Son éstos tiempos extraños. Se insulta y menosprecia a la Reina consorte sin que ninguno de los señores del reino mueva un dedo para defender su honor. Y los pocos que hablan lo hacen con un tono burlón aún más ofensivo. Pero no son cosas nuevas. Ya en mis tiempos había quien criticaba a la reina Isabel Zaida por haber nacido musulmana y conservar muchas costumbres árabes (que en nada contradecían a nuestra fe católica). Y, como entonces, cuando callan los señores es hora de que los simples caballeros, y hasta los niños, alcemos nuestra voz en defensa del honor de nuestra reina.
Lejos de un caballero del Cid el afirmar que los hechos criticables de un rey no pueden ser criticados en tiempo y forma. Pero cuando vemos como la progresía se ha abalanzado como perros rabiosos contra la reina doña Sofía por sus declaraciones a Pilar Urbano, lo primero que cabe preguntarse es ¿hay algo criticable en ellas? ¿Ha faltado acaso la reina al deber de neutralidad?
Se critica a doña Sofía por haber dicho que la unión sodomítica de dos varones puede ser respetada, pero no puede denominarse matrimonio. Pero eso no es sino decir que hay que llamar a las cosas por su nombre. Llamar a las cosas por su nombre es de puro sentido común, y virtud que los castellanos viejos, así como los navarros y aragoneses, tenemos a gala. ¿Puede criticarse a una reina venida de Grecia por decir que hay que llamar al pan, pan y al vino, vino?
También se le critica haber dicho que no es partidaria ni del aborto ni de la eutanasia. Pero ambas conductas vulneran la Constitución vigente (”Todos tienen derecho a la vida”) y están catalogadas como delito en el Código Penal vigente. ¿Puede criticarse a una reina consorte constitucional por decir que es partidaria de que se cumplan la Constitución y las leyes vigentes?
Y no se trata de que estemos o no de acuerdo con lo que dice. Si la Reina hubiese dicho que le parecía bien que pudiese reservarse algún sector industrial al monopolio del Estado (una posibilidad desgraciadamente prevista en la Constitución), yo habría manifestado mi desacuerdo con ella en ese punto, pero no la criticaría por extralimitarse de sus funciones.
Señora, un día vi en Santa Gadea como un hidalgo, el Cid, hizo jurar a un rey… para luego que el rey cumplió con sus obligaciones serle leal en el favor y en el destierro. Vos habéis cumplido con vuestra obligación. Mi espada y mi bitácora están a vuestro servicio.



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