Escribo con preocupación esta mi primera contribución a las bitácoras de HazteOir. No sólo porque la mano de Alvar Fáñez está más habituada a empuñar la espada que la pluma. Mire donde mire a mi alrededor, todo está mal en España.
Los caudillos de cada territorio sólo miran por sus intereses, y azuzan los odios de sus súbditos contra los de otros territorios españoles como medio para mantenerse en el poder. La cabeza del gobierno del conjunto de España reniega de nuestras tradiciones cristianas para conseguir ventajas políticas. Hemos dejado de tener política internacional para dedicar nuestra atención sólo a los problemas interiores. Nos enfrentamos a la amenaza de un ataque violento por parte del fundamentalismo islámico que domina el Oriente Medio y el Norte de África, y al mismo tiempo tenemos viviendo entre nosotros a muchos miles de musulmanes de cuya lealtad en caso de ataque fundamentalista no estamos seguros. Y a todo esto, el personaje político que tenía que dirigir a los cristianos españoles se dedica a expulsar de su lado a los dirigentes más capaces, pero que hablan claro, para rodearse de aduladores sin escrúpulos que sólo buscan medrar. El pueblo cristiano oscila entre el conformismo de unos y la desesperación de otros.
España está perdida. No hay nada que hacer.
Todos habréis oído palabras como éstas en estos días. Muchos, incluso, las habréis dicho o las habéis dado por ciertas.
Lo que no captáis es que estas palabras no las escribo pensando en lo que ven mis ojos en 2008, sino lo que veían los ojos de Minaya Alvar Fáñez en 1060. Los caudillos insolidarios y encizañadores de cada territorio no son los presidentes de cada comunidad autónoma (especialmente los nacionalistas), sino los reyes cristianos de León, Castilla, Navarra y Aragón, el Conde de Barcelona, el Señor de Vizcaya y los reyes moros de las diversas taifas. La cabeza del gobierno que reniega de nuestras tradiciones cristianas por motivos políticos no es Rodríguez Zapatero, sino Alfonso VI de Castilla y León que abandona el rito hispano mozárabe para adoptar el rito romano con el fin de congraciarse con el Papa y las órdenes religiosas de origen francés. La falta de política exterior se remonta a la caída del reino visigodo. Los fundamentalistas islámicos que se preparan para atacarnos no son los de Al-Qaeda ni el sultán de Marruecos sino los almorávides. Los musulmanes que viven entre nosotros no son los inmigrantes que trabajan en la construcción y la agricultura sino los reyes de taifas y sus guerreros. Y el líder de los cristianos que se dedica a arrinconar a los mejores para aupar a los aduladores no es Mariano Rajoy arrinconando a María San Gil y Vidal-Quadras para aupar a Lassalle y Sánchez-Camacho, sino Alfonso VI desterrando a mi señor el Cid para aupar al Conde de Cabra y a los Infantes de Carrión.
España parecía perdida, especialmente después de la terrible derrota de Sagrajas ante los almorávides. Pero los desterrados al mando del Cid destrozaron a los almorávides en la batalla de Cuarte frente a Valencia, reorganizaron la resistencia de los cristianos y los moros de paz de Zaragoza y Albarracín e invirtieron la situación. Dos siglos más tarde, Fernando III y Jaime I, actuando coordinadamente, liberaban Sevilla, Córdoba y Valencia. La cultura española, uniendo las tradiciones judeo-cristianas, griegas, romanas y árabes desde Toledo, iluminaba todo Occidente. Cuatro siglos más tarde, Isabel y Fernando culminaban la unidad nacional y llevaban España al liderazgo político, cultural y religioso de Europa.
Tampoco hoy está todo perdido.
Ayer, sólo un puñado de hombres junto al Cid consiguieron dar la vuelta a la situación.
Hoy, somos más de un puñado.
Ayer, los españoles de bien de todas las religiones pudieron elegir entre conformarse con su situación desesperada y murmurar “Dios, qué buen vasallo si tuviese buen señor”, convertirse en esclavos del poder almorávide en busca de las dádivas del califa o unirse a la pequeña mesnada del Cid.
Hoy, los españoles de bien de todas las creencias pueden conformarse con sobrevivir a una casa hipotecada, un Estado del Bienestar en quiebra y una sociedad enferma y escuchar la COPE cuando nadie les oye, convertirse en esclavos del poder progre políticamente correcto en busca de una subvención del gobierno, o unirse al movimiento cívico, en la mesnada de HazteOir.org o en cualquiera de las otras que van surgiendo.
España tiene solución. Pero no será cómoda. Manuel Machado, hablando del Cid, indicaba:
El ciego sol, la sed y la fatiga,
por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos,
-polvo sudor y hierro- el Cid cabalga.
Deja la comodidad para los cobardes y los progresistas. Vamos a dar la vuelta a la situación y a devolver la alegría y la verdad a España. No importa el polvo, el sudor, el ciego sol, la sed ni la fatiga.
No estamos perdidos. Hay esperanza.
El Cid cabalga.



Bienvenido a la blogosfera, Minaya. Has conseguido volver a ilusionarme.
He visto formas bonitas de poner en marcha un blog, Minaya, pero tú las has superado todas. ¡Excelente entrada! Especialmente para los que tenemos en Mío Cid una referencia humana que rebasa el ámbito lo histórico.
Un abrazo y bienvenido a la blogosfera.
¡¡¡Absolutamente cierto!!! Me ha encantado tu post. (Estoy a un tris de hacerme con una buena toledana… jajajajaja)
No pero es absolutamente cierto, absolutamente cierto lo que dices: cuando unos pocos se ponen en pie y dicen ¡No, basta, por aquí! entonces otros que estaban agazapados, atemorizados e incapaces de levantarse sienten que no estando solos también se pueden levantar… y uno tras otro llegaremos a ser bastantes. España no está perdida mientras haya organizaciones como Hazte Oir, con hombres libres (soy usuaria de palabras epicenas, sí), esto es, capaces de ponerse en pie y luchar por aquello en lo que creen.
Ayer tomé la determinación de dejar el Partido Popular de Pozuelo de Alarcón por una serie de razones que se han ido acumulando pero que se resumen en una sola: si sólo a un pequeño número de personas que se pueden contar verdaderamente con los dedos de media mano, les importa lo que está pasando… entonces no estoy en la mesnada adecuada. Ahí, en ese grupo de acomodados, acomodaticios, ciegos y vagos: uno solo o dos: no hacen nada.
Necesitamos tener un partido que sea votable, pues está muy bien hacer uno oir su voz pero al igual que el Cid, no basta con resultar visualmente espectacular, una fila de guerreros cabalgando por la estepa castellana: además hay que tener poder (cosa que este señor lograba repartiendo sopapos a diestro y siniestro). Esa es una de las cuestiones pendientes en la organización de las huestes: que el campo de la batalla final son las urnas.
Pero en efecto… y como decía Lawrence de Arabia al prinicpio de la película mientras se quemaba el dedo con una cerilla: “lo importante es que no te duela”. Yo digo lo mismo: lo importante es que polvo, sudor y hierro no nos importen… y que la mugre moral ni se nos acerque: que mancha y huele mal.
Yo soy bastante nueva en el foro (más bien el último mono jajaja) pero no quiero dejar por esto de darte mi más cordial bienvenida.
Muchas gracias por vuestros elogios… como decíamos en la Tuna “tan merecidos como espontáneos :-)”.
Cristina, admiro tu valor. Es muy fácil salir al campo cuando estás ya desterrado. Pero dejar un hogar confortable (me consta que el PP saca más del 60% de los votos en Pozuelo) simplemente por coherencia, eso sí que cuesta.
En todo caso, no desprecies el valor de hacer oir la voz. La mesnada del Cid no resultaba visualmente espectacular (nos escondíamos de día y avanzábamos de noche) ni repartía sopapos a diestro y siniestro, sino que buscaba aliados, golpeaba en el lugar preciso sólo cuando era imprescindible y trataba con clemencia a los vencidos “reinsertables” para atraerlos a su bando o a la neutralidad.
La batalla se dará en las ideas, ganando las cabezas y los corazones. Si hay buenos vasallos, ya encontrarán un buen señor. Una vez ganadas cabezas y corazones, las urnas caerán tarde o temprano como fruta madura.
Impresionante.
Enhorabuena por la entrada, don Álvar revivido.
Hola y felicidades:
Que consigas trasladar la inspiración del Campeador a muchos. La lucha por las propias creencias desde el honor y la justicia es muy importante, más en estos tiempos en que los que deberían ser servidores de la cosa pública actúan con más pompa y artificio que con trabajo real.
Babieca estaría orgulloso de llevarte
Re-evolución ciudadana…. que sigas cabalgando por mucho tiempo y en buena compañía, ganando batallas e implicando a todos los que se crucen en tu camino despertándolos del cómodo espejismo de pensar de que esto tiene que cambiar y lo va a hacer solo.
Enhorabuena
Muy bonito, muy poético Minaya
No había tenido ocasión de entrar en tu blog hasta hoy y he disfrutando leyendo su post de salida…
Casualmente, aprovechando estos días de vacasiones, estoy leyendo la “Reina Urraca” de Angeles de Irisarri, historiadora aragonesa; y allí sales tú, Minaya, sirviendo a la reina castellana. Como sabrás, era hija de Alfonso VI y esposa, repudiada, de Alfonso I el Batallador, rey de Aragón. Según de Irisarri, en alguna ocasión fue a hablar con Ximena, viuda del Cid, para recibir consuelo ante su imposibilidad de reinar en las tierras que había heredado de su padre, en este caso, no tanto por culpa de los moros,sino por su marido, que ese empeñaba en deshacer lo que ella hacía y de reinar en solitario -no le gustaba que su mujer, reina por derecho propio, ejerciera de algo más que de compañera de lecho,…-. Ya se sabe, aragonés, y terco, poco dado a las letras, y muy amigo de la espada…
Cuántas lecciones nos da la Historia…
Ánimo y enhorabuena, me pasearé por tu blog para dsifrutar con tus análisis, de los que siempre he aprendido
Cordiales saludos,
Dolores