Archivo Dario de 25 agosto 2011

Una epidemia que estamos exportando: el autismo

      Desde hace años, los países del tercer mundo están experimentando el autismo a los mismos niveles de los países desarrollados.  Es verdad que en el llamado tercer mundo los niños mueren por insuficiencia de peso al nacer, por hambre y desnutrición, o por enfermedades como la malaria, el sarampión o el sida, por infecciones y falta de higiene, por falta de personal sanitario, falta de salud de sus madres y falta de preparación de las madres y los padres. Pero, ¿por qué el autismo? Produce asombro ya que aparentemente no parecen tener, nada en común con los niños de Estado  Unidos o de Europa.

      Esos niños lo único que tienen en común son “las vacunas”. Lo dicen los científicos: “Lo que tienen en común desde 2001 es que están vacunados con vacunas que contienen ADN fetal humano abortado y retrovirus humanos contaminantes. Las campañas humanitarias de vacunación emprendidas por la Organización Mundial de la Salud  y de otras agencias para eliminar el sarampión han introducido inadvertidamente una nueva enfermedad en esos países: el autismo”.  Y no olvidemos q          ue “el trastorno de autismo es la forma más severa del autismo, y se diagnostica antes de la edad de tres años”.

       Hoy se sabe que  “Las vacunas que se fabrican utilizando líneas celulares fetales abortadas contienen niveles inaceptablemente altos de ADN fetal humano y de retrovirus humanos contaminantes. ¡Estos contaminantes son disparadores conocidos para mutaciones génicas!”.

     Hace algún tiempo nos hacíamos eco del problema, ya que según la hipótesis de Sound Choice Pharmaceutical Institute,  el contaminante de las vacunas puede estar vinculado con el autismo.  No hay solamente una cuestión ética en la base de las vacunas y en su aplicación práctica (uso de feto humano abortado), parece que tampoco está totalmente resuelta la cuestión científica o farmacéutica. Por ello, han vuelto sobre el tema. Según  “June 2011 Newsletter, Sound Choice Pharmaceutical Institute” “tres publicaciones en la revista Neuron   han establecido que el autismo está causado por cientos de mutaciones génicas, muchos de éstas son mutaciones nuevas ´espontáneas´ sólo en los niños. Mutaciones espontáneas o ´de novo´ son mutaciones génicas que no poseen los padres. Esto quiere decir que algún disparador ambiental ha causado daños génicos a cientos de genes en cientos de miles de niños”.

      Ello ha llevado a varios científicos independientes a alzar la voz e incluso alinearse con la hipótesis de Sound Choice. “Los científicos que publicaron estos estudios, científicos de Yale, UCLA, Emory, Carnegie Mellon, Vanderbilt, Baylor, Cornell Medical College. Stanford, Princeton, Harvard, la Universidad de WA, Brown University, Columbia University, Albert Einstein College of Medicine y otras, lamentan el hecho de que sus resultados, empero, no tendrán beneficio inmediato para los niños con autismo o para sus familias”. El daño está hecho. La buena voluntad no parece suficiente. Los gobiernos también son responsables.

     ¿Es irreparable? Por lo menos debería servir para seguir investigando la causa de esas mutaciones y no exportando daños. Si queda ADN fetal y retrovirus humano contaminante, o  por lo menos sospecha de que exista, se debería seguir investigando y deberían los científicos tener subvención para  poder  llegar a conclusiones inequívocas. Parece casi de justicia. Debe apoyarse la investigación en las dos líneas: en “la causa” y  en los “efectos”.

    “Sound Choice Pharmaceutical Institute se centra en las causas originantes, el disparador ambiental, de todas estas nuevas mutaciones.  Es tan sólo al identificar las causas de estos cientos de de mutaciones que podemos ayudar a prevenir nuevos casos del autismo y hallar tratamientos para aquellos que ya sufren de esta enfermedad”.  Sound Choice  “espera que financien nuestro trabajo como parte de la investigación para que se conduzca rigurosa y objetivamente y que los resultados y conclusiones sean válidos”.

     “Estos científicos académicos se centran en “los efectos” resultantes de todas las nuevas mutaciones que han descubierto”.

     Los niños y sus familias, en cualquier parte del mundo en que se encuentren, tienen derecho a recibir medicamentos seguros y fiables. Por ello es justo que se apoye, (tanto de forma pública como privada) la investigación, para no exportar dolor.

José Manuel Belmonte y Frank W.Kures