Zapatero dice a Erkoreka que su acuerdo con Rajoy no rechaza un “final dialogado” de ETA. Así titula Libertad Digital algo que era de esperar. Nada nuevo pues… simplemente la confirmación de una sospecha fundada que ya en su momento puso de manifiesto Infeliche en una brillante entrada a su excelente blog partiendo del estructurado análisis de la cuestión que presentaba Hazte Oír.
Las claves del asunto son tres:
1ª - Cambio en las palabras: ahora ya no estamos en “derrotar a ETA” sino que estamos en “convencerla” de que la única salida posible es el abandono de la violencia; suena parecido, incluso más amable, pero no es lo mismo, evidentemente. Yo pregunto, ¿qué será necesario darles para que queden convencidos? NO es necesario darlo ahora… puede ser poco a poco como todo lo que está pasando. Tanto entendimiento de repente huele más bien a despliegue de algo pactado de antemano, la verdad.
2ª - Sigue en pie la Resolución del Congreso que autoriza al Gobierno a hablar (negociar, por supuesto) con ETA:
3º - Nada por escrito y todo reducido a unos muy genéricos principios, concretamente los cinco siguientes que suscribiría cualquiera, de amplios y polivalentes que resultan:
- Unidad de los dos principales partidos en la lucha contra ETA
- Apoyo a las víctimas
- Confianza en el Estado de Derecho (ja-ja-ja) y respaldo a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado
- Convencimiento de que el único destino de ETA es abandonar la violencia y de que no conseguirá objetivos políticos (otra risa, amarga también)
- Impulso a la cooperación internacional (sobre todo con EEUU que la cosa está fluida, con Marruecos que nos quiere mucho y con Chavez que no tiene nada que ver ni con ETA ni con las FARC)
Y luego unos “caramelitos” a las víctimas, que serán las grandes derrotadas y que a la mayoría ni endulzarán pues tendrán en muchos casos sólo efectos “a futuro”, es decir, no resultarán aplicables a tantos y tantos y tantos asesinatos y otros delitos y atropellos cometidos desde hace años. Vamos, una auténtica tomadura de pelo y un insulto a ellas y a quienes pensamos que a quien hay que derrotar es a ETA, no a sus víctimas precisamente. Bien, pues con ellas estamos: con ellas y con la exigencia de que el vencedor ha de ser necesariamente el Estado de Derecho: porque tiene los medios y porque para eso está. Y no valen los atajos con vistas a perpetuarse uno en el poder.
CONCLUSIÓN: hay que leer a Infeliche.
Por lo demás Erkoreka se pinta solo para decir bobadas, El 161.2 es obviamente constitucional y no es ninguna rareza, etc., etc., Para qué abundar en idioteces que se dicen a sabiendas de que lo son. Eso sí, sin rubor alguno.
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Dña. Cristina, a mí también me llamó la atención el titular de LD cuando lo vi hace un rato. No puede ser, me dije. No puede ser que todo sea tan burdo, tan a las claras, tan “a calzón quitado”. Regreso a las andadas, pero ahora, con el señor Rajoy como comparsa. Para esto querían un nuevo pacto “no escrito”. El “consenso” era esto. Qué miedo dan, Dña. Cristina. Qué miedo y qué asquito.
En efecto, D. Víctor, usted lo ha dicho, es una sensación entre miedo y asco, auténtico asco en el sentido de náusea, repugnancia y espanto. Por eso estoy trabajando intensamente por buscar dónde contrarrestar esto políticamente para que haya una alternativa a la que podamos votar quienes encontramos que esto es la gota que colma el vaso y que es simplemente inadmisible. La “votabilidad” depende de ciertas cosas, pero si logro esas, habrá un partido “votable. No lo sé, hago todo lo que puedo. Pero Si de nuevo unos veintidós millones de españoles votan a ZP + Rajoy a la vista de su claudicación ante ETA es que entonces este país está gravemente enfermo.
Hay que luchar como panteras, D. Víctor, porque esto simplemente es demasiado. Y quien se acomode o se encoja de hombros es cómplice. Estamos “solos” decía el Bold de Rosas Blancas esta mañana… pero “habemos muchos”, como dicen los andaluces.
Yo he votado al PP desde que UCD cayó, pero en estos momentos si hubiera elecciones creo que no votaría, tengo una sensación como de orfandad y al mismo timpo de engañada, pues habiendo oido al Sr. Rajoy antes de las elecciones y viendo lo que está haciendo ahora es que no le conozco y por supuesto no me identifico para nada con su nueva actitud, por muy politcamente correcta que sea.
Yo también he sido votante del PP toda mi vida hasta ahora. Lo siento pero
1º - si no tenemos nada que decir ante la ofensiva laicista que no es sino la represión brutal de la libertad religiosa de algunos, en particular los católicos
2º - las tendencias totalitaristas de este Gobierno y sus aliados nacionalistas que excluyen a cualquiera que discrepe con ellos, sea del PP o de lo que sea, lo mismo me da
3º - si nos parece tan bien ya no estar en DERROTAR sino en CONVENCER a ETA, esto es, con “diálogo” (en sustancia, negociación aunque Rajoy mirará al poniente y dirá que es que él no sabía, que le han engañado ¡lástima!)
4º - si todo lo que tenemos que decir ante la elaboración de una legislación que propende a convertir el derecho a la vida en algo próximo a una concesión administrativa
5º - si… si nosotros mismos estamos tapando nuestros escándalos de corrupción y no somos capaces tampoco de cumplir la ley ni tener una recta moral que mire por el interés general y no el de la poltrona particular
Entonces, Pilar, es que yo en ese partido pintaba poco y es por lo que no les votaré y estoy a la búsqueda de otro.
Vaya por delante que hay gente estupendísima en el PP. Pero los partidos no se hacen de excepciones sino de lo que es la media. Y me imagino que igual habrá gente estupenda en otras partes porque al fin y al cabo, estimada Pilar, todos tenemos escrito en el corazón lo que es bueno y lo que no lo es. Ante ello, estar en un partido o en otro la verdad es que se me aparece como cuestión de matiz perfectamente negociable. Lo relevante es que en sustancia, la mayoría, tenga el vigor personal necesario de actuar conforme lo que su corazón le dije en el fondo que es lo bueno… no lo que más pueda convenir personalmente según el momento.
Yo divido el espectro político en dos: relativistas y valoristas. Los primeros no son ni de derechas ni de izquierdas sino del sol que más brilla en cada momento. Desafortunadamente es lo que abunda. Yo me temo que soy siendo valorista: hay cosas irrenunciables: la libertad, la igualdad, la justicia y el pluralismo político. Y a partir de ahí, lo que se quiera: pero sin jamás faltar a esto.
Ahí estoy yo… y creo que muchos, muchísimos más que me estoy encontrando. Curiosamente la inmensa, inmensa mayoría de ellos… ex-peperos como yo.
Un saludo, Pilar y mucho ánimo. Una se siente muy chafada pero lo importante es darse una cuenta de que gracias a Dios aún es capaz de ver la realidad y que la decepción sólo es consecuencia de la gran suerte de que una todavía está bastante lúcida. ¡Señal de que se está en el buen camnino!