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Fray Aristóteles y la amenaza islámica en Europa

Hace pocos días un joven profesional, iniciador en Italia de un nuevo movimiento apostólico de un éxito tan grande como su fidelidad al Magisterio de la Iglesia, visitó a Fray Aristóteles en su cueva junto al Monte Athos. Después de acompañarle en silencio en su meditación, y de rezar con él las oraciones de la mañana, se sentaron a la puerta de la cueva para conversar. Tras unos breves minutos hablando de su esposa y sus cinco hijos, el italiano preguntó:

-Fray Aristóteles, tú que has nacido en una tierra que ha padecido los horrores de la ocupación islámica hasta hace relativamente poco tiempo, ¿no crees que la masiva inmigración musulmana que está viniendo a nuestros países es una amenaza para las raíces y la identidad cristiana de Europa?

Fray Aristóteles lo miró con simpatía, pero le contestó con un deje de reproche en su voz

-Hermano, si no supiese quién eres pensaría que te falta fe. Pero como no es el caso me temo que simplemente te has dejado llevar por los tópicos del ambiente. Ya que me pides mi opinión, pienso que la inmigración de nuestros hermanos musulmanes, lejos de constituir una amenaza, es una oportunidad que nos brinda Dios y una prueba de su confianza en nosotros. Porque dime ¿por qué son musulmanes la práctica totalidad de los musulmanes?

-Porque nacieron en una familia musulmana de un país bajo la ley islámica, donde ni los cristianos tienen libertad para predicar su fe ni los musulmanes para convertirse al cristianismo.

-Exacto. Los pocos misioneros que han intentado evangelizar a musulmanes han sido martirizados, así como los pocos musulmanes que, en sus países, han abrazado la verdadera fe. Y salvo episodios ocasionales eso ha sido así durante cientos de años.

Pero ahora gracias a la inmigración las cosas han cambiado ¿no lo ves? Sois la primera generación de cristianos en la Historia que tiene libertad para predicar el Evangelio a millones de musulmanes, y ellos a su vez son los primeros musulmanes en siglos que tienen libertad para convertirse al cristianismo sin represalias. ¿Y consideras que eso es una amenaza para el cristianismo?

Francamente, hermano, yo consideraría un honor que Dios hubiese depositado en mi capacidad evangelizadora tanta confianza. Porque cuando consigáis convertir a una porción relevante de nuestros hermanos inmigrantes, su palabra y su ejemplo tendrán efectos inmediatos y explosivos en sus países de origen.

Y no me digas que es muy difícil que se conviertan. Recuerda que la mayoría son hombres de fe sincera que practican la caridad y rezan a Dios. ¿Acaso crees que Nuestro Señor dejará de mover los corazones de quienes tienen ya fe y obras, pero les falta luz?

El italiano guiñó un ojo a Fray Aristóteles mientras encendía su teléfono móvil.

-Me has abierto los ojos. Perdona que me vaya tan pronto, pero voy a adelantar mi partida para tener una reunión con los libaneses de mi movimiento a ver cuál sería la mejor forma de abordar a nuestros hermanos musulmanes en Italia.

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Ceterum censeo infanticidii leges omnes esse delendas.

Y además, pienso que todas las leyes del aborto deben ser suprimidas.

Fray Aristóteles y el político cristiano acomplejado

Hace pocos días, un veterano diputado del Partido Popular fue a ver al ermitaño Fray Aristóteles a su cueva junto al Monte Athos.

- Fray Aristóteles, tengo que tomar una decisión sobre mi actitud dentro del partido que será muy importante para el futuro de mi actividad en la política, y he venido a pedirte ayuda para ayudarme a decidir qué es lo que debo hacer, porque tú tienes fama tanto de santidad como de sentido común…

Fray Aristóteles le interrumpió:

-Perdona, hermano, pero ¿por qué hablas de la santidad y del sentido común como cosas distintas?

Puedo entender esa afirmación en boca de un político laicista que no cree en la santidad ni la comprende; puedo entenderla en un político progre que no cree en el sentido común, y puedo entenderla también en un político neoconservador que cree erróneamente que la santidad impide ser realista mientras se pasa el día proponiendo temeridades.

Pero no me lo esperaba de un dirigente de un partido que, al menos en teoría, dice inspirarse en el humanismo cristiano. Confusiones de este tipo son las que os llevan a hacer cosas que desconciertan a vuestros votantes y ofenden a Dios.

¿No te das cuenta, hermano, de que, puesto que existen Dios y la ley natural, y que la ley natural es obra de Dios, en realidad la santidad y el sentido común son dos manifestaciones de una misma virtud? Uno de los clásicos de vuestro Siglo de Oro lo expresó muy bien en uno de sus versos: Loco debo de ser, pues no soy santo.

El diputado puso gesto de asombro, hasta que tras unos momentos su cara se iluminó con una sonrisa de gran alegría.

-Muchas gracias, Fray Aristóteles. Ya me has aclarado la duda que venía a consultarte.

Fray Aristóteles y el relativista

Hace pocos días, Fray Aristóteles conversaba a la puerta de su cueva con un intelectual de convicciones relativistas.

El ermitaño afirmaba que hay una única Verdad, aunque como los hombres somos limitados y padecemos la tara del pecado, nadie puede afirmar que la posee en su totalidad. Por eso, hay que ser tolerantes con aquellos que, de buena fe, creen equivocadamente en cosas falsas y caminar y dialogar juntos para acercarnos lo más posible a la Verdad.

El intelectual progresista, en cambio, le replicaba que no existen verdades absolutas, que lo que es verdad para unos no lo es para otros, que hay que limitarse a buscar un consenso temporal sobre las cuestiones más acuciantes y que aquellos que afirman que existe una verdad absoluta son unos dogmáticos intolerantes que violan la libertad de los demás, incluso aunque no pretendan convencerles por la fuerza.

En esto estaban cuando acertó a pasar frente a ellos un vendedor ambulante de objetos de artesanía de los que recorren en ocasiones los alrededores del monte Athos. El intelectual se encaprichó con una pieza de cerámica que costaba 20 euros, pero al ir a pagar comprobó que sólo tenía billetes de 100, y que el vendedor no tenía cambio. Fray Aristóteles se ofreció a cambiarle un billete. Tomó los 100 euros, entró en su cueva y al salir le dio al intelectual dos billetes de 20.

-Aquí tienes tu cambio, hermano.

-Un momento, Fray Aristóteles. Yo te he dado 100 euros y tú me has dado a cambio sólo 40.

-No, hermano, está bien: 20+20=100.

-Disculpa, pero 20+20 son 40.

-Puede que eso sea verdad para ti, que eres un intelectual español. Para nosotros los ermitaños griegos la verdad es que 20+20=100.

El intelectual progresista se estaba irritando por momentos

-¡Aquí sólo hay una verdad, y es que eres un fraile ladrón y mentiroso que me quiere robar 60 euros!

Fray Aristóteles sacó otros tres billetes de 20 euros de la manga de su hábito y se los dio sonriendo mientras le decía:

-Veo que todos los relativistas sois iguales. Vuestras convicciones están bien para justificar vuestros pecados o quedar bien en tertulias políticamente correctas, pero en cuanto algo afecta en serio vuestras vidas queda claro que no son más que una fachada. Ya ves, en tu caso ha bastado que estuviesen en juego tan sólo 60 euros de tu dinero para que te convirtieses en un dogmático intolerante que grita que sólo hay una verdad.

Los coloquios del ermitaño Fray Aristóteles: el laicismo

Hay un monte en Grecia, llamado el Monte Athos, que es mundialmente conocido por el gran número de monasterios y ermitas que en él se ubican, hasta el punto de ser conocido por los cristianos ortodoxos como “el monte de los santos”.

No muy lejos de allí, en una cueva solitaria, vive alejado del mundo Fray Aristóteles, un ermitaño greco-católico. La fama de su santidad, de su simpatía y de su sencilla sabiduría han trascendido, y son muchos quienes se acercan a su cueva en busca de consuelo, de consejo, o simplemente de conversación…

Hace pocos días, un veterano político progresista llegó junto a la cueva de Fray Aristóteles frente al monte Athos. Era un alto cargo del PSOE, pero justo y honrado. Mientras esperaba a que el ermitaño terminase sus oraciones de la mañana, se entretuvo hojeando la edición del día de EL PAIS. Cuando salió el monje le preguntó:

-Fray Aristóteles, tú que te has separado de la sociedad siguiendo tu vocación religiosa, ¿no crees que la religión debería ser algo totalmente privado y estar totalmente separada del Estado?

-Has formulado bien tu pregunta, hermano. No me has preguntado si los sacerdotes y religiosos debemos tomar las decisiones políticas o influir en ellas, sino si la religión en su conjunto debería estar separada de las leyes. Porque dime, ¿no se basa el Estado en la existencia de unas leyes que todas las personas deben obedecer?

-Exactamente.

-Y para que un Estado funcione bien, ¿no deben obedecer los ciudadanos esas leyes voluntariamente, aunque personalmente no les convenga o no les apetezca?

-Claro.

-Y ahora dime. Si no fuese porque Dios mandó en el cuarto mandamiento obedecer a las autoridades ¿qué podría inducir a un ciudadano a cumplir una ley que no le gusta o que le perjudica? ¿Sólo el miedo a la represión?

El político agachó la cabeza y permaneció en silencio unos instantes. Poco después se rascó el cogote y musitó:

-Por eso todos los regímenes antirreligiosos se convierten en seguida en Estados policíacos: Fouché y la guillotina en la Revolución Francesa, la Gestapo y Auschwitz en la Alemania nacional-socialista, el KGB y los Gulag en la Rusia comunista…

Tras otro largo momento de silencio, levantó la cabeza, sonrió al ermitaño y le alargó su ejemplar de EL PAIS.

-Ten, Fray Aristóteles. Yo no voy a volver a necesitarlo nunca más y a ti te vendrá bien para encender el fuego.