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Veneno desde las Naciones Unidas

Amparo Medina“Todo lo que ustedes ven y miran no es una casualidad. Todo está fríamente planificado, y fríamente calculado.” Amparo Medina, de 43 años de edad, madre de 3 hijos y presidenta de la Red Pro Vida de Ecuador, militó en grupos de la izquierda radical, fue guerrillera, luchadora pro aborto y ex funcionaria del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA). Hoy ponemos a su disposición, su invaluable testimonio.

“Cuando en el año ’95 y ’96 nos reunimos en las Naciones Unidas todos los consultores de las Naciones Unidas para empezar a trabajar la salud sexual reproductiva y la perspectiva de género en nuestros países, sabíamos exactamente qué es lo que hacíamos (…)” Amparo Medina señala que la estrategia para implantar el aborto en América Latina giró en torno a tres ejes:

1. Maestros de escuela, a través de Ministerios de Educación.

2. Médicos, a través de Ministerios de Salud.

3. Políticos y asesores de políticos.

Los dos primeros puntos se darían de forma simultánea. Para ello, se recurrió a un chantaje económico: “Íbamos a entregar recursos económicos a los ministerios y a los gobiernos a cambio de que nos permitan implementar la salud sexual reproductiva y el género, pero a cambio de eso ellos tenían (…) que poner a nuestra disposición a todos sus médicos y a todos sus maestros (…)”. Luego, se iría al paso 3 (políticos y sus asesores) para instruirlos en cómo aplicar este proceso en las leyes de sus países.

ObligarPara ello, se inventaban procesos “democráticos” en los que se reunía a un grupo de personas a quienes se inducía a que redacten en sus conclusiones, que era necesario implantar la salud sexual reproductiva y la perspectiva de género en sus países de origen. De este modo, los funcionarios de la ONU podrían acudir a los políticos diciendo que era la propia población, y no las Naciones Unidas la que reclamaba políticas abortivas, preservativos, etc. “Estos son los artículos y las leyes que ustedes tienen que imponer en su país.”

Para asegurar el éxito de estas propuestas, se busca conformar componendas políticas, de forma que generalmente los pro homosexuales son también feministas, y éstos también son ecologistas, y a su vez indigenistas. Para facilitar este proceso, se recurre al género gramatical.

En el lenguaje se asigna un género a las cosas: masculino, femenino o neutro. La mesa es femenina, pero no tiene alguna característica biológica que la defina como tal. En tal sentido, bien podría tener cualquier género, pues se trata de algo convencional. Esta lógica se lleva al ser humano, de forma que para la definición de su sexualidad, el componente biológico ya no es un referente, y al asociar la sexualidad al “género”, uno puede ser cualquier cosa, pues el género (masculino, femenino, o neutro) no es sino una convención, una construcción social.

Así, con la manipulación del lenguaje, se busca recurrir a términos ambiguos para facilitar que la gente asimile determinadas ideas, que de tanto ser repetidas, asume como ciertas. Por ejemplo, el aborto ya no es el homicidio de un hijo, sino la interrupción voluntaria del embarazo. Finalmente, luego de invadir el arte, la educación, la literatura, los medios de comunicación, etc., y de ser asimilados por la población como algo natural, éstos términos son plasmados en la legislación.

Se calculaba empezar con este proceso en el año 1995 con las instituciones, pasar al campo social en 1998, y en el 2008 tener las leyes necesarias para poner en marcha todo este cambio. “Lo hemos logrado (…) les hemos convencido a todos de pensar igual que nosotros (…)”.

La advertencia está latente: “Se calculaba que para el 2015 en todos los países de américa latina estaría totalmente legalizado el aborto”. Gracias al esfuerzo de algunos grupos, es una de las metas que no se está cumpliendo.

¿Qué se gana con todo esto? Amparo Medina, en otra oportunidad señaló que:

Dinero sangriento

“Hay tres fines fundamentales. El primero es el control natal. Les permite el manejo de recursos en América Latina, tanto del agua cómo el oxígeno. Lo segundo, es que una población con chicos que viven la sexualidad como si fueran animalitos, que no tienen control sobre su carácter, es una población fácil de manipular. El tercer punto, el más importante, es el avance del “millon sex” (los millones del sexo). Es una empresa gigantesca. Al vender sexo te venden pornografía, prostitución, anticoncepción, aborto, y hasta bebés abortados, inclusive por internet, para sacarles el colágeno con los que elaboran cremas y champú; también para hacer investigaciones en farmacéuticas. Varios médicos se vuelven millonarios vendiendo y haciendo abortos. El aborto más barato cuesta US$ 60. En Estados Unidos se realizan más de 1 millón de abortos al año y cuestan US$ 300 cada uno. La pastilla de emergencia la compras a US$ 0,25 y la vendes a US$ 8. Los dispositivos intrauterinos (DIU) los puedes encontrar a US$ 2 o 3 y te ponen por US$ 25 a 30. La International Planned Parenthood Federation (IPPF) (Federación Internacional de Planificación de la Familia), la que más vende anticoncepción y aborto en América Latina, en el 2007 ganó US$ 77 millones.”

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