospital y callarle la boca, y pintarrajear la estación más próxima a mi colegio, agotaron sus recursos. Además, aunque a veces lo parezca, los nacionalistas no tienen el don de la ubicuidad: es siempre el mismo, que no para.
El nacionalismo de nuestros días nació en Cataluña de la mano de algunos curas, como en el País Vasco, acompañados de unos cuantos jóvenes digamos “eclesialmente inquietos”. El abad Escarré, mossèn Dalmau, Xirinacs, miembros de venerables órdenes, como los capuchinos, e tutti quanti, de la mano del joven Pujol y un par de amigos, pasaron de reivindicar a Dios en catalán a reivindicar un dios catalán. Fue Pujol quien organizó la primera campaña étnico episcopal en 1966.
Los católicos nacionalistas, que tienen tan mal humor como los nacionalistas a secas, no se han parado nunca a reflexionar sobre el resultado de su viaje a la barbarie: echaron a andar de la mano de sus curas, y terminaron sacando de las iglesias a muchos sacerdotes. Hoy los seminarios de Cataluña y del País Vasco son desiertos, y sus templos están vacíos. Pero lejos de reparar en el error y tratar de enmendarlo, perseveran: primero miran a la banderita de turno, convertida por los ya no tan jóvenes pujoles en objeto de culto, y luego a la Cruz. Por ese orden. Siempre.
Ilustres católicos catalanes de prestigio, con notable influencia mediática y virtual, lo demuestran cada vez que se sientan al teclado. Y en cuanto a los ilustres católicos vascos, no les hace falta ni abrir la boca. Les basta con tener cerca una ley del aborto.
El viaje de los católicos nacionalistas les ha conducido a ser cada vez más nacionalistas y cada vez menos católicos, porque no están dispuestos a recordar que son meros pasajeros de una nave en tránsito. También porque han colocado la banderita por delante de la honestidad: el fin justifica los medios.
Así que la fiesta de recepción de Monseñor Munilla a San Sebastián no deja de ser una anécdota al final del trayecto. El nacionalismo, con sus católicos y sus escépticos, ya ha terminado su viaje: ha sustituido la Salvación por el derecho de autodeterminación. Aunque en el caso del obispo donostiarra han echado mano a todo con tal de atizar. Por eso, a Monseñor Munilla le han recibido a la patria rogando, y con Dios dando.






Sí tuviera que escribir sobre el nacionalismo catalán te copiaría exactamente lo que dices. Recuerdo perfectamente lo de “Volem bisbes catalans”, y destinaron a la Diócesis de Barcelona a Mn.Narcis Jubany, que creo sustituyó a Mn.Marcelo Gónzalez, nombrado Cardenal Primado de Toledo.
Y sí fuera vasca estaría encantada con el nombramiento de Mn.Munilla.
Se acaba la historia de los Obispos simpatizantes con el separatismo vasco.
Como catalana, sí estaría contenta con un Obispo que no simpatizase con el nacionalismo. Me daría exactamente igual que fuera catalán como que no. Y si la condición para que no sea nacionalita fuera que viniera de otra región de España ¡¡Bienvenido sea!!
Un abrazo Miguel
Pido a Dios no que de fuerza a Monseñor, que la tiene, sino que le sostenga, porque tratarán de derribarle, desde todos sus frentes.
Ojalá hubiera más Obispos con su claridad de mente y corazón, y sobre todo con su firme caridad.
Un abrazo Miguel
La historia se repite. En los primeros tiempos del cristianismo, los obispos se elegían por aclamación entre los fieles. Pero en la Edad Media, los señores feudales comenzaron a querer ‘intervenir’ en la elección, y por ello se tomó la disposición de que fuese el Papa quien los nombrase.
Poco han cambiado las cosas en ese sentido. Se ve qye todavía tenemos algunos “señores feudales” en activo.
Magnífica entrada del blog. Enhorabuena,Miguel. No me cabe duda de que esos nacionalistas “católicos” no dirán nada sobre la campaña de sus partidos contra el crucifijo.
¿Qué día nos meteremos en la cabeza que los nacionalismos, en el sentido cultural de la palabra son una riqueza para los pueblos, como los es la diversidad de las personas, pero que llevados a extremo son diabólicos?
El independentismo radical es tan absurdo como que todos decidiéramos de golpe dedicarnos a eremitas. Es del todo irracional. Como ser social el hombre se organiza según unas reglas en las que no puede ni debe primar el interés de unos cuantos sobre el bien común. En un mundo cada vez más globalizado es a lo que deberíamos tender en esta Madre Tierra.
En cuanto a las lenguas, si nos fiamos de los avances que defienden el contexto afectivo como determinante en el aprendizaje del lenguaje, lo que reafirmafía el derecho a hablar la lengua materna, recibida en consecuencia con todo el cariño, me temo que seguirán el curso de su propia naturaleza, limitándose los gobiernos y gramáticos a hacer lo que han hecho siempre, regularlo. Las hipótesis y esfuerzos por su desaparición o no, dudo que dependan de agentes exteriores.
No sé lo suficiente como para opinar sobre los católicos nacionalistas vascos; por eso, desde aquí, me voy a limitar a mandar un mensaje de solidaridad a mis hermanos católicos vascos; a animarles a que su visión del hombre se centre más en lo que nos une que en lo que nos separa; a recordarles que como católicos compartimos un mismo Pan, bebemos el mismo Cáliz y esperamos reunirnos con un mismo Padre al final de nuestros días. Ser nacionalista, en mi opinión debería significar trabajar y amar a ese rincón en el que naciste o en el que vives; pero respetando a la vez ,e incluso admirando y aprendiendo de los esfuerzos y logros de “los otros”
Tengo el honor de ser pariente del Cardenal Jubany, primo de mi abuelo (descansen en paz), y gracias a la Providencia vivo en Hernani, donde estoy casada con un bilbaino y soy madre de tres hernaniarras. También tengo el honor de conocer a Monseñor Munilla y no faltaré a la cita del 9 de enero, D.m. Por lo que conozco tanto de uno como de otro, uno era catalán y el otro es vasco, pero ante todo, son SACERDOTES HASTA LA ETERNIDAD, son hombres de Dios. Hasta el sábado pasado me alegraba del nombramiento de Mn. Munilla, pero después de asistir a la Misa en Hernani (cosa que hago poco porque no sé euskera), y acertar con que el sermón fuera en español, (uy! perdón por la palabra prohibida… en castellano), me he dado cuenta de que el Señor nos ha bendecido. Me quedé helada en mi asiento, y sin mirar atrás, alguno más también, pues oí un portazo. Para resumir: ¿por qué la Iglesia tiene que ser igual ahora que hace 50 años?, la culpa de las crisis espirituales del mundo es de la Iglesia por no saberse adaptar a los nuevos tiempos, el Adviento es un tiempo para reflexionar sobre la realidad en la que vivimos y empezar a tocar con los pies en la tierra (aunque esto último no sé a lo que se refería, no me sonó muy bien tampoco)
No sé si ponerme a saltar de alegría o echarme a temblar: monseñor Munilla es realmente un hombre de Dios y al Hijo de Dios lo crucificaron por poner los puntos sobre las “íes”. Estamos en tiempos de verdadera persecución y yo le pido a Dios que deje a este hombre bueno entre los vascos mucho tiempo, que lo guarde del mal y le acompañe con su Gracia para que esa región vea la Luz y se den cuenta de que nuestro único Rey es Cristo. Que Él tenga compasión de nuestros políticos y a nosotros nos dé ánimo para soportarlo todo con paciencia.
El Obispo MUNILLA dijo VERDAD
Visto como las gentes se rasgan las vestiduras para condenar al obispo Munilla por lo dicho en la entrevista del día 14-01-10 en la SER, algo gordo y verdadero ha debido decir.
¿A ustedes les extraña los males de nuestra sociedad?: violaciones, mujeres asesinadas, padres maltratados por sus hijos, profesores amenazados y despreciados por sus alumnos, robos con violencia, divorcios, abortos, terrorismo, políticos corruptos, jueces prevaricadores, y pueden seguir… y en las escuelas pretenden quitar los mandatos evangélicos, con la aberración de sustituirlos por… ¡leyes humanas!-
Es monstruoso pensar que Munilla pretende comparar la catástrofe de Haití con la delicada situación española ¡despreciando a todos esos inocentes!- ¿No habrá querido advertirnos de que nuestra sociedad, actúa con conductas más perniciosas que las catástrofes de este mundo?-
Un teólogo le dice: Para una persona que cree en Dios, lo más sagrado es la vida humana.-
¿No será… LA VIDA ETERNA?… ¿y por ende la vida humana, que es sagrada para los que creen y para los que no creen en Dios?-
El obispo de San Sebastián dijo la verdad.-