El mundo al revés

En todas las sociedades civilizadas de la Historia, la religión ha sido un asunto público y el sexo un asunto privado. La relación con la Divinidad (reconocida como tal, o a través de la figura de una pluralidad de divinidades) se articula a través de unas ceremonias o ritos en los que participa de un modo u otro la comunidad de los creyentes o subcomunidades definidas por ciertas normas. Asimismo, hay espacios públicos (templos, bosques o montañas sagrados, imágenes, etc.) donde los creyentes acuden a orar y ofrecer sacrificios, ya sea de modo comunitario y ritual o individual y espontáneo. Por otra parte, la relación sexual entre hombre y mujer siempre ha tendido a ser algo íntimo de cada pareja, que ha buscado la soledad del hogar o de sitios apartados. Han quedado en el lenguaje fórmulas que reflejan esta realidad, como la expresión “relaciones íntimas” o el dicho de que “un caballero es un hombre que no dice con qué mujer se acuesta”.

Por supuesto, la religión siempre ha tenido una dimensión de relación directa entre el creyente y la divinidad, pero los fenómenos místicos han sido habitualmente algo reservado a unos pocos, al menos con regularidad. Puede que la mayoría de los creyentes haya experimentado algún tipo de contacto místico una o dos veces en su vida, pero lo cierto es que la mayoría de sus interacciones con la divinidad han tenido lugar a través de la liturgia, es decir, del culto público.

Igualmente, el sexo siempre ha tenido alguna repercusión pública, tendente siempre a comunicar la creación de una nueva familia (el matrimonio), o en su caso a establecer la paternidad de un niño (el reconocimiento). Pero también en este caso la repercusión pública afecta a una mínima parte de la actividad. Un matrimonio sólo se casa una vez, y hay por el mundo millones de niños que no tienen padre reconocido, y más millones de actos puramente privados fuera del matrimonio que no han traído un niño a la luz.

La combinación de religión pública y sexo privado, concretada en diversas manifestaciones, ha acompañado al progreso del hombre desde la sabana africana hasta la era espacial. Las sociedades más equilibradas, sostenibles y civilizadas se han basado en ella. Y cuando se han desviado de ella (como los antiguos fenicios con la prostitución ritual obligatoria o los desenfrenados romanos de la época tardoimperial) ha solido ser en los momentos de decadencia previos a su desaparición.

Y ahora llegan los progresistas y tratan de convencernos de lo contrario. Pretenden emplear la fuerza coactiva del Estado para imponernos que la religión ha de ser una actividad puramente privada. Emplean su monopolio de los medios de comunicación y la fuerza coactiva del Estado sobre los centros educativos para hacer del sexo una actividad pública, ya sea a través de los programas de cotilleo, pornográficos o “granhermanos” o a través de Educación para la Tiranía y la publicidad institucional. Y, lo que es igualmente grave, emplean el poder del Estado (ya sea a través de la legislación o de sentencias judiciales) para dar carácter público a relaciones que las personas que las mantenían habían decidido libremente mantener en el ámbito  privado, como cuando se imponen obligaciones equivalentes a las del matrimonio a parejas que no se casaron, o cuando se equipara al matrimonio a relaciones sin trascendencia pública (porque no pueden fundar una familia, como es el caso de las parejas homosexuales).

 

Y aun pretenden convencernos de que esta antinatural organización de la sociedad constituye un avance respecto de los tiempos pasados. Queridos progres, por favor, no insistáis. Tenemos ojos en la cara.

¿Por qué ha ganado Mayor Oreja?

Escribo a las 23.00 horas del domingo, con los resultados de las elecciones europeas recién publicados.

En primer lugar, debo reconocer que he tenido poco éxito (o pocos lectores) con mis reflexiones. Las opciones que yo consideraba admisibles, aunque han triplicado sus votos, no han logrado más allá de unos 40.000 apoyos. Incluso si le sumamos Libertas, en cuya campaña el ala laizista-abortista de Ciudadanos ha estado totalmente ausente y en la que Miguel Durán y Jesús Poveda han hecho de los valores el eje de su campaña, no llegan a 60.000.

¿Quiere esto decir que el esfuerzo ha sido inútil? En absoluto. Independientemente de las enseñanzas que los partidos provida hayan sacado, para el movimiento por una política basada en los principios no negociables el resultado ha sido excelente.

El PP ha ganado. Eso es indiscutible. Pero ¿qué PP? ¿El PProgre de Rajoy, Gayardón, Soraya, Arriola y demás aparato, o el PP de Mayor Oreja, Regina Otaola, María San Gil y los militantes de base?

Es indiscutible que el aparato de Rajoy vio las orejas al lobo. Tanto traicionar a sus votantes podía acabar llevando a éstos al hartazgo, y a la abstención o, aún peor, a votar a partidos alternativos. De modo que no les quedó más remedio que cambiar sus planes, y en lugar de poner a Alberto Ruiz Gayardón como cabeza de lista, para consagrarlo como vencedor de unas elecciones nacionales y ungirlo como delfín laico de Rajoy, tuvieron que recuperar como líder nacional al viejo león donostiarra. Un Jaime Mayor que, aunque desterrado de todos los cargos de poder,  es el único dirigente del PP que todavía sintoniza con el grueso sano de la base electoral.

Jaime Mayor ha hecho caso omiso de las estrategias progres y ha centrado su campaña en los valores: la vida, la familia, la tradición. Y ha apelado a que esos valores son compartidos por la mayoría de los españoles. Muchos dirigentes del PProgre han echado espuma por la boca al oírlo, y los progres de los demás partidos se han apresurado a decir que daba una imagen poco moderada, antigua, muy de derechas. Y tenían razón.

Y gracias a que Mayor ha hecho una campaña “poco moderada”, “antigua” (¿hay algo más antiguo que la vida, la familia, la honradez o el trabajo?) y “muy de derechas” el PP ha ganado las elecciones por amplia mayoría. Y si no tuviese tantos compañeros de partido traicionando esos valores, la podría haber hecho mucho “menos moderada” y mucho más “de derechas” y el PP habría ganado por 4 ó 5 puntos más.

De nuevo, aquí hay una lección que el PP puede aprender o no, y allá ellos. Jaime Mayor Oreja acaba de terminar su discurso de agradecimiento desde la sede de Génova comprometiéndose a defender los valores de la mayoría silenciosa de los españoles. Mariano Rajoy, hablando a continuación, lo ha hecho llamando al gobierno de Zapatero a que cambie su política económica. Veremos si Mariano recapacita.

En cualquier caso, la lección para el movimiento cívico español es clara. Cuando se insiste en exigir a los políticos de todos los partidos que gobiernen de acuerdo con unos principios, tarde o temprano se hace mella en ellos. En estas elecciones el PProgre ha tenido que rectificar muchas de sus actitudes y, además, por primera vez se ha visto enfrentado a grupos alternativos bien organizados, aunque todavía divididos y silenciados. Me apuesto unas cañas con quien quiera a que si mantenemos la presión en los próximos meses y años tendremos noticias agradables y esperanzadoras de varias regiones y ayuntamientos gobernados por el PP en materia de defensa de la vida y de la libertad educativa.

Y si aflojamos la presión ahora que empezamos a hacer mella, nos mereceremos lo que nos pase igual que los pringadillos de los obreros en paro que siguen votando al PSOE.

Elecciones europeas: ¿partido minoritario, abstención, voto blanco o nulo?

 Ahora que ya se han presentado las candidaturas a las elecciones europeas, sólo he encontrado tres que, en mi opinión y por los motivos que ya analizamos en otras entradas anteriores, defiendan total, inequívoca e incondicionalmente los principios básicos no negociables enunciados por Juan Pablo II y Benedicto XVI: Alternativa Española -AES- (www.alternativaespanola.com), Solidarida y Autogestión Internacionalista -SAIn- (www.solidaridad.net) y el Partido Familia y Vida (www.partidofamiliayvida.es).

Por supuesto, hay otras opciones legítimas, en las que no se apoya a ningún partido contrario a los principios no negociables, y con las que se envía también una señal de disconformidad a los partidos del Régimen que podría hacerles modificar sus posturas actuales: abstenerse de votar, votar en blanco o votar nulo (normalmente, introduciendo la papeleta del partido al que estamos más próximos con un mensaje en el que indicamos los motivos de nuestra disconformidad).

Todas estas opciones son legítimas. En estas líneas me gustaría razonar un poco sobre cuál de ellas puede ser más eficaz para lograr nuestro objetivo: una legislación nacional que se inspire en los principios no negociables y los ponga en práctica de modo eficaz. Evidentemente, hay dos maneras de conseguirlo: elegir a representantes políticos que crean en esos principios, o convencer a los representantes de algún partido del Régimen (o de varios) de que si defendiesen esos principios conseguirían más votos.

La abstención ha demostrado ser bastante ineficaz para ello en la España de hoy. Ha habido numerosas consultas electorales con una abstención mayoritaria (los referendos sobre la felizmente rechazada Constitución Europea y sobre el anticonstitucional Estatuto de Cataluña), y los partidos del Régimen la ignoraron y se limitaron a glosar el apoyo mayoritario entre el puñado de electores que acudió  a las urnas. Además, los partidos prefieren a una sociedad apática. Cuanto más aumente la abstención, más libres pensarán que tienen las manos. Eso, sin contar con que nunca se sabe si el votante que se abstiene está desencantado por un partido o por otro.

El voto en blanco ha sido también tradicionalmente despreciado. Es cierto que demuestra que hay ciudadanos que rechazan los partidos oficiales, pero desean participar en política. Pero tampoco indica con qué partido estás descontento, ni los motivos de ese descontento, aunque la bajada de votos de un partido en una mesa puede lanzar ciertas señales. En mi opinión, votar en blanco es mejor que abstenerse, pues los partidos saben que esos ciudadanos están dispuestos a votar a alguien, pero envía señales poco claras.

El voto nulo en la papeleta de tu partido (p.ej. papeleta del PSOE con “me opongo al aborto porque soy de izquierdas”) sí que da a los partidos la información necesaria para cambiar su conducta si quieren recuperar el voto. Ahora bien, dado que los partidos en España son máquinas jerárquicas y antidemocráticas, es muy probable que los únicos que se enteren del sentido y el mensaje del voto sean el interventor de ese partido en la mesa electoral y, como mucho, su jefe inmediato y sus compañeros. Como los votos nulos se recuentan agregados, el resto no tiene medio de distinguir el voto nulo de un simpatizante provida del PP o el de un radical nazionalista simpatizante de ETA.

De modo que, en mi opinión, aunque las cuatro alternativas son legítimas, la más eficaz es votar a un partido minoritario que defienda el programa que a tí te gustaría que adoptasen los partidos mayoritarios. Este es el verdadero voto útil: si mucha gente hace lo mismo que tú, ese partido minoritario puede llegar a ser parlamentario y actuar como bisagra (y ya sabemos lo bien que han utilizado los partidos nacionalistas su condición de bisagra). Y si no consiguen representación, al menos los partidos del Régimen saben que hay un cierto número de votos que pueden conseguir, o recuperar, si asumen el programa de los minoritarios. Esperanza Aguirre, por ejemplo, que ha demostrado no compartir los principios no negociables en su totalidad, ha tenido numerosas muestras públicas de apoyo a algunos de ellos desde que no consiguió la mayoría absoluta a la primera gracias, en parte, a los votos de Familia y Vida.

Zapatero: “Inglaterra debió implantar una dictadura en 1937″

Antes de que los ciberpepiños (ahora ciberpajines) se me echen al cuello, aclararé que, efectivamente, el camarada Rodríguez Zapatero, secretario general del Partido no ha dicho esa frase usando esas mismas palabras. Pero esa frase es la conclusión lógica de sus afirmaciones recientes. Veamos:

a) Una de las consignas que el Partido ha dado a sus esbirros para el debate sobre el aborto es que el proyecto de Ley Zapatero es bueno “porque sólo busca acercar la legislación española a lo que establece la legislación de los demás países europeos”

b) Otra de las consignas es que la legalización del homicidio prenatal supone “un avance respecto de épocas pasadas ya superadas”

La conclusión que se extrae es que, para Zapatero y sus acólitos, son buenas aquellas leyes que

1. Son similares a las del resto de países europeos

2. Son contrarias a las que regían en el pasado

Estos principios no son nuevos. Son los que se han aplicado para introducir en España, sin un debate muy profundo, el divorcio, el aborto, la coeducación obligatoria, el pago de salarios a alcaldes y concejales, la subida de los impuestos al doble (del 20-25% de Franco al 40-50% actual) y muchas otras cosas. En todos esos casos, el debate de ideas se ha aparcado ante el complejo de la derecha para defender sus bien fundados argumentos una vez que se formulaba que “esto supone un cambio respecto al pasado (en este caso, “franquista”)” y que “esta reforma sólo busca equiparar la legislación española con la del resto de países europeos”.

Ahora, trasladémonos mentalmente a la Inglaterra de 1937, y pensemos qué habría propuesto Zapatero en aplicación de estos principios. Inglaterra era entonces, como ahora y en los últimos 250 años, una democracia parlamentaria. La propuesta de Zapatero, habría sido, sin duda:

“Inglaterra debería romper sus ataduras con el pasado absolutista e implantar una dictadura. Puede que los conservadores casposos y reaccionarios se opongan a esta ampliación de los derechos (del gobierno), pero lo único que busca mi propuesta es equiparar nuestra legislación con la de los demás países europeos.

Repasemos. Alemania, Rusia e Italia gozan hoy de dictaduras socialistas: marxistas en la Unión Soviética, nacional-socialista en Alemania y fascista en Italia. Polonia disfruta del régimen implantado por el mariscal Pilsudski, Hungría el gobierno del almirante Horthy, Austria el del canciller Kurt Schuschnigg, Portugal el de Oliveira Salazar y Turquía el del mariscal Mustafá Kemal Atatürk. Por no hablar de España, que tiene el privilegio de contar con dos dictaduras: la socialista del doctor Negrín en la zona republicana y la militar del general Franco en la zona nacional. En toda Europa, lo normal es la dictadura.”

“Y estas dictaduras no son una herencia del pasado, sino un progreso desde formas reaccionarias de gobierno ya superadas. Antes de 1914, todos esos países, salvo Rusia y Turquía, padecían monarquías parlamentarias con elecciones democráticas.”

“Está claro que para seguir el camino del progreso Inglaterra debería implantar una dictadura”.

Afortunadamente, los ingleses de 1937 no estaban dispuestos a sacrificar sus libertades, como demostraron heroicamente poco más tarde.

Pero recordemos: los argumentos que el Régimen usa para defender la legalización del aborto en la España de 2009 son los mismos que habrían justificado implantar una dictadura en la Inglaterra de 1937. Nos toca a nosotros defender la vida de nuestros compatriotas no nacidos con el mismo ardor que los ingleses defendieron sus libertades.

Estamos de suerte ¡el feto de 13 semanas es un lince!

Después de las declaraciones de la camarada Bibiana Aido, según las cuales un feto de 13 semanas es un ser vivo pero no un ser humano, ha habido acaloradas discusiones sobre qué tipo de ser vivo podría ser. Afortunadamente, el equipo de expertos científicos del diario oficial del Régimen ha podido dar solución a esa pregunta: el feto es un cachorro de lince ibérico (Lynx pardinus) desde su concepción hasta las 22 semanas de embarazo, momento en el que experimenta una mutación que lo convierte en ser humano (Homo sapiens sapiens - Homo sapiens neanderthalensis en el caso de los hijos de altos cargos del PSOE).

Gracias a este descubrimiento de la Ciencia progresista, España volverá a ocupar el lugar de cabeza entre las naciones civilizadas, junto con Chile, Malta y otro puñado de países mediterráneos y americanos. En aplicación de la legislación de defensa de la Naturaleza, quienes maten a un feto de menos de 22 semanas irán a prisión como reos de un delito ecológico. El multimillonario negocio de los amigos de Zapatero a costa de la muerte de los fetos y el sufrimiento de las madres desaparecerá.

Puede que a muchos no nos guste esta solución, pero que le vamos a hacer. Lo importante es defender la vida. Al fin y al cabo, Al Capone no fue a la cárcel condenado por asesinato, sino por fraude fiscal, pero lo importante es que acabó donde merecía.