Publicado en el blog “Haciendo amigos” de Intereconomía
No por casualidad, Mai Meneses es una de las artistas más guapas de la música del momento. Ser provida es bastante más eficaz que decenas de tratamientos de belleza. Y bastante más barato.
No sé qué extraño flirteo se trae la izquierda con la muerte, que tanto les atormenta que a otros nos guste la vida. La muerte está bien, y más para un cristiano que desea alcanzar el Cielo, pero la vida tiene esa chispa humana que todo lo hace brillante, tiene un no sé qué, que me resulta mucho más atractivo que las lápidas de los cementerios. La vida tiene vida. La muerte tiene muerte. Tal vez ahí esté todo el misterio.
De todas las muertes, la que más fascina a los defensores de esa siniestra cultura política -que ni es cultura, ni es política-, es el asesinato. Desde el 34 hasta la violencia terrorista, pasando por el aborto o la eutanasia. Gran parte de la izquierda encuentra siempre una excusa para justificar la violencia. No necesariamente con grandes palabras, sino con grandes silencios. Y el silencio es lo propio de los cobardes. También es propio de las almejas, pero éstas carecen de responsabilidad política alguna. Por eso la culpa recae exclusivamente sobre los cobardes. Junto a ellos están los instigadores y, créanme, no me parecen peores. La mancha negra de la inmoralidad y de la brutalidad se extiende mucho más allá de los propios artífices.
Frente al silencio de los cobardes suena la voz firme de los que están del lado de las víctimas. De los héroes y valientes. Y de entre todos, los más valientes, los que gritan contra el asesinato de los inocentes. No hay organización criminal capaz de igualar el ritmo de ejecuciones diarias del entramado abortista. No hay organización criminal que goce de tan buena prensa, tan suculentas subvenciones, y tan prestigiosas campañas de publicidad. Por eso el movimiento provida es hoy tan importante. Contra las grandes campañas de intoxicación, encabezadas por los rostros más famosos de la política y la vida española, se alza cada vez más fuerte una alternativa provida, valiente, sincera, imprescindible, firme. Capaz de contrarrestar la propaganda de la muerte. Y capaz incluso de salvar vidas, una a una, como los ángeles del doctor Jesús Poveda. Ángeles que nos dignifican a todos.
Escribo todo esto frente a la fotografía de Mai Meneses de Nena Daconte, que en los últimos días se ha convertido en blanco de las críticas más salvajes. Su delito: anunciar su participación en un congreso provida y hacerlo, además, en pleno embarazo de su primer hijo. Media España –la de siempre- se ha echado a su yugular por abrazar la causa de la vida frente a la de la muerte. “Musa de la extrema derecha. THE END”, escribía en Twitter hace horas un sujeto con exquisita delicadeza. Nada que añadir.
Así es la izquierda. No da lugar a equívocos: la extrema izquierda es la izquierda. No hay más. La misma que mira el trasero a cualquiera para verle la etiqueta ideológica antes de estrecharle la mano, o de darle un hueco en su periódico. La misma que baja la voz y pregunta si el conferenciante es de los suyos o es del enemigo, antes de romper a aplaudir. La misma que entiende la libertad como un derecho exclusivo de los que defienden el pensamiento único. Su pensamiento, el único.
El caso de Nena Daconte recuerda al de Russian Red. De “icono independiente de primerísima calidad” a “the end”, como decía el tolerante twitero. Allá ellos. Ese sectarismo acabará por consumirles, y terminarán comiéndose a mordiscos como en un documental de National Geographic, mientras el resto del mundo baila felizmente en los conciertos de estas dos grandes artistas. Nena Daconte y Russian Red tienen además en común el hecho de haber llegado a lo más alto gracias a su talento y su trabajo, sin ayuda alguna, sin subvenciones, y sin necesidad de vender sus cuerpos en revistas y videoclips, algo que ambas podrían haber hecho fácilmente aceptando cualquiera de las suculentas ofertas que sin duda habrán recibido en los últimos años.
No por casualidad, Mai Meneses es una de las artistas más guapas de la música del momento. Lo he escrito muchas veces. Ser provida es bastante más eficaz que decenas de tratamientos de belleza. Y bastante más barato. Hay un abismo entre esas jóvenes provida de piel fina, mirada brillante, y conciencia limpia, y esas mujeres ojerosas e inseguras, que malgastan sus días defendiendo derechos manchados de sangre, de sangre mortal.
Sé que los abortistas preferirían que el icono provida fuera una monja de 600 años, moribunda, gorda, calva, bigotuda, y con dentadura postiza. Lo lamento por ellos. Al fin, contemplando las fotografías de Mai y las de sus críticas, caigo en la cuenta. Lo que realmente les molesta de la cantante de Nena Daconte no es que sea provida, sino que aún encima sea tan guapa.
por Itxu Díaz
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