Los aborteros confiesan tener
“sentimientos en conflicto”
La noción de que las enfermeras, los médicos, los asesores y otros que trabajan en el campo del aborto tienen escrúpulos sobre el trabajo que hacen es un secreto bien guardado.
Una enfermera de Seattle, Estado de Washington, habló de la observación de su primer aborto en los últimos trimestres, hecho por un método de dilatación y evacuación. “Estaba observando al médico luchar con la cánula, tratando de sacarla”, dijo, “No entendía de qué se trataba toda la resistencia. Y estaba muy alarmada y de repente el médico sacó la cánula y allí, cuando yo estaba al lado de la mujer, miré la cánula abajo y había un pie que sobresalía”. Nunca olvidaré el sentimiento que tuve en mi pecho cuando el médico sacó aquella cánula. Casi me dejó sin respiración. Porque la realidad de esto era muy dura para mí.”
Un médico del Estado de Nuevo México dijo que a veces estaba sorprendido por la ira que podía despertar en él un aborto en uno de los últimos trimestres. Por una parte, el médico dijo que estaba enfadado con la mujer. “Pero paradójicamente”, añadió, “tengo sentimientos de enojo hacia mí mismo por sentirme bien al hacer un procedimiento técnicamente bueno que destruye un feto, que mata a un bebé”.
Una cosa que no cambia con el momento [de la gestación], sin embargo, son las clases de preguntas que hacen las pacientes. Preguntas que a veces dejan perplejo al personal. Se preguntan, [por ejemplo], si el feto siente dolor. Hablan del alma y adónde va. Y de sus sueños, en los que fetos abortados les miran fijamente con ojos de más edad y manos y pies perfectamente formados, preguntando: “¿Por qué? ¿Por qué me hiciste esto?”
“Esta es una gran preocupación” tanto para el personal como para las pacientes, dijo una empleada de una clínica del Estado de Massachusetts”. Después de todo, dijo, “es un cuerpo desmembrado”.
Las pacientes a veces también piden ver los restos fetales. Una médico de Toronto, Canadá, dijo que no sabía “cómo y si [debiéramos] proteger a la paciente de la realidad del procedimiento”. Dijo que usualmente ocultaba la pantalla de ultrasonidos y “apartaba a toda velocidad” los “productos fetales”. “Probablemente no está preparada para lo que va a ver”, dijo de la paciente. Es duro estar en una profesión “donde lo pasas mal respondiendo las preguntas que otras personas te hacen sobre lo que haces”, dijo. “Llegas a no sentirte tan bien sobre lo que estás haciendo…”
A veces estos sentimientos salen a la superficie con las pacientes.
Una enfermera que había trabajado en una clínica de abortos durante menos de un año, dijo que sus momentos más perturbadores no tuvieron lugar en la sala de operaciones sino después. Muchas veces, dijo, las mujeres que acababan de tener abortos yacían en la sala de recuperaciones y gritaban: “¡Acabo de matar a mi bebé! ¡Acabo de matar a mi bebe!” “No sé que decir a estas mujeres”, dijo la enfermera al grupo. “Parte de mí piensa: ‘Quizás tengan razón’ Es difícil trabajar practicando abortos durante un tiempo y creer que es un procedimiento seguro. Aún con los mejores médicos los abortos tienen muchas complicaciones menores y a veces mayores. Yo observé al Dr. William Pierd perforarle el útero a una mujer y después mentir acerca de la gravedad de la perforación.
La complicación más horrible que presencié fue la de una mujer que dejó de respirar durante el aborto. El Dr. Michael Sussman salió del salón cuando acabó. A pesar de que le dije que la clienta no respiraba, me dejó sola con ella. Cuando regresó el médico, ni siquiera siguió el procedimiento indicado para esa situación. Fue un milagro que la mujer no muriera.
“Aunque se puede impedir que los empleados vean los cuerpos despedazados de los bebés, no hay vacuna para hacerlos inmunes al olor de sangre, que penetra la clínica los días de matanza. Generalmente hay un empleado encargado de los bebés. Ninguno de la Federación de Planificación de la Familia de los Estados Unidos o PPFA (Planned Parenthood Federation of America) quería ese puesto.
“Empecé a preguntarme si de veras estábamos cuidando a esas mujeres o si sólo estábamos trabajando en un negocio más, sólo por interés.
“La empleada común de una clínica no sabe que hay demandas judiciales contra la clínica donde ella trabaja. La Federación de Planificación de la Familia de los Estados Unidos o PPFA (Planned Parenthood Federation of America), no quiere que se hablen de complicaciones ni de errores. Sus empleados no tienen información sobre las lesiones y las muertes [de mujeres] que ocurren en las clínicas afiliadas.
“¿Quieren saber la verdad? Nunca las ví [a las que venían a practicarse el aborto] como mujeres. Para mí, si ellas eran tan estúpidas como para creer nuestras mentiras, entonces merecían exactamente lo que íbamos a darles. Y ése era el modo en que yo trataba a todas y a cada una de ellas.
“… en nuestras clínicas a nuestros médicos no les importan sus pacientes, eso es común en todo el país… Los ginecólogos que trabajaban en su práctica privada y que también venían a nuestra clínica, si alguna de sus pacientes tenía algún problema después, me llamaban a mí. Eso es común… No soy médico, ni estoy entrenada para evaluar problemas como la hemorragia post quirúrgica, etc. No tengo la capacidad de poder diagnosticar y dar el tratamiento, pero se me requerían ambas cosas y las hice durante tres años. Cuando me llamaban después del trabajo y decían: ‘Tengo hemorragia, ¿qué hago?’ Ese era mi problema, no el del médico. Yo era la persona de guardia, yo era quien recetaba los medicamentos.
“Teníamos un desmenuzador de papeles en mi oficina para ese propósito, de modo que si el fiscal viniera al día siguiente, no iba a encontrar ningún informe.
“Imagínense que…como sabíamos que podíamos controlar la conversación…le decía a ella [la clienta]: ‘yo me preocupo por usted, tengo las cosas bajo control, soy adulta y he hecho esto anteriormente, yo soy la respuesta a su problema, no importa lo que sea’. Era como estar vendiendo. Yo era un instrumento de ventas.
“Como pueden ver, es un proceso que sucedió y que les sucede a otras personas que trabajan en la industria, no importa cuál sea su posición. Lo que motiva y maneja la industria es el dinero. Pero existe este secreto del cual nadie habla, y que consiste en que tengamos que fingir y presentar una imagen de que nos preocupamos por alguien, porque si la gente de veras nos viera como somos y pudiera ver nuestros corazones, el aborto no tendría el nivel de respeto que parece tener en…este país en general.
“Ustedes pueden oir que los medios de comunicación dicen que nos preocupamos por las mujeres. Que estamos luchando por el derecho de las mujeres, por el derecho de poder escoger el aborto. Y esto suena tan maravilloso. Y el público de los Estados Unidos se ha creído ese paquete de mentiras. Detrás de puertas cerradas acostumbrábamos a bromear acerca del término ‘pro opción’ [= a favor del aborto]. En nuestra clínica la única opción era que la clínica consiguiera su negocio. No había otra opción.
>Hellen Pendley: “Llegué a una compañía bien establecida, una de las más grandes en la nación. Opera clínicas de aborto aún hoy en día, doce clínicas a través de los Estados Unidos.
“En el Estado de Georgia, que es de donde procedo y donde manejé esta clínica privada, teníamos el control del Estado. Pero el Estado no requería que tuviéramos equipos para sostener la vida, ni necesitábamos equipo para el salón de recuperación, aunque hacíamos abortos con anestesia general.
“Yo estaba empezando a ver las cosas como las ven los abortistas, es decir, que mientras más abortos practicáramos, más dinero íbamos a ganar.
“Parte de mi trabajo en la industria era formar una asociación con otros abortistas, de modo que formamos un grupo llamado ‘Georgia Abortion Providers’ ['Proveedores de Abortos del Estado de Georgia']. Era un grupo de cabildeo…parte [del objetivo] de esta cadena de abortistas era intercambiar ideas. El Atlanta Surgery Center [Centro de Sirugía de Atlanta] en Atlanta, Georgia…estuvo en las noticias el 11 de marzo de 1989, cuando Catherine Pierce sufrió un paro cardíaco. El fiscal del distrito vino al día siguiente y citó el expediente médico. No cerraron esa clínica, pero tomaron los expedientes médicos y se convocó una reunión para que todos nosotros no hablásemos sobre Catherine Pierce ni sobre el hecho de que ella estaba en coma e iba a morir, y ella murió en octubre, después de pasar muchos meses en una clínica. Nunca salió del coma. Nadie mencionaba a Catherine Pierce. Nadie dijo: ‘¿qué hay de esa pobre mujer?’ ¿Saben por qué? Porque no nos importaba lo que le pasara a ella. Nos preocupaba lo que nos podía pasar a nosotros. Hablábamos sobre qué podíamos hacer en caso de muerte, para que no nos atraparan. Ese era nuestro objetivo.
“En el futuro, creo que tendremos que enfrentarnos con una generación de mujeres que tendrán hepatitis B, que tendrán SIDA, porque lo han contraído a través de un aborto. Si se vuelve a usar una cánula de aspiración al vacío, se infectará a la persona siguiente. Cuando alguien está ocupado en una clínica no tiene tiempo para esterilizar los instrumentos, sino que los lava, los vuelve a empacar y a usar. Y cuando el Estado viene a inspeccionar sus libros, tienen esas cintas que se ponen en el autoclave, se les pone una fecha, las ponemos a manotadas y las sacamos, para mostrar que pusimos 15 veces a esterilizar los instrumentos en un día, cuando no fue así.
“¿Abortos incompletos? Ocurren muy frecuentemente. Yo los archivaba en mi oficina por separado; los mantenía bajo llave y nadie en lo absoluto tenía acceso a ellos sino yo. Ésas eran nuestras pacientes problemáticas. A ellas las sacaban de los archivos regulares porque no querían que ningún inspector que viniera sacara esos papeles. Eran de las mujeres que yo sabía que habíamos enviado a sus casas sangrando, o con otro problema. Eran las que yo sabía que iríamos a oír de ellas otra vez. Cuando yo empecé a trabajar allá teníamos un libro para anotar las complicaciones. Yo le pregunté al personal como hacían para recoger los datos para sus estadísticas. Me respondieron: ‘Bueno, adivinamos’. Yo dije: ‘Bueno, ustedes adivinan cuántas pacientes tienen complicaciones después de un aborto’. De modo que yo les digo esto porque si ustedes miran las estadísticas de los Centros para el Control de las Enfermedades [de los Estados Unidos], otras estadísticas que ustedes encontrarán y que muestran lo ’seguro’ que es el aborto legal, tienen que entender quién reporta esas estadísticas. Tengo un memorandum que vino de nuestro director nacional en esta compañía, y que establece que no se debe reportar si no hay hospitalización. No importa cuántas veces se perfora un útero, se taponea, se le da masajes al útero…y se les envía a su casa, no se reporta.
“Un incidente en particular que tuvimos cuando yo estaba trabajando en la clínica fue el caso de una niña de 14 años de edad. Su médico vino y me dijo: ‘Hellen, yo le perforé el útero y le saqué el intestino. ¿Qué hago?’ Entendí lo que él me quería decir. No me estaba preguntando qué debía hacer como médico; me preguntaba qué debía hacer para asegurarse de que todo seguiría escondido. Se tomó la decisión de meterle el intestino de nuevo y enviarla a su casa, porque les puedo asegurar que la vida y la muerte no significan nada en una clínica. Si no se respeta la vida del recién nacido, ¿cómo se puede respetar la vida de la madre y por qué?
“Si ella sobrevivió o murió no lo sé. Quisiera poder decirles que a mí me importaba, pero eso no era así, ya que yo no estaba allí para cuidar a las mujeres…Hay muchas cosas que pasan en una clínica que no se tolerarían si sucedieran en cualquier otra rama de la medicina. Y lo digo hablando como alguien [de] la industria de la medicina, pero es importante que entiendan hasta qué punto llega la gente en esa industria para preservar su imagen. No hay nada que sea demasiado bajo. Lo digo porque quiero que me entiendan que cuando yo trabajaba en eso no había intención de ayudarle a nadie. Yo misma buscaba tener dinero, así como una posición de poder y no me importaba sobre cuántos cadáveres tenía yo que pasar para llegar allá. Yo iba al laboratorio todos los días y veía bebés muertos todos los días durante tres años…Nunca…me importó. Si podía ver 50, estaba contenta. ¿Sabe que quería eso decir? Que yo iba a recibir un buen bono la próxima vez que me pagaran.
FUENTE: Tomado del video “Abortion, The Inside Story” de la organización pro vida “The Pro-Life Action
Carol Everett: Así que esta chica llama por teléfono y dice “estoy embarazada”. Bien, desde cuándo? Cuál es el primer día de tu último periodo mestrual? Sé cómo piensan y lo puedo decir. La persona que aconseja está pagada para hacerse amiga de la chica. Le pagan para convertirse en autoridad para esa chica. Se supone que esa amistad ha de llegar hasta el punto de venderle un aborto
A veces estos sentimientos salen a la superficie con las pacientes.
Una enfermera que había trabajado en una clínica de abortos durante menos de un año, dijo que sus momentos más perturbadores no tuvieron lugar en la sala de operaciones sino después. Muchas veces, dijo, las mujeres que acababan de tener abortos yacían en la sala de recuperaciones y gritaban: “¡Acabo de matar a mi bebé! ¡Acabo de matar a mi bebe!” “No sé que decir a estas mujeres”, dijo la enfermera al grupo. “Parte de mí piensa: ‘Quizás tengan razón’ Es difícil trabajar practicando abortos durante un tiempo y creer que es un procedimiento seguro. Aún con los mejores médicos los abortos tienen muchas complicaciones menores y a veces mayores. Yo observé al Dr. William Pierd perforarle el útero a una mujer y después mentir acerca de la gravedad de la perforación.
La complicación más horrible que presencié fue la de una mujer que dejó de respirar durante el aborto. El Dr. Michael Sussman salió del salón cuando acabó. A pesar de que le dije que la clienta no respiraba, me dejó sola con ella. Cuando regresó el médico, ni siquiera siguió el procedimiento indicado para esa situación. Fue un milagro que la mujer no muriera.
“Aunque se puede impedir que los empleados vean los cuerpos despedazados de los bebés, no hay vacuna para hacerlos inmunes al olor de sangre, que penetra la clínica los días de matanza. Generalmente hay un empleado encargado de los bebés. Ninguno de la Federación de Planificación de la Familia de los Estados Unidos o PPFA (Planned Parenthood Federation of America) quería ese puesto.
“Empecé a preguntarme si de veras estábamos cuidando a esas mujeres o si sólo estábamos trabajando en un negocio más, sólo por interés.
“La empleada común de una clínica no sabe que hay demandas judiciales contra la clínica donde ella trabaja. La Federación de Planificación de la Familia de los Estados Unidos o PPFA (Planned Parenthood Federation of America), no quiere que se hablen de complicaciones ni de errores. Sus empleados no tienen información sobre las lesiones y las muertes [de mujeres] que ocurren en las clínicas afiliadas.
“¿Quieren saber la verdad? Nunca las ví [a las que venían a practicarse el aborto] como mujeres. Para mí, si ellas eran tan estúpidas como para creer nuestras mentiras, entonces merecían exactamente lo que íbamos a darles. Y ése era el modo en que yo trataba a todas y a cada una de ellas.
“… en nuestras clínicas a nuestros médicos no les importan sus pacientes, eso es común en todo el país… Los ginecólogos que trabajaban en su práctica privada y que también venían a nuestra clínica, si alguna de sus pacientes tenía algún problema después, me llamaban a mí. Eso es común… No soy médico, ni estoy entrenada para evaluar problemas como la hemorragia post quirúrgica, etc. No tengo la capacidad de poder diagnosticar y dar el tratamiento, pero se me requerían ambas cosas y las hice durante tres años. Cuando me llamaban después del trabajo y decían: ‘Tengo hemorragia, ¿qué hago?’ Ese era mi problema, no el del médico. Yo era la persona de guardia, yo era quien recetaba los medicamentos.
“Teníamos un desmenuzador de papeles en mi oficina para ese propósito, de modo que si el fiscal viniera al día siguiente, no iba a encontrar ningún informe.
“Imagínense que…como sabíamos que podíamos controlar la conversación…le decía a ella [la clienta]: ‘yo me preocupo por usted, tengo las cosas bajo control, soy adulta y he hecho esto anteriormente, yo soy la respuesta a su problema, no importa lo que sea’. Era como estar vendiendo. Yo era un instrumento de ventas.
“Como pueden ver, es un proceso que sucedió y que les sucede a otras personas que trabajan en la industria, no importa cuál sea su posición. Lo que motiva y maneja la industria es el dinero. Pero existe este secreto del cual nadie habla, y que consiste en que tengamos que fingir y presentar una imagen de que nos preocupamos por alguien, porque si la gente de veras nos viera como somos y pudiera ver nuestros corazones, el aborto no tendría el nivel de respeto que parece tener en…este país en general.
“Ustedes pueden oir que los medios de comunicación dicen que nos preocupamos por las mujeres. Que estamos luchando por el derecho de las mujeres, por el derecho de poder escoger el aborto. Y esto suena tan maravilloso. Y el público de los Estados Unidos se ha creído ese paquete de mentiras. Detrás de puertas cerradas acostumbrábamos a bromear acerca del término ‘pro opción’ [= a favor del aborto]. En nuestra clínica la única opción era que la clínica consiguiera su negocio. No había otra opción.
>Hellen Pendley: “Llegué a una compañía bien establecida, una de las más grandes en la nación. Opera clínicas de aborto aún hoy en día, doce clínicas a través de los Estados Unidos.
“En el Estado de Georgia, que es de donde procedo y donde manejé esta clínica privada, teníamos el control del Estado. Pero el Estado no requería que tuviéramos equipos para sostener la vida, ni necesitábamos equipo para el salón de recuperación, aunque hacíamos abortos con anestesia general.
“Yo estaba empezando a ver las cosas como las ven los abortistas, es decir, que mientras más abortos practicáramos, más dinero íbamos a ganar.
“Parte de mi trabajo en la industria era formar una asociación con otros abortistas, de modo que formamos un grupo llamado ‘Georgia Abortion Providers’ ['Proveedores de Abortos del Estado de Georgia']. Era un grupo de cabildeo…parte [del objetivo] de esta cadena de abortistas era intercambiar ideas. El Atlanta Surgery Center [Centro de Sirugía de Atlanta] en Atlanta, Georgia…estuvo en las noticias el 11 de marzo de 1989, cuando Catherine Pierce sufrió un paro cardíaco. El fiscal del distrito vino al día siguiente y citó el expediente médico. No cerraron esa clínica, pero tomaron los expedientes médicos y se convocó una reunión para que todos nosotros no hablásemos sobre Catherine Pierce ni sobre el hecho de que ella estaba en coma e iba a morir, y ella murió en octubre, después de pasar muchos meses en una clínica. Nunca salió del coma. Nadie mencionaba a Catherine Pierce. Nadie dijo: ‘¿qué hay de esa pobre mujer?’ ¿Saben por qué? Porque no nos importaba lo que le pasara a ella. Nos preocupaba lo que nos podía pasar a nosotros. Hablábamos sobre qué podíamos hacer en caso de muerte, para que no nos atraparan. Ese era nuestro objetivo.
“En el futuro, creo que tendremos que enfrentarnos con una generación de mujeres que tendrán hepatitis B, que tendrán SIDA, porque lo han contraído a través de un aborto. Si se vuelve a usar una cánula de aspiración al vacío, se infectará a la persona siguiente. Cuando alguien está ocupado en una clínica no tiene tiempo para esterilizar los instrumentos, sino que los lava, los vuelve a empacar y a usar. Y cuando el Estado viene a inspeccionar sus libros, tienen esas cintas que se ponen en el autoclave, se les pone una fecha, las ponemos a manotadas y las sacamos, para mostrar que pusimos 15 veces a esterilizar los instrumentos en un día, cuando no fue así.
“¿Abortos incompletos? Ocurren muy frecuentemente. Yo los archivaba en mi oficina por separado; los mantenía bajo llave y nadie en lo absoluto tenía acceso a ellos sino yo. Ésas eran nuestras pacientes problemáticas. A ellas las sacaban de los archivos regulares porque no querían que ningún inspector que viniera sacara esos papeles. Eran de las mujeres que yo sabía que habíamos enviado a sus casas sangrando, o con otro problema. Eran las que yo sabía que iríamos a oír de ellas otra vez. Cuando yo empecé a trabajar allá teníamos un libro para anotar las complicaciones. Yo le pregunté al personal como hacían para recoger los datos para sus estadísticas. Me respondieron: ‘Bueno, adivinamos’. Yo dije: ‘Bueno, ustedes adivinan cuántas pacientes tienen complicaciones después de un aborto’. De modo que yo les digo esto porque si ustedes miran las estadísticas de los Centros para el Control de las Enfermedades [de los Estados Unidos], otras estadísticas que ustedes encontrarán y que muestran lo ’seguro’ que es el aborto legal, tienen que entender quién reporta esas estadísticas. Tengo un memorandum que vino de nuestro director nacional en esta compañía, y que establece que no se debe reportar si no hay hospitalización. No importa cuántas veces se perfora un útero, se taponea, se le da masajes al útero…y se les envía a su casa, no se reporta.
“Un incidente en particular que tuvimos cuando yo estaba trabajando en la clínica fue el caso de una niña de 14 años de edad. Su médico vino y me dijo: ‘Hellen, yo le perforé el útero y le saqué el intestino. ¿Qué hago?’ Entendí lo que él me quería decir. No me estaba preguntando qué debía hacer como médico; me preguntaba qué debía hacer para asegurarse de que todo seguiría escondido. Se tomó la decisión de meterle el intestino de nuevo y enviarla a su casa, porque les puedo asegurar que la vida y la muerte no significan nada en una clínica. Si no se respeta la vida del recién nacido, ¿cómo se puede respetar la vida de la madre y por qué?
“Si ella sobrevivió o murió no lo sé. Quisiera poder decirles que a mí me importaba, pero eso no era así, ya que yo no estaba allí para cuidar a las mujeres…Hay muchas cosas que pasan en una clínica que no se tolerarían si sucedieran en cualquier otra rama de la medicina. Y lo digo hablando como alguien [de] la industria de la medicina, pero es importante que entiendan hasta qué punto llega la gente en esa industria para preservar su imagen. No hay nada que sea demasiado bajo. Lo digo porque quiero que me entiendan que cuando yo trabajaba en eso no había intención de ayudarle a nadie. Yo misma buscaba tener dinero, así como una posición de poder y no me importaba sobre cuántos cadáveres tenía yo que pasar para llegar allá. Yo iba al laboratorio todos los días y veía bebés muertos todos los días durante tres años…Nunca…me importó. Si podía ver 50, estaba contenta. ¿Sabe que quería eso decir? Que yo iba a recibir un buen bono la próxima vez que me pagaran.
FUENTE: Tomado del video “Abortion, The Inside Story” de la organización pro vida “The Pro-Life Action
Carol Everett: Así que esta chica llama por teléfono y dice “estoy embarazada”. Bien, desde cuándo? Cuál es el primer día de tu último periodo mestrual? Sé cómo piensan y lo puedo decir. La persona que aconseja está pagada para hacerse amiga de la chica. Le pagan para convertirse en autoridad para esa chica. Se supone que esa amistad ha de llegar hasta el punto de venderle un aborto
La verdad tras el aborto
(Cortesía de Vida Humana Internacional)
| Lo que sigue es una parte del “script” (versión al español) del video “Abortion: The Inside Story”. El tema de este video es un encuentro organizado en 1995 por el Chicago Pro-Life Action League (Liga de Acción pro vida de Chicago), con ex-abortistas. Las espeluznantes historias que cuentan estos ex-proveedores de abortos legales en EE.UU. muestran la realidad: que el aborto daña tanto a la criatura por nacer como a su madre. También demuestran que legalizar el aborto no lo hace un procedimiento “seguro” e “Inocuo”. |
Narrador: Joe Scheidler y la Liga de Acción en Favor de la Vida continúan proporcionando un foro para individuos de todo el país, que han estado asociados con la industria del aborto. Algunas de estas mujeres han estado involucradas activamente con la organización abortista Paternidad Planificada y con la Organización Nacional de Mujeres, y algunas administraron clínicas de abortos. Las condiciones en las que se hacen los abortos, según ellas, no serían toleradas en ninguna otra práctica médica. Como verán en este programa, es fácil encontrar negligencia criminal que resulta en daño físico y en la muerte de las pacientes en las llamadas “clínicas seguras de aborto legal”.
Judith Fetrow: El aborto supuestamente libera a las mujeres. Esta es una de las mentiras más grandes del movimiento feminista: que para ser mujeres libres, debemos ser copias de los hombres y no debemos tener útero. Que matar niños significa salvarlos y que las mujeres están más seguras y son más autónomas y más capaces de cuidarse y protegerse, si no tienen niños.
Joy Davis: Hace catorce años me ofrecieron empleo en una clínica de abortos en Birmingham, Alabama. Consideré que la oferta era muy buena y que además de ayudar a las mujeres, lucharía por una buena causa, así que acepté el puesto. Al poco tiempo de empezar a trabajar, me di cuenta que no estábamos allí para ayudar a las mujeres. Era un negocio para ganar dinero.
Hellen Pendley: Empecé a trabajar para una de las compañías más grandes del país; hoy en día todavía opera doce clínicas de aborto en los Estados Unidos. En la entrevista inicial me preguntaron: ¿Está usted a favor del derecho de decidir? ¡Claro que sí! respondí, aunque no había pensado mucho en ello. La segunda fue ¿le molesta el hecho de que esto sea un negocio? Dije que no porque tengo experiencia tanto en los negocios como en el campo médico. No había ninguna duda de que yo estaba allí para hacerles ganar dinero. Nadie me dijo: “Espero que usted esté a favor del aborto porque queremos que ayude a estas mujeres”.
Joy Davis: Las condiciones de la clínica donde yo trabajaba eran muy malas. No había unidad de cuidados intensivos y la mayor parte del personal no estaba bien entrenado y no tenía experiencia médica. Nunca teníamos el mismo médico, porque rotaban continuamente. Uno de los médicos, Tommy Tucker, me dijo un día que quería abrir su propia clínica, para hacer bien las cosas y tener el mejor equipo posible y empleados muy bien preparados y entrenados. Quería emplear anestesistas para poder usar anestesia general y que las mujeres no sufrieran -porque en la clínica donde trabajábamos las mujeres sufrían mucho.
Hellen Pendley: Yo pensaba que como había trabajado en el campo de la medicina y estaba acostumbrada al ambiente estéril, podría aportar ese conocimiento a la industria del aborto, y hacer que la clínica proporcionara atención médica de calidad a las mujeres.
Joy Davis: Pensé que era una idea maravillosa, acepté su oferta y llegué a ser directora regional de seis clínicas de Aborto en Mississippí y Alabama. Teníamos el mejor equipo, y personal eficiente y bien entrenado, pero les mentíamos a las mujeres para poder ganar dinero. No veíamos muchas mujeres por día, para no tratarlas como ganado. Queríamos dedicarles tiempo y darles la clase de atención médica que necesitaban.
Hellen Pendley: Eso sonaba muy bien, pero en vez de cambiar yo a la industria del aborto, la industria me cambió a mí.
Joan Appleton: En cinco años que estuve ahí, no conocí ni un solo médico que practicara abortos por creer que era un derecho de la mujer. Eso no era lo más importante para ellos. No digo que no existan, pero yo en mi clínica no lo pude comprobar.
Joy Davis: A los pocos meses, su avaricia se impuso. Le parecía que no ganaba suficiente dinero, así que despidió a los anestesistas porque ganaban mucho. Después de unos pocos meses observando cómo anestesiaban a las pacientes, empezamos nosotras mismas a hacerlo. Sin tener ni idea de lo que hacíamos. Solo repitiendo lo que habíamos visto hacer. Más adelante despidieron a las enfermeras de la sala de recuperación; después al técnico de laboratorio y así sucesivamente.
Hellen Pendley: Lo primero que hice fue limpiar la clínica por fuera. Pero pronto me di cuenta de que no teníamos ningún equipo para revivir a una paciente en caso de emergencia. En el estado de Georgia, de donde soy, y donde dirigía esta clínica, estábamos regulados por el estado, pero éste no requería que tuviéramos equipos de resucitación médica, ni sala de recuperación equipada, a pesar de que practicábamos abortos con anestesia general.
Luhra Tivis: Es como una planta de ensamblaje. No requiere mucho capital. Probablemente el equipo más costoso que tiene es el de sonogramas.
Hellen Pendley: Pronto empecé a ver las cosas como las ven los abortistas, es decir, cuantos más abortos practiquemos, más dinero ganaremos..
Joy Davis: Comencé a entrevistar a personas que no tenían conocimientos médicos en absoluto para que hicieran trabajo de anestesistas, técnicos de laboratorio, enfermeras y hasta de médicos.
Dina Madsen: No se requería ningún tipo de conocimiento médico para el puesto, solo se necesitaba aceptar el aborto.
Joan Appleton: He detectado grandes diferencias entre las clínicas de aborto en cada estado. En la clínica de Falls Church, Virginia, donde yo era enfermera jefe, trabajábamos principalmente enfermeras y técnicas de laboratorio y no había otras empleadas, aparte de las secretarias. Después de mudarme a Minesota, encontré que en las clínicas independientes no había personal médico, aparte del médico que practica el aborto.
Joy Davis: Yo contraté y entrené gente de la calle sin conocimientos médicos. Veíamos aproximadamente 10 mujeres por día, pero eso no era suficiente. Empezamos a ver tantas como podíamos admitir en cada clínica. Pero como el médico no podía estar en todas partes, me entrenó a mí. Yo no estuve ni un día en una escuela de medicina, era solo una técnica de ultrasonido. Tenía experiencia de negocios, pero no sabía nada de medicina, excepto lo que durante años había visto hacer a los médicos. Entonces comencé a practicar abortos, cirugía, poner Norplants, criocirugía, Papanicolau y exámenes pélvicos. Hacía todo lo que él hacía y estaba orgullosa porque veía que lo hacía mejor que él. Todos los empleados decían: “Necesita ver a la Dra. Davis”, porque pensaban que yo era mejor médico que él. Nunca tuve problemas con las pacientes. No tuve que hospitalizar a ninguna mujer; las de él, por el contrario, había que hospitalizarlas en condiciones muy críticas casi todos los meses, con histerectomías o tejidos retenidos. A sus pacientes les pasaban todo tipo de desgracias.
Judith Fetrow: Es difícil estar involucrada en la industria del aborto por un tiempo y seguir creyendo que es un procedimiento seguro. Aún con los mejores médicos, hay muchas complicaciones menores y a veces, mayores. Vi como el Dr. William Pierd le perforó el útero a una mujer y después le mintió acerca de la gravedad de la perforación.
Dina Madsen: Yo diría que más de la mitad las mujeres con las cuales trabajé se habían practicado varios abortos, y no dejaban que ninguno de los médicos las tocaran jamás; sin embargo, todos los días les decían a otras mujeres que eran unos médicos maravillosos, que no les iban a hacer ningún daño y que eran los mejores. A veces las mujeres les preguntaban: ¿Ustedes se han hecho algún aborto? Y ellas tenían que responder que sí, pero no con él.
Joy Davis: Me enorgullecía porque yo no tenía esos problemas. Mis pacientes me querían porque me tomaba mi tiempo y les daba mucho amor pero en realidad estaba arriesgando irresponsablemente sus vidas. De las miles de pacientes que vimos, no recuerdo ni un nombre, ni un cara. Me refería a ellas según lo que pagaban. Ese es un caso de cuatrocientos dólares, ese es un caso de cinco mil dólares. No las veía como personas, sólo como números.
Hellen Pedley: Si quiere saber la verdad nunca las vi como mujeres. Para mí, si eran tan estúpidas como para creer nuestras mentiras, se merecían exactamente lo que íbamos a hacerles; esa era la forma en que yo las trataba.
Dina Madsen: Debo admitir que no les tenía mucha lástima. Yo pensaba: -bueno, si se metió en éste problema, ahora aguántese.
Joy Davis: Un día una jovencita vino para un aborto tardío en el segundo trimestre. Nosotros poníamos fin a embarazos aún en su fase terminal. El doctor vino, le practicó el aborto mientras yo asistía con la sonografía y dejó la sala apenas terminó. Ella estaba todavía bajo anestesia general suministrada por una persona no profesional.
Hellen Pendley: A los médicos de nuestras clínicas no les importaban los pacientes, lo cual es común en todo el país. Los ginecólogos que trabajan en su práctica privada y venían a nuestra clínica cuando alguna de sus pacientes tenía complicaciones, me llamaban a mí. Pero yo no soy médico, ni estoy entrenada para evaluar problemas como hemorragias postquirúrgicas. No estoy capacitada para poder diagnosticar y recetar un tratamiento pero lo hice durante tres años porque me lo exigían . Cuando me llamaban después de cerrar la clínica y me decían: “tengo hemorragia; ¿qué hago?” ese era mi problema, no el del médico. Yo era la persona de guardia, quien recetaba las medicinas.
Joy Davis: La llevé al cuarto de recuperación, me quedé con ella e hice todo lo posible para estabilizarla, pero comenzó a sangrar mucho y no pude contener la hemorragia. Corrí a donde estaba el médico y le dije: “tiene que ayudarme, se está desangrando y no sé que hacer.” El dijo: “examínela, averigüe porqué está sangrando y pare la hemorragia. Así de simple; estoy ocupado.”
Judy Fetrow: La complicación más horrorosa que presencié fue la de una mujer que dejó de respirar durante el aborto. El Dr. Michael Sussman simplemente salió de la sala al terminar; a pesar de que le dije que la paciente no respiraba y me dejó sola con ella. Cuando el médico tuvo que regresar, ni siquiera siguió el procedimiento indicado para esa emergencia. Fue un milagro que la mujer no muriera.
Joy Davis: Yo hice todo lo que sabía, pero ella seguía sangrando. Llamé un ambulancia para llevarla al hospital, y cuando él lo supo se enfadó mucho, canceló la ambulancia y me dijo:”Yo soy el médico aquí y soy el que tomo las decisiones. No podemos enviar esta paciente al hospital en esa condición, nos lincharían. Trate de estabilizarla.”
Pero ya había sangre por todas partes. Salía a chorros y no podía pararla. Corrí a pedirle al doctor que me ayudara. Le dije:”si no me ayuda, se va a morir.” El me contestó:”Bueno, llame a la ambulancia; yo tengo que tomar un avión”, y se fue. Entonces llamé a la ambulancia, que tardó veinte minutos en llegar. Durante ese tiempo me dí cuenta que yo no era médico, y me asusté mucho de haber permitido que me pusieran en esa situación de tratar de salvar una vida, sin saber cómo hacerlo.
Lo otro que pasaba por mi mente era que el doctor ya no era mi héroe. El hizo que yo llegara a ganar 100.000 dólares al año, pero en ese momento me di cuenta de que realmente era un cobarde: se había ido cuando la paciente más lo necesitaba. Se la llevaron y me alegré, por haberme quitado esa responsabilidad y porque estaría en el hospital, con médicos que podrían encargarse de ella. Hasta que me llamaron del hospital para decirme que había muerto. Entonces empecé a tener pesadillas en las que veía su cara cada vez que cerraba los ojos. Me sentí tan culpable y tenía tanta rabia de que el hombre que yo había admirado fuera tan negligente que todo esto casi me destruyó. Después, el Consejo Médico pidió los informes de la paciente y él se atrevió a cambiarlos, para dar la impresión de que no había sido tan negligente. Me dio los informes originales del historial clínico de la paciente y me dijo que fuera al sótano a quemarlos inmediatamente, que no podíamos ir al juzgado así porque nos iban a linchar; que teníamos que ocultar lo que pasado. Pero no pude: metí los informes en mi maletín, porque sabía que no podría mentir para favorecerle en éste caso. No podía ocultar más lo que él había hecho.
Hellen Pendley: Teníamos un desmenuzador de papeles en mi oficina para que si venía un fiscal al día siguiente, no encontrara ningún informe médico.
Joy Davis: De modo que fuí al Consejo Médico y al Fiscal del Distrito y entregué toda la información acerca de la negligencia que habíamos cometido. Confesé haber practicado medicina sin licencia y suministré la evidencia. Me dijeron que querían que continuara siendo empleada de él, para seguir recopilando información y que este era un caso claro de homicidio por negligencia, pero querían saber más. Así que continué trabajando con el mismo médico y entregándoles información, pero pasaba el tiempo y no hacían nada al respecto. Un día, el Dr. Tucker regresó a Alabama, donde yo estaba en ese momento y me dijo que había tenido muchas dificultades en Mississippi. Me dijo que yo tendría que ir allí, para intentar calmar a los empleados, porque había problemas. Le pregunté qué había pasado Y me dijo: “Bueno, una joven vino por un aborto. Yo pensé que tenía 18 semanas de embarazo; pero resultó que estaba más cerca del término. Cuando le inserté la laminaria entró en parto y dio a luz un bebé vivo y saludable”. ¿Y usted qué hizo? Y él me contestó: “qué podía yo hacer? Maté al bebé y todos los empleados están muy exaltados, de modo que usted debe ir a resolver eso.”
Luhra Tivis: Una mujer llamó y dijo: “Estoy llamando por mi hija; quiero saber cómo se hace el procedimiento… y añadió: “¿Han tenido alguna vez algún bebé vivo?” Esa pregunta me sorprendió, porque nunca había pensado en esa posibilidad. De modo que pregunté a mi supervisora Elena lo que debía contestar. Elena me dijo: “Respóndale que aquí no hemos tenido ningún nacimiento vivo.” Luego averigüé que era mentira.
Hellen Pendley: La vida o la muerte no significan nada en una clínica de abortos. Si no se respeta la vida del no nacido, ¿como y por qué se va a respetar la vida de la madre? Eso no sucede