
Ángel Gabilondo llegó al Ministerio de Educación con un proyecto muy ambicioso, que ya adelantó en su toma de posesión: la consecución de un pacto de Estado que impusiera un poco de cordura en el sistema educativo no universitario.
En sus primeras comparecencias públicas, se comprometió a abordar todas las cuestiones y a escuchar a todos los implicados. Quienes creen conocerlo bien aseguraban que haría honor a su fama de dialogante y aventuraban que lograría su propósito.
Tras unos primeros escarceos y tomas de contacto con representantes de partidos políticos, sindicatos, patronales de la enseñanza concertada y privada, confederaciones de asociaciones de padres y organizaciones estudiantiles, se impuso el objetivo de buscar fórmulas de consenso que posibilitaran un gran acuerdo que diera estabilidad a nuestra maltrecha Educación.
En la búsqueda de ese deseable pacto, no excluía ningún tema y decía querer incluir una solución para el conflicto originado por la implantación de los actuales currículos de Educación para la Ciudadanía (EpC). “Nos vamos a reunir con las familias que han invocado este principio para ver de qué modo vamos a afrontar este asunto“, llegó a manifestar en declaraciones a la COPE, tras haber expresado su “absoluto respeto” a la objeción de conciencia y a quienes habían optado por invocarla.
Desde entonces, el Ministerio ha elaborado dos borradores que omitían todos los asuntos en los que hay divergencias y, antes de dar a conocer su propuesta definitiva, ha hablado (no parece que haya escuchado demasiado, al menos a quienes no le decían lo que quería oír) con algunos… y ha seguido ignorando a otros. Y es que, contradiciendo con sus obras la palabra empeñada, el ministro del diálogo se ha negado a atender a las familias objetoras.
A la vista de las medidas que se recogen en el documento de 46 páginas que el Ministerio de Educación presentó el pasado día 22 de abril, uno no podía evitar preguntarse sobre qué demonios quería pactar Ángel Gabilondo.
En las 148 actuaciones que propone su Departamento, no tienen cabida ni la garantía del derecho a elección de centro, ni el reconocimiento de los padres como máximos y primeros responsables de la educación de los hijos, ni la posibilidad de elegir la lengua vehicular, ni la introducción de una alternativa a la asignatura de Religión que sea evaluable y que tenga contenido curricular, ni la modificación del estatus académico de EpC o la reforma de sus programas, ni detalle alguno sobre cómo se van a aplicar las “medidas en el ámbito educativo” que la Ley de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo impone, para inculcar a los niños y adolescentes españoles una educación sexual “con perspectiva de género“…
En definitiva, Gabilondo se ha negado a que en su peculiar pacto se aborde nada de lo que realmente requiere acuerdos. Tal vez, porque esa es la única forma de conseguir el propósito con que se ha puesto en escena esta opereta: que, como sucedió con la LOGSE, la política educativa que se plasma en la LOE no se vea sustancialmente alterada… Hasta que el PSOE decida que ha quedado obsoleta o que, para el mejor fin de sus planes de manipulación ideológica en las aulas, hay que darle una manita de barniz.
Al confesarles mi desconcierto por el contraste entre lo que dijo y lo que está haciendo, me cuentan algunas personas que lo conocen razonablemente bien que este no es su Gabilondo… Que se lo han cambiado…
Me insisten, así mismo, en que su intención de escuchar a todos y de no excluir ninguno de los graves problemas que lastran nuestra Educación no universitaria era sincera… Pero que, desde Ferraz (donde -me aseguran- no está muy bien visto, porque no es del aparato ni tiene suficiente pedigrí socialista)… y desde La Moncloa, le han impuesto actuar como lo ha hecho: con el sectarismo y los modos dictatoriales que son consustanciales al Ejecutivo de Rodríguez.
Mis fuentes (que no revelaré, obviamente, pero que son personas de las que han participado en las conversaciones cara a cara con él) detallan que, en relación con el diálogo que pretendía mantener con los padres objetores, recibió una expresa prohibición.
Narran que, en una de las primeras reuniones de las muchas que ha mantenido con los interlocutores a quienes sí ha tenido a bien recibir, alguno de estos le quiso hacer ver la conveniencia de que abordara sin complejos la cuestión de la EpC. Cuentan que su contestación fue rotunda y muy reveladora. Eso era impensable, porque no se lo permitirían.
Como no le consentirán (ni le perdonarán) que no logre lo que le han impuesto como verdadero objetivo inmediato y mediático del pacto: una foto.
Hoy hemos sabido que está dispuesto a forzar la máquina para lograr esa instantánea, incluso en el caso de que que el PP no pase por el aro.
Parece ser que, una vez concluido el período en que a España le corresponde la Presidencia de la UE, Rodríguez remodelará el Gobierno. Me atrevo a pronosticar que, si no hay foto, habrá relevo en Educación.









NI UN PASO ATRÁS.
Tenemos que seguir peleando como titanes, y no perder el empeño, aunque seamos minoría de padres conscientes de lo que ocurre.