Archivo Mensual de Septiembre, 2008

Las raíces socialistas de la crisis financiera

A propósito de la crisis financiera que, originada en los mercados de Estados Unidos ha arrastrado a todo el mundo, todos los enemigos de la libertad económica se han lanzado a atribuirla a la falta de intervención del Estado en los mercados financieros. Hasta el compañero Rodríguez Zapatero, secretario general del PSOE, se ha permitido atribuirla al fracaso de lo que él llama “liberalismo asimétrico“. Sin embargo, su diagnóstico pasa por alto ciertas intervenciones del Estado en la economía sin las cuales esta crisis no podría haber sucedido. Repasémoslas.

Esta crisis se ha originado en el sector financiero por la explosión simultánea de una burbuja crediticia y otra inmobiliaria en los Estados Unidos. Los bancos centrales han fijado durante varios años unos tipos de interés artificialmente bajos. Debido a la disponibilidad de dinero barato y abundante, los bancos, las empresas y los particulares se lanzaron a comprar todo tipo de bienes que antes no podían permitirse pagándolos a crédito: otras empresas, casas, coches… Esto hizo que los precios subieran. Por otra parte, como había tanto dinero, los bancos no conseguían prestar todo el que tenían disponible, de modo que comenzaron a prestarlo a deudores o en cantidades que antes se consideraban demasiado arriesgados. Como parecía que la inversión en casas era segura para los bancos, estos prestaron con la garantía de unas casas cada vez más caras. Esto hizo que aún más gente comprase casas y los precios se disparasen en Estados Unidos… y en España. Especialmente en Estados Unidos, se prestó dinero a clientes insolventes con la única garantía de casas sobrevaloradas (hipotecas subprime). Tarde o temprano sucedió lo inevitable. Las casas dejaron de subir, sus dueños dejaron de pagar las hipotecas de unas casas que valían menos que la deuda, los bancos que habían participado en la burbuja inmobiliaria empezaron a quebrar, y los que les habían prestado el dinero también. Hasta ahora, parece la típica historia de exceso de avaricia de los agentes del mercado.

¿O no? Porque la burbuja fue posible sólo gracias a que había dinero abundante y barato. ¿Y por qué había dinero abundante, y por qué estaba artificialmente barato? Porque hace ya varios decenios que los Estados abandonaron el patrón oro para su moneda y lo sustituyeron por emisiones virtuales de sus bancos centrales. Antes, un banco no podía emitir más dinero que el oro que tenía en su poder. Cuando los reyes, y luego los bancos centrales, emitían monedas o billetes, no creaban dinero, se limitaban a garantizar que esa moneda tenía una cierta cantidad de metal (oro o plata) o que ese billete podía cambiarse por su equivalente en oro. Actualmente, los Estados pueden crear todo el dinero que quieran de la nada y prestarlo al tipo de interés que deseen, aunque sea a costa de crear inflación y depreciar la moneda, lo que lleva inexorablemente a crisis financieras cíclicas. En un escenario de patrón oro, como no se podría crear dinero de la nada, un exceso de demanda de dinero por los bancos habría hecho subir su precio (los tipos de interés), lo que habría desactivado la burbuja poco después de nacer. De modo que, sin la intervención del Estado forzando los tipos de interés más bajos que en el mercado libre, habría sido imposible la aparición de la burbuja.

 ¿Y por qué comenzó la burbuja precisamente en el sector inmobiliario de EEUU? No fue por casualidad. Fue en dos periodos intervencionistas de su historia (las presidencias de Roosevelt y Truman, ambos demócratas) cuando se fundaron Fannie Mae y Freddie Mac, dos compañías de préstamos hipotecarios que tienen las peores características de las empresas semipúblicas socialdemócratas: con la excusa de proporcionar hipotecas más baratas a los pobres, sus directivos y accionistas se llevan los beneficios cuando los hay, y los contribuyentes pagan las pérdidas cuando se producen. Ambas compañías tenían accionistas privados, pero sus deudas estaban garantizadas por el Estado. Esta garantía les permitía financiarse más barato que sus competidoras. Como era de esperar, esta competencia desleal desde empresas semipúblicas expulsó del mercado a sus competidores, de modo que entre las dos tenían en 2008 casi el 80% de las hipotecas estadounideneses. Como sucede siempre en las empresas públicas, dada la condición pecadora del hombre, al tener la tranquilidad de que si algo salía mal pagaría el contribuyente, sus directivos se lanzaron a hacer préstamos temerarios a precios bajos y los bancos de inversión se subrogaron en ellos sin exigir prima de riesgo. Por supuesto, tarde o temprano llegó la hora del fracaso. Por supuesto, si los directivos de ambas compañías hubiesen tenido que conseguir los fondos sin la ayuda del Estado, y responder de sus temeridades ante accionistas que pensasen que podían hacerles perder su dinero en lugar del de los contribuyentes, es dudoso que se hubiesen atrevido a cometer imprudencias suficientes como para quebrar su banco, y en cualquier caso como su cuota de mercado habría sido mucho menor, es muy difícil que el impacto hubiese hecho poner en riesgo a todo el sistema financiero.

De modo que, sin dos decisiones políticas típicamente socialistas (rebajar el precio del dinero por debajo del mercado y dar protección pública a una empresa en particular y no al resto) esta crisis no podría haberse producido.

Por supuesto que la regulación ha fallado también. Lo menos que se puede pedir a los socialistas de todos los partidos (como decía Hayek) es que si manipulan un sector de la economía con la intervención del Estado, al menos pongan unas normas estrictas para evitar daños mayores. Los políticos y reguladores estadounidenses han cometido una grave irresponsabilidad al actuar como si los mecanismos correctores del libre mercado pudiesen funcionar, cuando ellos mismos los habían desactivado. Es cierto que regular un mercado, sobre todo si es tan complejo, sobrepasa los límites de la capacidad humana del mejor regulador posible. Pero precisamente por eso hay que extremar la prudencia. Permitir a los bancos de inversión ampliar su ratio de deuda sobre capital desde 12 a 1 hasta 40 a 1fue una tremenda negligencia que hoy le toca pagar a los ciudadanos de a pie que, por haber sido más prudentes que sus políticos, han reunido unos ahorros que ahora la inflación va a devorar. Si te comportas como un socialista, al menos ten la decencia de admitirlo y comportarte coherentemente.

En cuanto a la denominación de “liberalismo asimétrico”, ¿qué decir? Es una contradictio in terminis. El liberalismo será bueno o malo, acertado o erróneo, pero lo que defiende es la igualdad de todos los agentes ante la Ley. El liberalismo es siempre simétrico. Ese engendro al que el compañero Rodríguez llama ”liberalismo asimétrico”, en el que unos agentes (los protegidos del gobierno) gozan de libertad para hacer lo que quieran con su dinero y el de los demás, mientras que otros (los contribuyentes que los financian) no lo tienen, ya tiene un nombre desde hace mucho tiempo: socialdemocracia

Tú podrías ser el próximo

Lo más asombroso del proceso de recorte de las libertades y derechos de los españoles que padecemos hace ya años es la total pasividad de la mayoría de los españoles. A pesar de la movilización creciente de los grupos más dinámicos, muchos españoles siguen tragando carros y carretas con aparente indiferencia. A ellos me permito dedicarles esta adaptación de la famosa frase del teólogo evangélico alemán Martin Niemöller, asesinado por los nacional-socialistas:

Primero acosaron a los vascos patriotas españoles, pero como yo no vivía en Vascongadas no hice nada.

Luego asesinaron a los militares y policías, pero como yo era paisano no hice nada.

Luego fueron a por los niños no nacidos con el aborto, pero como yo ya había nacido no hice nada.

Después recortaron las libertades académicas y la calidad de la enseñanza, pero como yo no tenía hijos no hice nada.

Después robaron el dinero de los impuestos que pagaban los trabajadores, pero como yo evadía los míos no hice nada.

Después acosaron a los catalanes castellanohablantes, pero como yo no vivía en Cataluña no hice nada.

Luego persiguieron a los políticos del PP y del PSOE en las Vascongadas, pero como yo seguía sin vivir en Vasconia, no hice nada.

Luego condenaron injustamente a un juez honrado por enjuiciar a un poderoso, pero como yo no era juez no hice nada.

Después acosaron a los políticos del PP, pero como yo no pertenecía a ningún partido no hice nada.

Luego atacaron al matrimonio, pero como yo estaba soltero no hice nada.

Después atacaron a los obispos, pero como yo no era católico no hice nada.

Después detuvieron ilegalmente a dos militantes de la oposición, pero como yo no pertenecía a ningún partido no hice nada.

Luego acosaron a las víctimas del terrorismo, pero como yo no lo era no hice nada.

Después acosaron a policías honrados que no se plegaron a abusos de poder, pero como yo no era policía no hice nada.

Luego reprimieron a los padres y alumnos objetores de conciencia ante Educación para la Ciudadanía, pero como yo no tenía hijos no hice nada.

Después aumentaron la impunidad de quienes mataban a niños aún no nacidos, pero como yo ya había nacido no hice nada.

Hoy estoy ingresado en un hospital andaluz aquejado de una pulmonía, y escucho a los “médicos” y “enfermeros” que están preparándose para eutanasiarme… pero nadie hace nada.

 

Lo anterior no tiene por qué suceder. Aún estás a tiempo de movilizarte. Hazlo mientras aún estás a tiempo. Si no lo haces por solidaridad, al menos hazlo por autodefensa.

Recuérdalo: tú podrías ser el próximo.

 

También objeto a “sus” Matemáticas

La ministra de Educación ha vuelto a descalificar a los padres y alumnos objetores con el manido argumento de que “Faltar a EpC es como faltar a matemáticas”. La ministra debería andarse con cuidado con ese argumento. Como decían en las películas del Oeste “yo en tu lugar no lo haría, forastera”.

Vaya por delante que no tengo ningún trauma con las matemáticas, sino que las adoro. Obtuve matrícula de honor en matemáticas en todos los cursos de primaria, bachilerato y COU y cursé una ingeniería donde aprobé todas las asignaturas de matemáticas en primera convocatoria. Incluso me presenté (con poco éxito) a las Olimpiadas Matemáticas. Por eso mismo me irrita más la comparación. ¿O es que acaso no se dan cuenta los políticos progresistas de lo irritante que nos resulta, en una nación donde la política educativa socialista ha hecho que la calidad de la enseñanza de las Matemáticas y los conocimientos matemáticos de los alumnos degeneren hasta extremos vergonzosos (como refleja el informe PISA), que una ministra socialista ponga precisamente las matemáticas de la enseñanza oficial como ejemplo de clase imprescindible?¿No se dan cuenta de que los ciudadanos tenemos mucho que objetar a “sus” clases de matemáticas?

Pero sigamos con el análisis lógico del comentario de la ministra. Es sabido, aunque el gobierno del Régimen actual quiera olvidarlo, que el artículo 27.3 de la Constitución reconoce como derecho fundamental “el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”. Pues bien, además de los dogmas y mandamientos de la religión católica, yo tengo otras convicciones morales independientes de mi religión, que quiero que formen parte de la educación de mis hijos: que la autosuperación, el esfuerzo y el trabajo bien hecho valen la pena, que hay que aprovechar el tiempo y aspirar a la excelencia (entendida como intentar llegar a lo máximo que uno pueda sin conformarse con menos). Estos valores son claramente morales, y aunque no tengan nada que ver con la religión, tengo por ello derecho a que la educación que reciben mis hijos los respete y fomente.

¿Y acaso la normativa educativa española sobre enseñanza de las matemáticas respeta mi derecho a que mis hijas aprendan en ellas la autosuperación, la excelencia, el esfuerzo, el trabajo bien hecho y el aprovechamiento del tiempo? Rotundamente no. La asfixiante regulación española no permite a los colegios recompensar la autosuperación ni el trabajo bien hecho: todos pasan de curso hagan lo que hagan. No permite alcanzar la excelencia: el buen alumno aprende menos de lo que podría porque debe adaptarse a sus compañeros menos dotados, y el alumno con problemas también aprende menos de lo que podría porque, al impedirle repetir curso hasta que domine la materia de un nivel, se ve obligado a asistir a uns clases en las que no se puede enterar de nada. Y en cuanto al aprovechamiento del tiempo ¡qué decir!. Recientemente una amiga mía, licenciada en Física con 20 años de experiencia, se colocó como profesora de Matemáticas de ESO en uno de los mejores colegios concertados de Madrid. Lo primero que le dijeron sus compañeras fue “hazte a la idea de que las niñas están dando lo mismo que dábamos nosotras dos cursos antes”. Y, por supuesto, el colegio no tenía forma de cambiar esa situación sin incumplir la pesada y autoritaria normativa académica vigente.

De modo, señora ministra, que como puede ver, las imposiciones de su gobierno en materia de enseñanza de las matemáticas están violando mi derecho constitucional a que mis hijos sean educados en mis valores morales en sus clases de matemáticas. Como en EpC. Y por ello, me estoy planteando ejercer mi derecho a la objeción de conciencia a “sus” matemáticas, para que mis hijas salgan de clase a esa hora de manera que yo pueda explicarles en ese tiempo “mis” Matemáticas, que son esencialmente el doble que las suyas.

Así que, por una vez, me veo obligado a reconocer que los políticos progresistas tienen razón en algo. Quienes padecemos un régimen educativo socialista tenemos a nuestros hijos en una situación parecida en EpC y matemáticas. Nos dan ustedes motivos para objetar en conciencia a “su” normativa sobre ambas.