El sustantivo democracia y el adjetivo democrático (junto con otros conceptos como tolerancia, libertad, igualdad, solidaridad, etc.) se han convertido en nuevos lugares comunes que todo político defiende. Sin embargo y como ya avisaron los escolásticos, es importante aclarar qué entiende cada uno por un determinado concepto, porque de otra forma no habría forma de mantener un diálogo ni de enjuiciar las distintas formas de pensar.
Y es de suma importancia aclarar esta cuestión porque la sociedad española actual considera el régimen democrático como uno de los pilares de su convivencia, uno de esos asuntos donde existe un amplio consenso que es lo que permite una vida social en común y en relativa paz.
Podríamos definir sin entrar en grandes debates doctrinales la Democracia como aquel sistema político que fomenta la participación de la sociedad en los asuntos públicos al mismo tiempo que respeta los derechos fundamentales de la persona garantizándolos especialmente frente a los abusos del poder para lo que éste se diferencia tradicionalmente en tres, el ejecutivo, el legislativo y el judicial.
Pues bien, para Zapatero esto no es la democracia, sino que la democracia es una simple forma de elección de unos diputados que tras recibir el poder tienen carta blanca para hacer lo que quieran.
Así lo manifestó en un asunto tan delicado como la educación (amén de haberlo practicado en numerosas ocasiones en otros asuntos). En el reciente Congreso del Partido Socialista de Madrid afirmó que “si quieren cambiar Educación para la Ciudadanía y poner otro tipo de asignatura, lo que tienen que hacer no es llamamientos a que no se aplique. Lo que tienen que hacer es ganar unas elecciones y cambiarla en el Parlamento con una mayoría, que es lo que no pudieron hacer el nueve de marzo”.
Estas palabras que pueden sonar por desgracia bien a muchos oídos, resumen una actitud totalitaria. Todos los tratados internacionales, la Unión Europea, la Constitución Española y las leyes españolas, etc. reconocen que el derecho y el deber de educar corresponden a los padres, que son por tanto los que deben elegir el tipo de educación que quieren para sus hijos. Un régimen democrático no puede arrancar este derecho a los padres aunque sea bajo el pretexto de una mayoría de votos.
Al manifestar Zapatero lo contrario, en contra de las numerosas sentencias judiciales que se están dictando en España, a raíz de que los valientes padres objetores se han atrevido a enfrentarse al todopoderoso Gobierno, manifiesta un total desprecio a los derechos fundamentales, cayendo en un nuevo y sectario totalitarismo.
Siempre se ha afirmado que la Democracia, para no convertirse en una Demagogia tal y como la entendían los clásicos, debía ser un ordenamiento justo, que respetase los derechos fundamentales de todos, especialmente de aquellos que no forman la mayoría. El respeto a las minorías y al ámbito de decisión propio de las personas, de las familias y de la sociedad, es esencial en un ordenamiento que realmente quiera calificarse como democrático.

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