Archivo Dario de 11 noviembre 2010

V. Evans (8) Cap.6 Valoración Ética

 6.1     La Persona Humana 

 Si la trascendencia del hombre no es reconocida y respetada, si no es aceptado como una criatura dotada con valor absoluto, es fácilmente reducido a una mercancía. “El “mecanismo reduce al ser vivo a un conjunto de sustancias que actúan la una sobre la otra en una compleja actividad fisicoquímica. Esta teoría se llama ‘mecanismo’ porque reduce la actividad fisicoquímica a acción mecánica (moción local), negando la diferencia específica entre lo que vive y lo que no vive.  Un ser vivo no sería más que una maquina más perfecta, reducible a y divisible en sus elementos”[i].  Esta es la premisa en la que se basa la producción de vacunas y el desarrollo de inyecciones cosméticas desde fetos humanos. El cuerpo humano es una masa de sustancias químicas. Como tal, se le contempla a través de la lente de beneficios. Si los seres humanos no son excepcionales en la creación material, la visión del hombre como centro de beneficios bien puede ser aceptable. En algunas etapas de la vida él es el suministrador, en algunas etapas, es el consumidor. Pero siempre, el beneficio es el motivo.

En una sociedad capitalista, las cosas se valoran según su utilidad. Jeremy Bentham, el filósofo abogador del utilitarianismo, definió la utilidad como “aquella propiedad en cualquier objeto por la que tiende a producir beneficio, ventaja, placer, bien o felicidad”[ii]. El utilitarianismo sostiene que una acción es valiosa esencialmente como un medio, haciendo que las consecuencias sean la prueba del bien y del mal, sin referencia a la finalidad del hombre. Al contrario del principio paulino, “No hagáis mal para que de ello venga el bien”[iii], la gente habitualmente racionaliza, acepta y coopera con el mal en sus muchos disfraces, a menudo negando su misma existencia, siempre que los beneficios sean suficientemente grandes.

Al observar las varias etapas de la vida, a la humanidad se le considera comúnmente como el más vulnerable a su mismo principio y a su mismo fin. En un nivel físico eso es así. El embrión y el feto, los mayores y los enfermos, son más susceptibles al abuso que los que se emplean en las etapas más activas de la vida. En el contexto del utilitarianismo cada una de estas etapas representa para el sistema una carga financiera improductiva y no-generadora de ingresos. Sin embargo, la explotación sicológica también hace vulnerables a los hombres y mujeres a cualquier edad. Campañas de anuncios y marketing caras y hábiles han probado su éxito en modelar preferencias culturales, a veces al costo de desechar cualquier refrenamiento ético. Los deseos y necesidades se crean en la población general al apelar al temor de la fragilidad humana para poder vender juventud y salud perpetua. Sin una orientación hacia la verdad y la justicia, aquellos que explotan el mercado y aquellos que se inclinan ante la cultura popular no tienen fundamento ético.

6.2     El Pasado y el Futuro

 Esta no es la primera vez que la persona humana haya estado en el centro de una empresa comercial. Al buscar paralelos en la historia, se recuerda el comercio     lucrativo de esclavos. Introducida en los Estados Unidos en los años 1630, la esclavitud se había atrincherado en los estados sureños para 1860, donde la productividad de los esclavos trajo prosperidad a los propietarios de las plantaciones. Su abolición fue posible tan sólo por medio de una guerra civil que casi destruyó a America. Doscientos treinta años de esclavitud habían iluminado durante largo tiempo sus venenosos efectos como institución social, pero el beneficio vino a ser un adversario obstinado y poderoso. El tráfico de esclavos era una fuerte empresa comercial y se beneficiaba de la protección del gobierno. Las reglas, leyes y normas sociales que se adoptaban durante este era histórica hacían posible la esclavitud. El distinto estado legal que se daba a los esclavos bajo la ley, el de propiedad o bienes muebles, los convirtió en mercancías o servicios comunes [commodities] que se podían comprar y vender, trocar y explotar. La compra de esclavos era una inversión lucrativa que rendía una alta tasa de retorno. Así, la esclavitud llegó a ser un factor esencial en el crecimiento de la agricultura, predominantemente en las industrias de algodón, azúcar y tabaco[iv].

Aún en el día de hoy, muchos afroamericanos continúan experimentando las secuelas de la esclavitud como una actitud sutil exhibida por prejuicio y discriminación. El conocimiento de que aún existen razones eugénicas para el aborto y reclaman tres de cinco bebés negros ha provocado protestas de “genocidio negro” del Dr. Rev. Clenard Childress, Jr., un intrépido critico afroamericano del aborto. “La industria del aborto ha terminado lo que empezó la esclavitud”[v], mediante la concentración de esfuerzos [targeting] para la destrucción de la raza negra.

En un mercado económico libre en el que el suministro y la demanda no están regulados ó en que están regulados con tan sólo restricciones menores, la industria del tabaco de EE.UU. medraba al hacer glamoroso el fumar y al negar sus riesgos. Se concentraba  costosos esfuerzos de publicidad en  la juventud. La industria confiaba en la expectativa de que nuevas generaciones de fumadores se volverían adictas a su producto. Operaba lucrativamente por debajo del radar del Departamento de la Salud de EE.UU. Mientras, el fumar estaba contribuyendo extensivamente a dañar la salud pública. Finalmente, en 1999 el gobierno federal entabló un pleito de fraude organizado [racketeering] contra “el gran tabaco”. El pleito alegó que la industria se había empeñado en una conspiración de cincuenta años para engañar al público acerca de los peligros de fumar, su capacidad de adicción y los peligros del humo de tabaco ajeno. El gobierno prevaleció en este caso hito, pero no antes de que la industria tabaquera hubiese matado millones sin cuento y amasado tanto como $280 billones en beneficios[vi].

Una industria rentable generalmente sobrevivirá, al menos a corto plazo, independientemente del perjuicio real o percibido que cause, hasta que ese perjuicio se haga manifiesto al público en general. Esto ocurrió eventualmente en las industrias de esclavitud y tabaco. La cuestión es si la industria de piezas fetales correrá la misma suerte o no.

El debate ético del último medio siglo sobre el uso de material fetal a fines comerciales ha puesto el fundamento para el debate más reciente sobre la ética de investigación y experimentación en embriones humanos. Los argumentos adelantados y los precedentes establecidos en la investigación de tejido fetal han sido aplicados a la investigación de células troncales embrionarias. El funcionamiento de la pendiente resbaladiza se demuestra por esta carta de 2001 enviada por un grupo de Premios Nobel al Presidente George W. Bush para apoyar la destrucción de embriones humanos en la investigación de células troncales embrionarias.

“Durante los últimos treinta y cinco años muchas de las vacunas para virus comunes humanos—tales como sarampión, rubeola, hepatitis A, la rabia y el poliovirus—han sido producidas en células derivadas de un feto humano para el beneficio de decenas de millones de Americanos. Así, se ha establecido precedente para el uso de tejido fetal que de otra manera se desecharía”[vii].

El Presidente Bush adoptó esta línea de razonamiento al permitir que continuara la investigación de células troncales embrionarias en las sesenta líneas de células troncales existentes que estaban en uso científico corriente. Sin embargo, la Conferencia de Obispos Católicos de EE.UU. juzgó inválida la analogía de los Premiados. “El gobierno federal está eligiendo aquí y ahora cooperar con investigadores que han destruido embriones humanos, e incluso en algunos casos recompensarles con dádivas de investigación, ya que estos investigadores tienen el acceso más inmediato a las líneas celulares así creadas”[viii]. Pero ya se había atravesado el umbral hacia un valiente nuevo mundo donde la vida humana sería indistinguible de cualquier otra materia prima.

6.3.        Cooperación en el Mal

 Incluso para los que consideran el aborto legal como un mal necesario requerido para asegurar la igualdad para las mujeres, es difícil disputar la injusticia del acto básico, el de extinguir una vida humana separada. El declarar el aborto como un “derecho” no puede justificar el mal moral subyacente, escribió el Magistrado del Tribunal Supremo Antonin Scalia, discrepando en Casey. “Roe creó una vasta clase nueva de consumidores de aborto y de proponentes de aborto mediante la eliminación del oprobio moral que [anteriormente] se había adherido al acto… Si la Constitución garantiza el aborto, ¿cómo puede ser malo?”[ix]

El Catecismo de la Iglesia Católica declara con intensidad su oposición al aborto como un absoluto ético. “El derecho inalienable de todo individuo humano inocente a la vida constituye un elemento constitutivo de la sociedad civil y de su legislación[x]. Desde el siglo primero, la Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado… El aborto directo, es decir, querido como un fin o como un medio, es gravemente contrario a la ley moral”[xi]. El Segundo Concilio Vaticano incluye el aborto entre actos “intrínsecamente malos”, definidos como actos que per se y en si mismos son siempre seriamente malos por razón de su objeto. Estos actos “contaminan más a aquellos que los infligen que a aquellos que sufren la injusticia”[xii]. “La defensa que hace la Iglesia de los absolutos morales, incluyendo la prohibición del aborto, establece claros límites que protegen la dignidad humana”[xiii].

¿El beneficiarse financieramente del acto de aborto lo hace más gravemente malo ó es que simplemente aumenta el número de personas moralmente implicadas en algún nivel? Obviamente hay diferentes niveles de responsabilidad en las estructures económicas que se han descrito. ¿Cuán de cerca tiene que ser uno asociado con una mala acción antes de que se le impute culpabilidad? Los eticistas han buscado contestar estas preguntas mediante referencia a los principios de “cooperación en el mal”. “Generalmente, la cooperación en el mal se entiende que significa la acción de una persona que participa o colabora de alguna manera en la ejecución de un acto moralmente malo por otra persona que es el agente principal… En todas estas modalidades, la cooperación puede tener varios grados”[xiv].

La Pontificia Academia por la Vida publicó “Reflexiones morales sobre vacunas preparadas de fetos humanos abortados” (la Reflexión) en 2005[xv]. Explora la culpabilidad moral de los muchos interesados que participan en la preparación, comercialización y uso de estas vacunas “contaminadas”. El armazón estructural filosófico colocado en la Reflexión es instructivo para valorar el grado moral de culpabilidad de aquellos que participan en empresas comerciales que experimentan sobre restos fetales obtenidos mediante el aborto. Los limites respecto de cuando una acción es mala y de la medida en que es mala son, las más de las veces, imprecisos y ambiguos. La Reflexión ofrece guía para elucidar y clarificar los varios niveles de cooperación en el mal.

El diagrama más abajo expone esta estructura visualmente para facilitar un entendimiento de la posición relativa de un agente moral particular en esta jerarquía—considerando su nivel de culpabilidad, su grado de implicación, su intención y su proximidad al acto malo original. Una completa discusión de las sutilezas de la doctrina de la cooperación con el mal es ajena al alcance de este estudio. Sin embargo, un algoritmo sencillo, aunque sea algo unidimensional, puede ser iluminador.

     Cooperación en el            Acto Malo
              Formal            Intención
             Material          Sin intención
InmediataDirecta
             Mediata            Indirecta
PróximaCercana
RemotaDistante
Próxima

 “La primera distinción fundamental que hay que hacer es la de entre cooperación formal y material. La cooperación formal se lleva a cabo cuando el agente moral coopera con la acción inmoral de otra persona, participando en la mala intención de la misma… La cooperación formal es siempre moralmente ilícita porque representa una forma de participación directa e intencional en la acción pecaminosa de otra persona.       

 Por otra parte, cuando un agente moral coopera con la acción inmoral de otra persona sin participar en su mala intención, es un caso de cooperación material… La cooperación material puede ser a veces ilícita dependiendo de las condiciones.

La cooperación material puede dividirse aún en categorías de inmediata (directa) y mediata (indirecta), dependiendo de si la cooperación está en la ejecución de la acción pecaminosa per se, o si el agente actúa al cumplir las condiciones… que hacen posible cometer el acto inmoral.

Formas de cooperación próxima y cooperación remota pueden distinguirse en relación a la ‘distancia’ (sea en términos de espacio temporal o de conexión material) entre el acto de la cooperación y el acto pecaminoso cometido por otra persona. La cooperación material inmediata siempre es próxima, mientras la cooperación material mediata puede ser o próxima o remota… Pero cuando la cooperación material inmediata atañe a graves ataques a la vida humana, siempre ha de considerarse ilícita”[xvi].

Como se trató anteriormente, las etapas iniciales de la producción de vacunas pueden originarse en un sitio de aborto donde un mayorista o corredor de piezas fetales está presto a procesar el feto para entrega a un investigador u otro usuario final. Si se acepta la premisa de que un aborto es un acto intrínsecamente malo, las acciones de la madre abortiva y del abortista equivalen a cooperación activa en el mal, la cual es siempre formal.

El mayorista que coopera con la ejecución del aborto por eso mismo participa en la intención y deseo de beneficiarse de ello. Es igualmente culpable y reo de cooperación formal. El desarrollador de la línea celular puede que no contribuya activamente a la ejecución real del aborto, pero su asociación con él es demasiado próxima como para ser moralmente lícita. Hay una intima intersección del acto del aborto y del acto de desarrollar la línea celular. Así cometería cooperación formal ó cooperación material inmediata en el mal, dependiendo del grado de colaboración entre el desarrollador y el abortista[xvii].

“Los que están involucrados en la venta o distribución comercial de líneas celulares, tales como empresas en la industria biotecnológica, tienen intereses particulares financieros [vested finanacial interests] en los productos. La asunción del mal del aborto es obvia y ocurre a escala corporativa, con varios o muchos individuos involucrados. Tanto más grande la ganancia financiera, tanto mayor la asunción el acto malo… Una grave injusticia está involucrada al segar beneficios de tales productos secundarios directos de un aborto intencionado… También, puesto que existe demanda para los productos del aborto procurado, la empresa se hace parte de una fuerza de mercado que puede alentar a que tengan lugar más abortos”[xviii]. Esto se acerca a cooperación formal en el aborto.

   “Respecto de la preparación, distribución y comercialización de vacunas producidas como resultado del uso de material biológico cuyo origen está conectado con células procedentes de fetos voluntariamente abortados, tal proceso se declara, como tema de principio, moralmente ilícito, porque podría contribuir a alentar la ejecución de otros abortos voluntarios, con la finalidad de producir tales vacunas. Sin embargo, debe de reconocerse que, dentro de la cadena de producción-distribución-comercialización, los distintos agentes cooperantes pueden tener responsabilidades morales diferentes.

Sin embargo, hay otro aspecto a considerar, cual es la forma de cooperación material pasiva que se llevaría a cabo por los productores de estas vacunas, si no denuncien y rechacen públicamente el acto inmoral original (el aborto voluntario), y si no se dediquen conjuntamente a investigar y promover caminos alternativos, exentos de mal moral, para la producción de vacunas para las mismas infecciones”. Tal cooperación material pasiva, si llegara a ocurrir, es igualmente ilícita”[xix].

En la medida en que la gente se complace en hacer uso de vacunas contaminadas por el aborto (presumiendo que personalmente no aprueban el aborto), su culpabilidad respecto del acto de aborto es cooperación material mediata remota. Con respecto a la comercialización de las líneas de células, son culpables de cooperación material mediata. En cuanto a la comercialización de las vacunas, su cooperación es cooperación material inmediata. En un nivel cultural, el uso de estas vacunas “contribuye a la creación de un consenso social generalizado cara a la operación de las industrias farmacéuticas que las producen de una manera inmoral”. ¿Cómo se debería juzgar a las autoridades gubernamentales o sistemas nacionales de cuidados sanitarios que aprueben   y faciliten el uso de vacunas? Su cooperación en el mal es considerada aún “más intensa” que la del público en general[xx].

Finalmente, ¿qué decir de los padres y médicos que deben recurrir a estas vacunas por razones de salud, especialmente cuando no hay alternativa ética? Hay deber grave de usar vacunas alternativas, su existen, y de objetar en conciencia a aquellas que conllevan problemas morales. También hay deber moral de luchar y emplear todos los medios legales para cambiar las acciones inescrupulosas  e inmorales de la industria farmacéutica respecto de las vacunas contaminadas. Si, sin embargo, no están disponibles vacunas alternativas y éticamente aceptables, y si no se puede abstenerse de estas vacunas sin causar perjuicio a los niños e indirectamente a la población en conjunto, las vacunas pueden usarse. Esto cae bajo la categoría de cooperación material pasiva. El deber de evitar esta forma de cooperación en el mal no es obligatorio si hay “grave inconveniencia” o la existencia de una razón proporcionalmente seria; es decir, el peligro de propagarse el agente patológico[xxi].

Está presente un peligro adicional. Los individuos involucrados en cualquiera de las susodichas acciones pueden volver desensibilizados a la santidad de la vida. Esto es particularmente verdadero si una persona se ha acostumbrado a los beneficios que manan de la ejecución de una acción que previsiblemente aunque involuntariamente resulta en la muerte de un ser humano. Si una persona se está beneficiando del aborto, aún remotamente, pudiera ser tentador decidir en contra de dar pasos para eliminarlo. Un problema potencialmente más serio a encarar es de tipo interior— ¿cómo justificar beneficiarse de un grave mal ya cometido por otro? El cooperador “simplemente podría desarrollar una esquema rebuscada de racionalización autoengañadora”[xxii]

Los participantes directos en el aborto, la mercantilización de piezas fetales, y la investigación y desarrollo relacionados de la industria farmacéutica y cosmética son ejemplos ilustrativos relevantes. La participación habitual en actos inmorales inevitablemente conduce a  desensibilización personal, autoengaño y racionalización acerca de lo que significa ser humano. 


[i] 138 R. LUCAS LUCAS, Man Incarnate Spirit…, 29.

[ii] 139 J. BENTHAM, Introduction to the Principles of Morals and Legislation, Oxford, 1823.

[iii] 140 Romans 3:8

[iv] 141 R. FOGEL – S. ENGERMAN, Time on the Cross: The Economics of American Negro Slavery, Little, Brown & Company, Boston 1974.

[v] 142 C. H. CHILDRESS, JR., “The Dawning of a King‟s…”.

[vi] 143 United States Department of Justice v. Philip Morris USA, Inc., British American Tobacco, Ltd., Council for Tobacco Research USA, Inc., 06-5267 (2009).

[vii] 144 K. J. ARROW et al., “Nobel Laureates‟ Letter to President Bush”, The Washington Post (22-2-2001), A02.

[viii] 145 UNITED STATE CONFERENCE OF CATHOLIC BISHOPS, “Embryonic Stem Cell Research and Vaccines Using Fetal Tissue”, Pro-Life Activities Fact Sheet (2001), in http://www.usccb.org/prolife/issues/vaccfac2.shtml [2-8-2009].

[ix] 146JUSTICE ANTONIN SCALIA et al., separate opinion in Planned Parenthood v. Casey (1992), 995.

[x] 147 Catechism of the Catholic Church, ed. Libreria Editrice Vaticana, United States Conference of Catholic Bishops 1994, 2273.

[xi] 148 Ibid., 2271.

[xii] 149 Cf. JOHN PAUL II, Encyc. Let. Veritatis splendor. Regarding certain fundamental questions of the Church’s moral teaching (6-8-1993), n 80.

[xiii] 150 J. F. DESMOND, “How Catholic is This Compass?”, National Catholic Register (8-11-2009), 7

[xiv] 151 A. R. LUNO, “Ethical Reflections on Vaccines Using Cells from Aborted Fetuses”, The National Catholic Bioethics Quarterly 6/3 (2006), 455.

[xv] 152 PONTICIA ACADEMIA POR LA VIDA, “Reflexiones morales sobre vacunas preparadas de células derivadas de fetos humanos abortados” (2005), reimpresión en The National Catholic Bioethics Quarterly 6/3, 546-547. Este análisis moral de la Pontificia Academia por la Vida fue enviada por el Obispo Elio Sgreccia a Debra Vinnedge el 9 de junio, 2005, basado sobre un estudio anterior escrito por el Muy Rev. Ángel Rodríguez Lino. Los autores respondieron a una pregunta acerca de si los padres tengan una obligación moral de vacunar a sus hijos antes de la admisión a la escuela usando vacunas derivadas de fetos humanos abortados.

[xvi] 153 PONTIFICAL ACADEMY FOR LIFE, “Moral Reflections on Vaccines Prepared from Cells Derived from Aborted Human Fetuses” (2005), reprinted The National Catholic Bioethics Quarterly 6/3, 545-546, (original italics).

[xvii] 154 Cf. A. WONG, M.D., “The Ethics of HEK…”, 483-486.

[xviii] 155 Ibid., 486.

[xix] 156 PONTIFICAL ACADEMY FOR LIFE, “Moral Reflections on Vaccines…”, 546-547.

[xx] 157 Cf. Ibid., 547.

[xxi] 158 Cf. Ibid., 548.

[xxii] 159 Cf. M. C. KAVENY, “Appropriation of Evil: Cooperation‟s Mirror Image”, Theological Studies 61 (2000), 288-306.

(Nota del traductor: Los números romanos superíndice [de i al xxii] de pie de página se refieren al tramo del texto de esta traducción publicada en esta edición del blog. Los números arábigos [de 138 al 159] son de las notas pie de página del texto original en inglés.)