“Me va la vida en ello”

Se lamentaba la Dra. Deisher, en EE.UU- de la existencia de terapia con células troncales o células madre adultas propias en tratamientos para animales pero no para seres humanos (en el Newsletter de septiembre 2011).

¿Por qué? Porque no se investiga con fondos públicos en células adultas humanas. Además, y esta es la principal razón, la financiación estatal ha sido canalizada casi exclusivamente a la investigación con células embrionarias. Se dispone, pues, de abundante “material” (ya que proceden de fetos abortados) y de dinero.

Sin embargo, no solo existe un problema ético en la procedencia del material, también se tropiezan con otro problema, que la citada doctora señala: “Científicos y expertos de primera línea han subrayado repetidamente que las células troncales embrionarias y fetales no son adecuadas para uso en tejidos maduros. El Dr. James Sherley, un profesor de Ingeniería Biológica en el Instituto de Tecnología de Massachusetts, dice que las “células troncales embrionarias no pueden usarse directamente porque forman tumores cuando se trasplantan a tejidos maduros”.

Ahora bien, tanto en EE.UU como en cualquier otro país, las personas con enfermedades graves o degenerativas, y sus respectivas familias, están pendientes de los avances en la investigación científica.

Los inconvenientes son los de siempre: el dinero y la voluntad o viceversa. Obteniendo células troncales adultas propias, se puede intentar regenerar los tejidos dañados. Estas células propias son “células troncales que existen en todos y cada uno de nuestros cuerpos; en nuestra sangre, en nuestra médula ósea, en nuestra grasa, y en otros órganos”. Y en esta investigación no se pueden alegar inconvenientes o dilemas éticos. De hecho, el pasado noviembre tuvo lugar en Roma la Conferencia Internacional sobre Células Madre. “Los potenciales beneficios de la investigación con células madre adultas –dijo el Papa- son muy notables, pues dan la posibilidad de curar enfermedades degenerativas crónicas reparando el tejido dañado y restaurando su capacidad de regenerarse. La mejora que estas terapias prometen constituiría un significativo paso adelante en la ciencia médica, dando nueva esperanza tanto a los enfermos como a sus familias”.

Volvió a puntualizar: “Quienes defienden la investigación con células madre embrionarias con la esperanza de alcanzar ese resultado cometen el grave error de negar el derecho inalienable a la vida de todos los seres humanos desde el momento de la concepción hasta su muerte natural”. “La destrucción de una sola vida humana nunca se puede justificar por el beneficio que probablemente puede aportar a otra”. Ahora bien: “no surgen problemas éticos cuando las células madre se extraen de los tejidos de un organismo adulto, de la sangre del cordón umbilical en el momento del nacimiento, o de fetos que han muerto por causas naturales”.

Hay pues un amplio camino para la ciencia y para la humanidad. Como señala la Presidenta de Sound Choice Pharmaceutical Institute, “El tratamiento usado para reparar junturas lesionadas tiene, según informes, una tasa de éxito de 80%. Además de la clínica del Dr. Morgan, otras empresas tales como VetStem han venido proporcionando tratamientos de células troncales adultas ‘propias’ a los queridos animales domésticos y caballos de carrera. En 2006 VetStem anunció que más de 1000 caballos habían sido tratados con su terapia de célula troncal adulta ‘propia’ desde enero 2004”.

Si con el dinero privado se han obtenido estos logros en animales, ¿por qué no emplear también el dinero público para que puedan beneficiarse los humanos? Porque el dinero quiere “exclusividad”,es decir, “propiedad” para ganar más. En el fondo hay un problema de patentes. “Sin una posición “propietaria”, una empresa no podría recuperar sus costes de conducción de ensayos…” Por eso exigen financiación oficial. Y teniendo en cuenta la cantidad de millones que ciertas enfermedades, como la diabetes, cuestan al año a la sociedad, incluso parece lógico. Por eso concluye diciendo: “dado que las mejores células troncales no pueden patentarse, exigimos absolutamente que con el dinero de nuestros impuestos se paguen los ensayos clínicos para que podamos conseguir los buenos tratamientos que nuestros perros y gatos reciben ahora”.

Lo que no parece de recibo es, que la crisis que asfixia a los gobiernos, tenga que repercutirse en la educación y en la investigación. Invertir en esa partida es invertir también en sanidad y en bienestar social. Las células troncales adultas “propias” sí tienen eficacia específica y deberían de ser objeto de investigación financiada por los estados de forma individual o asociados entre sí, e incluso, admitiendo capital privado. ¡Hay otras necesidades además del paro! ¡Células madre adultas, no sólo para animales, por favor! Y cuanto antes. “Me va la vida en ello”. A mi amigo y a muchos.

José Manuel Belmonte y Frank W. Kures

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