Pertrecharnos de razones, III


          En esta tercera entrega os traigo un artículo de Padre Fernando Pascual* que me ha parecido especialmente directo, claro y realista, respecto a lo que se está “cociendo” en torno al debate sobre el embrión humano.
          Si al terminar de leerlo te parece que “vale la pena” promocionar los apoyos para defender al embrión en Europa difúndelo a tus amistades animándolas a sumarse. Al final hay un enlace para firmar la iniciativa.

Les llaman "preembriones", dicen que son "sobrantes", que deben ser "útiles", que hay que "experimentar con ellos". Y son humanos.
Fernando Pascual
          El debate actual sobre la licitud ética del uso de embriones para la investigación refleja aspectos importantes de la mentalidad científica.
          Los investigadores tienen un deseo insaciable de saber. Cuando conquistan una frontera, se plantean en seguida cómo llegar a la siguiente. Cuando curan una enfermedad, buscan en seguida estrategias para curar otras o para “amortiguar”, si eso fuese posible, el mismo proceso natural de envejecimiento que afecta irreversiblemente a todos los seres humanos.
          La investigación médica de vanguardia desea encontrar la solución a muchas enfermedades degenerativas. La investigación con células madre (llamadas también estaminales) ofrece, en ese sentido, grandes esperanzas. Estas células madre pueden proceder de embriones (en sus primeros estadios de desarrollo), o de seres humanos más desarrollados (fetos, niños, adultos). Normalmente es posible obtener células madre embrionarias a partir de la muerte o de la destrucción de los embriones usados en ese tipo de experimentos, a no ser que se desarrollen técnicas más seguras que eviten cualquier daño al embrión del que se tomen tales células.
          La investigación basada en células madre de adultos no plantea en sí graves objeciones éticas. En cambio, se discute ampliamente sobre la licitud ética de recurrir a células madre embrionarias, porque la obtención de tales células implica destruir o dañar a los embriones.
¿Embriones humanos que son "subhumanos"?
          Algunos defienden, sea a nivel divulgativo, sea a nivel científico, el carácter “subhumano” de esos embriones. Desde 1984 se ha ido difundiendo el término “preembrión” para denominar al embrión en sus primeras fases de vida, dando a entender, con ese término, que estamos ante a una especie de “prehombre”.
          La sociedad puede asustarse si escucha que la investigación destruye seres humanos. La sociedad, sin embargo, queda más tranquila si se les dice que están siendo usados (y destruidos) preembriones en los laboratorios.
          El estudio publicado a inicios de septiembre de 2007 por la Autoridad Británica para la Fertilización y la Embriología (cuyas siglas en inglés son HFEA) muestra claramente que el “uso” de embriones es aceptado cuando se consigue convencer a la opinión pública del carácter subhumano de tales embriones antes de que lleguen a cumplir 14 días de desarrollo.
"Total, si sobran..."
          Otro argumento que se esgrime a favor de la investigación sobre embriones es que muchos de ellos están destinados a una muerte inevitable. En las clínicas de reproducción artificial “sobran” embriones. Muchos de sus padres no quieren o no pueden ofrecerles una oportunidad de continuar su existencia como a los demás embriones humanos.
          ¿Por qué no aprovecharlos, si su destino es una muerte segura? Para algunos científicos, son “material biológico” muy interesante: bien usado, servirá para descubrir y mejorar la medicina moderna. Incluso algunos dicen que aprovechar esos embriones es dar un sentido a su muerte, ofrecerles una “dignificación” para que su destrucción inevitable adquiera un valor humanitario al dar esperanzas a tantos enfermos que esperan la ayuda de la ciencia.
          No faltan, sin embargo, científicos, bioeticistas, juristas, pensadores y filósofos que defienden abiertamente que todo embrión es un ser humano desde el momento de la fecundación. Estos autores consideran, por lo tanto, que el embrión debe ser protegido: no es justo destruirlo o dañarlo para permitir el “progreso” científico.
          Ningún ser humano vale menos que los otros. Ningún ser humano puede ser destruido para el bien de otros seres humanos.
          Los que desean usar embriones atacan a estos autores como poco serios. Piensan que los defensores del embrión usan ideas religiosas o prejuicios anticientíficos. Algunos autores que quieren experimentar con embriones afirman con decisión que los primeros estadios de nuestra vida no fuimos más que un cúmulo desorganizado de células sin ningún valor, y que poco a poco se fue fraguando una estructura más compleja que permitió un día (no se ponen de acuerdo en decir exactamente cuál) el que surgiese un ser humano que empezó entonces a merecer respeto y protección.
          No es difícil dar una respuesta a una discusión tan compleja. Hay muchos intereses de por medio, y quizá este debería ser el primer dato a considerar.
Examinemos quién tiene intereses
          ¿Qué ganan los que defienden la dignidad (el valor) del embrión? Parece que muy poco. El que nazca un niño, o el que no se destruya un embrión, no produce un gran beneficio a un filósofo o a un científico que defienda a ese embrión.
          ¿Qué ganan, en cambio, los que atacan la dignidad de ese embrión? Un laboratorio podrá ganar mucho, pues así podrá solicitar más fondos para la investigación, será más cotizado en la bolsa, obtendrá fama, quizá patentará algunos nuevos fármacos o incluso (donde no esté prohibido) patentará líneas celulares.
          Este primer dato es bastante indicativo: el hecho de que la destrucción de embriones beneficie a unos y no a otros explica el interés de algunos en negar el valor de esos embriones y en defender la “licitud” de su destrucción para sus propios intereses “científicos”.
          Pero esto no basta para probar que el embrión merece ser respetado. Los que niegan la identidad humana de los embriones acusan, como ya dijimos, a sus adversarios de no ser científicos, de no ser serios. Podemos preguntarnos: ¿sólo los científicos tienen el monopolio de la verdad a la hora de definir qué significa ser hombre? En un mundo pluralista sería lógico escuchar a todos.
          Creemos que también una madre y un padre que tienen varios embriones congelados pueden decir si son un simple cúmulo de células o si son sus hijos. Descubrir la relación que existe entre esos embriones y sus padres nos abre a un nuevo horizonte de valores, nos hace entrever que esos embriones son algo más que un “puñado de células”.
          ¿Y si los padres han muerto o rechazan a esos embriones? También hay niños abandonados por sus padres (quizá fallecidos en circunstancias dramáticas) y que son encontrados por otros adultos. En estos casos la sociedad interviene en defensa de los niños abandonados. ¿No podemos sensibilizar a la sociedad para defender a los embriones rechazados, congelados, sometidos a un tratamiento gravemente peligroso para sus vidas?
Los experimentos que sean éticamente correctos
          Los defensores de la experimentación con embriones no se rinden. Dicen, como ya vimos, que no usar esos embriones provocará un gran retraso para la ciencia, levantará una barrera oscurantista a la legítima autonomía de la investigación.
          Sabemos, sin embargo, que la ciencia debe aceptar límites éticos que no puede superar sin deshumanizarse. Hoy día los ecologistas han logrado que se respete a chimpancés, conejos y ratas de laboratorio, que no se les haga sufrir, incluso en detrimento de la investigación científica. ¿Es que son menos valiosos los seres humanos que los chimpancés? ¿Es que un embrión humano puede ser destruido mientras que nos parece injusto el que los laboratorios destruyeran huevos de pájaros en peligro de extinción?
          La humanidad se encuentra ante un debate de enorme importancia. La defensa de los embriones humanos o su minusvaloración enfrenta dos modos de ver la vida y la muerte, la ciencia y la política, los derechos humanos y la protección que merecen los más débiles. Ya se ha cometido una enorme injusticia con la difusión del aborto. El desprecio hacia los embriones se coloca bajo la misma perspectiva de quienes consideran a algunos seres humanos como menos importantes que otros.
          La defensa de los embriones y, consecuentemente, la lucha por erradicar la injusticia del aborto, son un reto para los hombres de buena voluntad. Esto implicará, desde luego, que algunos científicos no puedan llevar a cabo todos los experimentos que tienen en agenda. Prohibirles investigaciones que conllevan destruir seres humanos no es limitar injustamente su libertad.
          Es, simplemente, indicarles el camino de una ciencia verdaderamente ética: la que orienta el uso de su saber y del dinero que reciben  de la sociedad para defender cualquier vida humana, no para destruir algunas vidas consideradas como “menos humanas”, aunque sea para el beneficio de otras vidas humanas consideradas como superiores.
          De este modo sus descubrimientos se basarán en el respeto a los más débiles, y podrán construir una ciencia que esté, realmente, al servicio de todos los hombres, sin exclusiones ni discriminaciones de ningún tipo.
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*Profesor de filosofía y de bioética en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum (Roma), ofrece reflexiones y artículos sobre filosofía, bioética, teología y espiritualidad. 

Investigación con embriones y III – a modo de conclusión


            El mejor argumento, si es que se le puede titular como tal, a favor de la investigación con seres humanos embrionarios (que se destruyen y mueren tras extraerle las células necesarias para los experimentos) es apelar a la ingente pléyade de posibilidades de curación de terribles enfermedades, hasta ahora incurables, como la diabetes, el mal de Alzheimer, los accidentes cerebrovasculares, el infarto del miocardio, la esclerosis múltiple, ...
            Es conmovedor el celo bienhechor hacia el “humano doliente” de los partidarios de continuar sacrificando embriones, pero que frustrante resulta enterarnos que al momento actual seguimos todavía en el campo de las promesas a pesar del alto precio pagado en vidas embrionarias.
            Algunos dicen que está legitimado el uso de estos embriones por ser sobrantes o excedentarios de los procesos de FIV argumentando que de todas formas se perderían.
            Le invito al lector a que intente imaginar que argumentarían, esos defensores de la humanidad doliente, si se propusiera que, las tremendas y penosas listas de sufrientes en espera de ser trasplantados (de pulmón, de hígado, de corazón, de riñón, de córnea,  o médula ósea) y que no encuentran su órgano disponible, lo obtuvieran de los muchos que se “pierden” de los ajusticiados por su indignidad para con la sociedad.   O que, la vida de los indigentes y de los calificados como “escoria de la sociedad” no es de “calidad” y no merece ser vivida por lo que la sociedad debería asumir que sus células y órganos se destinaran a paliar las penosidades que padecen prohombres, genios y artistas capaces de rendir una excelente rentabilidad social a la comunidad.
            No, no me he vuelto loco, solo trato de construir una imagen que se parezca a lo que reflejaría un espejo puesto delante de quienes defienden que la calidad de los derechos humanos debe ir en consonancia con tu tamaño corporal  y con tu posibilidad de respirar por los pulmones, y, además, que tendrás más o menos derechos en razón de la nota que seas capaz de obtener luego de que alguien te aplique los criterios (muy democráticamente elegidos) que deciden si tu vida vale, o no, la pena ser vivida.
            El ser humano se ha demostrado capaz de manipular, trastocar, alterar y hasta eliminar la vida. Lo único que no puede ni podrá es crearla. Si no es el hacedor de la vida no le es lícito mancillarla, ni degradarla, ni eliminarla por muy elevados y generosos que sean los fines.
            La vida no la dan los padres porque no poseen poder sobre la misma, solo transmiten lo que  a su vez ellos recibieron por transmisión. Como una vela encendida que puede pasar “la llama” a otras velas pero puede encenderse a sí misma. Es soporte y transmisora (no autora) de su llama. 
            Terminamos con unas palabras de Fernando Pascual
“La humanidad se encuentra ante un debate de enorme importancia. La defensa de los embriones humanos o su minusvaloración enfrenta dos modos de ver la vida y la muerte, la ciencia y la política, los derechos humanos y la protección que merecen los más débiles. Ya se ha cometido una enorme injusticia con la difusión del aborto. El desprecio hacia los embriones se coloca bajo la misma perspectiva de quienes consideran a algunos seres humanos como menos importantes que otros.
La defensa de los embriones y, consecuentemente, la lucha por erradicar la injusticia del aborto, son un reto para los hombres de buena voluntad. Esto implicará, desde luego, que algunos científicos no puedan llevar a cabo todos los experimentos que tienen en agenda. Prohibirles investigaciones que conllevan destruir seres humanos no es limitar injustamente su libertad.
Es, simplemente, indicarles el camino de una ciencia verdaderamente ética: la que orienta el uso de su saber y del dinero que reciben  de la sociedad para defender cualquier vida humana, no para destruir algunas vidas consideradas como “menos humanas”, aunque sea para el beneficio de otras vidas humanas consideradas como superiores.
De este modo sus descubrimientos se basarán en el respeto a los más débiles, y podrán construir una ciencia que esté, realmente, al servicio de todos los hombres, sin exclusiones ni discriminaciones de ningún tipo.”

Para saber más: 
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Investigación con embriones II – Riesgos morales de la investigación con células madre embrionarias


          Los riesgos morales de la investigación en células madre embrionarias son numerosos y no es posible predecirlos con cierta precisión, pues todavía no conocemos qué usos predominarán en la manipulación de células estaminales, pero más allá de las posibilidades que se presenten en el futuro, por lo menos detectamos hoy tres problemas morales importantes:
No reconocer al embrión como ser humano y negarle el derecho a la vida
          Un buen número de científicos justifica la producción y destrucción de embriones humanos para obtención de células estaminales. Con una clara una mentalidad utilitarista se relativiza y reduce el valor del embrión como persona humana que puede ser sacrificado ante la posibilidad, real o hipotética, de que con ello se curarían ciertas enfermedades.
          Otros científicos justifican su forma de pensar y actuar afirmando, directamente, que no consideran al embrión un ser humano. Para ello trastocan la definición del inicio de la vida humana. Niegan que ese inicio sea en la concepción o fecundación relegándolo  a unos 7 días más tarde, cuando ocurre la implantación en el útero materno. Con ello, eluden cualquier problema ético en el hecho de producir embriones en el laboratorio y experimentar con ellos o extraerles las células estaminales antes de implantarlos, puesto que "no serían todavía seres humanos".
          Estos grupos de interés obtienen de esta forma la "libertad" de manipular al embrión y justificar de paso el uso de métodos abortivos del tipo de los que impiden la implantación del bebé.
          Los médicos y científicos, hasta antes de que el aborto entrara en debate en Estados Unidos y en el resto del mundo, teníamos una convicción unánime acerca del momento en que se inicia la vida gracias a los descubrimientos de la ciencia moderna.

Se promociona la clonación de embriones humanos para obtención de células madre
          De difundirse la producción "en cadena" de embriones humanos para obtener células estaminales se pasaría a considerar la clonación como la herramienta más eficaz para este fin.
          De un embrión humano de cuatro células ("totipotenciales") podríamos obtener hasta cuatro seres humanos semejantes dividiendo artificialmente dichas células,  o mediante una clonación generar un nuevo ser que tiene todas las propiedades para desarrollarse en un embrión humano (como en el caso de la "oveja Dolly").
          Todo un sistema de "producción en cadena" y la obtención de la cantidad adecuada de embriones humanos para satisfacer la oferta y la demanda que estos experimentos requerirían sin necesidad de estar buscando mujeres "donantes" de óvulos.
          El debate está aún abierto y, debemos ser enérgicos y firmes en la defensa de la vida del embrión, para contrarrestar que, con diversas excusas y falaces explicaciones, se siga tratando de destruirlo.
          La clonación humana es moralmente rechazable porque supone una lógica de "producción industrial". Y además: por la instrumentalizar a la mujer convirtiéndola en "prestadora" o "proveedora" de óvulos; por pervertir las relaciones naturales de paternidad, maternidad, filiación y consanguinidad. También resulta moralmente grave el hecho de que el "productor", el "vendedor" o el "comprador" de los embriones dispongan sobre la vida de un ser humano como si de una propiedad se tratara, sin respetar su dignidad.

Favorece el utilitarismo, la eugenesia y comercialización de seres humanos
          El hecho de que miles de seres humanos sean destruidos en aras de la investigación científica, aun cuando se tenga el más noble propósito, deshumaniza nuestra cultura y rebaja la dignidad del ser humano a un nivel netamente utilitario.
          La posibilidad de crear libremente embriones con estos fines favorece el paso a la selección de los embriones que se consideren más apropiados para los fines de sus creadores, mientras que los no apropiados se descartan (sacrifican) aludiendo razones: eugenésicas, económicas o psicológicas.  Se incentiva el racismo, ya que, lamentablemente, no todas las razas son igualmente bienvenidas, y se pone la valoración de la vida humana en el código genético o en la función que pueda desempeñar, como por ejemplo el ser fuente de células estaminales.
          Por otro lado, el hecho de producir embriones humanos para este fin y que sean "propiedad" de científicos o corporaciones y se puedan comercializar, así sea con fines científicos o "humanitarios", constituye una falta gravísima contra la dignidad de la persona humana.
          Mientras la humanidad parece estar avanzando cuando se aleja de lacras como el racismo y la esclavitud, da un profundo paso atrás al negarle al embrión humano el derecho a continuar viviendo y al disponer de su cuerpo a voluntad de sus creadores o de quienes financian el proceso.
Extractado de

Para saber más: 

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Investigación con embriones I – Células madre, definición, tipos y usos


          En estas páginas venimos apoyando la Iniciativa Ciudadana Europea “Uno de Nosotros” desde su presentación en España el pasado 18 de enero.
          En esta ICE se pide a los legisladores de la Unión Europea la inclusión de un nuevo principio presupuestario de coherencia en la UE, por el cual “ningún proyecto de presupuesto podrá ser aprobado para la financiación de actividades que destruyan embriones humanos o que presupongan tal destrucción”.
          Y a los ciudadanos les pedimos que con su firma (a España le corresponde recoger al menos 40.500) avalen y apoyen la Iniciativa de forma que si se consiguen las adhesiones necesarias (Un millón en los 25 países) pueda ser discutida y eventualmente aprobada en el Parlamento europeo.
          Desde el enlace que tienes a la derecha en esta misma página, puedes pinchar y firmar, pero de todas formas el próximo día 7 de abril, estaremos en la calle facilitandoselo a aquellos de nuestros paisanos que quieran apoyar la Iniciativa con su firma en papel.
          Tenemos que sopesar desde nuestra propia y particular conciencia de seres humanos cuanto nos jugamos en este envite. A ello pretendo ayudar con tres “entregas” donde intentaré aclarar “de que estamos hablando”, enseñaros la “cara” de las células madre (que son, para que sirven como se consiguen), asomaros a las implicaciones ético/morales que se plantean en relación al manejo que de esta investigación se está haciendo, y finalmente a modo de conclusión os ofrezco un cuento/ficción que quiere poner a los defensores de la investigación con embriones delante de sus propias vergüenzas.

 Células madre
          Las células madre son células que se caracterizan por ser capaces de replicarse (renovarse por sí mismas para producir más células madre) o bien diferenciarse hacia células más especializadas.
          En razón a sus capacidades replicativas y/o de diferenciación, cabe distinguir tres tipos de células madre (stem):

  • Totipotentes: las que tienen el potencial de convertirse en cualquier célula del cuerpo humano e incluso la capacidad de desarrollarse generando al organismo completo. La primera y principal célula totipotente es el propio cigoto, pero también mantienen esta totipotencia las células resultantes de las primeras divisiones del cigoto hasta el tamaño de 16 células (en los primeros 3 o 4 días de vida).
  • Pluripotentes: son aquellas que pueden generar cualquier célula del organismo, pero no el organismo entero. Pueden ser embrionarias (la masa celular interna del blastocito) o adultas inducidas a partir de células somáticas (iPS).
  • Multipotentes: como las toti y pluripotentes mantienen su capacidad de autoreplicarse, pero la capacidad de diferenciación está limitada a algunos pero no a todos los tipos celulares. Se encuentran en algunos (o quizás en todos) tejidos de los organismos adultos, en la sangre del cordón umbilical, en el líquido amniótico y la placenta y en los órganos fetales.
En razón a la fuente de obtención podemos hablar de dos grandes grupos o tipos de células madre:
  1. Las células madre embrionarias, que constituyen la masa celular interna del blastocito y que también se encuentran en distintos órganos fetales.
  2. Las células madre adultas, que se encuentran en diversos tejidos de los organismos ya nacidos (que con un cierto abuso del lenguaje referimos como “adultas” ya que se trata propiamente de las no-embrionarias). En estos organismos “adultos”, las células madre Funcionan “a manera de” sistema de reparador de los tejidos del órgano que las aloja.
          Las células madre embrionarias o fetales se obtienen, generalmente, a partir de un embrión humano de cuatro o seis días de edad, en la fase de su desarrollo en la que se denomina blastocito.
          Los embriones utilizados, generalmente, proceden de los “sobrantes” no implantados de las FIV, o incluso generados directamente para obtener sus células.
          Tras la fecundación del óvulo por el espermatozoide se origina el nuevo ser, que en esta fase unicelular se denomina cigoto. El cigoto comienza una serie de divisiones, alcanzando tamaños de 2, 4, 8, 16 células, ... tras unos 4 a 6 días alcanza la fase de desarrollo en que se le conoce como blastocito. En el blastocito se diferencian dos masas celulares, la masa celular interna (embrioblasto) a partir de la que se desarrollan la totalidad de las estructuras orgánicas del nuevo ser, y una masa celular externa (trofoblasto) que formarán la placenta y otros órganos necesarios para sustentar el desarrollo fetal en el útero.
          En embrioblasto es lo que se convierte en “el objeto de deseo” de los investigadores por ser fuente de células madre embrionarias pluripotentes, es decir, células con potencial total de originar tejidos u órganos nuevos en el laboratorio que podrían ser implantados en pacientes y eventualmente curar enfermedades
          En el embarazo normal, la fase de blastocito continúa su desarrollo, tras implantarse (anidar) en el útero, hasta completar la organogénesis y  pasar a denominarse entonces feto (criatura) tendrá entonces unas 9 – 10 semanas de gestación.
          Para obtener las células madres embrionarias se extirpa  la masa celular interna del blastocito (que a consecuencia es destruido y muere) depositándola en una placa de cultivo que contiene nutrientes. Al carecer de la estimulación necesaria para diferenciarse, comienzan a dividirse y replicarse, manteniendo su capacidad de convertirse en cualquier tipo de célula del cuerpo humano. Posteriormente, estas células pluripotentes no diferenciadas, pueden ser estimuladas para que deriven hacia líneas celulares especializadas.
          Las células madre adultas, también conocidas como células madre somáticas, existen en todo el cuerpo tras del desarrollo embrionario (tanto en niños como en adultos) y se alojan dentro de los diferentes tipos de tejido. Células madre adultas se han localizado en el cerebro, la médula ósea, la sangre, los vasos sanguíneos, músculos, la piel y el hígado.
          Se cree que una célula madre adulta es una célula indiferenciada que se encuentra entre las células diferenciadas en un tejido u órgano que puede renovarse y pueden diferenciarse para producir todos o algunos de los principales tipos de células especializadas del tejido u órgano. La mayor parte del tiempo permanecen en un estado de reposo sin dividirse (quiescente o fase G Ø), activándose cuando se enferma o se lesiona el tejido en cuestión donde estaba alojada.
          En general se cree que las células madre adultas tienen limitada en su capacidad de regenerarse al tipo de célula constitutiva del tejido en el que se encuentran. Aunque, algunas evidencias sugieren que se pueden dividir y diferenciarse hacia otros tipos celulares.
          La principal función de las células madre adultas en un organismo es mantener y reparar el tejido en el que se encuentran. El origen de estas células en algunos tejidos maduros donde han sido localizadas es, todavía hoy, motivo de investigación.
          La investigación sobre células madre adultas ha generado una gran expectación. Se han encontrado células madre adultas en muchos más tejidos de los que inicialmente se pensó. Este hallazgo enfocó la investigación en línea a su posible utilización para trasplantes. En este sentido cabe destacar  las células madre de la médula ósea se han utilizado en trasplantes desde hace 45 años (el primero realizado con éxito fue en 1968) y desde hace unos 20 años se trasplanta con células madre hematopoyéticas obtenidas de la propia sangre de los pacientes de leucemias y linfomas. Los investigadores están centrados en intentar controlar en el laboratorio la diferenciación de las células madre adultas y que abriría las puertas a terapias reparativas basadas en el trasplante de tales células diferenciadas “ad hoc”.
          También dentro de las células madre adultas cabe destacar las llamadas iPS (Induced Pluripotent Stem cells) o células madre pluripotentes inducidas que datan de un primer experimento en ratones en el 2006 (Yamanaka) y en humanos en el año siguiente. Se obtienen a partir de células somáticas que se desprograman y posteriormente se reprograman para hacerlas indiferenciadas y pluripotentes. Estas células comparten con su partner las células pluripotentes embrionarias  unas mismas capacidades de proliferación y de diferenciación, y también unas mismas debilidades como su tendencia a generar tumores cancerosos y su ausencia de aplicación clínica en la actualidad. Por otra parte, las iPS resultan esperanzadoras ya que ―frente a las embrionarias― no producen rechazo inmunológico, generan modelos patológicos sobre los que investigar a partir de células del paciente, y ahuyentan los problemas éticos al no precisar de matar embriones.


 

 

El embrión humano multidimensional


He dado, por casualidad, con una página que podría calificarse de joya por lo interesante y didáctica que puede resultar. En palabras de los autores está destinada a estudiantes, investigadores, médicos y público en general interesados ​​en el estudio y la enseñanza del desarrollo humano.
A pesar de la posible incomodidad que pudiera derivarse de que está en inglés, las imágenes son tan elocuentes que animo a no privarse de disfrutarlas.
Un total de 23 etapas de desarrollo están representadas en la imagen principal por las respectivas ilustraciones de embriones representativos de ese estadio. Cuando se clickasobre cada uno de los embriones se accede a la galería de imágenes de esa determinada etapa.
Os traigo aquí, la página de “inicio”, traducida para animaros
 







             

El embrión humano multidimensional es una colaboración financiada por el Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano (NICHD) para producir y poner a disposición a través de Internet una imagen de referencia tridimensional del embrión humano basado en imágenes de resonancia magnética. La colección de imágenes está diseñada para servir a estudiantes, investigadores, médicos y público en general interesados ​​en el estudio y la enseñanza del desarrollo humano.
Ver fotos, animaciones e imágenes MRI seleccionando cada uno de los embriones - Abajo

    
Etapas del desarrollo orgánico (Carnegie) son un sistema utilizado por embriólogos para describir la madurez aparente de embriones. A un embrión se le asigna una etapa Carnegie (numeradas de 1 a 23) en función de sus características externas. Este sistema de clasificación no es dependiente de la edad cronológica ni el tamaño del embrión. Las etapas son, en cierto sentido, los niveles arbitrarios de madurez basados ​​en múltiples características físicas. Embriones que podrían tener diferentes edades o tamaños pueden ser asignados a la misma etapa Carnegie en base a su aspecto externo a causa de la natural variación que ocurre entre los individuos.
La edad postovulatoria es utilizada por los médicos, con frecuencia, para describir la madurez de un embrión. Hace referencia a la cantidad de tiempo desde la última ovulación antes del embarazo. La edad postovulatoria es una buena indicación de la edad embrionaria debido a que el tiempo de la ovulación puede ser determinado y fertilización debe producirse próxima al tiempo de la ovulación. Los términos "gestación", "embarazo" y "concepción" acostumbran a evitase para describir la edad embrionaria ya que la fertilización no es universalmente aceptado como el inicio de un desarrollo (algunos consideran que la implantación como el inicio del desarrollo).
© 2009 Bradley R. Smith



Preguntas frecuentes …..

Iniciativa Ciudadana Europea “One of us”

Os traemos hoy una serie de preguntas y respuestas que nos pueden ayudar a conocer, comprender, apoyar, difundir y, por supuesto, a adherirnos con nuestra firma.
Desde aquí os venimos animando a participar en algo verdaderamente novedoso y muy muy pero que muy grande porque conseguiremos estar implicados los 27 Estados miembros. Y nada menos que por defender la vida, la dignidad y la integridad del ser humano independientemente de la etapa del su desarrollo en que se encuentre.

¿Qué es?
¿Quién está detrás?
¿Por qué ahora?
¿Cuántas firmas se necesitan?
¿Por qué firmar?
¿Dónde me informo?
¿Dónde firmar?
¿Cuál sería el mejor resultado posible de esta ICE?
La Comunidad Europea no está obligada a cambiar la ley tal como pide "One of Us". ¿Qué probabilidad hay de que vayan a cambiar la ley?
¿Qué es?
El Tratado de Lisboa (Firmado en Lisboa el 13 de diciembre de 2007 y en vigor desde el 1 de diciembre de 2009) habilitó un cauce por el que los ciudadanos pudieramos instar a la Comisión Europea para que propongan leyes, siempre y cuando estén dentro de su competencia: que se denomina Iniciativa Ciudadana Europea (ICE).
La ICE es una invitación para que la Comisión Europea proponga un texto legislativo en alguno de los ámbitos de su competencia.
En concreto … “One of us” registrada con fecha 11/05/2012.
Busca (Objeto) La protección jurídica de la dignidad, del derecho a la vida y de la integridad de todo ser humano desde la concepción, en los ámbitos de competencia de la UE dónde dicha protección resultara significativa.
Como objetivos principales se plantea:
El embrión humano merece respeto a su dignidad e integridad. En el contexto de lo afirmado en la sentencia TJUE en el caso de Brüstle vs Greenpeace, en la cual se define al embrión humano como el principio del desarrollo del ser humano.
Y para asegurar la coherencia en las áreas de su competencia, en las cuales está en juego la vida del embrión humano, la UE debe establecer una prohibición y poner fin a la financiación de actividades que suponen la destrucción de embriones humanos, en particular en los ámbitos de investigación, ayuda al desarrollo y salud pública.
¿Quién está detrás?
"One of Us" se construye sobre un amplio apoyo: las iglesias, los políticos, los diputados y dirigentes de la sociedad civil se han comprometido a apoyar la iniciativa de diversas maneras. Junto al comité responsable, compuesto de 7 ciudadanos de diferentes países (Francia, Italia, Alemania, España, Reino Unido, Hungría y Polonia), una oficina de coordinación central está dirigiendo la campaña de la iniciativa.
En el acto de presentación en Madrid [18 enero 2013] estuvo presente la representante española en el Comité de Ciudadanos, Alicia Latorre, presidenta de la Federación Española de Asociaciones Provida, así como representantes de las organizaciones impulsoras de la Iniciativa en España: Fundación Valores y Sociedad, Foro Español de la Familia, HazteOír, Fundación RedMadre, Derecho a Vivir, S.O.S. Familia, CideVida y Fundación Tepeyac.
¿Por qué ahora?
Según Alicia Latorre, de la Federación Española de Asociaciones Provida y miembro del Comité de Ciudadanos, «no hay ahora mismo otra Iniciativa Legislativa Popular (ILP) más urgente».
Por el tema que aborda: la defensa de la vida humana.
«Además, está promovida por un comité de ciudadanos internacionales. Al principio fuimos 7 países, ahora somos 25, y pronto seremos la totalidad de la UE.
Y porque es la primera vez que la firma, además de en papel, podrá hacerse de manera digital, de forma que cualquier ciudadano europeo, aunque no esté en su país, puede dejar patente su apoyo».

¿Cuántas firmas se necesitan?
Debe ser respaldada con al menos un millón de ciudadanos de la Unión Europea, de al menos 7 de los 27 estados miembros, con un mínimo fijado en función del número de eurodiputados que corresponda a cada uno y multiplicados por 750. En España, por ejemplo, deberán recogerse al menos 40.500 firmas.
El plazo de recogida de las firmas termina el 1 de noviembre.
¿Por qué firmar?
Entre otros motivos porque:
· Se centra en la defensa del más vulnerable, como es el caso del no nacido.
· La manipulación de embriones genera complicaciones éticas que son muy difíciles de solucionar.
· La actual situación económica requiere una gestión eficaz de la financiación de proyectos, y la manipulación de embriones no puede ser una prioridad.
· Ante una Europa envejecida, y lo más urgente sería impulsar la natalidad.
· Por el gran potencial político que supone ocuparse de la protección de la dignidad de la persona y de la vida desde la concepción a escala europea.
· Porque si la apoyan 1 millón de ciudadanos o más, podría establecerse a través de Europa una norma ética concreta en relación al respeto de la dignidad de cada miembro de la familia humana, sin importar lo joven que sea.
El resultado buscado, de la iniciativa, es:
· Que no quepan las políticas destructoras de vida en el presupuesto comunitario.
· Un cambio político y una mayor conciencia de la necesidad de respetar el deseo de tantos ciudadanos europeos.
· Que influya positivamente a la jurisdicción del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, donde muchos casos bioéticos están largamente pendientes.

¿Dónde me informo?
Del Registro de la Iniciativa “Uno de nosotros” en la Comisión Europea: http://ec.europa.eu/citizens-initiative/public/initiatives/ongoing/details/2012/000005?lg=es
Página web oficial de la Iniciativa: www.oneofus.eu
Versión española: www.unodenosotros.eu
Redes sociales:
Twitter: @unodenosotros1
¿Dónde firmar?
En web oficial de la Iniciativa: www.oneofus.eu (o versión española www.unodenosotros.eu)
Sitio al que te lleva el gadget con el icono de la iniciativa que ves a la derecha en este blog (clik sobre la imagen).
¿Cuál sería el mejor resultado posible de esta ICE?
Que se modifique la Regulación de las Financiaciones en el sentido de lo propuesto.
Que se cree un nuevo gran movimiento pro-vida de dimensión europea.
Que los políticos tomen conciencia de que el derecho a la vida es una preocupación compartida por muchos votantes, y que ha de ser tenida en cuenta.
La Comunidad Europea no está obligada a cambiar la ley tal como pide "One of Us". ¿Qué probabilidad hay de que vayan a cambiar la ley?
La ICE no es diferente de las iniciativas populares a nivel nacional, es decir, no hay ninguna garantía de que la ley cambiará si la iniciativa tiene éxito.
Sin embargo, un éxito de la Iniciativa Ciudadana crea una presión política considerable, especialmente si “los contrarios” no son capaces de movilizar un apoyo popular similar.
Con respecto a la iniciativa ciudadana "One of Us", cabe señalar que:
Pocos investigadores, en muy pocos países, se beneficiarían de forma efectiva de la financiación de la UE para la controvertida investigación con células madre.
Es poco probable que la financiación del aborto en terceros países realmente tenga un gran apoyo en la opinión pública. Las políticas que rechazamos parecen ser promovidos por organizaciones como "Planned Parenthood" y "Marie Stopes", que tienen un excesivo acceso a los centros de poder y de decisión de la UE, pero escaso apoyo en la opinión pública, y trabajan para que este asunto no sea objeto de un debate público.
La ICE es un nuevo instrumento, que ha sido anunciada como la introducción de una nueva era de democracia participativa en la UE. "One of Us" es uno de las primeras (la tercera) presentadas, y tiene buenas posibilidades de ser la primera que llegue con más de 1 millón de firmas.
Si la UE decide no cambiar la ley tal como se propone, el precio a pagar en términos de credibilidad puede ser bastante alto.


Francisco José Contreras Peláez, Catedrático de filosofía del Derecho, reflexiona sobre la importancia de la iniciativa “Uno de nosotros”


Uno de nosotros
Actualizado 25 enero 2013

La justicia poética ha hecho coincidir el lanzamiento la semana pasada de la Iniciativa Legislativa Popular Europea “Uno de nosotros” –cuyo objetivo es “conseguir de la UE el compromiso de no consentir ni financiar acciones que impliquen la destrucción de embriones humanos”- con el cuadragésimo aniversario de la sentencia “Roe v. Wade” del Tribunal Supremo de EEUU, que, en combinacíon con "Doe v. Bolton", impuso la legalidad del aborto en cualquier circunstancia en los dos primeros trimestres de embarazo. Fue la señal de partida para una oleada despenalizadora que se extendió rápidamente a casi todo Occidente: Francia (1974), Italia (1978), España (1985), etc.
La evolución de los debates ha sido divergente, sin embargo, en EEUU y Europa.
En EEUU, “Roe” suscitó una encendida “guerra cultural” que no ha cesado desde entonces. El movimiento pro-vida americano, pese a enfrentarse al casi insalvable muro legal de “Roe v. Wade” (sólo reversible mediante una nueva decisión del Tribunal Supremo, que hasta ahora no se ha producido), no se ha dado por vencido: sigue congregando a cientos de miles de personas en concentraciones, atrae a los jóvenes, presiona a la clase política… y está ganando la batalla de la opinión pública (aunque los medios de comunicación, como en Europa, son hostiles a él): el porcentaje de personas que se definen como pro-vida en las encuestas subió desde el 33% al 50% entre 1995 y 2012, en tanto que los pro-elección descendían desde el 56% al 41%. Un 45% de las manifestaciones callejeras que tuvieron lugar en EEUU en 2012 estuvieron relacionadas con el aborto (y tres cuartos de ellas eran de signo pro-vida).
Un artículo reciente de la líder abortista Frances Kissling reconocía que el bando pro-elección está viejo, anquilosado en sus argumentos y amenazado por los avances tecnológicos que hacen cada vez más transparente el seno materno.
Europa ofrece un panorama muy diferente. España es una excepción, pues el caso Morín (2006) y la ley Aído (2010) suscitaron una vigorosa movilización popular de respuesta, incomprensiblemente desatendida hasta ahora por el gobierno Rajoy. Pero en muchos países europeos el aborto es un tema cerrado: el movimiento pro-vida casi ha desaparecido; la minoría anti-aborto está resignada a la regulación permisiva.
De ahí la importancia de la iniciativa “Uno de nosotros”. Impulsada por europarlamentarios como Jaime Mayor Oreja o Carlo Casini, busca reabrir el debate sobre el derecho a la vida del no nacido a nivel continental. Aprovecha el resquicio jurídico abierto por la sentencia “Brüstle v. Greenpeace” (2011) del Tribunal Europeo de Justicia, que estableció que, según el Derecho comunitario, no pueden ser patentados métodos biotecnológicos que impliquen la destrucción de embriones humanos. La iniciativa extrae el principio subyacente –el embrión merece protección jurídica- y desarrolla sus consecuencias lógicas: si la UE no quiere incurrir en incongruencia, debe extender el principio de protección del nasciturus a todos los ámbitos en los que tiene competencia: la salud pública, la financiación de la investigación, la cooperación al desarrollo… Se trata de que no puedan ser financiadas con fondos europeos políticas sanitarias que fomenten el aborto, investigaciones científicas y técnicas reproductivas que impliquen la destrucción de embriones, etc.
Los maximalistas se apresurarán a poner pegas: el objetivo es demasiado modesto; ¿por qué no plantear frontalmente la re-penalización del aborto? La respuesta es que la UE no posee competencias en materia penal: la iniciativa aprovecha los flancos competenciales accesibles a las instituciones europeas. De lo que se trata es de relanzar el debate sobre los derechos del no nacido en países donde éste prácticamente se había extinguido. Si se consiguiera la prohibición de financiar experimentos que impliquen la destrucción de embriones, los países que permiten el aborto quedarían enfrentados a la paradoja: ¿protegemos a los embriones frente a los experimentos científicos, y no frente a sus propias madres? ¿Por qué? Si la vida del no nacido es un bien digno de protección, lo es frente a cualquier agente, en cualquier contexto.
Es preciso situar al abortismo frente a sus contradicciones. En Illinois, la mujer embarazada que fuma o se droga puede ser multada. Sin embargo, esa misma mujer puede abortar libremente hasta los seis meses: tiene derecho a matar a su hijo, pero no a dañarlo con sustancias tóxicas. Cada vez se editan más libros sobre la vida prenatal, que permiten a los padres seguir las etapas del embarazo, imaginar qué aspecto tiene su retoño; se venden estetoscopios para oír el corazón fetal, etc. Pero ese mismo feto cuyo desarrollo merece tanta atención puede ser aniquilado en virtud de un cambio de humor de su progenitora que arroje sobre él el estigma de “no deseado”. Y hay cirujanos especializados en intervenciones intrauterinas, como Joseph Bruner, que, o bien operan al feto de espina bífida, o lo matan, según elija la madre. Si se consigue prohibir la financiación de las investigaciones que destruyen embriones, el abortismo habrá sido atrapado en una contradicción más. De esas que repugnan a la inteligencia.
Para prosperar, “Uno de nosotros” necesita conseguir un total de un millón de firmas, con porcentajes por países en función de su población. Las organizaciones pro-vida de diversas naciones tendrán que cooperar. En Bruselas preocupa el déficit democrático de las instituciones comunitarias, y la escasa identificación emocional de los europeos con ellas: falta una “conciencia nacional” europea. “Uno de nosotros”puede paliar ese déficit, y generar conciencia europea, con la causa más noble de nuestro tiempo. La presentaremos en Sevilla el 4 de febrero, a las 19.30, en la Fundación Valentín de Madariaga (antiguo consulado de EEUU, frente a Parque de María Luisa).
© Abc



 

Francisco José Contreras Peláez, Catedrático de filosofía del Derecho, reflexiona sobre la importancia de la iniciativa “Uno de nosotros”


Uno de nosotros
Actualizado 25 enero 2013

La justicia poética ha hecho coincidir el lanzamiento la semana pasada de la Iniciativa Legislativa Popular Europea “Uno de nosotros” –cuyo objetivo es “conseguir de la UE el compromiso de no consentir ni financiar acciones que impliquen la destrucción de embriones humanos”- con el cuadragésimo aniversario de la sentencia “Roe v. Wade” del Tribunal Supremo de EEUU, que, en combinacíon con "Doe v. Bolton", impuso la legalidad del aborto en cualquier circunstancia en los dos primeros trimestres de embarazo. Fue la señal de partida para una oleada despenalizadora que se extendió rápidamente a casi todo Occidente: Francia (1974), Italia (1978), España (1985), etc.
La evolución de los debates ha sido divergente, sin embargo, en EEUU y Europa.
En EEUU, “Roe” suscitó una encendida “guerra cultural” que no ha cesado desde entonces. El movimiento pro-vida americano, pese a enfrentarse al casi insalvable muro legal de “Roe v. Wade” (sólo reversible mediante una nueva decisión del Tribunal Supremo, que hasta ahora no se ha producido), no se ha dado por vencido: sigue congregando a cientos de miles de personas en concentraciones, atrae a los jóvenes, presiona a la clase política… y está ganando la batalla de la opinión pública (aunque los medios de comunicación, como en Europa, son hostiles a él): el porcentaje de personas que se definen como pro-vida en las encuestas subió desde el 33% al 50% entre 1995 y 2012, en tanto que los pro-elección descendían desde el 56% al 41%. Un 45% de las manifestaciones callejeras que tuvieron lugar en EEUU en 2012 estuvieron relacionadas con el aborto (y tres cuartos de ellas eran de signo pro-vida).
Un artículo reciente de la líder abortista Frances Kissling reconocía que el bando pro-elección está viejo, anquilosado en sus argumentos y amenazado por los avances tecnológicos que hacen cada vez más transparente el seno materno.
Europa ofrece un panorama muy diferente. España es una excepción, pues el caso Morín (2006) y la ley Aído (2010) suscitaron una vigorosa movilización popular de respuesta, incomprensiblemente desatendida hasta ahora por el gobierno Rajoy. Pero en muchos países europeos el aborto es un tema cerrado: el movimiento pro-vida casi ha desaparecido; la minoría anti-aborto está resignada a la regulación permisiva.
De ahí la importancia de la iniciativa “Uno de nosotros”. Impulsada por europarlamentarios como Jaime Mayor Oreja o Carlo Casini, busca reabrir el debate sobre el derecho a la vida del no nacido a nivel continental. Aprovecha el resquicio jurídico abierto por la sentencia “Brüstle v. Greenpeace” (2011) del Tribunal Europeo de Justicia, que estableció que, según el Derecho comunitario, no pueden ser patentados métodos biotecnológicos que impliquen la destrucción de embriones humanos. La iniciativa extrae el principio subyacente –el embrión merece protección jurídica- y desarrolla sus consecuencias lógicas: si la UE no quiere incurrir en incongruencia, debe extender el principio de protección del nasciturus a todos los ámbitos en los que tiene competencia: la salud pública, la financiación de la investigación, la cooperación al desarrollo… Se trata de que no puedan ser financiadas con fondos europeos políticas sanitarias que fomenten el aborto, investigaciones científicas y técnicas reproductivas que impliquen la destrucción de embriones, etc.
Los maximalistas se apresurarán a poner pegas: el objetivo es demasiado modesto; ¿por qué no plantear frontalmente la re-penalización del aborto? La respuesta es que la UE no posee competencias en materia penal: la iniciativa aprovecha los flancos competenciales accesibles a las instituciones europeas. De lo que se trata es de relanzar el debate sobre los derechos del no nacido en países donde éste prácticamente se había extinguido. Si se consiguiera la prohibición de financiar experimentos que impliquen la destrucción de embriones, los países que permiten el aborto quedarían enfrentados a la paradoja: ¿protegemos a los embriones frente a los experimentos científicos, y no frente a sus propias madres? ¿Por qué? Si la vida del no nacido es un bien digno de protección, lo es frente a cualquier agente, en cualquier contexto.
Es preciso situar al abortismo frente a sus contradicciones. En Illinois, la mujer embarazada que fuma o se droga puede ser multada. Sin embargo, esa misma mujer puede abortar libremente hasta los seis meses: tiene derecho a matar a su hijo, pero no a dañarlo con sustancias tóxicas. Cada vez se editan más libros sobre la vida prenatal, que permiten a los padres seguir las etapas del embarazo, imaginar qué aspecto tiene su retoño; se venden estetoscopios para oír el corazón fetal, etc. Pero ese mismo feto cuyo desarrollo merece tanta atención puede ser aniquilado en virtud de un cambio de humor de su progenitora que arroje sobre él el estigma de “no deseado”. Y hay cirujanos especializados en intervenciones intrauterinas, como Joseph Bruner, que, o bien operan al feto de espina bífida, o lo matan, según elija la madre. Si se consigue prohibir la financiación de las investigaciones que destruyen embriones, el abortismo habrá sido atrapado en una contradicción más. De esas que repugnan a la inteligencia.
Para prosperar, “Uno de nosotros” necesita conseguir un total de un millón de firmas, con porcentajes por países en función de su población. Las organizaciones pro-vida de diversas naciones tendrán que cooperar. En Bruselas preocupa el déficit democrático de las instituciones comunitarias, y la escasa identificación emocional de los europeos con ellas: falta una “conciencia nacional” europea. “Uno de nosotros”puede paliar ese déficit, y generar conciencia europea, con la causa más noble de nuestro tiempo. La presentaremos en Sevilla el 4 de febrero, a las 19.30, en la Fundación Valentín de Madariaga (antiguo consulado de EEUU, frente a Parque de María Luisa).
© Abc



 

Presentación de la Iniciativa Ciudadana Europea “One of us” en Sevilla

 
Mañana se hará en Sevillala presentación oficial de la Iniciativa Ciudadana Europea “One of us” (Uno de nosotros), que como sabéis  es una campaña europea que busca la prohibición de financiar con fondos de la UE actividades científicas o sanitarias que impliquen la destrucción de embriones humanos, porque realmente…   son uno de nosotros”.
Por eso os traigo desde el Blog de Santos Rull Segura un estupendo trabajo que os invitara a reflexionar sobre el embrión humano y, espero, a firmar y a animar a otros en el mismo sentido.
Embriones y dignidad humana

             Es una evidencia científica actualmente que la vida comienza en el momento de la fecundación. El cigoto (embrión unicelular) constituye una nueva realidad biológica, distinta a la de sus progenitores. El nuevo ser humano ha heredado 23 cromosomas del padre y otros 23 de la madre. Su identidad genética es única e irrepetible.
El cigoto es la primera realidad corporal de la vida humana, de cada individuo de nuestra especie. Es, como ha sido señalado por algún científico, “el punto exacto en el espacio y en el tiempo en que un individuo humano inicia su propio ciclo vital”.

             Como ha escrito el Profesor Jouve, catedrático de genética:” cada vida humana es una vida única, perteneciente a la especie Homo sapiens, sin saltos cualitativos desde la fecundación hasta la muerte, por lo que el embrión y el feto (las primeras etapas de la vida) son biológicamente comparables al recién nacido y al adulto. Se trata del mismo ser, la misma persona, de la que lo único que los diferencia es un factor temporal, que no debe convertirse en determinante para establecer diferentes categorías en un mismo individuo”.
Todos los científicos así como los manuales de embriología, genética... afirman de forma rotunda que el embrión es un individuo humano desde el momento de la fecundación.
             La célula es definida por la Biología Celular como unidad de vida. El cigoto humano (embrión unicelular) es, por ello, unidad de vida y en cuanto portador en su genoma de secuencias Alu (específicas de la especie humana) es vida humana. Pero esta afirmación (cierta para el cigoto) también se puede aplicar a cualquier otra célula del ser humano. Entonces … ¿qué hace al cigoto diferente a las otras células?. La diferencia radica en que el cigoto es una célula totipotente, así como los blastómeros del embrión temprano hasta que tiene 8/16 células(las demás células son pluripotentes o mutipotentes).
             El cigoto(célula totipotente) es la única que “contiene” en sí misma todas y cada una de las estructuras que constituyen al individuo de la especie humana. Si se permite su desarrollo se irán generando todas las estructuras que integran al individuo. A lo largo de dicho desarrollo no existe ningún cambio sustancial, ningún cambio cualitativo, ningún “antes y después”.
             El individuo que se generó tras la unión de los gametos se mantiene hasta su muerte, es siempre el mismo individuo que irá mostrando diferentes aspectos a lo largo de su vida, pero su genoma será siempre el mismo que se constituyó en la fecundación.
Frente al cigoto nos encontramos ante un individuo de la especie humana en estado unicelular. Todas las estructuras están “contenidas” en el cigoto y en él existe vida humana en acto (no en potencia, como argumentan algunos).
             El embrión no es un conglomerado indiferenciado de células sino algo que existe y obedece a un proyecto continuo de vida. Tras la primera división celular del cigoto se genera un embrión de dos células y cada una tiene ya un compromiso de diferenciación distinto(de una surgirá la placenta y de la otra las células madre y las otras capas embrionarias). Por tanto: desde la primera división celular existe un compromiso de diferenciación distinto. Se puede concluir, por tanto, que el embrión en sus primeras fases de desarrollo no es un grupo indiferenciado de células.
             Y una vez iniciada la vida humana, ésta posee un valor especial concretado en el reconocimiento de su “dignidad” (por estar dotada de unas características muy especiales que la diferencian y la elevan por encima de todos los demás seres de la naturaleza).
             El nuevo ser (fruto de la fecundación) es ya vida humana y, por ello, vida personal.
No se es persona por manifestar determinadas cualidades personales, sino que estas se manifestarán porque se es persona. Un error grave es asociar la existencia de vida humana personal con la manifestación de algunas de sus características. Cuando una persona duerme, está en coma o anestesiada … sigue siendo persona aunque no exprese sus facultades cognitivas.
Negar la condición de persona se ha utilizado para justificar aberraciones: esclavitud, eliminación de seres humanos (judíos…) y actualmente el aborto o la manipulación de embriones.
Dicho de otra manera: en los períodos iniciales de la vida puede no aparecer claro el elemento racional del vivir humano, que distingue a este de otros seres. Pero ser racional no consiste en manifestarse racionalmente sino en tener la capacidad racional, que puede o no manifestarse.
La racionalidad va aneja al hecho de ser un individuo de la especie humana. Por tanto, el único criterio válido para determinar si es digno de respeto consiste en averiguar si es un ser humano vivo (fácil de comprobar hoy).
Se puede afirmar, por todo ello, que el hombre es un ser especialmente digno de atención y respeto por ser racional...con independencia de su estado de desarrollo, capacidad intelectual, envejecimiento, salud o enfermedad.
             Por tanto y a modo de resumen: El embrión en la fase de cigoto es un ser humano porque: 1/ es un organismo nuevo, 2/ pertenece a la especie biológica humana, 3/ es un organismo programado y 4/ su crecimiento y desarrollo ocurre de modo coordinado, continuo y gradual.
Y … ¿cómo un individuo humano no sería una persona humana?. El ser humano “es” persona en virtud de su naturaleza racional. No “se convierte en” persona por la posesión de ciertas propiedades, del ejercicio efectivo de ciertas funciones. Lo importante para el reconocimiento del ser persona es la pertenencia (por naturaleza) a la especie humana racional, independientemente de la manifestación exterior de ciertas características. No se es “más o menos persona”.
Por tanto: la ciencia y la filosofía afirman que el embrión es un SER HUMANO y una PERSONA HUMANA (y de ahí su dignidad, que no admite ser destruido ni manipulado, como si sólo se tratara “de unas cuantas células”).

Fuente:

 

Brillante exposición del Profesor Jouvé haciéndonos fácil ver la repercusión de la sentencia del TDJE en la gestación de la iniciativa ciudadana


"Uno de Nosotros" responde a la sentencia del Tribunal de Justicia Europeo a favor de la vida humana

Nicolás Jouve (Catedrático de Genética de la Universidad de Alcalá – Presidente de CíViCa: Ciencia, Vida y Cultura)

El día 18 de octubre de 2011 la gran sala del Tribunal de Justicia Europeo con sede en Luxemburgo dictó la sentencia “Brüstle v. Greenpeace”, un dictamen de una gran trascendencia para la defensa de la vida. El Tribunal de Justicia Europeo es el máximo órgano encargado de interpretar el derecho en el ámbito de la Unión Europea y de garantizar que el derecho se aplique por igual en todos los países miembros, además de tratar de resolver los conflictos legales entre los gobiernos y las instituciones de la Unión Europea.

La sentencia del Tribunal de Justicia Europeo a que nos referimos respondió a una duda que le había cursado el Bundespatentgericht (Tribunal alemán federal de patentes), respecto a cómo había de interpretarse el artículo 6 de la Directiva 98/44/CE del Parlamento Europeo, relativa a la protección jurídica de las invenciones biotecnológicas. Todo se inició en Alemania cuando el 19 de Diciembre de 1997 un neuro-biotecnólogo, el Sr. Oliver Brüstle, registró una patente sobre un procedimiento de producción de células progenitoras neuronales aisladas y depuradas, obtenidas a partir de células madre[1] embrionarias. La finalidad de esta patente era la de utilizar las células depuradas para la terapia de afecciones neurológicas y en particular en pacientes afectados por la enfermedad de Parkinson.

Dicho trastorno neurológico puede abordarse mediante el trasplante de células madre inmaduras y dado que este tipo de células sólo existen en fase fetal durante el desarrollo del cerebro, las células desarrolladas con la patente del Dr. Brüstle supondrían un posible medio para sustituirlas. Tratan de evitar el recurso a tejidos cerebrales de fetos humanos, que obviamente plantea importantes problemas éticos sin ofrecer las garantías que se requieren para el tratamiento del Parkinson por terapia celular, además de no ser viable en un sistema sanitario público. Lo que el Sr. Brüstle desarrolló fue una patente para obtener las células restauradoras a partir de embriones humanos. De este modo, la patente tenía por objeto resolver el problema técnico de una producción de células progenitoras aisladas y depuradas en cantidad prácticamente ilimitada con propiedades neurológicas o gliales[2] a partir de las células madre embrionarias.

El litigio surgió precisamente por el hecho de tener que sacrificar embriones en el estado de blastocisto[3], fase del desarrollo embrionario al que se llega al 8º-9º día tras la fecundación. En este estadío del desarrollo, el embrión atesora en su interior, el llamado embrioblasto, las células madre pluripotenciales[4], que más adelante al proliferar y diferenciarse, darán lugar al desarrollo de todos los tipos de células y de tejidos del ser humano en desarrollo.
Greenpeace, denunció el hecho ante el Tribunal federal de patentes de Alemania, que actuó en el sentido de declarar la nulidad de la patente controvertida en la medida en que ésta se refiere a células derivadas de embriones humanos y a la vista de los procedimientos de producción. Hay que tener en cuenta que las leyes alemanas son muy claras respecto a la naturaleza humana del embrión desde la fecundación.
A raíz de la respuesta negativa por parte del tribunal alemán de patentes, el demandado recurrió esta resolución ante el Bundesgerichtshof (Tribunal Federal Superior), que decidió suspender el procedimiento y plantear al Tribunal de Justicia europeo una serie de cuestiones prejudiciales: ¿Qué debe entenderse por «embriones humanos»?; ¿Están comprendidos todos los estadios de desarrollo de la vida humana desde la fecundación del óvulo o deben cumplirse requisitos adicionales, como por ejemplo alcanzar un determinado estadio de desarrollo?; ¿Están comprendidos también los siguientes organismos: óvulos humanos no fecundados a los que ha sido trasplantado el núcleo de una célula humana madura; óvulos humanos no fecundados que han sido estimulados mediante partenogénesis para que se dividan y sigan desarrollándose?; ¿Están comprendidas también las células madre obtenidas a partir de embriones humanos en el estadio de blastocisto?; ¿Qué debe entenderse por “utilizaciones de embriones humanos con fines industriales o comerciales”?; ¿Entra en ese concepto toda explotación comercial en el sentido del artículo 6, de la Directiva, especialmente la utilización con fines de investigación científica?; ¿Está excluida de la patentabilidad, con arreglo al citado artículo, una información técnica también cuando la utilización de embriones humanos no constituye en sí la información técnica reivindicada con la patente, sino un requisito necesario para la aplicación de esa información: porque la patente se refiere a un producto cuya elaboración exige la previa destrucción de embriones humanos, o porque la patente se refiere a un procedimiento para el que es necesario dicho producto como materia prima?
Lo que pretendía el órgano jurisdiccional alemán era esencialmente que el Tribunal de Justicia Europeo determinase si las células madre embrionarias humanas que sirven de materia prima para los procedimientos patentados constituyen «embriones» en el sentido del artículo 6, de la directiva europea[5] y si los organismos a partir de los cuales pueden obtenerse las células madre embrionarias humanas constituyen «embriones humanos».

En su respuesta a todas las cuestiones planteadas, la sentencia es clara y contundente. El alto tribunal determina la exclusión de los embriones humanos como fuente de células madre para usos comerciales, industriales, patentes o investigación científica. Establece además que constituye un embrión humano, todo óvulo humano a partir del estadio de la fecundación. Recuerda que ya ha señalado en el artículo 5 de la Directiva la prohibición de que el cuerpo humano, en los diferentes estadios de su constitución y de su desarrollo, pueda constituir una invención patentable, así como el simple descubrimiento de uno de sus elementos, incluida la secuencia total o parcial de un gen. Califica de contrarios al orden público o a la moralidad -y, por tanto, de no patentables- los procedimientos de clonación de seres humanos, los procedimientos de modificación de la identidad genética germinal del ser humano y las utilizaciones de embriones humanos con fines industriales o comerciales.
De este modo deja claro que no han de concederse patentes por la utilización de embriones humanos para fines industriales o comerciales y que ha de sancionarse penalmente la fecundación artificial de óvulos con un fin distinto al de inducir el embarazo de la mujer de la que provienen, la venta de embriones humanos concebidos in vitro extraídos de una mujer antes del fin del proceso de nidación en el útero, o su cesión, adquisición o utilización con un fin distinto a su conservación, así como el desarrollo in vitrode embriones humanos con un fin distinto al de inducir un embarazo.
A destacar como una novedad de gran importancia es la inclusión en el artículo 38 de la sentencia de una definición del embrión: «como el óvulo humano fecundado y capaz de desarrollarse, desde la fusión de los núcleos, así como toda célula extraída de un embrión denominada«totipotencial», es decir, una célula que, reuniéndose las demás condiciones necesarias, es apta para dividirse y desarrollarse hasta formar un individuo»[6]. Además, la sentencia señala que «todo óvulo humano, a partir de la fecundación, deberá considerarse un «embrión humano» en el sentido y a los efectos de la aplicación del artículo 6 de la Directiva, habida cuenta de que «la fecundación puede iniciar el proceso de desarrollo de un ser humano». Pero dice más, al añadir, que: «también debe atribuirse esta calificación al óvulo humano no fecundado en el que se haya implantado el núcleo de una célula humana madura, y al óvulo humano no fecundado estimulado para dividirse y desarrollarse mediante partenogénesis».Aunque en puridad estos organismos no hayan sido objeto de fecundación, cabe considerar, tal como se desprende de las observaciones escritas presentadas ante el Tribunal de Justicia, que por efecto de la técnica utilizada para obtenerlos, son aptos para iniciar el proceso de desarrollo de un ser humano, de la misma manera que el embrión creado por fecundación de un óvulo.
Como consecuencia de todo lo anterior, la sentencia es concluyente al dictar «la exclusión de la patentabilidad en relación con la utilización de embriones humanos con fines industriales o comerciales» pero también «la utilización de embriones con fines de investigación científica, pudiendo únicamente ser objeto de patente la utilización con fines terapéuticos o de diagnóstico que se aplica al embrión y que le sea útil», es decir un bien para el propio embrión. Además, añade la sentencia que «el artículo 6 de la Directiva 98/44 excluye la patentabilidad de una invención cuando la información técnica objeto de la solicitud de patente requiera la destrucción previa de embriones humanos o su utilización como materia prima, sea cual fuere el estadio en el que éstos se utilicen y aunque la descripción de la información técnica reivindicada no mencione la utilización de embriones humanos».
La sentencia es coherente con el concepto de la vida humana y la definición de embrión que mantiene la legislación alemana y que sostiene la ciencia desde mucho antes de comenzar a utilizarse los embriones con fines de investigación. Este concepto y la falta de ética de la utilización de los embriones fue refrendado por un grupo de científicos en un escrito dirigido a la opinión pública y publicada en la prestigiosa revista Nature en julio de 2012: «El cigoto humano es la primera manifestación corporal de un ser humano y cualquier célula totipotente tiene la capacidad de convertirse en un ser humano completo. El desarrollo de la vida humana a través de las etapas embrionarias y fetales se considera un proceso en continuidad. Por lo tanto es cuestionable que las células extraídas de un cuerpo vivo humano a expensas de su destrucción pueden dar lugar a una invención patentable»[7]. En la misma línea, hace dos años el Dr. Angelo Vescovi, pionero de los trabajos con células madre no embrionarias con fines terapéuticos, escribía un artículo titulado «Detrás de la investigación con células madre embrionarias sólo hay una guerra de patentes» en el que decía lo siguiente: «A lo largo de los años, se han propuesto numerosas tesis y argumentaciones con el objetivo de saltarse este problema ético, pero no han tenido éxito. Desde la trivialización de la naturaleza del embrión, reducido de modo subrepticio a un «grumo de células» —prescindiendo de las evidencias científicas que apoyan el hecho de que constituye una de las distintas fases de la vida humana que se desarrollan en un continuum sin interrupciones— hasta el hecho de que no habría vías alternativas para el uso de las células madre embrionarias»[8].
Las decisiones del Tribunal de Justicia Europeo deben ser tenidas en cuenta por los países de la Unión Europea, que deben adecuar sus leyes a la doctrina dictada por el alto tribunal. A la vista de la sentencia del asunto C-34/10 se han de reformar al menos dos leyes españolas de reciente implantación: la Ley 14/2006 (BOE 27 de Mayo de 2006), de «Reproducción Humana Asistida»; y la Ley 14/2007 (BOE 4 de Julio de 2007) de «Investigación Biomédica», que quedan en evidente ilegitimidad jurídica. Por citar solo un par de aspectos estas leyes deben excluir de su texto la falsedad del concepto del«preembrión» y la tecnología del trasplante nuclear, que no es otra cosa que una técnica de clonación reproductiva. La sentencia del Tribunal Europeo de Justicia deja bien claro que el producto del trasplante nuclear es un embrión al incluirlo en su definición en el artículo 38, como: «todo óvulo humano no fecundado en el que se haya implantado el núcleo de una célula humana madura».Sin embargo, en la Ley de Investigación Biomédica se consagra de forma contradictoria la mal llamada «clonación terapéutica», al autorizar la«transferencia nuclear terapéutica». No cabe considerar el «trasplante nuclear»como algo distinto a la clonación. Son reformas necesarias y urgentes tal como reclama la iniciativa “Uno de Nosotros”.
En síntesis, esta iniciativa reclama la protección jurídica de los embriones humanos de acuerdo con la sentencia “Brüstle v. Greenpeace”(2011) del Tribunal Europeo de Justicia. Además, por coherencia se solicita la protección de la vida del nasciturus en todos sus ámbitos relacionados, la investigación, la salud pública, la cooperación al desarrollo y la financiación, con el fin de evitar la utilización de fondos públicos en políticas y proyectos de investigación que impliquen la destrucción de los embriones o el aborto.
 


[1] Célula troncal o célula madre (=stem cell). Se refiere de forma genérica a cualquier tipo de célula que tiene la capacidad de dividirse ilimitadamente y dar lugar a diferentes tipos de células especializadas.

[2] La glía está constituida por un conjunto de células provistas de largas prolongaciones ramificadas, que están situadas entre las células y fibras nerviosas, tanto en la sustancia gris como en la blanca. Suponen un soporte del tejido nervioso y su papel en la neurodegeneración es considerado importante en el inicio y progresión de la disfunción neuronal habitual en la enfermedad de Parkinson.

[3] Blastocisto (=blástula) Es el embrión cuando alcanza el estadio de implantación en el útero hacia el 8º-9º día después de la fecundación. En ese momento y tras una serie de divisiones celulares tiene la forma de una esfera hueca y cuenta con 60 a 200 células. En uno de los polos de la oquedad se encuentra el embrioblasto, una masa de células cuyas divisiones y posterior especialización darán lugar a todos los tejidos del organismo en desarrollo. Por esta propiedad se consideran «pluripotentes”» estas células de la masa interna del embrioblasto. La parte externa del blastocisto constituye el«trofoblasto», que dará lugar a las estructuras protectoras del embrión y posteriormente del feto en desarrollo.

[4] Las células pluripotenciales o pluripotentes son un tipo de células madre capaces de generar la mayoría de los tejidos.

[5] El artículo 6, apartado 2, de la Directiva 98/44 de la CE, no deja a los Estados miembros ningún margen de apreciación en lo que atañe a la no patentabilidad de los procedimientos y utilizaciones que en él se enumeran.

[6] Artículo 38. A la vista de las anteriores consideraciones, procede responder a la primera cuestión prejudicial de la siguiente manera: Constituye un «embrión humano» en el sentido del artículo 6, apartado 2, letra c), de la Directiva todo óvulo humano a partir del estadio de la fecundación, todo óvulo humano no fecundado en el que se haya implantado el núcleo de una célula humana madura y todo óvulo humano no fecundado estimulado para dividirse y desarrollarse mediante partenogénesis.

[7] Carta publicada en Nature el 15 de Julio de 2011, firmada por Nicolás Jouve y 14 científicos de 8 países diferentes: http://www.nature.com/nature/journal/v474/n7353/full/474579d.html#/comment-25241

[8] Angelo Vescovi, Investigador en el Hospital Niguarda, en la Universidad Bicocca (Milán) y del Banco de células madre cerebrales (Terni) fue pionero de las investigaciones con células madre. El 31 de Agosto de 2009 publicó en Osservatore Romano un artículo titulado «Detrás de la investigación con células madre embrionarias hay sólo una guerra de patentes».

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