Febrero
10
INFORME La “politica exterior” del gobierno catalán
Febrero 10, 2009 | 6 Comentarios

Hasta ahora el Gobierno no se ha pronunciado sobre la “política exterior” del nacionalismo catalán y ha instruido a los respectivos embajadores españoles a que asistan a los actos de apertura de cada delegación exterior de la Generalidad.
La “politica exterior” del gobierno catalán (I)
Elena Vila
Los gobiernos autonómicos catalanes siempre han estado interesados en proyectar a Cataluña en el mundo. Los sucesivos gobiernos de Jordi Pujol pusieron las semillas para una proyección en el extranjero con oficinas sectoriales – comercio y turismo principalmente.
Sin embargo, no fue hasta que el tripartito de izquierdas ocupó la Generalidad cuando esta “acción exterior” ha tomado un alto vuelo y una clara intencionalidad política. El actual impulsor de Cataluña en el mundo no es otro que el vicepresidente Josep-Lluís Carod-Rovira, quien, desde la Secretaría General de Asuntos Exteriores, se encuentra con las manos libres para diseñar un proyecto en sintonía con su independentismo.
La Secretaría General de Asuntos Exteriores es una de las 8 secretarías del Departamento de Vicepresidencia dirigido por Carod-Rovira. Toda la consejería funciona como un “Departamento de la Propaganda”, con subvenciones únicamente a todo lo que trate del catalán y la cultura catalana.
En relación a la acción exterior, Carod-Rovira, con la aprobación de José Montilla, ha entrado en una vorágine de gasto sin límites aparentes. Sólo en el año 2009, el Departamento de Asuntos Exteriores de la Generalidad costará a los ciudadanos 67 millones de euros.
En principio, las relaciones internacionales de las autonomías se centran en la cooperación exterior, o sea, las ayudas a países en vía de desarrollo, y en crear algunas oficinas sectoriales. La acción exterior del gobierno catalán también incluye estas partidas pero el grueso del presupuesto y del esfuerzo está abocado a la proyección de Cataluña en el extranjero.
Esta proyección tiene dos grandes áreas de actuación: la apertura de delegaciones exteriores con la idea de que funcionen como “embajadas catalanas” y el apoyo económico a cualquier entidad, asociación o grupo catalán o de descendientes de catalanes en el mundo. Todo ello orquestado por Carod-Rovira, quien ha calificado la acción exterior de la Generalidad como “transcendental”.
Son posiblemente las delegaciones exteriores la acción exterior más conocida. Actualmente hay cuatro, abiertas todas ellas en esta legislatura- en Berlín, París, Londres y, recientemente en Nueva York. A éstas se le suma la oficina en Bruselas frente a la UE, que fue creada en el 2004 por el entonces presidente Pasqual Maragall.
La apertura de estas delegaciones se basa en la creencia de que la Generalidad debe establecer relaciones bilaterales con países extranjeros independientemente de las relaciones que establezca el gobierno español. Es decir, se trata de que la Generalidad actúe como un Estado, con una red de oficinas en el exterior. A ello están dedicados los esfuerzos del vicepresidente y el dinero de los ciudadanos de Cataluña.
Carod-Rovira ha afirmado repetidamente que no piensa parar en su afán por extender el nacionalismo catalán en el mundo. A los pocos días de haber inaugurado la delegación de Nueva York, el gobierno catalán ya daba luz verde a la apertura de otra, esta vez en Buenos Aires. Además, se ha hablado ya de otra en México para abrir también en esta legislatura.
Por supuesto, el apoyo del nacionalismo catalán al vicepresidente en la proyección internacional de Cataluña es prácticamente unánime. Para su propio partido, ERC, es el sueño hecho realidad: que Cataluña disponga de una red exterior al margen del estado español.
Sin embargo, la Generalidad se resiste a hacer público el coste del alquiler de cada una de estas oficinas, todas ellas situadas en el mismo centro de cada capital. El pasado 21 de enero, durante la inauguración de la delegación de Nueva York en el caro y exclusivo Rockefeller Center, Carod se negó a contestar a un periodista de La Vanguardia que le preguntó por el coste de la oficina. El pasado 27 de enero, después de anunciar la aprobación de la apertura de la delegación de Buenos Aires, la portavoz del gobierno catalán también se negó a hacer público el gasto de estas oficinas.
Lo que sí que es público es el sueldo de los “embajadores”: 87,596 euros al año cada uno. Como no podía ser de otra manera, ninguno de ellos tiene un perfil tecnocrático o diplomático sino que su único mérito es formar parte del entramado nacionalista en Cataluña. No hay convocatoria pública; la elección del candidato la hace el vicepresidente directamente y después, el presidente Montilla la firma.
En París, Carod colocó a su hermano Apel.les. En Londres, a Xavier Solano, quien había trabajado para el Partido Nacionalista Escocés y escribió un libro con recetas escocesas para el independentismo catalán. En Berlín, a Martí Estruch, quien había sido jefe de redacción de una web nacionalista. Finalmente, Andrew Davis, el norteamericano elegido como representante en Nueva York, es un estudioso del nacionalismo que recibió una beca del gobierno catalán para hacer una tesis sobre Cataluña. Es conocida la amistad de Davis con Carod-Rovira y con el también dirigente de ERC, Josep Bargalló, a su vez presidente del Institut Ramón Llull y responsable de la concesión de la beca que recibió.
Tal y como aparecen en la página web del Departamento de la Vicepresidencia, la funciones de estas delegaciones son vagas e inconcretas. Más allá de “proyectar el gobierno catalán en el exterior” e “intensificar las relaciones bilaterales con gobiernos estatales y subestatales” y “consolidar la presencia de Cataluña en organismos multilaterales”, no se sabe muy bien qué hacen.
Parece ser que la acción concreta más importante de la delegación de París, según la web del propio departamento de la Vicepresidencia, fue la participación en el año 2008 de Cataluña en un stand de la Feria de Educación de París. Por su parte, la acción más importante de la delegación de Londres fue quejarse a la revista The Economist por el conocido reportaje sobre España en el que se critica al nacionalismo catalán.
La cobertura legal para la apertura de delegaciones exteriores y para las subvenciones a entidades culturales en el extranjero se encuentra en el Estatut de Cataluña en el capítulo III, donde se establece que la Generalidad debe “impulsar la proyección de Cataluña en el exterior y promover sus intereses en este ámbito”. Así, es el Estatut el que permite a Carod-Rovira repetir incansablemente que su actuación es perfectamente legal
Hasta ahora, el gobierno español no se ha pronunciado sobre todo este asunto. Lo que es más, ha instruido a los respectivos embajadores españoles a que asistan a los actos de apertura de cada delegación exterior de la Generalidad. Podemos concluir, pues, que al gobierno español le parece bien que el PSC y sus aliados dediquen cantidades astronómicas a acciones sin ninguna utilidad para los ciudadanos.
En Cataluña, sólo el PP y Ciutadans han mostrado su oposición al proyecto, pero están en minoría en el Parlamento. Por su parte, Carod cuenta con el poderoso apoyo de las élites nacionalistas y de los medios de comunicación en Cataluña, siempre dispuestos a cerrar filas cuando se trata de defender políticas identitarias. Ni siquiera la negativa del gobierno catalán a hacer público el coste de las delegaciones ha provocado la crítica de la prensa catalana.
No es difícil concluir, pues, que el vicepresidente tiene carta blanca para seguir extiendo su red “diplomática” por el mundo.
Comentarios
6 Comentarios
Son unos sinvergüenzas !!!!!!
Cualquiera que conozca el círculo político catalán, sabe que funciona como una “cosa nostra” y que las acciones de “Cataluña en el extranjero” no son otras que las de promoción de los negocios de los que sus miembros son gerentes. Siempre ha sido así, desde el siglo XIX, es una “Casta” muy especial
Vivo en Nueva York. Un piso super-pequeño de una sola habitación (studio apartment) no se alquila por menos de $2200 dólares al mes.
Esta es una ciudad carísima, con un estilo de vida prohibitivo.
El Rockefeller Center es uno de los rascacielos más antiguos, emblemáticos y exclusivos de la ciudad. En él se encuentra también la sede de la cadena de televisión NBC. Alquilar una oficina en el Rockefeller Center es un lujazo no apto para muchísimas empresas americanas, mucho menos para una estrafalaria e incomprensible “embajada” que no es ni oficial.
El precio medio de una oficina pequeñita en Rockefeller Center empieza por $6000 dólares al mes. De ahí para arriba (eso es el precio “pelao”, sin incluir gastos). Conociendo cómo despilfarran estos sinvergüenzas del tripartit, no me sorprendería que hasta hubiesen alquilado una suite de lujo. Total, si paga el contribuyente.
Bonito despilfarro innecesario y excéntrico que estan llevando a cabo los independentistas a costa del bolsillo de los españoles. Y además, en medio de la mayor recesión de nuestra historia.
Esto lo acabarán pagando los hijos y nietos de los españoles que no ponen el grito en el cielo por estos abusos, que son de juzgado de guardia.
Bueno Zapatero firmo el estatuto
No desdeniemos nada de esto (perdon, no tengo tildes en el teclado).
Ni desdeniemos el nombramiento de Laporta como asesor del tripartito.
Trabajo y vivo en Tokio. En una minuscula tienda de futbol que hay en la estacion de tren de Tokio se venden muchos articulos del equipo del Barcelona Club de Futbol, y con todos ellos el Barsa va haciendo patria. En catalan, etc.
Por si fuera poco, en la misma tienda, estaba a la venta una camiseta !de la seleccion de Euskadi!. El dependiente no supo decirme como habia llegado a Japon, ni a que cliente podia interesar…
Todos haciendo patria, mientras los demas tiramos piedras contra nuestro propio tejado.
Si no recuperamos el orgullo normal por lo espaniol, vamos a perder el terreno como lo hemos perdido en otros campos. Es hora de actuar y desvelar las mentiras de la Historia que difunden los nacionalistas que se demuestran bien peligrosas.
El desgobierno nacionalsocialísta catalán, sus desvaríos y delirios de grandeza y complejo de superioridad respecto a los demás españoles suponen un despilfarro insostenible al cual tiene el deber de correjir el Gobierno en consenso con la mayoría de la Oposición. El Rey también les debe llamar al Orden.