Matrimonio Gay

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Buenos Aires.- Luego de 14 horas de debate, el Senado Argentino, con 33 votos a favor, 27 en contra, 3 abstenciones, y 9 ausencias; aprobó la Ley que modifica la regulación del matrimonio en el Código Civil, permitiendo que aquél pueda ser celebrado tanto por parejas del mismo, cuanto de distinto sexo. La votación se produjo alrededor de las 4:00 a.m. del 15 de julio de 2010. Sin duda, un día que pasará a la historia.

Toda Argentina estuvo en movimiento: Mendoza, Neuquén, Tucumán, Chaco, Catamarca, Córdoba, Corrientes, San Juan, Mar del Plata, Jujuy, Santa Fe, La Plata, Buenos Aires, etc… masivo apoyo al matrimonio entre varón y mujer. Ello no fue obstáculo para que Argentina se sume a la lista de países que han incorporado en su legislación el matrimonio entre personas del mismo sexo, siendo el primero en latinoamérica.

Mismo amor, mismos derechos, mismo nombre

Mismo amor

Las personas homosexuales tienen derechos. Cierto. Todas las personas tienen derechos por el simple hecho de ser tales. Es correcto que una pareja de personas homosexuales tenga acceso a determinados derechos, pero no por ser homosexuales, sino por ser personas que se encuentran en una condición que los habilita a ejercitarlos. Así, una persona homosexual tiene derecho a la vida, a la libertad, a la integridad, a la salud, etc., por el hecho de ser persona, no por ser homosexual.

Pretender establecer derechos en función de preferencias afectivo sexuales nos lleva a un escenario peligroso: “Dos hombres tienen derecho a casarse y adoptar porque se aman.” “Dos hermanos tienen derecho a casarse y adoptar porque se aman.” “Un padre y su hijo tienen derecho a casarse y adoptar porque se aman.” ¿Cuál es el límite?

Si dos personas del mismo sexo desean unirse bajo una figura que les brinde protección jurídica, ello es adecuado, pero no por ser homosexuales, sino porque son personas, y como tales, se encuentran en una situación que merece ser tutelada por el Derecho.

No es igual

Tuerca y tornillo

Discriminar: Diferenciar sin una justificación razonable. “Pagamos nuestros impuestos.” Herencia, seguro social, sociedad de gananciales, etc.; son condiciones a las que todas las personas pueden acceder, en la medida que la puesta en práctica de una vida común que cumpla con ciertos requisitos los habilite a ello. La adopción, sin embargo, es un tema aparte.

La Convención sobre los Derechos del Niño (de la cual Argentina es Parte), en su artículo 21º establece que: “Los Estados Partes que reconocen o permiten el sistema de adopción cuidarán de que el interés superior del niño sea la consideración primordial (…)” Queda claro que la adopción no es un derecho de los padres a tener hijos, sino un derecho de los hijos a tener una familia. Puede haber dinero, amor y la mejor de las intenciones, pero el criterio determinante es el interés superior del menor.

Baja autoestima, estrés, drogodependencia, inseguridad respecto a una vida futura en pareja; son algunos de los síntomas que se han presentado en niños criados por padres del mismo sexo (ver: No es igual). Diferenciar, cuando media una justificación razonable, no es discriminar, al margen de la orientación afectivo sexual.

Escollo lingüístico

Gritar

Podemos discutir si se trata de una institución natural, religiosa, o convencional (nos inclinamos por la primera). Lo cierto es que la palabra “matrimonio” es una construcción social. Alguien, en un determinado momento, decidió llamar “matrimonio” a la unión de un hombre y una mujer destinada al ejercicio de la vida común y a la procreación. Si nadie puede arrogarse los derechos de autor, ¿por qué no cambiar su contenido?

El matrimonio como institución -no como construcción lingüística- es excluyente: sólo puede ser realizado por un hombre y una mujer. La unión de dos personas del mismo sexo podrá ser llamada “matrimonio”, pero no calzará en lo que éste -como institución- es. De la misma forma que uno nace con una carga genética de hombre o mujer, la institución del matrimonio no cambia, por más bisturís legales que operen sobre el cascarón.

Nada puede ser y no ser simultáneamente. La palabra “matrimonio” se vincula a la institución del matrimonio. Si se coloca dicha denominación a una pareja formada por personas del mismo sexo, deja de hacer referencia a la Institución. ¿Cómo llamaremos ahora a la unión de un hombre y una mujer para hacer vida común y procrear? ¿Pueden acaso 14 horas imponerse sobre siglos de historia?

¡Cállate homofóbico!

Callate

Ultraderecha, ultraconservador, Opus Dei; son algunos calificativos que han venido siendo empleados por los defensores del matrimonio entre personas del mismo sexo. Se trata de términos que se usan para descalificar al interlocutor y evitar discutir sus argumentos. Pero claro, quien descalifica a alguien llamándola “lesbiana” u “homosexual”, es un homofóbico, un discriminador. Las condiciones personales o creencias religiosas de una persona no deben ser un obstáculo para que pueda expresar sus ideas. Eso sí es discriminación.

Finalmente, si bien en todas las manifestaciones hay excesos, resulta interesante cómo algunos sectores pretenden revindicar la violencia de la que -según dicen- son objeto… con más violencia.

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Se aprobó la Ley… tal vez sea una de esas disputas que se ganan perdiendo. La Sociedad está empezando a despertar.

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