En la anterior entrada de este blog se exponía que para Ángel Gabilondo debería suponer todo un reto garantizar (lo cual no es más que uno de sus deberes inexcusables) el ejercicio de la libertad de educación, tan maltratada y tantas veces vulnerada por sus dos antecesoras, en no pocas facetas del ámbito de la enseñanza.
Pocas semanas después, el propio ministro se ha encargado de aclararnos que, al menos en uno de los puntos en que Mercedes Cabrera demostró su escaso apego a la libertad (a la de los demás, se entiende), él está decidido a ser un continuador de la infausta labor desempeñada por la Sra. de Arenillas.
Hoy mismo, en el Encuentro digital de El Mundo, un internauta le formulaba esta pregunta, directa y clara:
Educación para la Ciudadanía ha suscitado el rechazo de muchos padres que entienden invade la formación de la conciencia moral de sus hijos. Muchos tribunales les han dado la razón y aunque el Tribunal Supremo se la ha negado, el conflicto sigue abierto. ¿Por qué no se busca una solución dialogada, en los límites de la Constitución, que sea aceptable para todos?
Su respuesta, falaz, trapacera y cínica, demuestra cuáles son sus intenciones…
En este momento hay un consenso sobre una aplicación adecuada de la Educación para la Ciudadanía y una firme voluntad de todos de que sea un espacio para la formación en aspectos de concordia que nos une como ciudadanos y todos trabajamos en esa dirección. En líneas generales, esto no plantea problemas ni a los ciudadanos ni a la comunidad educativa. El Supremo ha señalado que la propuesta está dentro de los límites de la Constitución (Gabilondo dixit).
¿Que hay “consenso”, con más de 52 mil objeciones?
¿“Aplicación adecuada” de la EpC, cuando a los más de mil procedimientos judiciales aún no resueltos y planteados contra las denegaciones del reconocimiento del derecho a objetar (incluidos los presentados ante el Constitucional contra las sentencias del Supremo) se empiezan a sumar otros que solicitan amparo contra el adoctrinamiento en la práctica docente?
¿Que esta EpC, la de la Cabrera que Gabilondo al parecer hace suya, es “un espacio para la formación en aspectos de concordia que nos une como ciudadanos”, que “todos trabajamos en esa dirección” y que “esto no plantea problemas ni a los ciudadanos ni a la comunidad educativa”?
D. Ángel, como catedrático de Filosofía que es, debería procurar hacer buen uso de la lógica. ¿O acaso lo ciegan el sectarismo y los prejuicios que condicionaron alguna de sus más famosas decisiones como rector de la Autónoma madrileña?
Mal camino ha emprendido el hermanísimo del confidente mediático de quien lo nombró…
Parece haber optado, como sus predecesoras, por el menosprecio de decenas de miles de familias… Y diríase que, también como ellas, ha enarbolado las banderas de la mentira y de la ignominia…
Por más que se empecine en ignorarlos, antes o después, tendrá que sentarse a dialogar con los legítimos representantes de esas familias… Bien podría ser (debería ser) en una de las tres mesas en las que dice que se buscará un pacto del que presume antes de haberse iniciado las conversaciones, pero no está por la labor…
Si no rectifica a tiempo y da algún pretexto para que alguien pueda pensar que su supuesta capacidad de diálogo no es una simple e interesada leyenda urbana, le sucederá lo mismo que a la Cabrera: que dejará la cartera por la puerta de atrás, mientras los objetores seguirán en sus puestos. Al fin y al cabo, esos padres no tienen ningún sillón al que aferrase ni han de rendir servil pleitesía a ningún falso señor… “Sólo” actúan movidos por el amor a sus hijos.
“Arrieritos somos y en el camino nos encontraremos” (objetores dixerunt).









Es una muestra más de su política de anteojeras. Prohibido mirar alrededor. Un saludo.