Archivo Dario de 27 mayo 2012

MASADÁ SALVADOR SOSTRES: “Os han engañado”…

CADA DÍA de mi vida, desde hace seis meses, cada día sea
martes o domingo, laborable o festivo, me despierto cuando se
despierta mi hija, le doy el primer biberón, ahora ya con cereales,
la cambio, le pongo sus cremitas, la visto y la saco a pasear. Soy el
hombre más feliz del mundo con mi hija en su cochecito. Te veré
crecer, te veré brillar, montaré guardia para despertarte de tus
pesadillas. Nunca ha habido un padre que quiera a su hija más de
lo que yo te quiero a ti.
A muchas mujeres de buena fe las feministas os han engañado del
modo más miserable. Cuando os decían que sólo os realizaríais
trabajando, os engañaban. Cuando os decían que cuidar a los hijos
era una esclavitud y algo despreciable, no sólo os humillaban y os
insultaban, sino que sobre todo y fundamentalmente os
engañaban.
Todos los sentimientos están comprendidos en el primer biberón
del día, todos los misterios en la alegría de mi abuela cuando
vamos a visitarla, nada en el mundo tiene para mí más aliciente
que los pequeños progresos de mi hija y ver cómo se fortalece el
sagrado vínculo.
Os han engañado si alguna vez habéis llegado a creer que hay
algo más profundo que cuidar de vuestros hijos. La propaganda
feminista, deleznable y revanchista, se ha empecinado en intentar
que os sintierais incómodas en tanto que mujeres y en tanto que
madres, como si fuera algo menor, sin prestigio y sin importancia,
como si lo único honorable que pudierais hacer es competir con los
hombres.
Os habla un hombre y padre. Nunca mi masculinidad ni mi orgullo
muy de macho se habían sentido tan pletóricos y afirmados como
cuando cambio un pañal, como cuando paseo con mi niña y paso
por la frutería a comprar las manzanas, las peras, los plátanos y
las naranjas que luego necesitaré para prepararle la merienda.
Nunca me había sentido tan varón, tan soldado, tan Hércules
capaz de mover el mundo con mis brazos.
Os han engañado. Os han envilecido y os han despreciado de tal
modo que habéis llegado al aberrante extremo de dudar de
vuestros instintos. Os lo dice un padre a punto de entrar a la visita
del pediatra, un padre entre el baño relajante de la noche y el momento,
siempre tenso, de cortarle las uñas. Os tienen que haber
hecho sentir muy mal, os tienen que haber hecho mucho daño si
cuando veis a vuestros hijos en el cambiador o en la cuna de
verdad pensáis que hay algo que os podría realizar más, algo que
os podría dar más sentido, algo que pudiera acercaros más a la
plenitud y a vuestro destino.
Soy el resumen de Dios y mi hija el resumen de la Humanidad
cada vez que la cojo en brazos y se ríe. Os han engañado si no
veis que sobre esta sonrisa está construido el mundo.