En nuestra sociedad existe un “progrerojerío” que domina en gran parte la opinión pública española. Una y otra vez los miembros de esta especie de secta tratan de dictarnos lo que tenemos que pensar y lo que podemos o no decir.
En las últimas semanas hemos podido ver la incoherencia de su postura con dos temas que no tienen nada que ver el uno con el otro y que afectan a los españoles y al bien de nuestra sociedad de forma muy diferente.
Me refiero por un lado a la excarcelación de De Juana Chaos, después de estar en la cárcel menos de un año por asesinato cometido y sin haber mostrado el más mínimo arrepentimiento y, por otro, a la polémica sobre el asunto de la propiedad del Pazo de Meirás.
El primero es un asunto que entra de lleno en el problema que persistentemente más ha preocupado a los españoles en los últimos treinta años. Está relacionado con el dolor de tantos españoles que han visto sus vidas mutiladas por defender unas ideas de solidaridad y de bien común. Pues bien, respecto a esta vergonzosa excarcelación, basada como se ha demostrado en la falsificación de títulos univ
ersitarios realizados presuntamente por el asesino y causada por la dejación de los distintos poderes del Estado (jueces, legisladores y ejecutivo) que avergüenza a cualquier ciudadano de bien y exigiría una petición de perdón colectiva de nuestra clase política (aunque en aras de la justicia no todos han sido iguales en estos treinta años como demuestra la diferencia de la chapuza de los GAL frente a la persecución policial e internacional de otros momentos) el “rojiprojerío” ha llegado a decir que “basta ya de lloriqueos” (Vestrynge), mostrando su acuerdo con la reducción de pena del asesino (el “Plural”) y que De Juana ya había cumplido y que debía aplicarse la ley (María Antonia Iglesias, Garzón) olvidando que el etarra ha disfrutado de reducciones basadas en documentos falsos.
Pero cuando se habla del uso de un pazo coruñés entonces el “rojiprojerío” descubre la importancia que para el día a día de la vida de los españoles tiene su posesión y su propiedad. Entonces quien invoca que lo que debe hacerse es que se cumpla la ley, y si el derecho de propiedad se basa en un falso título que quien tenga legitimidad lo impugne, es un desalmado que se ríe del sufrimiento de mucha gente.
Estas dos varas tan distintas de medir demuestran que el “rojerío” que nos pretende dominar tiene solo fines ideológicos y que carece de los más mínimos sentimientos de compasión y de justicia.
Reaccionan como si fuera un sarpullido ante el tema de De Juana porque les recuerda la vergonzosa actuación de su líder ZP en la última legislatura y tratan de ocultarlo por polémicas infantiles como la de Meirás.
¿Qué es más importante hoy en pleno siglo XXI para nuestro bien común, preocuparnos por derrotar definitivamente al terrorismo o debatir como nación a quién pertenece un pazo gallego? ¿Cómo puede reírse este progresismo de pacotilla del dolor de tantos españoles pidiendo que se acabe el lloriqueo y al mismo tiempo plantear como un asunto de gran calado la mera posesión de un bien que seguramente tras la muerte de su actual propietaria deba ser traspasado a la Administración como sucede con tantos bienes heredados por múltiples personas?



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