Ante los crecientes dislates en lo que se iba conociendo acerca de las investigaciones sobre los atentados del 11-M decidí en su día unirme a los Peones Negros, incluso con la posibilidad de formar un grupo en Pozuelo de Alarcón, a fin de reclamar algo tan básico como saber la verdad de quién lo hizo. “El 11-M” ha llegado hasta el Supremo y por supuesto seguimos in albis acerca de la mayor parte de la verdad.
Una de las trampas en las que se cayó y que yo denuncié desde el primer día fue la de estudiar exhaustivamente toda suerte de pruebas indirectas, muchas de ellas aparecidas con posterioridad y en lugares distintos a aquellos en los que se perpetró la masacre terrorista. Lo que se estaba intentando aclarar no era el posible origen de una caja vacía de explosivos aparecida en Pozuelo gracias a una llamada anónima. Lo que se estaba intentando averiguar era qué pasó exactamente en los lugares de los hechos en el momento en que estallaron las bombas así como todos los actos preparatorios anteriores (incluida la concepción de la idea criminal) y algunos actos relevantes posteriores como la huida del criminal. Esto se llama íter criminis y se estudia en segundo de carrera, de modo que es bastante difícil excusar la petición de destrucción de pruebas por parte ni de la Fiscal y del Juez Instructor por muy poco que su inteligencia haya impresionado en todas las demás cuestiones a los españoles.
Como yo sabía muy poco del 11-M entré en algunos foros de Internet. En uno de ellos me indicaron la existencia de un vídeo llamado “Adiós Zapatero traga sapo”. Estaba (y sigue) colgado en You Tube y parece ser que media España ya lo habría visto. La otra mitad, yo y unas cuantas personas más con las que contacté, tampoco. Algunas de estas personas son gentes con una larga trayectoria en el ejercicio del derecho penal. Todos coincidían conmigo: se trata, en efecto, de unas imágenes de lo acontecido en el lugar de los hechos en el momento en que ocurrió el crimen. Nadie ha negado hasta ahora que las imágenes en cuestión, según parece ser, captadas por las cámaras de seguridad de RENFE no sean imágenes auténticas de esas cámaras de seguridad. Lo que es más, esas imágenes (que no el vídeo que es más largo y contiene otros elementos y explicaciones) se difundieron al parecer por numerosas cadenas de televisión, recortadas en su parte más relevante según se alega, tras una primera emisión en la cual sin embargo salen cosas que luego se tapan; parece ser que se emitieron al poco tiempo de perpetrarse los atentados del 11-M. Yo no estaba en España por aquellas fechas por lo cual vi ninguno de los programas de la televisión española de aquellos días. Sólo me remito a lo que dice el propio vídeo y que parece que nadie habría negado.
Cuando en Peones Negros pregunté por este vídeo que ciertamente deja sorprendido a quien lo ve por primera vez encontré una “no respuesta”: “de esto no se habla”. Pues mire usted: yo no hay ninguna cosa de la cual me niegue a hablar en esta vida salvo si es algo que concierne de manera personalísima y directa al titular de un interés jurídico fortísimo y de tal envergadura que justifique el mutismo por tiempo más o menos extenso sobre el asunto: vamos: una auténtica rareza y una excepción que uno se encuentra un par de veces en la vida. La explicación, en resumen, venía a ser la que también había dado D. Luis del Pino en un programa de Televisión (creo que se llama El círculo a primera hora: ocurre desde luego en la cafetería del Círculo de Bellas Artes de Madrid) y del cual había también un vídeo en Internet. La tesis, completamente errada desde cualquier punto de vista tanto lógico como jurídico venía a ser que “no se podía tocar el tema poqrue uno no podía ir por ahí acusando a ciudadanos inocentes”. Bien, entonces, ¿esto quiere decir que las muchas investigaciones criminales que se han hecho en base, entre otros posible elementos probatorios, a imágenes captadas por cámaras de seguridad ubicadas en los más diversos espacios, se hallan todas incursas en los más terribles vicios legales, pues “van por ahí acusando a ciudadanos inocentes”? Parece que no, ¿verdad? Al contrario: para esclarecer numerosos crímenes las imágenes captadas por cámaras de seguridad han resultado esenciales al filmar el crimen mientras ocurría.
El otro argumento que se esgrimía desde Peones Negros tampoco justificaba descartar ese material. En esencia se afirmaba que quien hablaba en el vídeo no tenia ni idea e lo que estaba diciendo. Pues mire, comentaba una serie de cuestiones acerca de explosivos. Yo como de explosivos no sé nada, pues no puedo juzgar: lo que sí sé es que es irrelevante el que alguien comentando una imagen diga una bobada sobre ella: eso no desvirtúa la validez de la imagen o lo eventualmente valioso como material de investigación de lo aparecido en ella. El que yo vea la foto de un puma y diga que es un leopardo no hace que la foto del puma no sea válida y a lo mejor ofrezca interesantísimos datos por ejemplo a un zoólogo.
Cuando dije que era inadminible la orden de silencio en torno a lo que en mi modesta opinión y la mucho más autorizada de otras personas, tanto con experiencia jurídico-penal como criminológica era un material relevante, sin que hubiese ningún argumento lógico para ello, sino el “porque sí”, me echaron de Peones Negros, con una agresividad y unos malos modos que escondían que algo se estaba intentando proteger. Esta fue mi sincera impresión personalísima, absolutamente subjetiva, pero que mantengo hasta hoy: nada en la ley me impide manifestar que mi intuición, e insisto: mera pero inequívoca impresión personal, fue esa. Lo que es más, el vídeo del programa de televisión en que hablaba D. Luis del Pino simplemente confirmó esa mi impresión indeleble hasta hoy.
En efecto, D. Luis del PIno es una persona muy inteligente que si bien a mi leal saber y entender, al iniciar sus pesquisas sobre “el 11-M” no partía de una formación y experiencia ni como penalista ni como criminólogo, sin embargo ha ido adquiriendo muchísimos conocimientos de manera muy rápida, como se observa a lo largo de sus escritos. Lo que es más: D. Luis del Pino que ha hecho una grandísima y muy meritoria labor junto con los profesionales de unos pocos medios más, con una paciencia y un tesón admirabilísimos, es una persona detallista y muy capaz de diseccionar la realidad minucionsamente aplicando una implacable lógica a su análisis de la misma.
Mi impresión personalísima pero indeleble fue la de que cuando preguntado por la presentadora acerca del famoso vídeo de “Adiós Zapatero traga sapo”, la respuesta de D. Luis del PIno no tuvo la categoría intelectual habitual en él y a la que nos tiene acostumbrados. En efecto: era, con los debidos respetos, una chorrada que hacía aguas por todas partes y que venía a decir que “es que no se podía acusar a un señor cualquiera que seguramente no era”. Bien, nadie está acusando a otro de nada de entrada porque la acusación, por definición, se dirige siempre hacia un sujeto claramente identificable: “usted, con nombres y apellidos”, no hacia una persona sin identificar que sale en un vídeo el cual sostiene que esa persona guarda un tremendo parecido con el (¿presunto?) etarra (los medios hablan abiertamente de etarra y no presunto etarra) detenido ayer en Francia, D. Asier Eceiza. Desconozco su situación jurídico-penal.
Lo cierto y verdad, por usar una expresión forense, es que esa persona de rasgos muy parecidos a D. Asier Eceiza según las fotos que mostraba el vídeo y que ahora han mostrado los medios y que presumiremos ciertas (no puedo asegurarlo, no tengo el gusto de conocer al señor Eceiza personalmente) subía corriendo por las escaleras mecánicas de Atocha con una actitud ciertamente distinta a la de otras personas. Llevaba algo en las manos: dos objetos de forma y tamaño parecido al de un teléfono móvil y que no soltó en ningún momento, ni aún en una situación de pánico vital en que las demás personas que subían por la escalera mecánica a toda velocidad y con sus altos peldaños, se agarraban a la barandilla de goma a fin de ayudarse a propulsar sus cuerpos para salir de ese lugar, pues corrían por su vida, despavoridos y sin saber qué pasaba. Este otro señor en efecto, no daba la misma impresión y no tuvo la misma reacción instintiva de soltar lo que se lleva en las manos para salir de ahí como sea, ayudándote para ello de las manos para agarrarte a la barandilla y salir antes corriendo a la superficie. Esto es lo cierto. Simplemente pongo de manifiesto que su reacción era distinta de la reacción de todas las demás personas que aparecen en las imágenes de ese vídeo que parece ser nadie hasta la fecha haya discutido se trata de imágenes auténticas captadas por las cámaras de seguridad de RENFE. No indago en las causas, no sé si hay más imágenes, no sé si… si lo que sea: simplemente digo lo que digo: no más, pero tampoco menos.
La imprecisión en la expresión verbal, también llamado tergiversar, sea de manera más o menos consciente, es algo muy frecuente en España actual. He escrito lo que he escrito: no más, pero tampoco, insisto, menos.
Bien pues hay un segundo vídeo, la autenticidad de cuyas imágenes tampoco se ha discutido, parece ser, y que tomaron según se dice en el propio vídeo, las cámaras de CNN la mañana del 11-M en la acera exterior de la estación de Atocha. En ese vídeo, que también se colgó de You Tube se señalaba la presencia de una persona “con un tremendo parecido con el etarra Troitiño”. De nuevo, no tengo el gusto de conocer personalmente a ese señor, ni sé si es etarra o no, etc.
Lo que sí se es que El Imparcial, ese diario que cada día va mejor y que hay que darse un garbeo por él, ayer publicó el siguiente párrafo en un artículo titulado “¿Quién es Asier Eceiza?”: “El 24 de junio de 2003, las Fuerzas de Seguridad lo identificaron [a Asier Eceiza] como el presunto colaborador de Jon Joseba Troitiño en los atentados cometidos dos días antes en dos hoteles de Benidorm y Alicante, que causaron trece heridos, dos de ellos graves. Según la información policial recabada en el piso franco que tenían en Valencia, estos terroristas tenían previsto atentar en hoteles de Torremolinos y Málaga, ciudades de las que poseían planos detallados.”
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Decía D. Manuel Cobo del Rosal que el día que no pudiese ir a la Universidad a decir la verdad, dejaría de ir.
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