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PSOE: todas las madres españolas son ultraderechistas

La última perla del progresismo español ha sido perpetrada en Galicia, donde la portavoz del PSOE en las cortes regionales ha afirmado que ayudar a las madres a tener hijos es “ultraderechista y rancio”.

La conclusión lógica de esta afirmación es que, si tener hijos es ultraderechista, todas las mujeres españolas que son madres son también “ultraderechistas” para el Partido Socialista.

No es la primera vez que el PSOE utiliza el argumento de que las mujeres españolas son de derechas para negarles algún derecho. Hoy, es el derecho a no ser abandonadas en su maternidad.  En 1931, las izquierdas se opusieron al reconocimiento del derecho al voto de las mujeres debido a que como, en su opinión, estaban muy influidas por la Iglesia, iban a votar mayoritariamente a las derechas.

Nihil novum sub sole.

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Ceterum censeo infanticidii leges omnes esse delendas.

Y además, pienso que todas las leyes del aborto deben ser suprimidas.

Las causas progresistas del fracaso escolar (y III)

Veíamos en las dos entradas anteriores como como el hecho de que el fracaso escolar ocurriese en España inmediatamente después de la implantación del modelo educativo progresista no era una fatal casualidad, sino una consecuencia lógica e inevitable de los defectos de ese mismo modelo: la escuela obligatoria, única, pública, laica, coeducativa, comprensiva, no jerárquica, no memorística, sin exámenes, integradora y no sexuada.

Vimos como tanto las escuelas obligatoria y única, como las pública, laica y coeducativa eran recetas seguras para aumentar el fracaso escolar (aparte de violar varias libertades y derechos fundamentales en el proceso).

La escuela “comprensiva” (mala traducción del vocablo inglés comprehensive) consiste, en resumen, en que los alumnos asistan a la misma clase que el resto de alumnos de su edad. Aplicando irónicamente los palabros progres, se trata de una “segregación por razón de edad”. Antes de que el progresismo infectase la enseñanza, los alumnos no asistían al nivel correspondiente a su edad, sino a sus conocimientos y habilidades. Los alumnos que dominaban las enseñanzas de su nivel eran promocionados al curso superior independientemente de su edad, y los que no los dominaban a final de curso repetían curso hasta que conseguían aprobar. De este modo, todos los alumnos siempre estaban estimulados: en su clase podían entender lo que les explicaban y aprendían siempre cosas nuevas. En cambio, la escuela comprensiva sólo está adaptada a las medianías, pues destroza el aprendizaje de dos grupos: los alumnos brillantes… y los torpes. Los alumnos brillantes se aburren de oír cosas ya sabidas, y como no tienen escapatoria (la escolarización es obligatoria) se evaden en clase mediante la pasividad o las travesuras. Igualmente, los alumnos torpes son forzados a pasar a un curso sin dominar las bases del anterior, por lo que cada vez se enteran de menos y caen en la depresión o la agresividad. En cualquier caso, al cabo de pocos años tanto unos como otros son carne de fracaso escolar.

Lo de la escuela no jerárquica es un grado superior en el camino de la enseñanza hacia la aberración antinatural. En todo proceso de enseñanza hay siempre una jerarquía: el maestro que guía al alumno. (Un incisio: no deja de ser curioso que, pese a toda su palabrería presuntamente pedagógica, los intelectuales progresistas no hayan propuesto la eliminación de la figura del profesor de los colegios;  será que  hay demasiados de ellos afiliados a sindicatos progresistas). Pero es que, incluso donde no hay profesor, siempre hay una jerarquía. Recuerdo de mis años en el movimiento Scout como los chavales nos organizábamos en patrullas de cinco o seis, bajo el mando de uno de nosotros que era el Jefe o Guía de Patrulla. Y la figura del Guía de Patrulla no surgió de una profunda reflexión intelectual o pedagógica de los fundadores del escultismo, sino de su aguda capacidad de observación, que les hizo darse cuenta de que en todas las pandillas de muchachos había uno al que los demás reconocían, espontáneamente, como su líder. La jerarquía en los grupos de muchachos no es pues, una imposición artificial, sino un hecho de la Naturaleza. Y cuando se ignora ese hecho, como en todos los demás casos en los que el progresismo ignora las leyes naturales, se va de cabeza al fracaso. Ahí tenemos a los profesores de Instituto, que antes no se jubilaban antes de los 70 años y ahora se retiran anticipadamente a los 60 tras numerosas bajas por depresión. O a los políticos que cacarean como gallinas asustadas soltando simplezas teóricas cuando alguien tiene la “ocurrencia” de proponer que se reconozca legalmente a los profesores su condición de autoridad. Y tampoco es sorprendente que los colegios que obtienen mejores resultados académicos sean aquellos que, por diversas circunstancias, aún mantienen un ambiente de autoridad en sus aulas.

Lo de la enseñanza no memorística es otra de esas doctrinas que, por contradecir la naturaleza humana, es evidente que llevan a un fracaso tan seguro como progresista. Es cierto que en el pasado se abusaba de la memorización acrítica en la enseñanza. Pero la alternativa a la memorización acrítica no es el abandono de la memorización, sino el paso a la memorización relacional. Es cierto que aprendiendo las cosas de memoria no se aprende a pensar. Pero como pensar es relacionar entre sí conocimientos previos de forma creativa y lógica, es evidente que para poder pensar primero hay que tener ciertos conocimientos básicos en la memoria. Cuando los pedagogos progres decían que los alumnos no tenían que memorizar, sino que pensar, formulaban un imposible metafísico como el círculo cuadrado o el socialismo en libertad. Y, como era de esperar, consiguiendo que los niños no aprendan cosas de memoria han conseguido de paso que no sean capaces de pensar.

Lo de la educación sin exámenes es otro desprecio por la naturaleza humana que nuestros hijos están pagando, y muy caro. Las personas (y especialmente los varones) nos motivamos y esforzamos mucho más cuando tenemos que superar una prueba concreta y difícil (o que requiere un cierto esfuerzo) que cuando simplemente hacemos algo sin que se controlen los resultados. Como se dice en el campo de la gestión de empresas “lo que se mide se consigue”. Poner a una persona en la tesitura de que mientras vaya tirando tendrá las mismas satisfacciones que si se esfuerza es colocarle ante una tentación muy fuerte de incurrir en la pereza… y como es lógico numerosos alumnos han caído y caen cada día en esa tentación. Y al final, lo acaban pagando.

Lo de la escuela “integradora” es el resultado de llevar hasta extremos casi sádicos el concepto de la enseñanza “comprensiva”. Los alumnos que tienen necesidades especiales de educación, especialmente cuando proceden de deficiencias físicas o psíquicas, son distintos de los demás. Es posible que en muchos casos puedan asistir a un centro normal con leves adaptaciones (por ejemplo, un alumno ciego o con Síndrome de Down), pero en muchos otros el lastre que suponen para los profesores hace que, o bien los demás alumnos se vean retrasados injustamente, o bien el alumno con necesidades especiales no esté atendido como necesita. Al final, el alumno con problemas fracasa porque es materialmente imposible aplicar en la práctica las doctrinas que los teóricos progresistas han elaborado en sus despachos para evitar la “segregación” que le supone a esos alumnos el acudir a un centro especializado donde el personal y las instalaciones están preparados para ayudarle a superar sus barreras al aprendizaje.

Lo de la educación no sexuada, la última aberración de la “teoría de género”, que ahora se quiere imponer manu militari a través de Educación para la Ciudadanía y la nueva Ley del Aborto, requiere pocas palabras. La Ciencia lo ha dejado claro. En todas las especies de animales superiores, incluido el hombre, hay dos sexos. Dos (2). Hay un número estadísticamente insignificantes de especímenes que no tienen el sexo bien definido por problemas cromosómicos, pero que no constituyen un tercer ni cuarto sexo, sino anomalías biológicas que normalmente no se transmiten a sus descendientes. Y la lengua castellana, uno de los instrumentos más precisos que ha diseñado la mente humana, tiene muy clara la diferencia entre sexo y género: los animales tenemos sexo y las palabras tienen género. Y las palabras que se refieren a un animal tienen el mismo género que su sexo. Enseñar a los niños que hay tres, cuatro o cinco géneros que se pueden cambiar a voluntad y que no tienen relación con el sexo biológico es una burrada anticientífica comparable a que se les enseñase que la Tierra es plana o que la lucha de clases es el motor de la Historia. Y la experiencia muestra que cuando se obliga a los niños a aceptar como ciertas afirmaciones que son evidentemente falsas, el fracaso escolar es una de las consecuencias inmediatas (aunque quizás no la menos grave).

Cualquier política educativa que quiera remediar el fracaso escolar, por lo tanto, exigiría necesariamente la eliminación radical de las premisas en las que se basa el fracasado modelo pegagógico progresista. En próximas entradas comentaremos algunas de las líneas directrices en las que podría basarse la regeneración de la educación española.

Greguería de las feministas

Las mujeres son para las feministas lo mismo que los toros son para los taurinos.