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Educación pública: de todos y para todos… menos para mis hijos

Hoy hemos conocido, gracias a La Razón, el último episodio de hipogresía de un defensor de la escuela única, pública y laica obligatoria para todos. Resulta que José Ricardo Martínez, líder de UGT en Madrid que ha liderado la huelga «por una enseñanza pública de todos y para todos», ha elegido para sus hijos un centro de pago y exclusivo en un barrio elitista.

Creo que no es necesario recordar que yo defiendo la libertad de elección de centro para todos, sindicalistas subvencionados incluidos. Y como padre de familia numerosa, no puedo menos que comprender que, a la vista del descomunal fracaso en el que las políticas educativas progresistas han sumido a la educación pública, haya elegido para ellos un colegio social sin concertar, que es donde la calidad de la enseñanza es más alto hoy en día.

Ahora bien, eso se contradice frontalmente con su defensa rabiosa de la imposición a los españoles sin recursos económicos de la escuela pública obligatoria. El Estado les quita a los trabajadores la mitad de lo que ganan, y como no disponen de ese dinero para pagar el colegio que prefieren, y en muchas regiones los políticos recortan o no amplían los conciertos, tienen que resignarse a que sus hijos vegeten en el colegio público de la esquina. Mientras tanto, los mismos que impiden que los hijos de los trabajadores salgan de la pobreza gracias a una buena educación, llevan a los suyos a los mismos colegios que los banqueros y los artistas de la ceja.

Todo esto se solucionaría con la implantación del cheque escolar. De este modo, habría libertad para todos, no sólo para los banqueros, sindicalistas y políticos. Los trabajadores podrían enviar a sus hijos a los mejores colegios. Los peores colegios tendrían incentivos poderosos para mejorar (en los sitios donde se ha implantado el cheque escolar, la escuela pública ha mejorado en calidad, y en muchas ocasiones también en número de alumnos). Las empresas tendrían trabajadores mejor preparados y podrían competir con las de otros países. Todos saldríamos beneficiados.

Todos, menos los sindicalistas y demás privilegiados del sistema actual.

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Ceterum censeo infanticidii leges omnes esse delendas.

Y además, pienso que todas las leyes del aborto deben ser suprimidas.

Socialismo es ignorancia

Está claro que los socialistas quieren a la ciudadanía lo más ignorante posible. Sólo así podrán seguir engañándola con sus tópicos, dogmas y prejuicios decimonónicos, que la razón y la experiencia han demostrado ya en repetidas ocasiones que son más falsos que una moneda de 3 euros.

La última prueba son las recientes declaraciones del ministro de ¿Educación? Indiferente ante el descomunal fracaso escolar que han producido las políticas educativas progresistas, se ha permitido criticar la creación de un Bachillerato de Excelencia por Esperanza Aguirre, dirigido a que los alumnos con capacidades extraordinarias puedan desarrollarlas plenamente. Pues bien, el ministro y sus secuaces, además de la palabrería habitual sobre “segregación”, “guetos”, “privatización” y otros conjuros mágicos progresistas, ha revelado su pensamiento real. Según el H. Ángel Gabilondo, “Las aulas no son solo lugares para aprender, son lugares también para convivir”.

Así que las aulas no son solo lugares para aprender. Pues yo creía que la única justificación de dedicar a educación una buena parte de los altísimos impuestos que pagamos los asalariados era ésa: que los jóvenes puedan ejercer su derecho a recibir educación. Pero para los socialistas aprender no es importante. Lo importante en los años del Bachillerato no es aprender, sino estar fuera de las estadísticas oficiales del paro. Lo importante no es aprender, no vaya a ser que te pongas a pensar por tí mismo y te des cuenta de que las consignas que te han contado en Educación para la Ciudadanía son tonterías o mentiras. Lo importante es no aprender, para que sigas votando PSOE toda tu vida.

Las aulas no son lugares para aprender. El PSOE no ha hecho la LOGSE, la LOE y sus demás leyes educativas para que una presidente liberal de una comunidad autónoma consiga que los alumnos más brillantes aprendan todo lo que pueden.

Socialismo es ignorancia.

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Ceterum censeo infanticidii leges omnes esse delendas.

Y además, pienso que todas las leyes del aborto deben ser suprimidas.

Rajoy, aprendiz de Zapatero

Cuando  Hayek dedicó  Camino de servidumbre ”a los socialistas de todos los partidos“, sabía muy bien lo que decía. El espíritu socialista, ése que dice que los políticos pueden conseguir una sociedad más justa dando órdenes a los ciudadanos sobre lo que tienen que hacer hasta en los asuntos más privados, acampa agazapado tras la silla de cada político. Y en el caso de Mariano Rajoy y el resto de la actual cúpula del PP, ni siquiera se oculta. El espíritu socialista se sienta cómoda y ostentosamente en el sillón de Mariano Rajoy, en el de los Albertos, (Núñez Feijóo y Ruiz Gallardón) y en los de todo su equipo.

La última muestra de espíritu totalitario que ha demostrado Rajoy ha sido a propósito de la imposición de Educación para la Ciudadanía. En un encuentro con jóvenes extremeños, el compañero Mariano ha afirmado claramente que no suprimirá la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Según él, la utilizará para “fomentar el espíritu emprendedor”.

Señor presidente del Partido Socialdemócrata (PP). EpC no es mala porque inculque a los niños una mentalidad contraria a la libertad económica, porque ridiculice el esfuerzo profesional y laboral, o porque incite al odio contra los empresarios que crean riqueza. Todo eso es malo, pero no lo peor. Lo peor de EpC es que el gobierno se arroga la potestad de violar el derecho de los padres a educar a sus hijos en sus convicciones. Lo peor de EpC es que el partido en el poder se arroga el derecho a adoctrinar a los niños españoles en sus ideas, opiniones y supersticiones, buenas o malas. 

Yo comparto su aprecio por el espíritu emprendedor y su rechazo a muchas de las inmoralidades que hoy se inculcan en EpC. Y creo que a España le iría mejor con muchos más emprendedores y muchos menos políticos y funcionarios, o al menos con funcionarios con más espíritu emprendedor. Pero jamás se me ocurriría imponer mis opiniones a un niño cuyos padres desean convencerle de que lo mejor en la vida es conseguir un puesto de funcionario, donde se cobra poco, pero es una colocación segura para toda la vida.

Si tan convencido está de lo bueno que es el espíritu emprendedor ¿por qué su partido no hace un poco de lucha de ideas para convencer a los jóvenes -o no tan jóvenes- que ya son mayores de edad? ¿Tan poco convencido está usted de la capacidad de convicción de sus ideas? ¿O es que en el fondo usted tampoco cree en el espíritu emprendedor, sino en un régimen socialista bien organizado donde Papá Estado, dirigido por políticos honrados y competentes -usted y sus amigos- se encargará de hacer felices a los españoles aunque sea en contra de su voluntad?

Durante el congreso de Valencia en el que fue ungido como Gran Timonel del PP, usted invitó a los liberales y a los conservadores a que se fuesen al Partido Liberal o al Partido Conservador. Pues bien, yo me considero ambas cosas: liberal y conservador, sobre unos cimientos tradicionalistas y con unas gotas de cooperativismo autogestionario, y voy a seguir su consejo. ¿Sería usted tan amable, camarada presidente, de informarme de bajo qué siglas se presentan a las elecciones el Partido Liberal y el Partido Conservador?

¡Salud, camarada Rajoy!

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Ceterum censeo infanticidii leges omnes esse delendas.

Y además, pienso que todas las leyes del aborto deben ser suprimidas.

PSOE: todas las madres españolas son ultraderechistas

La última perla del progresismo español ha sido perpetrada en Galicia, donde la portavoz del PSOE en las cortes regionales ha afirmado que ayudar a las madres a tener hijos es “ultraderechista y rancio”.

La conclusión lógica de esta afirmación es que, si tener hijos es ultraderechista, todas las mujeres españolas que son madres son también “ultraderechistas” para el Partido Socialista.

No es la primera vez que el PSOE utiliza el argumento de que las mujeres españolas son de derechas para negarles algún derecho. Hoy, es el derecho a no ser abandonadas en su maternidad.  En 1931, las izquierdas se opusieron al reconocimiento del derecho al voto de las mujeres debido a que como, en su opinión, estaban muy influidas por la Iglesia, iban a votar mayoritariamente a las derechas.

Nihil novum sub sole.

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Ceterum censeo infanticidii leges omnes esse delendas.

Y además, pienso que todas las leyes del aborto deben ser suprimidas.

El pacto educativo que necesitamos para salir de la crisis

A lo largo del último mes han sucedido dos acontecimientos aparentemente independientes, pero que están muy relacionados entre sí: el reconocimiento abierto por el gobierno socialista de la gravedad y profundidad de nuestra crisis económica, y la negativa del PP a acatar un mal llamado “pacto educativo” con todo lo peor de la política educativa socialista.

Por fin es patente para todos que la política económica socialista de los últimos decenios ha llevado a España a la ruina. La presión fiscal confiscatoria sobre los trabajadores y nula sobre los ricos; la deuda pública astronómica; el derroche millonario en autonomías, cargos públicos, y subvenciones; las dificultades de los jóvenes para conseguir un empleo digno porque los mayores tenían contratos y convenios blindados; los favores políticos a los grandes bancos y empresas, que impiden a las pymes competir en igualdad de condiciones… todo ello ha llevado a la quiebra técnica del estado y la seguridad social, el desempleo para 5 millones de españoles, y nulas perspectivas de crecimiento económico para los próximos años.

El gobierno ha empezado a reaccionar ante la crisis financiera del Estado, aunque por ahora se limite a explotar aún más a los los trabajadores y pensionistas y las clases medias para seguir financiando a los privilegiados y millonarios progresistas. Lamentablemente, la salida de la crisis va a exigir medidas más profundas que la eliminación del despilfarro de los infinitos gobiernos que padecemos. No va a bastar solamente, y ni siquiera principalmente, ni aunque se saneasen las finanzas públicas y bancarias, se recortara a la mitad o la centésima parte el gasto público antisocial y se eliminara el derroche que supone el sistema autonómico. En un mundo cada vez más global, donde las empresas españolas, compiten con las chinas, indias e iberoamericanas, cuyos trabajadores cobran la tercera parte o menos que sus colegas españoles, la única manera de mantener nuestras rentas actuales es producir bienes y servicios con cada vez más valor añadido. Y la única manera de aumentar el valor añadido es contar con empresarios y trabajadores mejor preparados que los de nuestros competidores.

Y aquí entra el segundo factor que mencionaba al principio. Justo en el momento de su historia en el que España necesita tener la población mejor preparada, recogemos los frutos amargos de 40 años de políticas educativas progresistas. Políticas progresistas de han destruido la calidad de la enseñanza española (sobre todo, de la pública), han disparado el fracaso escolar y han hecho descender la preparación de los jóvenes españoles a los niveles más bajos del mundo desarrollado.

En ese sentido, no deja de ser una buena noticia que el PP se haya negado a refrendar la versión más radical de estas nefastas políticas educativas. Desgraciadamente, sus propuestas alternativas no dejaban de ser meros parches para mitigar los daños que causa un sistema podrido desde la raíz. Si queremos que nuestra Patria vuelva a tener futuro, es precisa una reforma total de la educación a partir de bases totalmente diferentes a las actuales. En mi opinión, una política educativa exitosa debe apoyarse en tres pilares: libertad, exigencia e  igualdad de oportunidades para todos. Principios todos ellos, por cierto, recogidos en el artículo 27 de la todavía vigente Constitución de 1978, y muy especialmente en su artículo 27.3.

En futuras entradas propondremos las líneas generales que podría tener un modelo alternativo que permitiese a nuestros hijos y nietos devolver a España a los puestos de cabeza de la economía mundial.

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Ceterum censeo infanticidii leges omnes esse delendas.

Y además, pienso que todas las leyes del aborto deben ser suprimidas.

El velo de Pozuelo no es un asunto religioso, sino político

En estos últimos días, la exigencia por parte de un padre musulmán de que sus hijas vayan al instituto con velo, cuando el reglamento del centro prohíbe las prendas de cabeza, ha reavivado el debate sobre los símbolos religiosos y su presencia pública.

Este caso presenta numerosas ramificaciones enormemente interesantes en al menos tres debates: la libertad religiosa, la libertad educativa, y los límites de la exigencia de adaptación a la legislación occidental de aquellos que proceden de otros entornos culturales..

Repasemos los hechos. Una alumna a 16 años y religión musulmana, que llevaba matriculada desde principios de curso en el instituto “Camilo José Cela” de Pozuelo de Alarcón (cuyo reglamento de régimen interno prohíbe la asistencia a clase con prendas de cabeza), y que llevaba desde entonces asistiendo a clase con la cabeza descubierta, aparece de pronto un día con la cabeza cubierta por un pañuelo. Cuando las autoridades del centro le requieren para que se lo quite en cumplimiento del reglamento, ella se niega alegando que vestir el pañuelo en público es una obligación que le impone su religión. Cuando, a la vista de su incumplimiento deliberado del reglamento, la muchacha es expulsada del centro, su padre entra en escena y exige la readmisión de su hija y que el centro la autorice a asistir a clase con pañuelo. Ante la negativa del centro, el padre, asistido por varios grupos islámicos, emprende una escalada de imprecaciones y denuncias, hablando de violaciones de su libertad religiosa, de islamofobia y otras lindezas similares.

A la vista de estos hechos, caben dos explicaciones. Una de ellas, es que este padre es un musulmán devoto que quiere que su hija se eduque en un entorno donde no tenga problemas para cumplir lo que él considera que son sus obligaciones religiosas. La segunda, es que este padre es un activista islámico que utiliza a su hija como arma arrojadiza para avanzar en la imposición de la ley islámica en España..

Antes de seguir con análisis de los hechos, permítaseme exponer cuáles son mis posturas sobre los derechos y cuestiones legales en debate.

  1. Quede claro en primer lugar, que si he elegido como pseudónimo el nombre de un caballero cristiano que ha quedado inmortalizado en la literatura, entre otras cosas, por su entrañable amistad con el moro Abengalbón, señor de Molina, es porque siento la máxima simpatía por nuestros hermanos musulmanes, sobre todo por aquellos que trabajan duro para sacar adelante y educar a sus familias sin meterse con el prójimo.
  2. En segundo lugar, quede claro que defiendo la libertad religiosa de todos, y muy especialmente el derecho a manifestar las propias convicciones religiosas en público. No siendo alfaquí musulmán, sino caballero cristiano, no voy a entrar en el debate de si la religión musulmana obliga o no a las mujeres a llevar la cabeza cubierta cuando están en público. Me basta con que una persona considere en su fuero interno que la particular interpretación del islam que profesa le obliga a ello para que yo defienda su derecho como parte de su libertad religiosa.
  3. En tercer lugar, que defiendo a muerte el derecho, reconocido incluso por la Constitución, que los padres tenemos para educar a nuestros hijos conforme a nuestras convicciones morales y religiosas.
  4. En cuarto lugar, y como otra vertiente de la libertad educativa, también reconozco el derecho de quienes crean centros de enseñanza para organizarlos como consideren oportuno, incluyendo por supuesto su derecho a establecer la uniformidad más adecuada con el carácter propio del centro. En el caso de los centros gubernamentales, me parece una excelente idea la actual situación en el cual es el consejo escolar, el uso de su autonomía, quien decide sobre esas cuestiones..
  5. En quinto lugar, reconozco también el derecho de las naciones a basar su ordenamiento jurídico en las tradiciones históricas, religiosas, y culturales de los pueblos que las fundaron. Todo ello, sin perjuicio de respetar los derechos fundamentales de las personas que a esas naciones acudan procedentes de otras tradiciones. Y como consecuencia lógica, creo que los inmigrantes que voluntariamente se instalan en otra nación tienen la obligación de respetar esas tradiciones y ordenamientos jurídicos.

Es oportuno también recordar en qué consiste el islamismo militante, y cuál es su estrategia. El islamismo militante considera como obligación religiosa el someter a todos los hombres del mundo a la Sharia (ley islámica), recurriendo a la violencia y el engaño si fuese necesario. Y su estrategia es conocida: asumir la representación de los musulmanes de un territorio (islamistas o no), y cuando los mahometanos son una minoría, intentar que se acepte que la Ley Islámica es de aplicación en algún ámbito del ordenamiento jurídico, inicialmente sólo a los musulmanes. Puede ser en el derecho de familia de los matrimonios entre musulmanes, en los contratos mercantiles entre musulmanes… o en los reglamentos escolares que afecten a musulmanes. Una vez que el país que se quiere colonizar acepta la Sharia en un punto, se intenta que su ámbito de aplicación vaya ampliándose. A medida que el poder político de los islamistas crece (ya sea porque aumenta el número de votantes mahometanos o porque los partidos islamistas se convierten en bisagras), se va ampliando la aplicación de la Sharia y se empieza a imponer también a los “infieles”. Un ejemplo es la reciente imposición en Francia de la separación de los sexos en las piscinas municipales. A medida que el poder crece (ya sea por la toma violenta del poder o por el crecimiento demográfico), se impone la Sharia a todos, discriminando a las mujeres y los no musulmanes. En la última etapa, se implanta la dictadura islamista al estilo iraní o saudita.

A la vista de lo anterior, repitamos la pregunta: el padre musulmán de Pozuelo ¿es un musulmán devoto preocupado por su familia o bien es militante integrista que quiere imponernos ante todos la ley islámica?.

Analicemos la primera posibilidad. ¿Qué opciones tienen unos padres musulmanes que quiera que su hija adolescente vista en clase conforme a su particular interpretación de la ley islámica? Varias. En primer lugar, pueden matricularla en un colegio donde sí se permita ir a clase con velo: hay varios en Madrid. En segundo lugar, pueden matricularla en un colegio femenino donde, al no convivir con hombres adultos, no necesita vestir el velo: hay varios en Madrid, entre ellos aquél donde estudian las hijas de los diplomáticos iraníes. En tercer lugar, puede unirse con otros padres musulmanes y fundar un colegio en el que el velo sea parte del uniforme: eso hicieron, por ejemplo, los padres de familia que fundaron Fomento de Centros de Enseñanza en los años sesenta para aplicar sus propios métodos pedagógicos. En cuarto lugar, pueden educar a sus hijas en casa: aunque algunos fiscales retroprogres hayan cuestionado este derecho, los tribunales lo han reconocido. El mahometano de Pozuelo no ha hecho ninguna de estas cosas, por lo que podemos concluir que no actúa movido por el exclusivo interés de la educación de sus hijas.

Queda claro, por lo tanto, que a este hombre le mueve la intención de imponernos la ley islámica por encima de la ley civil española. Esta expliación es totalmente coherente con los hechos. Así se explica, que no presentase objeción alguna en el momento de matricular a su hija, sino que se esperase a mitad de curso para forzar deliberadamente un conflicto. Su intención era conseguir que, en este detalle concreto, las autoridades académicas diesen prioridad a la ley islámica frente a los reglamentos del ordenamiento jurídico español. Afortunadamente, la sensatez y la gallardía de los miembros del consejo escolar ha impedido que los nuevos Muzas impongan su ley. Esperemos que el ejemplo cunda.

Otra dimensión interesante es el apoyo que el progrerío ha dado al incumplidor de la normativa. Un análisis superficial hace difícil encontrar puntos comunes entre quienes defienden una moral arcaica basada en la fe ciega en Dios único, y quienes defienden una moral igualmente arcaica, pero opuesta a la anterior, basada en el paganismo relativista ateo. Hay una explicación, por supuesto, pero por razones de espacio, permitidme que la trate en una entrada posterior.

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Ceterum censeo infanticidii leges omnes esse delendas.

Y además, pienso que todas las leyes del aborto deben ser suprimidas.

Las causas progresistas del fracaso escolar (y III)

Veíamos en las dos entradas anteriores como como el hecho de que el fracaso escolar ocurriese en España inmediatamente después de la implantación del modelo educativo progresista no era una fatal casualidad, sino una consecuencia lógica e inevitable de los defectos de ese mismo modelo: la escuela obligatoria, única, pública, laica, coeducativa, comprensiva, no jerárquica, no memorística, sin exámenes, integradora y no sexuada.

Vimos como tanto las escuelas obligatoria y única, como las pública, laica y coeducativa eran recetas seguras para aumentar el fracaso escolar (aparte de violar varias libertades y derechos fundamentales en el proceso).

La escuela “comprensiva” (mala traducción del vocablo inglés comprehensive) consiste, en resumen, en que los alumnos asistan a la misma clase que el resto de alumnos de su edad. Aplicando irónicamente los palabros progres, se trata de una “segregación por razón de edad”. Antes de que el progresismo infectase la enseñanza, los alumnos no asistían al nivel correspondiente a su edad, sino a sus conocimientos y habilidades. Los alumnos que dominaban las enseñanzas de su nivel eran promocionados al curso superior independientemente de su edad, y los que no los dominaban a final de curso repetían curso hasta que conseguían aprobar. De este modo, todos los alumnos siempre estaban estimulados: en su clase podían entender lo que les explicaban y aprendían siempre cosas nuevas. En cambio, la escuela comprensiva sólo está adaptada a las medianías, pues destroza el aprendizaje de dos grupos: los alumnos brillantes… y los torpes. Los alumnos brillantes se aburren de oír cosas ya sabidas, y como no tienen escapatoria (la escolarización es obligatoria) se evaden en clase mediante la pasividad o las travesuras. Igualmente, los alumnos torpes son forzados a pasar a un curso sin dominar las bases del anterior, por lo que cada vez se enteran de menos y caen en la depresión o la agresividad. En cualquier caso, al cabo de pocos años tanto unos como otros son carne de fracaso escolar.

Lo de la escuela no jerárquica es un grado superior en el camino de la enseñanza hacia la aberración antinatural. En todo proceso de enseñanza hay siempre una jerarquía: el maestro que guía al alumno. (Un incisio: no deja de ser curioso que, pese a toda su palabrería presuntamente pedagógica, los intelectuales progresistas no hayan propuesto la eliminación de la figura del profesor de los colegios;  será que  hay demasiados de ellos afiliados a sindicatos progresistas). Pero es que, incluso donde no hay profesor, siempre hay una jerarquía. Recuerdo de mis años en el movimiento Scout como los chavales nos organizábamos en patrullas de cinco o seis, bajo el mando de uno de nosotros que era el Jefe o Guía de Patrulla. Y la figura del Guía de Patrulla no surgió de una profunda reflexión intelectual o pedagógica de los fundadores del escultismo, sino de su aguda capacidad de observación, que les hizo darse cuenta de que en todas las pandillas de muchachos había uno al que los demás reconocían, espontáneamente, como su líder. La jerarquía en los grupos de muchachos no es pues, una imposición artificial, sino un hecho de la Naturaleza. Y cuando se ignora ese hecho, como en todos los demás casos en los que el progresismo ignora las leyes naturales, se va de cabeza al fracaso. Ahí tenemos a los profesores de Instituto, que antes no se jubilaban antes de los 70 años y ahora se retiran anticipadamente a los 60 tras numerosas bajas por depresión. O a los políticos que cacarean como gallinas asustadas soltando simplezas teóricas cuando alguien tiene la “ocurrencia” de proponer que se reconozca legalmente a los profesores su condición de autoridad. Y tampoco es sorprendente que los colegios que obtienen mejores resultados académicos sean aquellos que, por diversas circunstancias, aún mantienen un ambiente de autoridad en sus aulas.

Lo de la enseñanza no memorística es otra de esas doctrinas que, por contradecir la naturaleza humana, es evidente que llevan a un fracaso tan seguro como progresista. Es cierto que en el pasado se abusaba de la memorización acrítica en la enseñanza. Pero la alternativa a la memorización acrítica no es el abandono de la memorización, sino el paso a la memorización relacional. Es cierto que aprendiendo las cosas de memoria no se aprende a pensar. Pero como pensar es relacionar entre sí conocimientos previos de forma creativa y lógica, es evidente que para poder pensar primero hay que tener ciertos conocimientos básicos en la memoria. Cuando los pedagogos progres decían que los alumnos no tenían que memorizar, sino que pensar, formulaban un imposible metafísico como el círculo cuadrado o el socialismo en libertad. Y, como era de esperar, consiguiendo que los niños no aprendan cosas de memoria han conseguido de paso que no sean capaces de pensar.

Lo de la educación sin exámenes es otro desprecio por la naturaleza humana que nuestros hijos están pagando, y muy caro. Las personas (y especialmente los varones) nos motivamos y esforzamos mucho más cuando tenemos que superar una prueba concreta y difícil (o que requiere un cierto esfuerzo) que cuando simplemente hacemos algo sin que se controlen los resultados. Como se dice en el campo de la gestión de empresas “lo que se mide se consigue”. Poner a una persona en la tesitura de que mientras vaya tirando tendrá las mismas satisfacciones que si se esfuerza es colocarle ante una tentación muy fuerte de incurrir en la pereza… y como es lógico numerosos alumnos han caído y caen cada día en esa tentación. Y al final, lo acaban pagando.

Lo de la escuela “integradora” es el resultado de llevar hasta extremos casi sádicos el concepto de la enseñanza “comprensiva”. Los alumnos que tienen necesidades especiales de educación, especialmente cuando proceden de deficiencias físicas o psíquicas, son distintos de los demás. Es posible que en muchos casos puedan asistir a un centro normal con leves adaptaciones (por ejemplo, un alumno ciego o con Síndrome de Down), pero en muchos otros el lastre que suponen para los profesores hace que, o bien los demás alumnos se vean retrasados injustamente, o bien el alumno con necesidades especiales no esté atendido como necesita. Al final, el alumno con problemas fracasa porque es materialmente imposible aplicar en la práctica las doctrinas que los teóricos progresistas han elaborado en sus despachos para evitar la “segregación” que le supone a esos alumnos el acudir a un centro especializado donde el personal y las instalaciones están preparados para ayudarle a superar sus barreras al aprendizaje.

Lo de la educación no sexuada, la última aberración de la “teoría de género”, que ahora se quiere imponer manu militari a través de Educación para la Ciudadanía y la nueva Ley del Aborto, requiere pocas palabras. La Ciencia lo ha dejado claro. En todas las especies de animales superiores, incluido el hombre, hay dos sexos. Dos (2). Hay un número estadísticamente insignificantes de especímenes que no tienen el sexo bien definido por problemas cromosómicos, pero que no constituyen un tercer ni cuarto sexo, sino anomalías biológicas que normalmente no se transmiten a sus descendientes. Y la lengua castellana, uno de los instrumentos más precisos que ha diseñado la mente humana, tiene muy clara la diferencia entre sexo y género: los animales tenemos sexo y las palabras tienen género. Y las palabras que se refieren a un animal tienen el mismo género que su sexo. Enseñar a los niños que hay tres, cuatro o cinco géneros que se pueden cambiar a voluntad y que no tienen relación con el sexo biológico es una burrada anticientífica comparable a que se les enseñase que la Tierra es plana o que la lucha de clases es el motor de la Historia. Y la experiencia muestra que cuando se obliga a los niños a aceptar como ciertas afirmaciones que son evidentemente falsas, el fracaso escolar es una de las consecuencias inmediatas (aunque quizás no la menos grave).

Cualquier política educativa que quiera remediar el fracaso escolar, por lo tanto, exigiría necesariamente la eliminación radical de las premisas en las que se basa el fracasado modelo pegagógico progresista. En próximas entradas comentaremos algunas de las líneas directrices en las que podría basarse la regeneración de la educación española.