En la Edad Media, los siervos tenían la obligación de trabajar para un señor. Habitualmente, le entregaban la mitad de lo que cosechaban o criaban. A cambio, el señor les proporcionaba protección contra los bandidos y los enemigos exteriores, administraba justicia y suministraba ciertos servicios económicos (molienda, mercado…). Los siervos no podían abandonar las tierras del señor, y vivían en la pobreza mientras que el señor podía gastar en lujos.Además, los señores hacían objeto a sus siervos de ciertos “malos usos” que vulneraban su libertad y su dignidad humanas.
La servidumbre nunca fue universal en España, y la última región donde fue abolida fue Cataluña en tiempos de los Reyes Católicos.
Sin embargo, y de tapadillo, el Régimen actual ha reinstaurado la servidumbre para muchos españoles. En España hay hoy, como en la Edad Media, dos tipos de personas: los que pagan impuestos y los que viven de ellos. Entre los primeros se encuentran los trabajadores por cuenta ajena. Entre los segundos, los políticos, los sindicalistas, los subvencionados, los banqueros y grandes empresarios protegidos de la competencia por regulaciones del Estado, los funcionarios, y los “artistas” progres.
Dentro de los asalariados, los mileuristas son el prototipo del nuevo siervo. Pagan al Estado la mitad de lo que ganan a cambio de que el Estado se ocupe (teóricamente) de la seguridad ciudadana, la justicia y la defensa, de educar a sus hijos y de curarles y mantenerles cuando estén enfermos o sean ancianos. Los mileuristas viven en la pobreza, pues con lo que les queda después de pagar los impuestos apenas pueden pagar su casa, vestido y comida. No pueden abandonar su trabajo, puesto que no pueden ahorrar el capital necesario para fundar un pequeño negocio. No tienen libertad para elegir qué médico va a cuidarles, qué educación van a recibir sus hijos ni en qué idioma pueden dirigirse a su señor-Estado. Para rematar, la prohibición en ciertas regiones de que los niños aprendan un idioma que se hable fuera de la región, los ha vuelto a atar literalmente al terruño donde gobierna su señor, pues no podrán encontrar trabajo fuera de él.
Mientras tanto, los señores que viven a costa de su trabajo viven en el lujo al tiempo que descuidan sus obligaciones de defender a sus siervos de los delincuentes y los enemigos exteriores, así como de la de administrar justicia equitativa y diligentemente.
Y, por favor, que nadie me diga que, como vivimos en una democracia, su suerte puede cambiar. Ninguno de los partidos del Régimen, ni los nacionales ni los regionales, se plantea cambiar el modelo económico socialdemócrata-neofeudal (valga la redundancia), por lo que el resultado de las elecciones no afectará a la servidumbre de los mileuristas. En las elecciones, lo más que puede hacer un siervo mileurista es elegir quién quiere que sea su señor, pero sin dejar de ser siervo. Su situación es similar a la de los esclavos de la antigua Roma, que acogiéndose a sagrado podían exigir ser vendidos a otro amo si estaban descontentos con el que tenían, pero no podían dejar de ser esclavos.
No me extraña que los progresistas odien tanto la Historia de España, y muy especialmente a los Reyes Católicos. És normal que quien acepta el chollo de vivir a costa del trabajo de sus siervos eche espuma por la boca cada vez que alguien le recuerda que su chollo puede tener fin.



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