Muchas son las reflexiones que brotan de la lectura de la última encíclica de S.S. Benedicto XVI. No he realizado todavía una lectura sosegada del texto pero de haberla ojeado rápidamente me ha llamado especialmente la atención una idea que creo que se ha repetido poco: sin referencia al Creador el desarrollo pierde su fundamento. No es, sin embargo esta idea, la que quiero glosar en este artículo, sino otra que se recoge en los puntos 57 y 58 de la Encíclica incluidos en el Capítulo V “La colaboración de la familia humana”.
Cita textual de la Encíclica
57… La subsidiaridad es ante todo una ayuda a la persona, a través de la autonomía de los cuerpos intermedios. Dicha ayuda se ofrece cuando la persona y los sujetos sociales no son capaces de valerse por sí mismos, implicando siempre una finalidad emancipadora, porque favorece la libertad y la participación a la hora de asumir responsabilidades. La subsidiaridad respeta la dignidad de la persona, en la que ve un sujeto siempre capaz de dar algo a los otros. La subsidiaridad, al reconocer que la reciprocidad forma parte de la constitución íntima del ser humano, es el antídoto más eficaz contra cualquier forma de asistencialismo paternalista… Por tanto, es un principio particularmente adecuado para gobernar la globalización y orientarla hacia un verdadero desarrollo humano. Para no abrir la puerta a un peligroso poder universal de tipo monocrático, el gobierno de la globalización debe ser de tipo subsidiario, articulado en múltiples niveles y planos diversos, que colaboren recíprocamente. La globalización necesita ciertamente una autoridad, en cuanto plantea el problema de la consecución de un bien común global; sin embargo, dicha autoridad deberá estar organizada de modo subsidiario y con división de poderes tanto para no herir la libertad como para resultar concretamente eficaz.
58. El principio de subsidiaridad debe mantenerse íntimamente unido al principio de la solidaridad y viceversa, porque así como la subsidiaridad sin la solidaridad desemboca en el particularismo social, también es cierto que la solidaridad sin la subsidiaridad acabaría en el asistencialismo que humilla al necesitado. Esta regla de carácter general se ha de tener muy en cuenta incluso cuando se afrontan los temas sobre las ayudas internacionales al desarrollo. Éstas, por encima de las intenciones de los donantes, pueden mantener a veces a un pueblo en un estado de dependencia, e incluso favorecer situaciones de dominio local y de explotación en el país que las recibe. Las ayudas económicas, para que lo sean de verdad, no deben perseguir otros fines. Han de ser concedidas implicando no sólo a los gobiernos de los países interesados, sino también a los agentes económicos locales y a los agentes culturales de la sociedad civil, incluidas las Iglesias locales. Los programas de ayuda han de adaptarse cada vez más a la forma de los programas integrados y compartidos desde la base. En efecto, sigue siendo verdad que el recurso humano es más valioso de los países en vías de desarrollo: éste es el auténtico capital que se ha de potenciar para asegurar a los países más pobres un futuro verdaderamente autónomo…”
Comentario
El Papa se refiere aquí al desarrollo de los pueblos y al contexto mundial, pero también a un principio que de acuerdo a la Doctrina Social de la Iglesia, debe impregnar la vida de toda la sociedad, desde la comunidad de naciones mundial hasta la familia, pasando por las agrupaciones intermedias, entre ellas las asociaciones y las agrupaciones y partidos políticos.
De acuerdo a mi experiencia esta subsidiariedad es la que define el trabajo en HazteOir.org y todas sus acciones y plataformas. El objetivo de la página web, de todas las acciones y del ideario de HazteOir.org es conseguir ciudadanos activos al servicio del bien común de la sociedad.
Es cierto que en ocasiones se le proponen acciones sencillas al alcance de un solo clic de su ratón, pero éste es solo el primer paso. A medida que el simpatizante se va convirtiendo, según sus deseos y disponibilidades, en voluntario, verá que las acciones a desarrollar que proponga tendrán normalmente como principal fuente de éxito el trabajo que él mismo realice aunque a su disposición se encuentre la ayuda que la plataforma en cuanto tal da (una técnica, un grupo amplio de voluntarios y receptores del boletín, unos medios económicos, consejos de otros voluntarios, etc.)
Esta es una de las principales razones que explican el éxito de la Plataforma Derecho a Vivir, la libre iniciativa de ciudadanos activos unidos solidariamente por su trabajo en favor de la vida. Ciertamente tampoco es una situación paradisíaca. En ocasiones se producen desajustes, acciones que se convocan sin la suficiente preparación, personas que se sienten solas, etc. pero el resultado es que cada día hay más ciudadanos activos que libre y responsablemente se lanzan a cambiar la sociedad en la que viven.
Choca este planteamiento con partidos, asociaciones y plataformas que pretenden la uniformidad absoluta entre todos sus componentes, y que premian más no salirse de la foto común y de la autorización previa, que trabajar sin descanso por los principios comunes.
Por ello me encuentro tan a gusto en HazteOir.org con personas tan distintas y diferentes y agradezco especialmente a Ignacio Arsuaga su clara visión en este tema: la movilización ciudadana personal es lo que puede cambiar España y el mundo entero.
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