El parto de Gabilondo

Después de haber anunciado que para antes de la pasada Navidad tendría que haberse evidenciado su viabilidad, ahora el Ministro de Educación nos emplaza a finales del ya inminente mes de marzo para la consecución del pacto educativo que dice impulsar.

Como, a la vista de sus planes iniciales, el escepticismo sobre la factibilidad de ese deseable acuerdo había cundido en todos los sectores de la comunidad educativa, Ángel Gabilondo ha presentado, con toda la capacidad propagandística que confiere el poder, unas propuestas supuestamente nuevas.

El documento que el máximo responsable de la política educativa del gobierno Zapatero entregó ayer a los consejeros autonómicos se articula en doce objetivos y en 137 acciones concretas que, si se llegaran a aplicar, implicarían la reforma de 21 artículos de la Ley Orgánica de Educación (LOE).

Ahora bien, ninguna de esas medidas rectifica ni una coma de la normativa vigente en relación con los asuntos más polémicos y controvertidos, que en buena lógica deberían ser los prioritarios en la negociación, puesto que son aquellos en los que la regulación actual ha provocado más rechazo social.

Nos referiremos tan sólo a algunos de ellos.

En lo que hace a la “libertad de elección de centro” que, por mandato del artículo 84 de la LOE, las administraciones educativas tienen que garantizar a “padres o tutores”, el Ministro pretende eludir esa exigencia y que quede reducida a favorecer la libertad de elección de las familias” (propuesta n.º 77, b). Es decir, que en modo alguno parece dispuesto a rectificar la normativa sobre admisión de alumnos, que en la práctica hurta a los padres ese derecho y lo deja en una mera expresión de preferencia, por mor de las necesidades organizativas.

De la inclusión de todas las etapas educativas en los conciertos, para garantizar a todas las familias la enseñanza gratuita incluso en la enseñanza secundaria postobligatoria, nada de nada. Tampoco hay ninguna referencia a la implantación de una alternativa de carácter académico a la asignatura de Religión. Para más inri, ninguna de esas 137 medidas se ha planteado para garantizar la libertad de elección de lengua vehicular.

Igualmente se echan en falta propuestas que dejen traslucir la más mínima intención de garantizar “el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones” (art. 27.3 de la Constitución Española).

Así, demostrando con ello la falsedad de sus compromisos reiterados de buscar una solución satisfactoria para los padres que sienten vulnerados sus derechos por los actuales currículos de esas materias, Ángel Gabilondo no admite posibilidad alguna de modificar el estatus académico de Educación para la Ciudadanía o de retocar sus programas para eliminar los objetivos, contenidos y criterios de evaluación que causan el conflicto. Ni deja resquicio por el que pudiera evitarse que los niños del tercer ciclo de Primaria sean adoctrinados “con perspectiva de género sobre salud sexual y salud reproductiva” (artículo 5. 1. e de la ley del aborto).

Varias organizaciones representativas de estudiantes, padres y profesores, así como el Partido Popular y alguna otra fuerza política, han llamado la atención del Ministerio sobre estas y otras cuestiones que requieren una urgente y duradera solución.

Gabilondo, sin embargo, por propia iniciativa o por mandato de otros, rechaza hablar sobre estos temas y quiere hacer ver que “no son determinantes ni suponen problemas educativos”.

Habló Blas, punto redondo… Ya se sabe que “este es un gobierno que escucha; este no es un gobierno –ni lo ha sido ni lo va a ser– de decretazos; (…) ¡no!, este es un gobierno del acuerdo social, del diálogo y que piensa en el futuro” (Zapatero dixit).

Uno se pregunta… Si en un pretendido pacto no pueden tener cabida los asuntos que más polémica provocan ni los que se refieren al ejercicio de derechos de primera magnitud, ¿qué temas serán los que requieren consenso?

Mucho me temo que el catedrático de Metafísica y ex rector tiene o se lo han impuesto el mismo sectario concepto de pacto que quien lo nombró. Uno y otro dan muestras, un día sí y otro también, de pretender que pactar con ellos consista en que todos les aplaudamos sus interesadas y manipuladoras ocurrencias.

Para que, como los montes en la fábula, el Sr. Gabilondo acabe pariendo un ratón, no había necesidad de tanta parafernalia y tanto revuelo.

Con varios ademanes horrorosos

los montes de parir dieron señales;

consintieron los hombres temerosos

ver nacer los abortos más fatales.

Después que con bramidos espantosos

infundieron pavor a los mortales,

estos montes, que al mundo estremecieron,

un ratoncillo fue lo que parieron.

Hay autores que en voces misteriosas,

estilo fanfarrón y campanudo

nos anuncian ideas portentosas;

pero suele a menudo

ser el gran parto de su pensamiento,

después de tanto ruido sólo viento.

(Félix M.ª de Samaniego)

3 Respuestas a “El parto de Gabilondo”


  1. 1 Yo ya he firmado

    o sea…¿un pedo?. ¡Mecahis! y yo que me había hecho ilusiones…

  2. 2 Federico

    Enhorabuena por tu análisis tan agudo como siempre

  3. 3 Toribio

    Un máquina, J. Carlos, etás hecho un máquina!!!!
    Felicidades por el artículo y gracias por poner una nota de humor.

Actualmente los comentarios están cerrados.