
Ángel Acebes se despidió ayer de la Secretaría General del Partido Popular con un discurso entiendo que muy meditado. Me gustaría glosarlo en este artículo en sus aspectos más interesantes desde mi punto de vista.
Primero hizo una referencia a la legislatura anterior, concluida con las últimas elecciones: “La claridad y valentía con la que el PP defendió los principios constitucionales tuvo, sin duda, mucho que ver en el resultado de las elecciones municipales y autonómicas de mayo de 2007… No fueron decisiones fáciles. Lo fácil hubiese sido protestar un poco y no hacer nada. Pero nosotros optamos por asumir nuestra responsabilidad. Un partido que por oportunismo, indecisión o comodidad renuncia a defender sus ideas deja de tener sentido y deja de tener utilidad. Pasa a ser prescindible y muy pronto se vuelve irrelevante. Si nos votaron casi 10 millones y medio de españoles no es porque les cayésemos mejor que Zapatero. Es porque se sintieron representados y defendidos por nosotros. Porque no nos avergonzamos de nuestras ideas, que son sus ideas. Porque denunciamos lo que había que denunciar, apoyamos lo que había que apoyar, y propusimos lo que había que proponer. Por eso confiaron en nosotros. Y por eso nos han convertido, con nuestros 154 diputados y 124 senadores, en la oposición con más respaldo popular y más potencia política de la democracia. Y no les podemos defraudar”
Comparto con Acebes que el gran resultado en votos del Partido Popular en las elecciones de marzo, que fue el segundo más alto en la historia de su partido, se debió a que mucha gente les vió más proclives a defender principios e ideas fundamentales: la solidaridad nacional y la no rendición ante ETA, la defensa de la familia, de la vida y de la libertad de educación, de la seguridad y del orden constitucional y de derecho en su conjunto. En algunos votantes primaría más un aspecto y en otros otro, pero gran parte del voto, más allá de ese que es fiel a unas siglas porque sí, respondió a una noble reacción del pueblo español que no se resignaba a morir.
En lo que hay que discrepar con el bueno de Acebes es que ese voto se debiera sobre todo a la defensa firme de sus ideas por parte del PP. Fue la sociedad (AVT, Asociaciones a favor de la familia, Asociaciones a favor de la libertad de Educación, etc.) la que fieles a sus ideas, hicieron que el electorado votase a una opción que tenía algunos buenos dirigentes como Acebes que se mojaban en algunas cosas pero que en su conjunto trasmitía cuanto menos dudas e incertidumbres.
Por ello estoy totalmente de acuerdo con otro párrafo de su discurso: “Tampoco es cierto que el voto del PP sea un voto incondicional o cautivo. Al contrario. Es un voto exigente. Un voto crítico. Un voto en conciencia, que no se puede dar por hecho ni descuidar”. Si algo espero de la última legislatura es precisamente que haya comenzado esa revolución participativa que llevará a los ciudadanos a exigir sus derechos, y en concreto a demandar a sus políticos que les convenzan de verdad con principios y garantías para darles su confianza. Los millones de personas que se lanzaron a la calle una y otra vez en los últimos cuatro años no se van a dejar engañar por lo que tantas veces se ha llamado el mal menor y cada vez más exigirán convicciones profundas para dar su voto y respaldo a unas siglas. Y si el PP renuncia a este voto, seguro que salen iniciativas alternativas.
Sigue Acebes: “He consagrado los últimos 20 años de mi vida al Partido Popular. A trabajar por el PP. A defender al PP. A luchar por el PP. Lo que nos ha unido son nuestras siglas. Y así debe seguir siendo en el futuro”. Así sin matizaciones me parece tristísimo. Me recuerda lo que nos decía una importante dirigente popular en las últimas elecciones: “Mariano se debe a su partido”. Me parece un error garrafal. Un partido nunca puede ser un fin en si mismo. Cualquier agrupación política que se digne tiene que ser un medio, nunca un fin, para servir al conjunto de la nación a la que quiere gobernar y representar. Este es el gran problema de los partidos, que se convierten únicamente muchas veces en una forma de ganar elecciones, de alcanzar el poder y no auténticamente en agrupaciones al servicio del bien común de la sociedad, que es lo que caracteriza a la Política (así con mayúscula). Por ello me ha gustado lo que destaca la página del PP de la intervención ayer de Rajoy: “Este partido sólo se debe a los españoles. A los que le votan y también a los que no nos han dado su apoyo”. A ver si es verdad y sólo sirven a España y no a alcanzar el poder o a otros ídolos.
Seguimos con los complejos al referirse al tan manido “centro”: “En España, ser de centro significa: defender la convivencia constitucional; trabajar por la igualdad de todos los españoles ante la ley; garantizar la solidaridad entre los distintos territorios; y, por encima de todo, luchar para que cada día haya más libertad para todos y cada uno de los españoles. Eso es lo centrista. Y eso es también lo moderno”. La verdad es que si eso es el centro, y sin entrar en los matices que podrían manifestarse, yo soy de centro. Pero ¡qué manía con confundir a la gente con palabras vacías como centro! Que nos expliquen sus principios y sus estrategias claramente, qué piensan sobre la destrucción jurídica del matrimonio, sobre la falta de libertad a la hora de elegir colegio, sobre los 100.000 abortos anuales en España, sobre las diferencias en función del lugar de residencia, etc etc y entonces decidiremos si merecen nuestra confianza o no. ¡¡Pero pelearse por caracterizarse como de centro…!!
“Por último, queridos amigos, yo quiero un Partido Popular con un proyecto común para toda España y una dirección nacional fuerte. No quiero un PP que defienda una cosa en Madrid, otra en Cataluña y una tercera en Galicia, con una dirección nacional reducida al papel de mero árbitro o coordinador. No sería eficaz. Y no sería coherente. Si para nosotros España no es la suma de 17 territorios, sino de 45 millones de españoles, para nosotros el PP tampoco puede ser la suma de 17 direcciones regionales, cada una con un criterio y un discurso propio, sino que tiene que ser la suma de todos sus afiliados. De todos vosotros”. En esto no puedo sino reflejar mi total asentimiento con el señor Acebes. Si ha hablado de este tema es porque sabe, como se ha dicho en determinados medios, que se puede llegar a una balcanización del Partido Popular, donde se repartan el poder en cada región, y no haya un proyecto realmente nacional para el conjunto, compatibilizándolo como es lógico con un proyecto para cada región y ciudad españolas. ¿Será el PP de los barones o el PP de España?



Acebes, Maria San Gil, Mayor Oreja, Zaplana, y otros muchos; esos si son PP, el resto son socialistas infiltrados para unificar ambos partidos y dominar España.
La dictadura de elección de candidatos, no se corresponde con un partido democrático, de ahí que haga falta un cambio radical del sistema electoral, de listas abiertas como el de EEUU, y una Constitución como la de EEUU que no permita trepar al socialismo ni al comunismo.
Gente como Acebes nos han hecho perder dos elecciones generales. Por favor, pasemos página.
Otro gran político, sin gran carisma mediático, pero con gran carisma de claridad de ideas y honestidad política, que se despide. Estamos en época de adioses, en la cual los mejores, como los santos, se van marchando. Unos de una forma y otros de otra, han sido retirados o se han ido de motu propio a otros quehaceres. Cabezas pensantes, valientes y honestas como Vidal Cuadras, María Sangil, Jaime Mayor Oreja, Ortega Lara o Angel Acebes, de un modo u otro están fuera de juego. El PP, en su errónea deriva, ha ido dejándose por el camino sus mejores recursos humanos. Lo lamentarán, tarde o temprano. Es posible que ganen algunos miles de votos nuevos con su escora a babor, pero van a perder los de millones de españoles que creían en sus principios de identidad o, al menos, en su capacidad de frenar las locuras laicistas del PSOE. Mi adiós más agradecido a los que ya no están en primera línea y mi deseo de que continúen su s vidas sin abandonar jamás sus principios.
José Rafael Saez March
Valencia.
¿Acebes, Maria San Gil, Mayor Oreja, Zaplana, y otros muchos; esos si son PP, el resto son socialistas infiltrados para unificar ambos partidos y dominar España?
Supongo que no es obligado asumir las bondades de personas tan discutidas como Zaplana ni tildar de socialistas infiltrados a los otros. Por eso, y aceptando que Rajoy es quien debe decidir, yo esperaré a ver qué me ofrece un PP dirigido por ese Rajoy, al que con más o menos convencimiento han votado el 84 % de los compremisarios.
Acepto que haya personas decepcionadas con un partido que ya no identifican con su ideal, pero el recurso a la visceralidad no resuelve la cuestión; y puede hacer el caldo gordo a los que realmente nos malgobiernan.
Una solución a lo Rosa Díez no me parece viable; más bien perjudicial para quienes están más proximos a nuestras pautas vitales. Rosa D. ha arrancado algunos votos al PSOE, no sé cuantos, pero no a los seguidores ideológicos irreductibles amenazados con el ¡viene la derecha!. Los votantes sociológicos del PP no se suelen mover por una ideología férrea; hay que convencernos en cada elección; esto parece enlazar con la inexistencia de voto cautivo que dijo Acebes. Y me parece bueno, pues sus votantes serán gentes convencidas; lo malo es cuando cada uno se siente frustrado porque no defienden lo que a él le gusta; sin matices se habla del mal menor en vez del bien posible.
Yo pienso esperar. Y por supuesto firmar todas las alertas para pedir al PP, y al PSOE en su caso, aquellas cosas que me parecen importantes en la vida de las personas.
Es un mensaje a mi juicio muy sensato Saavedrata el tuyo. Efectivamente la visceralidad puede ser muy mala. mejor la crítica racional, distinguiendo lo bueno para aplaudirlo de lo malo para criticarlo.
Entre el bien posible y el mal menor hay una distancia abismal. Bonita discusión teórica