Y no me refiero a las medidas de política económica que también.
Si no al hecho de que este Gobierno, en su proyecto totalitario contra los derechos fundamentales de la persona, ha aprobado una ley que desprotege a los seres humanos durante las primeras semanas de su existencia.
El verdadero desarrollo de una sociedad no se mide (o no debería medirse) por su renta per capita sino más bien por su respeto y promoción de la dignidad de cada persona. Si los llamados avances de cualquier tipo (técnicos, económicos, sociales, científicos, etc.) conducen a un deterioro de la preocupación real de la sociedad por cada ser humano, supondrán, frente a lo que la apariencia nos diga, retrocesos sensibles en nuestro carácter solidario y democrático.
Parece que el Gobierno, ante el rechazo mayoritario de la población española a su proyecto insolidario de desprotección del niño no nacido y de abandono de la mujer con dificultades ante un embarazo inesperado, y ante su deseo ideológico de marcar España con proyectos contra la vida, la familia, la libertad de educación y las libertades cívicas, ha tratado de camuflar esta sanguinaria propuesta con la subida de impuestos, concretada en el mismo Consejo que el proyecto abortista.
No quiero disminuir la importancia de lo económico, pues es una parte importante del bien común. Pero ojala pagásemos un poco más, aunque ello fuera en contra del bienestar económico, y se ayudase un poco más a que cada vida humana saliese adelante.
Bien está que la oposición ataque las medidas económicas anunciadas por el Gobierno, ya que además de ser claramente ineficaces, se alejan de la promesa de que afectarían a las rentas altas para afectar a todos los españoles asalariados (400 euros) y ahorradores (subida del tipo del 18% para nuestros pequeños depósitos o dividendos). Pero mal está que sólo se critique eso, olvidando que en el mismo momento se ha aprobado un proyecto que hace temblar la base de nuestra convivencia al acabar con la protección de la vida de los más indefensos.
Y no se trata sólo de criticar que las menores puedan abortar sin el conocimiento de sus padres, lo que claramente vuelve a ser incoherente con la postura del sr. Zapatero sobre sus hijas y con el deber que todo padre tiene de velar por sus hijos, sino de darse cuenta de que cualquier vida que no puede ver la luz por haberla eliminado antes, es un grito contra una sociedad vacía de valores e insensible ante los problemas y dificultades de las mujeres.
Por ello hoy más que nunca es necasario recordar aquello que podemos hacer para que la manifestación del 17 de octubre sea un éxito



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