De Brieva a Carrión por Najerilla y Ucieza.

De rios va la tarde, símbolo del andar y avanzar del tiempo, del caminar hacia adelante de la vida, día a día.

Con la tarde por delante nos decidimos mi mujer y yo a volver a casa despúes del reconfortante fin de semana junto al Pantano de Gonzalez de Lacasa, en Casa Cumbrero (Montemediano) con buenos amigos. Decidimos recorrer las carreteras o caminos que antaño fueron vías exclusivas de comunicación entre Navarra y Castilla, fuertes pendientes, peñascos amenazantes, carreteras no digitalizadas y caminos digitalizados como carreteras, mojones fronterizos convertidos en refugios y nieves en deshielo que alimentan el correr de los torrentes entre gargantas y quiebros, por debajo de puentes medievales apenas visibles por el avance de la vegetación sobre ellos, pero resistentes y más expresivos que el mayor puente moderno. Así pues, entre piedras, corrientes, aldeas y buenas gentes, amables y prudentes, avanzaba la tarde, pero el tiempo pareció pararse. Tan solo el discurrir del agua paralelo a la carretera parecía tener interés por avanzar, sin saber porque. Tal es la belleza del lugar que si la economía y el bienestar no fueran las quimeras gobernantes, prosperidad y humanidad habría en abundancia en tal paraje natural. De la Sierra de la Demanda a la Sierra de San Lorenzo, del Pantano de González Lacasa al Embalse de Mansilla, del rio Brieva al rio Najerilla, de este al Arlanza y de este al Carrión. Bellos pueblos, hermosos paisajes, vientos fuertes y excelsas construcciones: Monasterios, puentes, iglesias, calzadas, plazas y casonas que hoy son sólo recuerdo de un pasado memorable en que el pensar, el ser y el amar eran alimento suficiente para vivir y el tiempo algo para olvidar.

Así fué, y así será porque seguro hemos de retornar.

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