Tras la celebración este domingo de las elecciones autonómicas catalanas toca en la jornada de hoy realizar un análisis sobre las mismas.
En la mayor parte de los diarios, blogs y comentarios se analiza quién ha ganado, quién ha perdido y por qué.
Sobre esto ya se ha dicho casi todo.
Pero quizás sea bueno reflexionar también sobre un hecho que quizás no haya sido suficientemente destacado: el por qué del buen número de partidos existentes en el Parlamento de Cataluña con representación parlamentaria, siete. Y solo el límite del 3% ha impedido a Plataforma por Cataluña ser el octavo en discordia pues aplicando la Ley D´Hont sin porcentajes mínimos el partido de Anglada habría obtenido dos diputados a costa de Laporta y de los comunistas catalanes.
La proliferación de pequeños partidos sólo se explica porque los grandes partidos dejan de representar a los ciudadanos y estos buscan alternativas. Creo que es una muestra de la mayor lejanía que cada vez existe entre representantes y representados, especialmente con los grandes partidos, que en vez de ser agrupaciones preocupadas por el bien común se transforman en sociedades cerradas sectarias alejadas del ciudadano real.
Los ciudadanos que no se sienten representados por los políticos de turno buscan otras opciones. La ley electoral catalana, que reduce el mínimo para entrar en el Parlamento al 3%, lo permite con mayor facilidad que otras leyes que sitúan ese mínimo en el 5%.
Una muestra aún más clara es el número de votos blancos y nulos que se han registrado en estas elecciones. Los 114.058 votos blancos o nulos han superado a los recibidos por algunas agrupaciones que han entrado en el Parlamento (102.197 de Laporta o los 105.827 de Ciudadanos). Sería bueno dejar en el Parlamento unas plazas libres que indicasen la voluntad soberana de algunos electores de no estar representados.
En definitiva, este resultado es una llamada de atención a los grandes partidos, más allá de lo corto de miras del cortoplacismo, para que se den cuenta de la gran lejanía en la que se sitúan frente a sus representados, que muchas veces votan más en contra que a favor. Así el triunfo de CiU se debe más a lo nefasto del tripartito que a sus apuestas.
La proliferación de partidos es una buena noticia si la vemos desde la óptica de libertad de voto, es decir, que los ciudadanos no se sienten obligados al voto del mal menor o al menos este mal menor es más cercano a lo que consideran un bien, pero es una muestra de una fragmentación social que puede llevar a una difícil gobernabilidad en un futuro y como ya hemos manifestado, de la lejanía de los cauces de representación. Sería bueno una reflexión serena que trata de acercar a representantes y representados y que fomente la auténtica participación del ciudadano al mismo tiempo que disminuye la intervención de los partidos en la vida diaria del ciudadano, dejando a éste los ámbitos de competencia que le son propios pues le afectan a él y a su familia y a nadie más.
También es una llamada a la responsabilidad, para que desde el poder se evite crear divisiones artificiales en la sociedad por intereses electorales, buscando precisamente la unidad entre todos (territorios, trabajadores y empresarios, etc.), lo que en gran parte se conseguiría si los políticos se dedican a los que deberían ser sus ámbitos de responsabilidad y se olvidan de meter sus manos en las vidas cotidianas de los ciudadanos y de sus familias, dejando a éstos la decisión en materias que a sólo ellos les incumbe. Si tan solo en educación dejasen libertad a los padres, nos ahorraríamos muchísimos debates estériles y muchísimo derroche de medios que podrían centrarse en otros asuntos más propios del poder y de la autoridad.
Las excepciones en estos comicios son quizás el PP de Sánchez Camacho, que ha apostado por unos principios políticos (bilingüismo, seguridad, libertad de educación, derogación de la ley del aborto,…) que ha devuelto la ilusión a sus votantes y Ciudadanos, que fiel a unos principios, ha recibido nuevamente la confianza de los catalanes. ¿Tomará nota el PP nacional de estos datos? Tras las elecciones europeas donde el PP fue fiel a unos principios podemos decir que la lectura es fácil.
En otro extremo se sitúa Laporta que quizás ha aprovechado sus éxitos como presidente del Barcelona y el derrumbamiento de ERC para irrumpir en el Parlamento. Su presencia, con una campaña basada en la insolidaridad y en el chabacanbismo, es también un mensaje de lo bajo a lo que ha llegado nuestro sistema político y la poca importancia que algunos ciudadanos dan a quien les representa. La presencia del comunismo con fuerza a pesar de su bajada es otra nota que debe hacer reflexionar a los dirigentes y a toda la sociedad.
Resumiendo: los resultados son una llamada de atención sobre la necesidad de reflexionar sobre la participación real de los ciudadanos en política, y sobre la búsqueda de una unidad que evite una atomización social que impida una sana convivencia, pues para que una comunidad conviva es necesario que comparta muchos valores y discrepe solamente en cuestiones que sean lo más accidentales posibles.



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