Abortar a Benjamin Button

El caso de Benjamin Button resulta más ilustrativo que el de Neo para entender la vida. Es menos evidente reconocer que Neo era Neo de principio a fin, a reconocer que Benjamin Button era el mismo desde su naciente ancianidad hasta el crepúsculo de su vida..

Cojamos una vida humana en su ancianidad y extingámosla a través de un proceso de “enjuvenecimiento” hasta la desaparicion de su vida. Como con Benjamin, la veremos mayor, anciana, con apariencia de unos 90 años…, unas 4500 semanas. Empieza la cuenta atrás.

Contemplemos el momento cero: una persona dependiente en todo para poder seguir hacia atrás con su vida. No puede valerse por si mismo para comer, sino que necesita de la benevolencia de quiénes le rodean para conseguir los alimentos, incluso, por qué no imaginarlo así, hasta para digerirlos: un purecillo, un manjar hecho papillas…

Asido a su andador empieza a dar sus primeros pasos hacia la madurez. Por causa de su estado y edad, las buenas personas que le rodean le prestan su ayuda cediéndole el paso, el asiento y esbozando una tierna sonrisa por sus andares en precario equilibrio, con la mirada atónita ante el mundo que le rodea.

Alcanzada ya la edad madura, el protagonista de nuestra imaginación cuenta con 45 años: aún le quedan muchas semanas de vida por delante. Disfruta de su experiencia en la vida, se maneja de miedo en el mundo. Afronta los problemas que le advienen, aunque muchas veces hubiera tirado la toalla, hubiera mandado todo a hacer puñetas de no haber sido por la peculiaridad de su experiencia: la de un anciano creciendo hacia la juventud, que había conocido a otros muchos ancianos que venían de ella. Una doble perspectiva que le ratificó en su convicción de que todas las tempestades empiezan y acaban, al igual que las épocas de bonanza. La alegría de los buenos tiempos adolecían del amorgor de su temporalidad y la tristeza de los malos, de la dulzura de su temporalidad: todo pasa. Y paso el tiempo…

Se lo pasó pipa en su juventud y adolescencia y, como es casi normativo a dicha edad, vivía inconsciente de su presente. No tenía muy claro si sus convicciones procedían de la anciana experiencia, si eran suyos originales o de sus amigos, que tenían de media unos 15 años. El también era un quinceañero, y sin embargo, ya contaba con 70 años vividos. La diferencia de sabiduría acumulada entre sus amigos y él se hacia notar, pero aún le queda mucho por aprender, porque quedan más de 700 semanas…

Poco a poco, el que fuera anciano comenzó a notar que su cuerpo se iba transformando. Iba perdiendo el vello que tenía, su vigorosidad sexual, el timbre de su voz se agudizaba y la inteligibilidad de sus palabras y formas de expresar era cada vez menor.

Quedan menos semanas y ya se encuentra tomando el pecho, mientras escucha las palpitaciones de su madre. Sonríe ante las gracietas de mama, que todavía no se explica cómo esa persona extinguirá su vida en su seno, cómo serán dos personas –o sea, dos cuerpos humanos- en una misma carne.

Quedan unas veinte aproximadamente. Mamá ya no se hace una idea de la cara de su hijo: ¿seguirá teniendo el mismo aspecto estando tan chiquitito como está en mi vientre? La gente y algunas amigas le aconsejaron que se olvidara de él, que el chiquitín ya no era una persona. Ella dudaba, porque nunca había conocido ningún cuerpo humano vivo que no fuese el de una persona, o a ninguna persona sin cuerpo humano…, nunca. Le parecía más sensato pensar que Dios no era una persona por carecer de cuerpo, a decir que un cuerpo humano vivo podía no ser humano, o sea, persona.

Mientras tanto, a nuestro protagonista le quedaba una semana de vida, aunque nunca había experimentado tanta vitalidad: cuanto menos le quedaba mayor era la vitalidad. Sentía que iba a explotar cuando tan solo restaba la séptima parte de su última semana…: ya estaba mareado de tanto jolgorio en su cuerpo, se sentía con un colocón tremendo. ¡¡BOOM!!!

¡¡Silencio!!

Nuestro protagonista ha dejado de existir, su cuerpo ya no está entre nosotros, estoy seguro; de hecho ya no identifico entre los millones de gérmenes de papá quién fue el causante de que estallara el BIGBANG de nuestro amigo imaginario.

El sentido común claramente identifica el antes y el después del BIGBANG humano. Sin embargo hay quienes lo han perdido, como la ministra Bibiana Aído, que olvida haber tenido alguna vez una semana de edad. El hecho de que entonces fuese más guapa que ahora es una mera cuestión estética, no vital. El sentido común es el menos común de los sentidos, sólo cuando se pierde el sentido común; y más nos vale conservarlo sano, vaya a ser que la ministra nos termine por convencer algún otro día, de que el BIGBANG del Mundo fue el comienzo de cualquier cosa, menos del Mundo.

Ricardo Zayas Martinez

3 Respuestas a “Abortar a Benjamin Button”


  1. 1 museros

    Buenísimo.

  2. 2 María

    No, perdone, los miembros del gobierno nunca fueron fetos. Nacieron ya así, según parece. Un saludo.

  3. 3 Adosinda

    Muy bueno el artículo.
    Te debo correo, no me olvidé de tí…ya te escribo y te cuento.

    Un abrazo.

    Ado

Añade un Comentario