Archivo Mensual de Julio, 2008

ANOMIA

Hace unas semanas en uno de sus estupendos escritos, D. Horacio Vázquez-Rial, colaborador habitual de Libertad Digital, eligió emplear cierta palabra: la palabra era “anomia”. Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua el término tiene tres significados. Los dos primeros, “ausencia de ley” y “conjunto de situaciones que derivan de la carencia de normas sociales o de su degradación” derivan del griego νομα. El tercero se refiere a “aquel trastorno del lenguaje que impide llamar a las cosas por su nombre” y es fruto de la haplología de “an-” y el griego νομα, esto es “nombre”.

En efecto, la ausencia de ley en casos concretos, algunos de ellos muy relevantes, es cada vez más frecuente en España. Decía D. Federico de Castro, civilista de pensamiento diáfano donde los hubiere, que frente a otras normas las jurídicas se caracterizaban por ser susceptibles de ser impuestas coactivamente, esto es, contra la voluntad de su destinatario llegado el caso. Era lo que él llamaba el cierre del ciclo normativo, ese que se iniciaba con el nacimiento de la ley pasando por la invitación a su cumplimiento voluntario.

Salvo la general potestad de autotutela de la Administración y algún supuesto de autotutela privada, nuestro Derecho exige que siempre que queramos imponer a otro el cumplimiento de una norma en contra de su voluntad solicitemos la heterotutela del Juez. Empero con un sistema judicial en ocasiones al borde del colapso y como regla general excesivamente lento, el cierre del ciclo normativo es, demasiadas veces, simplemente ilusorio; y no porque no se llegue a él, sino porque para cuando se quiere llegar, el interés que la norma podía venir a tutelar hace tiempo que se extinguió. El resultado es que uno acaba estando si no ante leyes completamente inexistentes, sí ante normas muy menguadas en su eficacia.

Diverso es el caso de las interpretaciones simplemente incomprensibles según la sana lógica y que a la tradicional lentitud judicial añaden la arbitrariedad, deliberada o no, pero en todo caso prohibida por el art 9.3 de nuestra Constitución. Una vez producida la arbitrariedad no siempre resulta reparada, bien porque se haya agotado la vía judicial, bien porque ya no merezca la pena seguirse. En este sentido es especialmente sangrante el caso del Tribunal Constitucional cuya interpretación de la Constitución en todo tipo de procesos vincula a todos los Jueces y Tribunales según prevé el artículo 5.1 de la Ley Orgánica del Poder Judicial. Sus cada vez más imprevisibles resoluciones sólo merman la seguridad jurídica, si bien no siempre es el caso: ante los demás poderes, jurídicamente instituidos o simplemente fácticos, se tiene la sensación de que cada vez es más fácil acertar el sentido de sus pronunciamientos: será el que mejor responda a la idea de “una justicia lacaya y genuflexa” (según feliz expresión de Gómez de Liaño).

El problema se agrava cuando estas circunstancias se extienden a otros operadores jurídicos, muy significativamente las Administraciones, que siguiendo ejemplos tan elevados como los del Tribunal Constitucional y últimamente también el Supremo, se sienten legitimados para proceder a su capricho, sabedores del ineficaz cierre del ciclo normativo que rige. El resultado a la vista está y no hay operador económico que no tenga en cuenta la creciente inseguridad jurídica y la ineficacia del sistema judicial —amén de la hipertrofia normativa— a la hora de calcular la prima de riesgo aplicable a su negocio y la consecuente exorbitante rentabilidad que debe obtener para decidirse a invertir. Ya dijo Warren Buffet en su reciente visita a Madrid que lo primero que miraban al considerar entrar en un país era su sistema de Derecho.

La descrita ausencia de ley según la primera acepción de la palabra anomia no es una circunstancia que desconozcan ni los particulares ni las personas que encarnan los órganos a través los que despliegan su acción los poderes públicos. En efecto, esta ausencia de ley sólo abona el terreno en que crece próspera la segunda acepción de anomia, esto es, la resultante de la carencia de normas sociales o su degradación. La decadencia moral que se extiende a sectores cada vez más amplios de la sociedad española sólo se ve animada a propagarse a la vista de los réditos que se pueden obtener combinando un proceder inmoral con una situación de si no completa ausencia de ley, sí atenuación muy significativa de su eficacia.

Conviene por esto recordar que el artículo 1,255 del Código civil, vigente entretanto no se derogue, es clarísimo cuando dispone que “los contratantes pueden establecer los pactos, cláusulas y condiciones que tengan por conveniente, siempre que no sean contrarios a las leyes, a la moral o al orden público”; por su parte el también vigente artículo 1,271 de ese mismo cuerpo normativo establece que “pueden ser igualmente objeto de contrato todos los servicios que no sean contrarios a las leyes o a las buenas costumbres”, de todo lo cual se infiere que la moral, el orden público y las buenas costumbres no son cosas subjetivas propias del ámbito estrictamente interno de cada sujeto y por tanto irrelevantes para el Derecho sino que son cosas externas a las personas, objetivas y además situadas en pie de igualdad junto a la ley, esa cuya ignorancia no excusa de su cumplimiento. La moral y las buenas costumbres —el concepto de orden público es susceptible además de matizaciones adicionales— lo son según el llamado “sentir social”, sentir que trasciende a un solo individuo para ser el compartido por la mayoría, afirmándose por esta vía como concepto necesariamente objetivo, como concluye la doctrina del Tribunal Supremo. Qué sean la moral y las buenas costumbres es fácil discernir atendiendo a lo que uno pediría al exigir justicia para sí mismo; cosa que por cierto es radicalmente distinta de lo que uno, en abstracto y sin a lo mejor haberlo meditado excesivamente, crea deba tenerse por más o menos tolerable socialmente.

La moral, las buenas costumbres y el orden público son, al igual que la ley, un límite infranqueable para cualquier proceder legalmente admisible, con el importante matiz de que existen leyes —las llamadas normas dispositivas, lo sean en todo o en parte— cuya aplicación quepa excluir; cosa que sin embargo no ocurre con la moral, las buenas costumbres o orden público, presentes en bloque. A lo sumo estos conceptos presentarán una zona de incertidumbre más o menos amplia en torno a un indubitado núcleo central de contenidos.

Si a este desastre se añade la —también cada vez más extendida— incapacidad (¿patológica?) de llamar las cosas por su nombre, tercera acepción pues del término anomia, el resultado es el de una situación que tiende sin remedio a lo irrecuperable. Y es que no se olvide que el Derecho, al igual que las Matemáticas, es una pura construcción abstracta; cierto que al servicio de una realidad que en el caso del Derecho es la de configurar los cauces por los que ha de discurrir nuestra convivencia; pero construcción abstracta no obstante y que las más de las veces se exteriorizará sólo mediante palabras.

Cierto: la materia principal del Derecho son las palabras; palabras que expresan tanto conceptos como las relaciones lógicas entre ellos. Según los fundamentales axiomas de Peano, los números, cada número, expresa una cierta cantidad de determinada cosa: esa exacta cantidad, convencionalmente adoptada, conocida y cognoscible por todos y ninguna otra distinta. Si la cantidad que cada número expresa se alterase arbitrariamente, el cálculo sería sencillamente imposible, pues si el símbolo “2” tanto puede expresar dos como tres, como cuatro o cinco unidades de alguna cosa, ¿cómo es posible saber lo que suman “2+2”? Y si hay una incapacidad de llamar las cosas por su nombre, ¿cómo va a ser posible entrar a regularlas? Es que como decía D. Manuel Albaladejo, socarrón y ultralógico anterior Presidente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, “las cosas son lo que son y no lo que las personas quieren decir que sean”.

Y baste lo dicho por no abundar en los cada vez más frecuentes fallos de razonamiento jurídico, incluidos aquellos en los que es difícil pensar que no se haya incurrido a sabiendas y que serían algo así como en viendo el signo “+” sin embargo proceder a una resta…

Pero ahí estamos los españoles, caminando con paso firme hacia la más absoluta anomia. Sólo nosotros, porque aún somos libres, somos responsables de detener este proceso. Pero nuestra libertad no está asegurada pues su única garantía, la ley, cada día pierde algo de terreno a favor de la anomia y de la consiguiente e inevitable dependencia no de lo justo y lo debido sino del capricho del más fuerte. A esto se le llama tiranía y ausencia absoluta de Estado de Derecho, y no se exija ya uno que proclame —y realice— como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.

De modo que sí, brillante elección, D. Horacio, sencillamente brillante: porque pocas veces seis letras concentraron una descripción tan precisa y completa de una realidad tan aterradora: la de la anomia.

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Matizo los matices de Rajoy

Rajoy, como Zapatero, hila fino con el lenguaje. Por eso conviene aclarar sus aclaraciones.

1. Ha aclarado que “no se negocia políticamente con el terrorismo y nunca conseguirán sus objetivos políticos por matar o dejar de matar” mientras celebra el acuerdo alcanzado con ZP, ese que

1º - Deja vigente la autorización del Congreso para que el Gobierno hable con ETA

2º - No se pone por escrito sino que se resume a cinco grandes principios que nadie en su sano juicio objetaría

3º - Desplaza el centro de gravedad del “DERROTAR” al “CONVENCER”.

Bien, pues las aclaraciones de Rajoy son perfectamente compatibles con estos tres puntos. “No negociar políticamente” no excluye el “diáologo” con el fin de “convencer”.

2. Por otro lado Rajoy habla de que es “muy importante que el Gobierno, la oposición y toda la sociedad española continúe dando la batalla al terrorismo de ETA” (sólo faltaría que dijese lo contrario) y que ello incluye modificar “todas las leyes que sea preciso para ser más eficaz en la lucha contra el terrorismo”. Bien, esto tampoco es incompatible. Uno puede LUCHAR POR CONVENCER a otro o luchar para derrotarlo de plano.

Así pues es posible hacer muchas leyes que tiendan a persuadir a otro de que lo mejor es que no siga por cierto camino pero como del dicho al hecho va mucho trecho pues entre que la ley esté ahí y que en efecto, llegado el caso se aplique con toda la contundencia que quepa (¿alguien se acuerda del Bar Faisán?) pues pueden pasar muchas cosas. Si se está en el “convencer” se será menos intenso, extenso y eficaz; si se está en el “derrotar” se será implacable, contundente y constante.

Que nadie se engañe, pues. Nada de lo que ha dicho Rajoy es incompatible con lo dicho por Zapatero y ambos se entienden.

3. Una vez “convencida” ETA y con lo que ha costado convencerla, ya veremos cómo vendemos el paquete del derecho del pueblo vasco a decidir por si mismo “en ausencia de violencia”, como si esto fuese lo que legitimase un eventual referéndum vasco, no el que deban decidir sobre la materia todos los españoles. Entonces no o será ETA la que haya conseguido sus objetivos sino que en una situación de ausencia de violencia se estime oportuno que el pueblo vasco pueda pronunciarse. Yo no descarto el disparate de que en el ejercicio del 149.1.32ª se convoque incluso desde Madrid, por ejemplo con una ETA “convencida” y D. Patxi de Lehendakari. No se olvide que estamos ante una Moncloa que dijo que aceptaría y aceptó en Cortes “lo que le venga” desde el Parlamento de Cataluña.

El que Rajoy no haya vuelto a sacar los cuatro millones de firmas que piden que sobre la separación del País Vasco tenemos derecho a decidir todos los españoles pues Vasconia lo es de todos, resulta más que sospechoso. Excelente ocasión ha tenido hace unas semanas con un ultrasensato Dictamen del Consejo de Estado en el que apoyarse (el 1.119/2008 que se comentará) y no la ha usado.

Y es que una cosa es decir que uno está “convencido”, palabras que se lleva el viento y otra es estar, fácticamente derrotado: esto es, organizaciones desbaratadas, arsenales y dinero incautado, terroristas en el trullo y cero presencia en la sociedad incluidas por supuestísimo las instituciones.

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ETA: se veía venir

Zapatero dice a Erkoreka que su acuerdo con Rajoy no rechaza un “final dialogado” de ETA. Así titula Libertad Digital algo que era de esperar. Nada nuevo pues… simplemente la confirmación de una sospecha fundada que ya en su momento puso de manifiesto Infeliche en una brillante entrada a su excelente blog partiendo del estructurado análisis de la cuestión que presentaba Hazte Oír.

Las claves del asunto son tres:

1ª - Cambio en las palabras: ahora ya no estamos en “derrotar a ETA” sino que estamos en “convencerla” de que la única salida posible es el abandono de la violencia; suena parecido, incluso más amable, pero no es lo mismo, evidentemente. Yo pregunto, ¿qué será necesario darles para que queden convencidos? NO es necesario darlo ahora… puede ser poco a poco como todo lo que está pasando. Tanto entendimiento de repente huele más bien a despliegue de algo pactado de antemano, la verdad.

2ª - Sigue en pie la Resolución del Congreso que autoriza al Gobierno a hablar (negociar, por supuesto) con ETA:

3º - Nada por escrito y todo reducido a unos muy genéricos principios, concretamente los cinco siguientes que suscribiría cualquiera, de amplios y polivalentes que resultan:

- Unidad de los dos principales partidos en la lucha contra ETA

- Apoyo a las víctimas

- Confianza en el Estado de Derecho (ja-ja-ja) y respaldo a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado

- Convencimiento de que el único destino de ETA es abandonar la violencia y de que no conseguirá objetivos políticos (otra risa, amarga también)

- Impulso a la cooperación internacional (sobre todo con EEUU que la cosa está fluida, con Marruecos que nos quiere mucho y con Chavez que no tiene nada que ver ni con ETA ni con las FARC)

Y luego unos “caramelitos” a las víctimas, que serán las grandes derrotadas y que a la mayoría ni endulzarán pues tendrán en muchos casos sólo efectos “a futuro”, es decir, no resultarán aplicables a tantos y tantos y tantos asesinatos y otros delitos y atropellos cometidos desde hace años. Vamos, una auténtica tomadura de pelo y un insulto a ellas y a quienes pensamos que a quien hay que derrotar es a ETA, no a sus víctimas precisamente. Bien, pues con ellas estamos: con ellas y con la exigencia de que el vencedor ha de ser necesariamente el Estado de Derecho: porque tiene los medios y porque para eso está. Y no valen los atajos con vistas a perpetuarse uno en el poder.

CONCLUSIÓN: hay que leer a Infeliche.

Por lo demás Erkoreka se pinta solo para decir bobadas, El 161.2 es obviamente constitucional y no es ninguna rareza, etc., etc., Para qué abundar en idioteces que se dicen a sabiendas de que lo son. Eso sí, sin rubor alguno.

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Imagen y solvencia institucional

Vivimos en “la sociedad de la imagen”, no cabe duda.

Vivimos además en una Monarquía parlamentaria moderna, una democracia en la cual la soberanía reside en el pueblo español del cual emanan todos los poderes del Estado, configurados de la manera que ya se sabe: el Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia (art 56.1 de la Constitución).

A este símbolo, bastante deteriorado ya, se suman su Casa y su Familia, esa que recibe para su sostenimiento una cantidad global de los Presupuestos Generales del Estado (art 65.1 de la Constitución).

Hay personas, que “con pedigree o sin él” (aunque ciertas cosas aprendidas en casa pueden ayudar a saber qué hacer y qué no en cada momento), tienen elegancia natural. Es como si siempre supiesen qué, dentro de lo que procede llevar según quiénes son, la ocasión y el momento, les sienta bien. Su imagen resulta altamente placentera para los demás del mismo modo que un cuadro o una escultura bellos provocan en el espectador el indudable goce de lo altamente estético. Cuando esas personas elegantes además tienen algo interesante que decir cuando abren la boca pues la cosa ya es estupenda.

La elegancia exige, en efecto, una armonía… entre la persona, el lugar, el momento: exige en suma, un cierto grado de inteligencia, de saber pensar uno “quién soy, a dónde voy y qué hago yo aquí”. En este sentido chocaron los vestidos blancos tanto de Ana Botella como de su hija en la boda de D. Flavio Briatore con Dña. Elisabetta (cuyo apellido no conozco). Una boda con novia vestida de blanco es evidentemente el día de los novios y algo tradicional: y la tradición impone que ninguna otra mujer vaya de blanco: ni blanco nucelar, ni marfil, ni beige muy clarito, ni blanco hueso, ni blanco roto, ni vainilla clarísimo, ni gris clarito-clarito, ni rosa superclarito: no, o sea, es el día de la novia y es de pésimo gusto “competir” con ella, así de simple. Conocer este extremo y respetarlo refleja algo que es importante porque puede inducir a pensar que esa persona sabrá además de otras cosas que en esta vida le hagan reaccionar probablemente de determinada manera ante ciertos acontecimientos.

Bien, pues yendo a lo que vamos. El año pasado Dña. Letizia Ortiz, a la sazón Princesa de Asturias y de manera bastante directa y sólo levente indirecta “símbolo de la unidad y permamencia del Estado”, recibió a las autoridades mallorquinas “muslo en ristre”, con un vestiduco recortejano negro con taconazo en tono a juego. Se trataba de uno de esos vestidos cortitos y estrechos de los que te impiden sentarte en una silla sin mesa y buen mantel sin correr el riesgo de que se te vean los pantalones, esos que los portugueses designan con la graciosa palabra “cuecas“. (Ya vistas por cierto en la foto de la ventosa Tarifa con falda de amplio vuelo: creo que cubrimos el cupo con eso.) A Dña. Letizia se le dijo sin tapujos que las consignas del maestro Dior seguían siendo válidas: “la elegancia de una mujer acaba en los codos y en las rodillas”… en particular, estas últimas. Simplemente una buena rodilla no es elegante: es un hueso inevitable pero no es elegante, no es algo que de pie y de frente, resulte las más de las veces bello en absoluto. Sí, Chanel que tenía unas piernas preciosas de esto sabía algo… por eso instauró el “largo Chanel”, justo por la rodilla y si acaso con un poco de vuelo o una pequeña de abertura a un lado. Claro que Dña. Coco era una mujer con una elegancia y una inteligencia formidables.

Abro un periódico y me topo con nuestra Princesa heredera equivocándose de nuevo. El estilo es una carrera de fondo, a largo plazo. No es ser una veleta. Es saber estar en cada momento, entendiendo quién uno es y qué pinta ahí. A su marido no dudo que Dña. Letizia le parezca estupenda, con y sin vestido… pero los demás queremos sentirnos representados: queremos que el símbolo de la unidad y permanencia de España si por naturaleza no es elegante al menos rezume unas notas de básico sentido común. Dña. Letizia Ortiz no es en efecto una mujer elegante por naturaleza, ni un gramo de elegancia, ni es ninguna belleza ni ha destacado especialmente por ninguna otra cosa que eclipse cualquier otro patinazo. NO dudo que tenga sus estupendas cualidades, faltaría más, pero en su caso, cierta “buena imagen” es fundamental. FUNDAMENTAL. Francamente, es hora de que se vaya dando cuenta de que hay ciertas reglas bien establecidas y por buenas razones. Creo que puede ir atisbando cuáles sean éstas y dejarse asesorar bien. El no ser capaz de acertar a estas alturas, el no darse cuenta de que son más las veces que se equivoca que las que dé en el clavo la verdad es que hace dudar de todo lo demás. ¿Que dinero y elegancia van mano en mano? Pues a medias, a medias… Ahora bien, con mucho dinero y ciertas luces es muy difícil no dar pie con bola o equivocarse una tanto: algo pasa. Algo que refleja que una no acaba de enterarse muy bien de quién es y qué pinta en cada lugar y momento. Esto es lo que sorprende y preocupa, por todo lo demás que pueda seguir a esta circunstancia. Entretanto, en términos de imagen, nos hace flaco favor a todos.

Dña. Letizia tiene que empezar a darse cuenta ya de que representa a figuras aludidas en la Constitución (artículos 57.4, 58 y 59 en su caso) y que no es ninguna modelo del alta costura ni una niña de quince años: ni por la estatura, ni por la figura (y la postura del cuerpo que es la que es: cada uno tiene su manera de mantenerse erguido), ni por belleza ni porque representa todos los años que tiene y alguno más. No está para vender la última moda de cierto diseñador: está, en cada lugar y momento públicos, evocando la unidad y permanencia del Estado. Quizá menos vaivenes, mejor gusto y más comedimiento y sentido común y de lo que es directamente feo de narices no le irían mal… y nos vendrían muy bien a todos. No sé, yo sugiero unas clases de Historia del Arte con unas sesiones de dibujo que a uno le den esa idea de que hay proporciones que son bellas y otras que simplemente no lo son… aunque sólo sea por honrar a todas esas mujeres bellas, elegantes y con sentido común que hay en España y que ha habido a lo largo de su Historia, en esa su unidad y permanencia. Pedirle este gesto de generosidad me parece legítimo, la verdad.

¿Frivolidad? No: la imagen vender —o no— por lo que evoca de manera indeleble en el subconsciente de quien la mira.

Muy mal esta mujer, muy mal y flaco favor nos hace a todos y evoca… dudas, serias dudas acerca de ciertas cosas. De entrada evoca no tener mundo.

NB - Acerca de la belleza: como decía Elisabeth Arden, “no hay mujeres feas: simplemente hay mujeres que con cuidan de su belleza”. Con tiempo y dinero desde luego poca excusa hay hoy en día.

Mensaje importante de Iñaki Arteta - “El infierno vasco”

Buenas tardes: he recibido hoy este mensaje de Iñaki Arteta. Buscan contactos en diversas ciudades españolas para que su nueva película “El infierno vaso” pueda estrenarse comercialmente. Llevan así desde marzo. La verdad es que este país es de vergüenza: una película que debería haber tortas por verla y más con el excelente, excelente precedente de “Trece entre mil” cuya proyección en el Cine Paz de Madrid se cerró con un largo, largo, cálido y cerrado aplauso, algo que nunca había visto en una sala de cine comercial.

El mensaje de Iñaki y que cuelgo con su autorización expresa dice así:

La distribuidora de Bilbao “FESTIVAL FILMS” va a emprender la tarea de gestionar la distribución comercial de “El infierno vasco” en una serie de cines españoles.
Quien pueda facilitar algún contacto en su ciudad para un posible estreno en sala comercial puede ponerse en contacto con Juan en festival@festival-films.com
Gracias a todos por vuestra colaboración.
Iñaki Arteta LEIZE producciones
Consulta ACTUALIDAD en www.elinfiernovasco.com
Dada la importancia del tema os pediría a todos que por favor le diéseis la mayor difusión posible a este mensaje. ¡Entre todos seguro que encontramos gente dispuesta a proyectarla comercialmente!

Inicialmente buscaban que fuese para antes de la fecha que Ibarretxe se había marcado para su “consulta popular” (referéndum de autodeterminación, vamos), esto es el 25 de octubre.
Mil gracias a todos de antemano.

Asier Eceiza: más coincidencias

En primer lugar quisiera disculparme: no sé qué he hecho que sale dos veces mi post sobre Asier Eceiza pero a mi sólo me aparece una entrada ?!?!?!

Os añado un comentario tomado de los comentarios de los lectores de Libertad Digital, en este caso de “tiodelat“. Dice así:

“Un dato más, en 2005 fue detenido el marroquí Abdelhak Chergui en el curso de la investigación sobre los atentados del 11-M y resulta que hallaron en su ordenador fotografías de nueve miembros de la banda terrorista ETA con el sello de «reservado». Y entre esos 9 terroristas estaba … ¡Asier Eceiza!. Que coincidencia, ¿verdad?”

La información la publicó en su día ABC según el link que amablemente nos proporciona “tiodelat”.

Pincha aquí para ver el famoso vídeo de “Adiós Zapatero traga sapo”.

Asier Eceiza

Ante los crecientes dislates en lo que se iba conociendo acerca de las investigaciones sobre los atentados del 11-M decidí en su día unirme a los Peones Negros, incluso con la posibilidad de formar un grupo en Pozuelo de Alarcón, a fin de reclamar algo tan básico como saber la verdad de quién lo hizo. “El 11-M” ha llegado hasta el Supremo y por supuesto seguimos in albis acerca de la mayor parte de la verdad.

Una de las trampas en las que se cayó y que yo denuncié desde el primer día fue la de estudiar exhaustivamente toda suerte de pruebas indirectas, muchas de ellas aparecidas con posterioridad y en lugares distintos a aquellos en los que se perpetró la masacre terrorista. Lo que se estaba intentando aclarar no era el posible origen de una caja vacía de explosivos aparecida en Pozuelo gracias a una llamada anónima. Lo que se estaba intentando averiguar era qué pasó exactamente en los lugares de los hechos en el momento en que estallaron las bombas así como todos los actos preparatorios anteriores (incluida la concepción de la idea criminal) y algunos actos relevantes posteriores como la huida del criminal. Esto se llama íter criminis y se estudia en segundo de carrera, de modo que es bastante difícil excusar la petición de destrucción de pruebas por parte ni de la Fiscal y del Juez Instructor por muy poco que su inteligencia haya impresionado en todas las demás cuestiones a los españoles.

Como yo sabía muy poco del 11-M entré en algunos foros de Internet. En uno de ellos me indicaron la existencia de un vídeo llamado “Adiós Zapatero traga sapo”. Estaba (y sigue) colgado en You Tube y parece ser que media España ya lo habría visto. La otra mitad, yo y unas cuantas personas más con las que contacté, tampoco. Algunas de estas personas son gentes con una larga trayectoria en el ejercicio del derecho penal. Todos coincidían conmigo: se trata, en efecto, de unas imágenes de lo acontecido en el lugar de los hechos en el momento en que ocurrió el crimen. Nadie ha negado hasta ahora que las imágenes en cuestión, según parece ser, captadas por las cámaras de seguridad de RENFE no sean imágenes auténticas de esas cámaras de seguridad. Lo que es más, esas imágenes (que no el vídeo que es más largo y contiene otros elementos y explicaciones) se difundieron al parecer por numerosas cadenas de televisión, recortadas en su parte más relevante según se alega, tras una primera emisión en la cual sin embargo salen cosas que luego se tapan; parece ser que se emitieron al poco tiempo de perpetrarse los atentados del 11-M. Yo no estaba en España por aquellas fechas por lo cual vi ninguno de los programas de la televisión española de aquellos días. Sólo me remito a lo que dice el propio vídeo y que parece que nadie habría negado.

Cuando en Peones Negros pregunté por este vídeo que ciertamente deja sorprendido a quien lo ve por primera vez encontré una “no respuesta”: “de esto no se habla”. Pues mire usted: yo no hay ninguna cosa de la cual me niegue a hablar en esta vida salvo si es algo que concierne de manera personalísima y directa al titular de un interés jurídico fortísimo y de tal envergadura que justifique el mutismo por tiempo más o menos extenso sobre el asunto: vamos: una auténtica rareza y una excepción que uno se encuentra un par de veces en la vida. La explicación, en resumen, venía a ser la que también había dado D. Luis del Pino en un programa de Televisión (creo que se llama El círculo a primera hora: ocurre desde luego en la cafetería del Círculo de Bellas Artes de Madrid) y del cual había también un vídeo en Internet. La tesis, completamente errada desde cualquier punto de vista tanto lógico como jurídico venía a ser que “no se podía tocar el tema poqrue uno no podía ir por ahí acusando a ciudadanos inocentes”. Bien, entonces, ¿esto quiere decir que las muchas investigaciones criminales que se han hecho en base, entre otros posible elementos probatorios, a imágenes captadas por cámaras de seguridad ubicadas en los más diversos espacios, se hallan todas incursas en los más terribles vicios legales, pues “van por ahí acusando a ciudadanos inocentes”? Parece que no, ¿verdad? Al contrario: para esclarecer numerosos crímenes las imágenes captadas por cámaras de seguridad han resultado esenciales al filmar el crimen mientras ocurría.

El otro argumento que se esgrimía desde Peones Negros tampoco justificaba descartar ese material. En esencia se afirmaba que quien hablaba en el vídeo no tenia ni idea e lo que estaba diciendo. Pues mire, comentaba una serie de cuestiones acerca de explosivos. Yo como de explosivos no sé nada, pues no puedo juzgar: lo que sí sé es que es irrelevante el que alguien comentando una imagen diga una bobada sobre ella: eso no desvirtúa la validez de la imagen o lo eventualmente valioso como material de investigación de lo aparecido en ella. El que yo vea la foto de un puma y diga que es un leopardo no hace que la foto del puma no sea válida y a lo mejor ofrezca interesantísimos datos por ejemplo a un zoólogo.

Cuando dije que era inadminible la orden de silencio en torno a lo que en mi modesta opinión y la mucho más autorizada de otras personas, tanto con experiencia jurídico-penal como criminológica era un material relevante, sin que hubiese ningún argumento lógico para ello, sino el “porque sí”, me echaron de Peones Negros, con una agresividad y unos malos modos que escondían que algo se estaba intentando proteger. Esta fue mi sincera impresión personalísima, absolutamente subjetiva, pero que mantengo hasta hoy: nada en la ley me impide manifestar que mi intuición, e insisto: mera pero inequívoca impresión personal, fue esa. Lo que es más, el vídeo del programa de televisión en que hablaba D. Luis del Pino simplemente confirmó esa mi impresión indeleble hasta hoy.

En efecto, D. Luis del PIno es una persona muy inteligente que si bien a mi leal saber y entender, al iniciar sus pesquisas sobre “el 11-M” no partía de una formación y experiencia ni como penalista ni como criminólogo, sin embargo ha ido adquiriendo muchísimos conocimientos de manera muy rápida, como se observa a lo largo de sus escritos. Lo que es más: D. Luis del Pino que ha hecho una grandísima y muy meritoria labor junto con los profesionales de unos pocos medios más, con una paciencia y un tesón admirabilísimos, es una persona detallista y muy capaz de diseccionar la realidad minucionsamente aplicando una implacable lógica a su análisis de la misma.

Mi impresión personalísima pero indeleble fue la de que cuando preguntado por la presentadora acerca del famoso vídeo de “Adiós Zapatero traga sapo”, la respuesta de D. Luis del PIno no tuvo la categoría intelectual habitual en él y a la que nos tiene acostumbrados. En efecto: era, con los debidos respetos, una chorrada que hacía aguas por todas partes y que venía a decir que “es que no se podía acusar a un señor cualquiera que seguramente no era”. Bien, nadie está acusando a otro de nada de entrada porque la acusación, por definición, se dirige siempre hacia un sujeto claramente identificable: “usted, con nombres y apellidos”, no hacia una persona sin identificar que sale en un vídeo el cual sostiene que esa persona guarda un tremendo parecido con el (¿presunto?) etarra (los medios hablan abiertamente de etarra y no presunto etarra) detenido ayer en Francia, D. Asier Eceiza. Desconozco su situación jurídico-penal.

Lo cierto y verdad, por usar una expresión forense, es que esa persona de rasgos muy parecidos a D. Asier Eceiza según las fotos que mostraba el vídeo y que ahora han mostrado los medios y que presumiremos ciertas (no puedo asegurarlo, no tengo el gusto de conocer al señor Eceiza personalmente) subía corriendo por las escaleras mecánicas de Atocha con una actitud ciertamente distinta a la de otras personas. Llevaba algo en las manos: dos objetos de forma y tamaño parecido al de un teléfono móvil y que no soltó en ningún momento, ni aún en una situación de pánico vital en que las demás personas que subían por la escalera mecánica a toda velocidad y con sus altos peldaños, se agarraban a la barandilla de goma a fin de ayudarse a propulsar sus cuerpos para salir de ese lugar, pues corrían por su vida, despavoridos y sin saber qué pasaba. Este otro señor en efecto, no daba la misma impresión y no tuvo la misma reacción instintiva de soltar lo que se lleva en las manos para salir de ahí como sea, ayudándote para ello de las manos para agarrarte a la barandilla y salir antes corriendo a la superficie. Esto es lo cierto. Simplemente pongo de manifiesto que su reacción era distinta de la reacción de todas las demás personas que aparecen en las imágenes de ese vídeo que parece ser nadie hasta la fecha haya discutido se trata de imágenes auténticas captadas por las cámaras de seguridad de RENFE. No indago en las causas, no sé si hay más imágenes, no sé si… si lo que sea: simplemente digo lo que digo: no más, pero tampoco menos.

La imprecisión en la expresión verbal, también llamado tergiversar, sea de manera más o menos consciente, es algo muy frecuente en España actual. He escrito lo que he escrito: no más, pero tampoco, insisto, menos.

Bien pues hay un segundo vídeo, la autenticidad de cuyas imágenes tampoco se ha discutido, parece ser, y que tomaron según se dice en el propio vídeo, las cámaras de CNN la mañana del 11-M en la acera exterior de la estación de Atocha. En ese vídeo, que también se colgó de You Tube se señalaba la presencia de una persona “con un tremendo parecido con el etarra Troitiño”. De nuevo, no tengo el gusto de conocer personalmente a ese señor, ni sé si es etarra o no, etc.

Lo que sí se es que El Imparcial, ese diario que cada día va mejor y que hay que darse un garbeo por él, ayer publicó el siguiente párrafo en un artículo titulado “¿Quién es Asier Eceiza?”: “El 24 de junio de 2003, las Fuerzas de Seguridad lo identificaron [a Asier Eceiza] como el presunto colaborador de Jon Joseba Troitiño en los atentados cometidos dos días antes en dos hoteles de Benidorm y Alicante, que causaron trece heridos, dos de ellos graves. Según la información policial recabada en el piso franco que tenían en Valencia, estos terroristas tenían previsto atentar en hoteles de Torremolinos y Málaga, ciudades de las que poseían planos detallados.”

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Decía D. Manuel Cobo del Rosal que el día que no pudiese ir a la Universidad a decir la verdad, dejaría de ir.

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La libertad

MIentras tomaba café me di un garbeo por Religión en Libertad. Hay un artículo de una importancia, contundencia y claridad inmensas. Se titula “La libertad” y lo firma el Padre Pedro Trevijano. Es simplemente IMPRESCINDIBLE: toda una lección de estar en el mundo y de orden de vida. Un “must” a leer varias veces. A partir de ahí: lo que se quiera.

La estupidez del laicismo

España, como todos los países, tiene algunas cosas muy paletas: auténticamente paletas, realmente muy catetas.

Una de ellas es su reciente ola de laicismo ¡¡a estas alturas de la Historia!! Es que sólo tener que pensar en hablar de ello provoca la risa floja, pero ¡Dio mío! ¿Cómo podemos estar aún en esas? Jajajajajajajajajaja

En efecto, lo del laicismo también llamado anticlericalismo y que curiosamente sólo se proyecta contra la Iglesia Católica es expresivo de dos cosas:

1ª - una mentalidad llena de topicazos decimonónicos a los cuales uno recurre como a la sal para dar sabor al plato, y

2ª - una manifiesta incapacidad o al menos una falta de disposición a usar eso que tenemos entre oreja y oreja y que se llama cerebro.

Sí, las verdades como son, que no tengo tiempo que perder con bobadas. Si en España todo fuese islam, budismo y unas cuantas religiones animistas se acabó la movida del laicismo y entrábamos en la dinámica de la Alianza de Civilizaciones y la protección de las más variadas creencias, hasta el vudú. ¡Ah, amigo! Pero es que no es así: es que ocurre que hay una organización que para bien o para mal lleva más de dos mil años con un mismo mensaje: y los lleva porque pese a haber pasado por épocas terribles siempre ha habido un número suficiente de personas en esa organización que se ha mantenido fiel al mensaje inicial, de modo que algo tendrá de válido, digo yo. Para más inri resulta que esa organización es libre y no se somete a los dictados de los políticos ni a los vaivenes de la última moda: esto es, no es manejable. Y para acabar de fastidiarlo resulta que hay un montón de gente que se la toma bastante más en serio que a ninguna otra organización, partido, club, asociación o persona. Y encima, si nos asomamos la nariz resulta que depende de un Estado como lo es el Vaticano según los los Tratados de Letrán de 1942 y que pese a no ser miembro de Naciones Unidas —¡habráse visto semejante impertinencia!— encima los tíos resulta que son una de las grandes potencias diplomáticas, ¡el acabóse!

Sí: el anticlericalismo o laicismo que lo mismo da, no se dirige contra una secta animista de cuatro gatos dirigidos por el chamán de moda: esos no son competencia, para nada. Esos nos resultan hasta simpáticos porque nos son útiles —de ahí la simpatía— sin que nos estorben: no son una amenaza; no son competencia seria. Pero ¡ah! la Iglesia Católica! Esa si que nos está pisando el callo y bien: no se somete, no tiene pelos en la lengua, mucha gente se la toma infinitamente más en serio que a nadie más. ¿Cuánta gente cambia de religión a lo largo de su vida?, y ¿cuánta gente de sentido del voto… o de simplemente ir o no a votar?

La Iglesia es competencia y lo es de verdad, no sólo porque su mensaje es válido —ha probado valerle a muchos millones de personas durante más de dos mil años— sino que además seduce, sea de manera indirecta o directa a quienes se interesan por ella: tiene inteligencia, cultura, una larguísima experiencia y es, se quiera o no, la gran especialista en el alma humana, hasta sus últimos y más inconfesables recovecos. El hombre es physis y psiché, nos guste o no, de modo que vayamos admitiéndolo con la misma sencillez que admitimos que el chocolate engorda o el exceso de sol envejece. ¿Tenemos un problema en eso? no, ¿verdad? Entonces, ¿cuál es el problema, el bloqueo mental, que nos impide aceptarnos como somos, cuerpo y mente y como parte inescindible y siempre presente en la mente, el alma?

Todo hombre tiene alma. Todos los animales superiores la tiene también, desde luego: y ello porque tienen memoria, entendimiento y voluntad: y añado: sentimientos.

No sé si ciertos animales superiores son plenamente conscientes de su finitud. Parece que los elefantes lo son: saben que van a morir y se dirigen a su cementerio.

El hombre también es consciente de su finitud, de su condición mortal. Todo hombre lo es, del mismo modo que reconoce su imagen en un espejo, como también son capaces de reconocerla los monos. Otros animales, no.

Esto es cierto y es insoslayable.

Ante su finitud un elevadísimo porcentaje de hombres —sí, sí: yo soy una de esas personas que las palabras epicenas sigue creyendo que existen— se han hecho una serie de preguntas que básicamente pueden reconducirse a ¿qué pinto en este mundo? Y la respuesta, también llamada el sentido trascendente de la vida, la hallan en la religión.

Sí, en efecto, el hombre empieza a pensar cuando observa y de su iobservación salta al asombro porque se hace preguntas… ¿Y… entonces…?

El hombre se ha preguntado por todo, y cuanto más sabe más pregunta. Es un preguntón insaciable: por eso el único recurso ilimitado es la inteligecia, el conocimiento. El hombre se ha preguntado por su existencia, por el funcionamiento de su cuerpo, de las sustancias que encuentra, por su razonamiento, por las fuerzas de la naturaleza, por el universo que ve… y se preguntará por millones de cosas más por las que ahora carecemos del conocimiento necesario siquiera para atisbar.

El hombre tiene necesidades y apetencias: tiene que comer y le apetece ver una película. La búsqueda de ciertas respuestas se sitúa en el campo de la necesidad derivando de aqui ciertas apetencias. Necesito alimentarme pero me apetece un yogur. Necesito dar respuesta al qué pinto en este mundo y me apetece peregrinar a Santiago. Todo esto es absolutamente legítimo.

El hombre para cuidar su cuerpo come, descansa, hace deporte… Atendiendo su mente piensa, estudia, se comunica con otros y medita sobre el sentido de las cosas. Esa meditación algunos, muchos, muchísimos millones de personas lo hacen a través de la práctica de una religión, presente en su vida como lo está Internet para comunicarse o el método Pilates para mantenerse en forma.

Los Estados, los poderes públicos están al servicio del soberano: el soberano es el pueblo, la gente, el hombre, cada hombre. Al menos en España. Y creo que en Francia, en Italia, en Portugal y un poco más allá, también.

El resto es evidente: el laicismo es una estupidez porque es obvio que el hombre tiene necesidades espirituales, de esa parte de la mente llamada alma, que necesita y quiere atender y que muchos, una inmensa mayoría de hombres atienden a través del fenómeno religioso. Algunos hombres, una minoría de hombres, no experimentan el fenómeno religioso sino otros fenómenos. Estos hombres también están atendiendo una necesidad espiritual que  no cabe ignorar por parte de los poderes públicos al servicio de ese hombre integrante del pueblo soberano. El laicismo pretende excluir la religión de la vida social, en comunidad, relegándola al ámbito de lo estrictamente privado: pero eso es una estupidez del mismo modo que lo sería relegar la salud al ámbito de lo estrictamente privado, porque tan necesidad es una cosa ocmo otra. Si el Estado no atiende a nuestras necesidades, entonces, ¿para qué está?

El Estado actúa a través de sus órganos, órganos que encarnan ciertas personas, hombres como el que más… y como el que menos: sin un gramo más de soberanía que nadie: todos tenemos nuestra parte alícuota de soberanía y es exactamente la misma todos nosotros. El voto de ZP vale lo mismo que el de cualquiera. Por lo tanto nadie es quién para ordenar que una necesidad evidente de las personas, los ciudadanos, el hombre… no se atienda con dinero público. ¿Cuál es el fundamento de no hacerlo? O para acotar el ámbito al mínimo del mínimo con exclusión del de la vida social, colectiva, en comunidad. ¿Cuál es el fundamento?

El deporte es una necesidad y una apetencia: un bien. La religión lo es también. Las formas alternativas de dar respuesta a las necesidades del alma humana lo son también. El comer, la salud… idem. Y a nadie se le ocurre la estupidez de decir que cada uno juegue al tenis en el salón de su casa o que la sanidad no deba financiarse con dinero público… o que ningún cargo público en el ejercicio de su cargo deba ser visto compartiendo una comida, por ejemplo, una cena de gala en el Palacio Real o apoyando a la selección olímpica española. Entonces, ¿por qué no debe haber funerales de Estado en forma religiosa (musulmana, budista o la que sea) si en el momento de la muerte que es el momento de salir de este mundo en el cual nos preguntamos por qué estamos?

Si es bastante evidente que el cristianismo, la filosofía cristiana y el Derecho canónico son el fundamento inequívoco de nuestro sistema de valores más profundo, el que habla de igualdad, solidaridad, derecho a la vida, justicia, pluralismo político (sí, sí, esto también)… etc., ¿cómo es que no resulta adecuado jurar un cargo de Ministro ante un crucifijo y una elegante edición de la biblia, formato libro (que no rollo o papiro), con su alfabeto latino y su orden lógico griego?

El laicismo es en efecto, una estupidez, una catetada, un no saber pensar y por parte de otros, una muestra de intolerancia porque no pueden soportar la competencia, el no tenerlo todo, mandarlo y disponerlo todo. Bueno pues ya está bien de seres hiperdominantes que desde que Dios amanece se empeñan en decirte hasta lo que tienes que sentir a cada minuto de día.

¡Aire!

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ZP le pone coche a Sonsoles

Hoy se ha publicado el Real Decreto 1306/2008, de 18 de julio, por el que se modifica el Real Decreto 405/1992, de 24 de abril, por el que se regula el Estatuto de los Ex Presidentes del Gobierno y que les concede los siguientes privilegios y prebendas: “la consideración, atención y apoyo debidos”, “el tratamiento de Presidente” , ocupar “el lugar protocolario…” y poder gozar en sus desplazamientos fuera del territorio nacional “del apoyo de los servicios de la representación diplomática española” (artículos 1 y 2), además de la prevista indemnización al dejar el cargo (artículo 4).

Pero es en el artículo 3 donde viene la chicha: “se adscribirán a su servicio dos puestos de trabajo, uno de nivel 30 y otro de nivel 18” (vamos, secretario ilustrado y otro más “raso”), “una dotación para gastos de oficina, atenciones de carácter social y, en su caso, alquileres de inmuebles”, coche con chófer y seguridad y “libre pase en las Compañías de transportes terrestres, marítimos y aéreos regulares del Estado”.

A estas se suman otras rosquillas como la contemplada en el artículo 8.1 de la Ley Orgánica 3/1980, de 22 de abril, del Consejo de Estado (LOCE) modificada por la LO 3/2004 de 28 de diciembre, esto es al poquito de llegar ZP a Moncloa y que contiene tan notable contradictio in terminis como es la creación de la figura del Consejero Nato Vitalicio, una figura simplemente aberrante pero todo un chollete.

En efecto, los cargos vitalicios en España son dos: el de Rey y el de Consejero Permanente de Estado, pensado en este caso para asegurar al máximo la independencia de quienes soportan la carga verdadera laboral de este alto cuerpo consultivo.

El Consejero Nato lo es por razón de que ocupa otro cargo, por ejemplo el Fiscal General del Estado (los cargos los detalla el artículo 8.2), hoy Cándido y mañana otro. Pero el Ex-presidente del Gobierno es bastante obvio que no es nada: es “Ex”. Lo que es más, es que suele ser “ex” porque los españoles le mandaron a casita.

Sin embargo es “ex” y por ser “ex” como va a ser “ex” de por vida pues la condición de nato le dura la vida entera. Muy bien, pues como un jubilado es un ex-empleado y lo es hasta que se muera por su condición de “ex” que le sigan pagando su sueldo.

Vale, estamos en “el mundo al revés de ZP”… pero ¿qué hacen los Consejeros Natos (vitalicios o no)? Pues forman parte del PLENO del Consejo de Estado, ese que se reúne esporádicamente (pues el trabajo día a día lo soporta la Comisión Permanente formada por el Presidente, los Consejeros Permanentes y el Secretario General). Conclusión: si ZP decide incorporarse cobrará de por vida setenta y bastantes miles de euros al año compatibles con cualesquiera otras pensiones, emolumentos y demás sólo por ir (o no ir) a unas cuantas reuniones que ni se habrá preparado y en las que brillará como lo hizo en el hemiciclo durante sus años de diputado raso. En efecto, lo dice el artículo 8 de la LOCE.

Artículo Octavo.

Uno. Quienes hayan desempeñado el cargo de Presidente del Gobierno adquirirán la condición de Consejeros natos de Estado con carácter vitalicio, y en cualquier momento podrán manifestar al Presidente del Consejo de Estado su voluntad de incorporarse a él.

Además de formar parte del Pleno del Consejo de Estado, podrán desempeñar las funciones y cometidos que se prevean en el reglamento orgánico, el cual incluirá las disposiciones pertinentes respecto de su eventual cese, renuncia o suspensión en el ejercicio efectivo del cargo de Consejero nato.

Su estatuto personal y económico será el de los Consejeros permanentes, sin perjuicio del que les corresponda como ex Presidentes del Gobierno.

O sea, el Consejero Nato Vitalicio (los otros Consejeros Natos no; sólo los Ex-Presidentes del Gobierno) no pega un palo al agua pero cobra como si fuese uno Permanente (o sea Consejero currante y con algo en la cabeza).

Bien pues no contentos con esto, la novedad de hoy es que Sonsoles además de las pensiones y demás zarandajas que le caigan tendrá siempre coche y seguridad AÚN CUANDO PEPE LUIS HAYA MUERTO. Este detalle faltaba en el anterior Real Decreto, es cierto: que si ZP muere Sonsoles se quedaba yendo a patita y sin escolta (que podría tener por otras normas caso de ser necesaria) No está mal… no está mal para una señora que ha prestado al Estado los servicios… digamos que “mínimos indispensables”.

Evidentemente no todos somos iguales y no sólo eso, sino que las diferencias son cada vez mayores.

¿Cuánto es lo que les queda a quienes han dado la vida por España, decíais…? ¿Y las demás personas, podremos trabajar y cobrar una pensión a la vez?

Acerca de la urgente necesidad de que haya un partido votable

Una serie de circunstancias particulares, propias de la generalizada corrupción moral de nuestra sociedad y que todo el mundo se puede imaginar son las que me empujan a dejar el Partido Popular al que desde siempre fui afín y hacia el cual jamás escatimé esfuerzo alguno. Mi sede local era la de Pozuelo de Alarcón, como quizá algunas personas sepan: quiero desde el primer momento dejar muy claro que Marisa Vila, la persona que está al frente de esa sede, es una bellísima, bellísima persona. Los partidos sin embargo no se hacen de excepciones sino de la tónica general y a todos los niveles de una organización: sea la matriz o sus entes dependientes.

Ahora bien: “me he quedado huérfana”. Me acabo de dar cuenta de que por paradójico que parezca, vivo en una democracia en la cual sin embargo… no tengo a quién votar.

¿Surrealista? No, real.

La sociedad civil está viva, al menos una parte nada desdeñable de la misma, es cierto: a poca atención que uno preste oirá que las más diversas voces están reclamando cosas absolutamente legítimas, sensatas y debidas. Pero uno no habla por hablar: uno habla con una finalidad: que es que las cosas cambien, acción, resultados.

No cabe ignorar que vivimos (o eso queremos creer) en un Estado de Derecho, lo que quiere decir que se hará o se podrá hacer aquello que las leyes dispongan, elaboración normativa que emana principalmente del Poder Ejecutivo con la inestimable colaboración del Legislativo al cual, se quiera o no se accede por los conocidos cauces electorales que de facto vienen a dominar los partidos.

Esta es la realidad que hay y en esto hay que ponerse a pensar ya a fin de trabajar en la dirección correcta. No tenemos ningún derecho a que los políticos sean buenos, ni a que haya partidos estupendos a los que votar, ¿o es que uno puede ir al Juez a pedir que le pongan un partido de su gusto? Evidentemente no. Se tendrá lo que se haya esforzado uno en crear o potenciar y si uno no hace nada quejarse luego será simplemente ilegítimo. Eso no quiere decir que no sea algo habitual: en efecto, la idea de que “yo seré malo pero soy lo mejor que tienen” es una idea firmemente arraigada en la mente de nuestros dirigentes y a la vista de la desidia y absoluta despreocupación de la mayoría de los ciudadanos la verdad es que razón no les falta.

Lo único que ocurre es que no todos pensamos de la misma manera: por lo tanto, a ver cómo podemos hacer esto. Ése es el asunto y es urgente: tener a quien votar a fin de que la voz que se oye se traslade a esas pequeñas letritas de esa cosa que se llama BOE y que tan fundamentales resultan.

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Nota 1 sobre el aborto

Me resistía, me resistía a tocar el tema del aborto sin profundizar un poco más en el mismo y tratar de decir algo distinto de lo que quizá sea obvio. Pido disculpas si este post, en todo o en parte resulta evidente pero el blog de Dña. Gádor Joya Verde “La buena vida” me ha tentado demasiado. Iré por tanto subiendo pequeñas notas sobre el tema: escritas a vuelapluma, pero contundentes.

En efecto, Dña. Gádor de manera más que lógica y comprensiva encuentra sencillamente inaceptable que las clínicas abortistas tengan nada que decir en la elaboración de la ley del aborto. Yo estoy con ella al 100%. Pero es muy interesante su post porque viene a poner de manifiesto alguna de las consecuencias del disparatado “mundo al revés” de ZP.

En efecto, el artículo 105.a) de la Constitución proclama el derecho de los ciudadanos a ser oídos “en el procedimiento de elaboración de las disposiciones administrativas que les afecten” - lo que tiene actualmente su reflejo en el artículo 24 ” Del procedimiento de elaboración de los reglamentos” punto 1.c) de la Ley 50/97 del Gobierno. Se observará este trámite siempre que “una disposición que afecte a los derechos e intereses legítimos de los ciudadanos” (obviamente no en los que se refieran a meros asuntos internos de organización de la Administración), oyéndose a los ciudadanos directamente o a las organizaciones que los representan y cuyos fines estén relacionados con la materia que va a ser objeto de regulación. Nada más lógico, más natural, más sensato ni más democrático que saber cual sea la realidad social a la que hay que aplicar la ley y más si se tiene en cuenta que con harta frecuencia las leyes, que necesariamente están formuladas (o deberían estarlo) en términos muy generales son “inaplicables en la práctica” sin un reglamento que las desarrolle especificando cómo exactamente haya de aplicarse la ley: y ya se sabe, el Derecho es cuestión de detalle.

No hallamos una norma paralela al 105.a) de la Constitución para la elaboración de leyes. El artículo 22 de la citada Ley del Gobierno contempla sin embargo la posibilidad de que el Gobierno pida toda una serie de dictámenes, informes, etc. potestativos (al margen de los que pueda exigir la Ley) concediendo un amplio margen de discrecionalidad para determinar cuáles solicitar en cada caso.

Recuérdese que la inmensa mayoría de las leyes que se examinan en Cortes son Proyectos de Ley presentados por el Gobierno entre otras cosas porque es quien cuenta con todos los medios humanos, técnicos y materiales de una gigantesca Administración a su servicio y de cuyos departamentos fluye el abundante caudal de Anteproyectos.

La aberración no viene pues por el lado de la participación de ciudadanos y organizaciones en la elaboración de Leyes y disposiciones reglamentarias: no, viene por el lado de la norma ante la que estamos… y de las personas que eventualmente van a acogerse a lo que esa norma que se está elaborando les va a permitir hacer en un futuro. Norma aberrante… sujetos que son una aberración. Eso sí, todo es legal.

Lo que pone todo el sistema patas arriba es que se legalice lo que a todas luces es una auténtica salvajada: empero, esa bestialidad se discute con asepsia, siguiendo el cauce procedimental oportunamente establecido al efecto lo que ha incluido en este caso el que el Gobierno haya estimado oportuno dar audiencia a la organización representante de las clínicas abortistas, en fin, organizaciones que representan a ciudadanos, ¿no? y que se esté debatiendo el tema de cómo cometer un crimen y diseñando todo el proceso legal a seguir.

Y es que ante unas cifras completamente escandalosas de abortos todo lo que se le ocurre a nuestro ínclito legislador es tapar a carnicería y facilitarla aún más. De esto se hablará porque quien hizo la ley, hizo la trampa… y vaya trampas. Si yo fuese delincuente, pediría ciertas reformas del Código Penal: que si no me están discriminando.

Un primera paso ya se sabe, es consultar con los sectores sociales interesados. ¡Ah! Y cambiar el nombre a las cosas: eso rápidamente. Ahora no estamos ante un aborto sino ante algo mucho más fino, como lo es la “interrupción voluntaria del embarazo”. ¿Será que luego tras una pausa se retoma? Porque no estamos ante una terminación, un final irreversible, ¿verdad?, una mera interrupción, si es que lo dice el Anteproyecto, ¿no? Y otra cosa que me pregunto: si esta interrupción es voluntaria, ¿será que va a haber otra que sea la forzosa?

Pues nada, nada… cuando vayan a modificar el Código Penal en materia de terrorismo yo sugiero que el Gobierno se reúna con los etarras que son los interesados… puede que hasta convenzan a los chicos de Moncloa de lo necesario y conveniente de la lucha armada del movimiento abertzale.

Sirva pues este post de sabor suave para ir abriendo boca con las aberraciones en torno al aborto.

P.S. La Ley 30/2003 de 13 de octubre, sobre medidas para incorporar la valoración del impacto de género en las disposiciones normativas que elabore el Gobierno – sí, el Gobierno de Aznar ya hablaba de “género”, obliga a que en la elaboración tanto de leyes como de reglamentos se haga un informe que valore el impacto de género que pueda tener la disposición en cuestión. Sería curioso ver qué tiene en este caso que decir dicho informe: “Ley de interrupción voluntaria del embarazo: informe de impacto por razón de género”.

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A la chita callando

Hay una cuestión de la que apenas se está hablando porque ante las barbaridades con que a diario nos regala el excelso ZP y lo que de él cuelga, parece que uno tendría suficiente. Sin embargo son temas absolutamente capitales por lo que unen o fragmentan una sociedad. En efecto: nada une ni separa tanto como la lengua que uno habla y el Derecho que a uno se le aplica. “Si no hablamos una misma lengua y tampoco compartimos unas mismas leyes, ¿qué nos une a usted y a mí? ¿Un pasado? Bueno vale, pero hoy, ¿qué nos une? Nada, absolutamente nada. Cuando usted viene aquí todo está escrito en otro idioma… y el que usted habla es un idioma extranjero, secundario: las cosas oficiales, las indicaciones… todo está en nuestro idioma… y las cosas funcionan según nuestras leyes”.

A la chita callando unas Comunidades Autónomas y otras van pasando todo un cuerpo propio de de legislación civil e incluso mercantil que tiene muy, pero que muy difícil encaje constitucional, y nadie está diciendo nada de ello. El artículo 149.1. dispone que “El Estado tiene competencias exclusivas sobre las siguientes materias: [...] 6ª Legislación mercantil [...] 8ª Legislación civil, sin perjuicio de la conservación, modificación y desarrollo por las Comunidades Autónomas de los derechos civiles forales o especiales, allí donde existan. En todo caso, las reglas relativas a la aplicación y eficacia de las normas jurídicas, relaciones jurídico-civiles relativas a las formas del matrimonio, ordenación de los registros e instrumentos públicos, bases de las obligaciones contractuales, normas para resolver los conflictos de leyes y determinación de las fuentes del Derecho, con respeto, en este último caso, a las normas de derecho foral o especial.” Centrémonos en la legislación civil, por ejemplo (sin perjuicio de de la zona fronteriza que hay entre ambas y que no tocaremos por mantener este post de una extensión razonable para un blog). Está pues claro que:

1º - la legislación de carácter mercantil debe ser la misma para toda España; ello tiene todo el sentido del mundo si se atiende al criterio de unidad de mercado, es que se halla omnipresente en nuestra Constitución

2º - la legislación civil debe ser esencialmente homogénea en todo el territorio nacional, dado que afecta a la esfera más íntima de la vida de las personas y que debe darse una esencial igualdad entre los españoles que deben poder circular libremente por todo el territorio nacional; podrán no obstante darse las excepciones de aquellas especialidades de derecho civil foral o especial vigentes al momento de entrar en vigor la Constitución y que en ningún caso podrán afectar a las cuestiones que señala el artículo 149.1.8ª.

Centrémonos en la legislación civil, por ejemplo (sin perjuicio de de la zona fronteriza que hay entre ambas y que no tocaremos por mantener este post de una extensión razonable para un blog).

El constituyente autoriza a las Comunidades Autónomas a conservar, modificar y desarrollar los Derechos civil forales o especiales vigentes al promulgarse la Constitución y que se recogían en normas perfectamente identificables que daban una idea de su contenido y dimensión: es el caso del conocido como “Fuero Nuevo de Navarra” o Ley 1/1973, de 1 de marzo, por la que se aprueba la Compilación del Derecho Civil Foral de Navarra o la Ley 15/1967, de 8 de abril, sobre compilación del Derecho civil de Aragón, o en el caso de Cataluña que vamos a tomar como ejemplo, la Ley 40/1960, de 21 de julio, sobre Compilación del Derecho Civil Especial de Cataluña, referencia BOE 1960/10838 (base de datos IBERLEX), y que en formato TIFF, esto es, a modo de “fotocopia del BOE” ocupaba las páginas 10215 – 10245, esto es 31 páginas.

Bien pues este texto fue inmediatamente sustituido por el Decreto Legislativo 1/1984, de 19 de julio, por el que se aprueba el Texto Refundido de la Compilación del Derecho Civil de Cataluña pues como decía su Exposición de Motivos se hallaba redactado en castellano y era necesario adecuar la norma de 1960 a la nueva realidad constitucional en la cual confluían entre otras circunstancias que el catalán era lengua cooficial. Nada más lógico y más natural.

El Derecho debe entenderse como algo adaptado a la sociedad a la que sirve y esto también aplica al Derecho foral o especial de una Comunidad Autónoma, como es lógico y natural: se trata de su “conservación, modificación y desarrollo”, como acertadamente dice nuestra Constitución. Ahora bien eso es una cosa y otra parece ser el ir poco a poco creando todo un cuerpo propio de derecho civil, ese Derecho que puede que no parezca tan espectacular como otras ramas del ordenamiento que llenan a diario las páginas de los periódicos —normas penales, leyes administrativas disparatadas, cuestiones constitucionales…— pero es una rama del ordenamiento que afecta a las personas en su más íntima esfera de intereses. En efecto, la Ley 40/1991, de 30 de diciembre recogió un completo Código de sucesiones por causa de muerte en el Derecho Civil de Cataluña. Esta norma, a falta de diferencia entre el precepto del Código civil, tomaba el texto de éste… texto que ya no es Derecho estatal sino Derecho catalán y modificable en su caso en el futuro por las instituciones legislativas catalanas.

Al Código de sucesiones siguió la importante Ley 9/1998, de 15 de julio, del Código de Familia y la Ley 10/1998, de 15 de julio, de uniones estables de pareja en ese tema absolutamente fundamental en que ningún Gobierno en toda la Democracia ha sido capaz de reaccionar, a salvo el bodrio jurídico del “gaymonio” que de entrada tan corto se queda para los interesados (ya se escribirá sobre este tema…) En efecto, una interpretación teleológica, esto es, entendiendo la finalidad de la norma, era obvio que combinando registros con matrimonio lo que el legislador quiso decir es, entre otras cosas, “estado civil de las personas”. Al promulgarse la Constitución lo de las “parejas de hecho”, “otras formas de unión estable”, etc. simplemente no existía del mismo modo que la expresión del artículo 39 al asegurar “la protección integral de […] las madres, cualquiera que sea su estado civil” debe entenderse hoy a mi parecer como inclusivo también de los padres… con independencia de su estado civil. Se trata básicamente de que cuando dos personas deciden formar una pareja destinada a crear una comunidad de vida más o menos amplia, la regulación esencial de ésta y las formas de su establecimiento no presente grandes diferencias entre unas y otras Comunidades Autónomas. Nadie ha abordado el tema de manera completa.

Y siguió el goteo pero ya orientado a crear todo un Código civil propio, pues nada tienen que ver la conservación, modificación y desarrollo de normas específicas de derecho civil de una Comunidad Autónoma con la creación de todo un Código civil propio. En efecto la Ley 29/2002, de 30 de diciembre promulga la Primera Ley del Código Civil de Cataluña. Por su parte la Ley 3/2005, de 8 de abril, modifica una serie de cuestiones en materia de adopción y tutela tanto en el Código de Familia como en el de uniones estables de pareja y el de Sucesiones.

Entretanto se van promulgando distintas normas de derecho civil, algunas de ellas tremendamente acertadas y que responden, cierto es, a las necesidades de la sociedad moderna: de esta manera el legislador catalán, más diligente que el estatal viene a crear una serie de figuras de interés, caso de la Ley 19/1998, de 28 de diciembre, sobre situaciones convivenciales de ayuda mutua (ejemplo tres hermanos que ya son mayores y que para compartir las tareas de la casa, los gastos, etc. deciden crear esta situación de vida en común).

Otras normas son de más dudosa calidad caso de la Ley 23/2001, de 31 de diciembre, de Cesión de Finca o de Edificabilidad a cambio de Construcción Futura también conocido “como permuta de suelo por vuelo” y que de especialidad foral no tiene nada. Hay supuestos más discutibles al menos en algunos de sus extremos, caso de la Ley 2/2005, de 4 de abril, de contratos de integración (nada que ver con los inmigrantes: se trata de contratos de colaboración entre dos ganaderos donde uno pone las instalaciones y otro los animales) o la Ley 1/2008, de 20 de febrero, de contratos de cultivo.

Finalmente otras normas resulta difícil entender que de alguna manera no interfieran o estén peligrosamente próximas a interferir con competencias que son exclusivas del Estado, así la ordenación de los registros e instrumentos públicos. Es el caso de la Ley 4/2005, de 8 de abril, de los recursos contra las calificaciones de los Registradores de la Propiedad de Cataluña.

Otra manera de hacer las cosas (y conste que soy una absoluta convencida de la utilidad de la codificación) es la de ir dictando normas cuyos contenidos para nada cabe calificar por entero de especialidad foral caso de la Ley 6/2000, de 19 de junio, de pensiones periódicas que vino a completar la Ley 6/1990, de 16 de marzo, de los Censos esta última vigente hasta el 1 de julio de 2006, fecha de entrada en vigor de la Ley 5/2006, de 10 de mayo, del Libro Quinto del Código civil de Cataluña, relativo a derechos reales. Este texto, si bien es cierto que presenta la utilidad de “reunir muchas cosas bajo un mismo tejado” haciendo la norma más fácilmente cognoscible a los ciudadanos, la verdad es que, como se apuntó antes, convierte en normas dictadas por el legislador autonómico (y modificables por él, cosa que no puede hacer con el Código civil) lo que son normas de Derecho civil común o estatal, principalmente tomadas del Código civil de 1889… todo ello claro está en un contexto de generosísima interpretación de lo que deba entenderse por “conservación, modificación y desarrollo” del Derecho civil propio de una Comunidad Autónoma vigente a finales de 1978 y en que pudiere estar pensando el constituyente.

A este Libro Quinto del Código civil catalán han seguido la Ley 4/2008, de 24 de abril, del libro tercero del Código civil de Cataluña, relativo a las personas jurídicas y la Ley 10/2008, de 10 de julio, del libro cuarto del Código civil de Cataluña, relativo a las sucesiones (dos normas que aún no han entrado en vigor). El resultado de todo este periplo de momento es que aquella norma suelta de 1991 y que fue la primera que se dictó al margen de la Compilación de 1984 y que actualizaba la de 1960 vigente al promulgarse la Constitución, hoy ya no es una norma- suelta… sino el libro cuarto del Código civil de Cataluña.

Como decía aquel anuncio de café que protagonizaba Carmen Maura… “tacita a tacita…” y si ni usted ni yo nos regimos por las mismas leyes, ni siquiera en lo más esencial y básico de la vida e las personas y tampoco hablamos el mismo idioma entonces no me cuente que usted y yo somos del mismo país, ¿verdad?

He puesto el caso de Cataluña pero ya se sabe… cuando veas las barbas de tu vecino cortar… y así está el país. Quizá no sea un tema tan espectacular como otros: pero les aseguro que es absolutamente crucial.

Y como de nada vale quejarse sin proponer una solución pues supongo que lo suyo sería TENER UN SOLO CÓDIGO CIVIL PARA TODA ESPAÑA QUE RECOGIESE LO QUE DE VERDAD SON ESPECIALIDADES FORALES y que en su elaboración participasen por supuesto todas las Comunidades Autónomas (que quedarían facultadas para retocar los preceptos relevantes cuando fuese necesario sin que Cortes se pudiese oponer sin razón suficiente), pues la tentación de crear pequeñas especialidades más molestas que ventajosas una vez ciertas reglas han salido del Código Civil para transformarse en normas autonómicas es, dada la actual koiné político-cultural, grande. La sensación de ser una sola nación, jurídicamente rica pero lógicamente organizada, donde el ciudadano medio puede con razonable esfuerzo llegar a conocer las leyes sería, ciertamente, maravilloso y todo un ejemplo de saber legislar, frente a la máquina que no para y que nos tiene ahogados en un mar de normas.

No matarás

En primer lugar quiero pedir mil disculpas por no pasarme más por aquí pero mi estado febril desde hace varios días me tiene absolutamente postrada… lo que no empece para que una somera visita a cuatro periódicos electrónicos no me inspiren enseguida seis o siente temas ante los que reaccionar, ya se trate de dislates más o menos visibles… o auténticas aberaciones.

Resúmanse con premura muchas ideas en una: NO MATARÁS.

Si algo enseñan en las Facultades de Derecho es que “no hay derechos absolutos”. Estamos sin embargo ante una formulación en exceso simplista porque sí hay un derecho que es absoluto, un derecho que es igual y el mismo para todos y uno que no cabe suprimir pues es el imprescindible para todos los demás: hablo evidentemente del derecho a la vida. Sin vida no hay sujeto de derecho pues la personalidad  se adquiere con el nacimiento y se extingue con la muerte. Se hablará en detalle de esta cuestión un día pero reténganse un par de datos fundamentales.

En primer lugar, la personalidad, en Derecho significa “la condición de ser persona”. Sólo tienen personalidad las personas, sean físicas o por una ficción jurídica (pero tras la cual en última instancia siempre hay una persona física o más), las llamadas personas jurídicas.

En cuanto a los entes sin personalidad jurídica y a los cuales se les reconoce una cierta sustancia como agrupación de titularidades jurídicas (por ejemplo, la herencia yacente que abarca la propiedad de una casa, un coche y una deuda con Hacienda), tienen en común la nota de que las titularidades, sea en el presente o en el futuro, serán finalmente imputables siempre a unos sujetos. En derecho no existen titularidades eternamente carentes de titular.

En cuanto al concebido no nacido, en el Derecho Romano ya hallamos una idea que por su sensatez persiste hasta hoy: es posible instar la protección de determinadas titularidades… en expectativa de que esa persona aún no nacida, vaya sin embargo a nacer. Y es lícito porque esa vida se estima un bien y se tiene no por cualquier cosa sino por el ser humano que ha de venir a ser, esto es, con personalidad. Lo que es más, es que el Derecho contempla la posibilidad de otorgar la tutela de ciertas situaciones en contemplación a los hijos que, aún no concebidos, sin embargo se puedan llegar a tener. Bien… nos hacemos una idea de por dónde van los tiros, ¿no?

Bien pues la personalidad determina la condición de persona. Sólo las personas son titulares de situaciones jurídicas, sean de carácter activo —”derechos”— o pasivo —”deberes”. Carecen de personalidad en sentido jurídico tanto las cosas, materiales o inmateriales como los demás seres vivos distintos del ser humano y por ficción, las personas jurídicas. Por lo tanto, ni las lenguas tienen derechos como escribía en un artículo completamente disparatado el otro día el catedrático Solozábal Echevarría, ni lo tienen los simios por muy listo que nos parezca el bonobo de turno, ni muchísimo menos lo tienen las naciones, los teritorios, etc. Sí se reconoce (aunque esto requiere sus matices) en el ámbito del Derecho Internacional Público un cierto tipo de personalidad a los Estados: lo que es más, es que en este peculiarísimo ámbito jurídico los sujetos son, principalmente los Estados (y no las personas). (Aquí estoy simplificando muchísimo pero reténgase esta idea inicial).

Titularidades activas y titularidades pasivas… “derechos y deberes”… el facultado para pedir que se cumpla una cosa es el titular del derecho; frente a él se sitúa el obligado a cumplirla.

Sin sujeto no hay titularidad y hay un sólo derecho absoluto pues él es el prius necesario para la existencia de los demás de suerte que su eliminación hace decaer las demás titularidades que de él dependen: es el derecho a la vida, que no es sino el mecanismo legal de tutela de la condición de estar vivo.

Y con este material muy, muy simple y preliminar sin embargo es suficiente para lanzar dos preguntas y que para mí son los verdaderos ángulos desde los cuales habría que enfocar todo este guirigay del aborto y la eutanasia cuyo debate jurídico en este país es tan desordenado y por lo general de tan bajo nivel: si hay un derecho a la vida, necesariamente absoluto (lo que permite que los demás sean relativos), ¿no habrá en la madre gestante unos especialísimos deberes a cumplir en atención a esa nueva vida, transitoriamente dependiente de la suya y entretanto esto sea así? Y el debate sobre la eutanasia, el suicidio asistido, etc., ¿es que no debería gravitar en realidad, en pura lógica, sobre los deberes que recaen sobre aquellos obligados a asegurar la vida de otra persona?

¿Es que el debate no debería estar centrado en realidad no en el “derecho de matar a otro” sino en los deberes para asegurarle su vida?

No sé: yo pregunto, porque oigo poco de esto pero ¿no hay un error de enfoque en el debate?

P.S. Ya dije en cuanto ZP hubo ganado las elecciones que iba a por todas: ahora, mientras España disfruta del sol y playa vamos a por el Poder Judicial y el Tribunal Constitucional (esto es, hagamos lo que nos place con el legislativo). Todo ello no sin ayuda previa del PP. Ya hablaremos de esto. Vaya este post como introductorio de un tema con mucha enjundia.

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No significarse

Hay una costumbre muy extendida en las instituciones españolas: la de “no significarse”. Aunque el mundo se hunda, ellos “no se significan” y se creen que eso es lo correcto y que con eso lo hacen siempre muy bien. Pues miren, señores, de vez en cuando, hay que moverse que para eso a uno le pagan y muy bien. Si esta vida fuese tan fácil que siempre hubiese una única respuesta que estuviese bien… ¡qué aburrida sería! De modo que hay momentos en los cuales hay que hacer algo: en este caso porque hace años que la Academia debía haberlo hecho y ya que llegamos tarde, hay que tener la visión de al menos no cubrirse uno de gloria y quedar como Cagancho en Almagro porque eso daña de manera muy frontal la institución que un preside.

¡Ojo! No estoy diciendo que la Academia tenga que firmar ningún Manifiesto, ¡en absoluto! Estoy diciendo, y digo muy dicho, que:

1º - hace tiempo, mucho tiempo, que la Academia debería haberse movido (nótese que tampoco ha anunciado ninguna acción a futuro), y

2º - que ante el éxito arrollador y la repercusión social que está teniendo cierto manifiesto, el simple “no firmo”, pacato y hasta brutote, es una muestra de torpeza inaceptable porque ante el ciudadano medio la Academia da una impresión tremenda. ¡Menos mal que tantos y tantos de sus miembros han firmado el Manifiesto de manera individual y que algunos de ellos promovieron en el seno de la institución que se hiciese algo al respecto!

Bien pues esto que es de cajón el Sr. Juaristi no lo ve y firma un artículo hoy en ABC que personalmente se me antoja lleno de remilgos y cursiladas de señoritinga tonta. Pero habrá quien lo lea y se sienta legitimado en su proceder. Pues no, no y no: las instituciones están al servicio de los españoles: hasta del último de los españoles, hasta del español que es analfabeto y hasta del oligofrénico profundo que nada entiende (auqnue la acción directa de la Academia de la Lengua en quien no tenga habla ciertamente será poca, pero bueno: el principio general por ello no pierde su fuerza: simplemente ocurrirá que su aplicación en el caso concreto tendrá menos campo de acción… pero ello no hace desaparecer la regla que sigue viva, intacta y plena). Las instituciones no están al servicio de unos señores que en ellas viven muchas veces pero que muy bien: están al servicio de los españoles y es de bien nacidos el ser agradecidos.

Todo este tema de la Academia, por obvio, palmario y hasta grosero está viniendo muy bien pues sirve para poner de manifiesto la inactividad, la inanidad caradura de tantos y tantos que pastan en el pesebre del dinero público sin cumplir sin embargo lo debido… y para poner de manifiesto que no hay excusa para no cumplir, que no hay institución por encima del pueblo al que sirve pues el soberano es el pueblo y nadie más. El no significarse cuando hay que dar un paso al frente es un cumplimiento inexcusable. Sin embargo, extrañamente, hay como una estúpida concepción, perfectamente mema, de que ciertas personas y ciertos órganos de la Administración, cuan pluscuamperfectas esculturillas art-decó de efebos de marfil jamás pueden hacer nada porque ellos son así, divinos, delicadísimos y no vaya a ser que se manchen con la suciedad del mundo… ¡ay, mamá, que me ensucio!

¿Me ensucio? Llámense a las cosas por su nombre: no lo hacemos… por el cargo: “mire, cada uno tiene su cargo” dijo el otro día el Sr. García de la Concha. Ahí fue sinecro, eso sí…

Vaya pues mi respuesta a D. Jon Juaristi que ha estado esta mañana pero que muy superficial (cuando menos).

Sr. Director:

Su columnista el Sr. Juaristi apela a la necesidad de que la Real Academia Española conserve su virginidad política como razón de peso para nor firmar el Manifiesto por la Lengua Común. Empero se queda muy corto pues a nadie se le escapan dos consideraciones muy inmediatas.

La primera de ellas es que de acuerdo con sus Estatutos aprobados por Real Decreto 1109/1993 de 9 de julio la institución tiene encomendado, de manera ineludible, la defensa del idioma español. La Academia no es parte de una difusa aristocracia en la cual la gente más estupenda se mezcla, como en todas partes, con la más mediocre sino que se forma parte de la Administración pública, esa que se financia con el dinero de todos, hasta el impuesto sobre el pan que adquiera el ciudadano más humilde y que debe servir el interés general con desinterés objetivo. Ocurre en este país sin ley que es España (sí, país sin ley: este el nuestro NO ES un Estado de Derecho PARA NADA) los ciudadanos son sancionados por usar la lengua oficial, la única que se tiene el deber de conocer y si se quiere, la única que uno use, como deja clarísimo nuestra Constitución. Es bastante obvio que si ante eso la Academia no hace nada, parece que el principio de eficacia con el que debe servir a ese interés general —insisto, también el interés de Pepe, dueño del “Bar Pepe” y sancionado por no poner “Bar Pep”— simplemente no se esté viendo atendido y quizá haya que plantearse el recurso contra la inactividad de la Administración, ya, durante tantos y tantos años y no sólo ante este Manifiesto que ¡ojo! no se está reclamando que se firme… y que prevé el artículo 25.2 de la Ley 29/1998 de 13 de julio reguladora de la jurisdicción contencioso-administrativa y que es hijo de tantos y tantos años de Historia e historias administrativas en que los peores vicios humanos tomaron la forma de inactividad administrativa.

La segunda cosa que resulta obvia, que salta a la vista es que ante el éxito arrollador del Manifiesto, la Academia, en no firmándolo y de la manera en que han ocurrido las cosas, se está significando de manera muy notable, queriéndolo o sin querer, perdiendo así su condición de doncella política. Habida cuenta de lo talludito de la mayoría de los señores que ocupan los sillones de la Academia uno esperaría de ellos no la pazguata inocencia de la primera juventud sino ciertas tablas y experiencia que les debería haber hecho ver que hay cosas que colgando parecen bolsas y vueltas del revés, bolsas otra vez.

De modo que su columnista el Sr. Juaristi se queda corto, cortísimo pues no es incompatible la relativa neutralidad de este tipo de Administraciones con un eficaz servicio a la ciudadanía a la vez que cierta vista en esta vida así para no dejar que la Academia haya quedado para la mayoría de las personas, con los pies más altos que la cabeza. Hay que ser más listos, más espabilados y menos comodones.

Atentamente,

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Genial Juan Manuel de Prada sobre Montserrat Nebrera

Brillante, sencillamente glorioso el artículo de hoy en ABC de Juan Manuel de Prada sobre Montserrat Nebrera. No sólo es que está magníficamente bien escrito, como corresponde a la pluma de este señor que siempre es un placer leer —en él la prosa más complicada evoca toda clase de imágenes mientras fluye con una facilidad que es maravillosa— sino que dice verdades como puños. ¡Pero como puños! Debería operar como un aldabonazo en las conciencias de tantos y tantos mediocres.

El artículo acaba así:

“Montserrat Nebrera irrumpió como un torbellino en la política catalana; pero en cuanto descubrieron que su talento se rebelaba contra los gregarismos la fueron orillando, la fueron expulsando a la intemperie. Así ha sobrevivido, entre mezquindades y puñaladas traperas, hasta llegar a este congreso, donde los mediocres se aprestan a afeitarle el pescuezo. Pero yo la veo por la tele, diciendo que no existe vida más allá del honor mientras alza la mandíbula, y descubro que tiene el cuello más hermoso del mundo. Hace falta, en verdad, ser muy gregario, para decapitar ese cuello; hace falta ser muy cerril para desdeñar tanto talento deseoso de brindarse. Si la mediocridad asfixiante del medio le impide ganar ese congreso, al menos le quedará la oportunidad de protagonizar una novela. Aunque quizá no haya hoy en España un novelista a la altura de su talento.”

¡Es fantástico!

Por si esto del link no me ha salido muy bien… lo podéis encontrar en…

http://www.abc.es/20080705/opinion-firmas/nebrera-gregarios_200807050250.html

Hacerse Oír

Es cierto, ningún medio lo oculta: no es el PP el que haya hecho pupa al PSOE la pasada legislatura: son las organizaciones ciudadanas, y porque han surgido muchísimas y son muy activas. No es exagerado decir que de todas las iniciativas que hay, cada mes surge una que viene para quedarse y ser conocida en España entera. El papel de medios eficacísimos y de coste relativamente bajo como son Internet y la radio permiten a estas iniciativas darse a conocer y que podamos seguir sus actividades: huelga abundar en ello. Pero hay otro factor esencial: que en esas radios, gestionando esas páginas web, esos grandes portales, sigue habiendo gente que no ha perdido su integridad moral: personas para quienes valen más lo bueno, lo justo y la libertad que el dinero o la sensación de seguridad que pueda ofrecer el arrimarse al árbol del poder. Dinero que hoy podrá ser pan, pero hambre mañana y seguridad que es falsa pues hoy por hoy el árbol del poder es uno de frutos envenenados.

Expectativas de dinero y proximidad al poder: a eso se ha vendido el “nuevo PP”, que no es todo el PP sino la blandengue oposición de la legislatura pasada y los democráticamente deslegitimados de la presente. El “nuevo PP” no es mejor que el “PSOE oficial” o los nacionalistas: son los mismos perros con otros collares. En el caso del “nuevo PP”, sumiso y timorato, sus ladridos no pasan de ser los de un perrito faldero que cuando se enfada a uno le hace hasta gracia. Luego le damos una golosina y enseguida se pone contento. La única diferencia es que el perro es guapo, gracioso, bueno y leal por naturaleza: estos no. Ni se hacen ni piensan hacerse oir, realmente y cuan amo caprichoso ZP los despachará mañana con un puntapié.

Gracias a Dios el PP es muy amplio y “otro PP” existe… es el de todos esos miles y miles y miles de votantes que se integran en organizaciones cívicas donde hacen oír su voz. El “otro PP” son todos esos ciudadanos anónimos que ni están en venta como meretrices, ni han perdido el juicio, ni se piensan callar ante los dislates y las aberraciones. Y estos son como perros ovejeros: sus ladridos no cabe desconocerlos. Son los que acabarán conduciendo al rebaño si no quiere despeñarse porque por tontas que sean las ovejas saben que ese es el único perro que llegado el momento se enfrentará por ellas a muerte con el lobo. Fabulosos animales los perros ovejeros. No necesariamente muy grandes, generalmente sin pedigrí… pero listos, fuertes, alertas y muy eficaces. Y absolutamente leales. Perros con principios, vamos.

Y perros que desde luego se hacen oír.

Hace un par de veranos estuve en Estonia, país que tiene una gran tradición de música coral y en cuya capital, Tallin, hay un inmenso auditorio al aire libre. Ahí celebran concursos de grupos corales y dan conciertos y es frecuente que el público cante a coro formando, p